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jueves, 5 de marzo de 2009

Un negro con una máquina de escribir


Soy más de Chester Himes que de Chesterton. Llegó antes a mi vida. Cualquiera en su sano juicio diría que comparar a ambos escritores es como comparar a Gandhi con Rommel (en tanto en cuanto uno era un atractivo hindú que con el pío de ser símbolo del nacionalismo se las compuso para ir por ahí con un pantalonazo comodísimo mientras que al otro no te lo puedes imaginar con algo que no sean unas botas prusianas) pero es lo que hay.

Pepe Azcona dice que mi problema es que pienso que la vida es como un montón de cerezas, que tiro de una y creo que las demás van por detrás y, a lo mejor, tiene razón pero no dejo de pensar que por aquí y por allá todo anda absurdamente unido a lo siguiente. Yo hasta Chester Himes llegué por una canción de Gabinete Caligari titulada "Haciendo el bobo" que está en el LP "Cuatro rosas". Una de las partes de la canción decía:

"Que os den pomada/dije el rey al as de pic/ese no es el coche que me hace feliz/lo quiero dorado como Chester Himes/los criados bobos son así".

El disco, como tantos otros, estaba en las estanterías de la habitación de J., en la parte de abajo junto a Golpes Bajos, Malevaje, Loquillo, Aute, Sabina, Pablo Guerrero y algo de Sex Museum...a la izquierda estaba Toto y siguiendo por abajo estaban otros discos de música progresiva (Ten Years After) y así en orden de importancia hacia arriba donde encontrabas las joyas de verdad como Dylan, The Pentangle, Waits, Stones, Beatles, Buffalo Springfield y más tarde vinieron los garajeros aunque entre medias creo que esa biblioteca sufrió también el ataque preventivo de algunos discos de Love, Butterfly Company, Jeff Beck, Yardbirds y después el blues y después Van Morrison. En la habitación de J. estaban todos los tesoros de mi adolescencia: los cómics, los libros, el cuadro de James Dean que ahora cuelga en la habitación de otro de mis primos y un largo y sentimental etcétera.


De hecho creo que hasta que no leí todos los libros y escuché todos los discos de aquella habitación (a veces sacrificándome a recibir una ensalada de collejas ya que J. me tenía, más o menos prohibido, tocar sus cosas) no comencé a buscar cosas por mi mismo.

El caso es que unos pocos años después de encontrarme con ese disco de Gabinete, sigue siendo uno de mis preferidos en español, me encontré con un montón de libros de saldo en uno de esas montoneras que Galerías Preciados montaba de cuando en cuando con sus cosas sobrantes. Libros de Bruguera mal encuadernados y peor traducidos donde, albricias, encontré toda una colección de novelas de Chester Himes que compré al irrisorio precio de 25 pesetas (¿0´15 €?) y que todavía conservo como oro en paño: Por amor a Imabelle, El gran sueño dorado, Todos muertos, Corre, hombre, corre; Empieza el calor, Cotton va a Harlem y Un ciego con una pistola. con 175 pesetas (¿Un poco más de 1€) pude hacerme con la colección completa de las novelas protagonizadas por los detectives Ataud Ed y Sepulturero Jones. Todavía no he sido capaz de comseguir la única que me falta que es "The Crazy Kill" que, en España, sólo fue traducida al catalán y se encuentra desgraciadamente descatalogada. No he podido, o no me he interesado, por leer nada más que esta saga pero me parece simplemente impresionante.


El caso es que me hice fan de Chester Himes, un escritor raro, negro y bastante gaylord que comenzó a escribir cuando se encontraba enchironado por un robo...que había cometido, por cierto. Por si fueran poco las rarezas al poco me enteré de que Himes había residido en Moraira (Alicante) de 1969 a 1984 donde falleció.

El caso es que Himes me valió para tener la primera discusión literaria con J. porque le dije que era el mejor escritor de novela negra que había leído en mi vida...es más, estoy seguro de que le dije que era uno de los mejores escritores en lengua inglesa de la historia. J. que andaba por aquella época embarcado en Chandler, Hammet y Highsmith, me lanzó literalmente a la cabeza "El Sueño eterno" y me dijo: "Aprende". Y una mierda, pensé para mi, aprende tú.

"Cosecha roja", "el cuchillo", "La llave de cristal", "El Halcón Maltés", "El talento de Mr. Ripley" y todos los libros que leí aquel verano (incluso todavía mareado por el librazo) pese a parecerme buenos -incluso estando en la lista "La Rosa de Alejandría" y "Los mares del Sur" de la saga de Pepe Carvalho de Vázquez Montalván- consiguieron quitarme de la cabeza que Himes era, única y exclusivamente, un descubrimiento mío y que, por lo tanto, tenía un valor incalculable.
Las aventuras de los dos detectives de Harlem, ambos negros y muy chungos, se basan sobre todo en ser festivales violentos y sanguinarios donde el peligros más absurdo (un ciego conduciendo un coche, un travesti puesto de cocaína blandiendo un cuchillo de cocina) aparece en cada esquina haciendo avanzar la velocidad de la acción hasta límites que no han sido tocados por otros escritores del género. De hecho después de leer a James Ellroy y su cuatrilogía de Los Angeles (La Dalia negra, Jazz Blanco, El gran desierto y L.A.Confidential) el ritmo, los recorridos de personajes, los cortes de los capítulos y la forma en la que hace desarrollar la acción me recordaron a una especie de Himes mucho más reflexivo o, posiblemente, más puesto de inhalador y pegamento.


Gracias a Himes descubrí también a otros escritores como Ross McDonald, Horace McCoy (El escritor de "danzad, danzad malditos"), John Ball (En el calor de la noche" o James Hadley Chase ("Con las mujeres nunca se sabe") y el placer que desde entonces me produce la novela negra, esa novela que los burgueses han pintado de un color para poder definirla según Breton, me ha abierto los ojos ante el griego Pietros Markaros -uno de mis escritores preferidos-.

Desde ahí, y dando el salto descubrí toda una cultura musical inabarcable que va desde el Jazz hasta el funky y, como no, a toda una serie de películas que tienen el feo pero atractivo nombre de Blaxplotation.


Le debo tanto a Himes, y a J. y seguramente a Galerias Preciados, que la próxima vez que esté por el Levante espero que alguien se apiade de mi y me acerque hasta Moraira para dejarle unas florecillas en el monumento que hay en el pueblo. Creo que se lo debo...le dejaría unas a Galerías Preciados pero es que ya no existe y es que, la verdad, sólo lo bueno permanece...y os dejo con una cancioncilla de otro ilustre...

lunes, 11 de agosto de 2008

Dos "hermanos" que abandonan: Isaac Hayes (1942-2008), Bernie Mac (1957-2008)



Se nos han ido este fin de semana dos grandes artistas negros: Isaac Hayes y Bernie Mac.



El primero se hizo famoso a comienzos de los años 70 por ser el compositor de la banda sonora de la película Shaft (1971, Gordon Parks), primer race movie (película hecha por y para negros) que saltó la valla del estrecho circuito de distribución negros para convertirse en un éxito de taquilla. Era normal: las películas eran violentas, sexuales y tenían unas bandas sonoras entre el funk y el soul de alto octanaje marcadas por voces profundas, coros chillones y de recuperar las raices africanas de la música negra. Aunque ya Cottom comes to Harlem (1970, Ossie Davis) fue considerada como la primera película del Blaxplotation, lo cierto es que fue esta la que dio a conocer el movimiento al mundo.

También tuvo una prolífica carrera como productor musical y cinematográfico, actor e, incluso, como dueño de algunos sellos discográficos tan brillantes como ruinosos.


La figura de Hayes se asociará también al personaje de South Park, Chef (en realidad una parodia de sí mismo), al que ponía la voz hasta que en 2005 se emitió el episodio "atrapado en el armario" que Hayes consideró atentaba contra "la sensibilidad espiritual". Se produjeron duros intercambios de declaraciones entre los creadores y el músico que decidió renunciar a volver a aparecer en la serie en 2006 cuando el personaje fue eliminado violentamente.


En el trasfondo estaba, claro está, el hecho de que Hayes, devoto cienciólogo, fue llamado a capítulo por los dirigentes de su iglesia que no vieron con buenos ojos que South Park le diera caña a la cienciología y que Tom Cruise se convirtiera en un personaje "encerrado en un armario" literal y metafóricamente. Stone declaró que "en 150 episodios de la serie, Isaac nunca ha tenido problemas para que hiciéramos chistes sobre cristianos, árabes o judíos. Es curioso que le crezca la sensibilidad espiritual justo cuando hablamos de su religión...".

Paradójicamente, en el momento de su muerte, Isaac Hayes trabajaba en un proyecto cinematográfico junto a Samuel L. Jackson y Bernie Mac que falleció un día antes que él.


Bernie Mac es uno de esos cómicos norteamericanos que nunca ha triunfado en nuestro país, seguramente porque el caracter de su humor es completamente norteamericano, es decir, al igual que Chris Rock u otros cómicos Mac nunca se cortó a la hora de hacer chistes sobre los defectos de su propia gente. Sin demasiada delicadeza Mac hablaba de los problemas sexuales que tenía con su mujer ("Cuando esa zorra se pone a gemir me dan ganas de atizarle con algo en la cabeza...¡Ah! ¡Oh! ¿Tienes que gritar tanto querida? ¿No podemos hacerlo en silencio? ¿Tienes que tardar tanto en llegar? No quiero gastar más de cinco minutos en hacerlo...que aprenda a terminar rápido), con los raperos ("The Platters, cinco voces, un puto micrófono...esos cabrones que hacen hip-hop son 14 y todos llevan micrófono...¿Y esperais que se os entienda?") o los blancos ("Les hago gracia porque me meto con los negros...si...esos cabrones creen que sería capaz de pintarme la cara y cantar en plan Minstrel...¡Sí, Señóoo! ¡No señóoooo! Acabaría con todos ellos").


Encasillado en la imagen del deslenguado e insultante su papel en Get on bus de Spike Lee en el que interpreta a un "negro que se refiere a otros con la palabra negrata o negrazo" es de lo más reseñable de la película. Sus otras inclusiones en Ocean´s Eleven, Mr. 3000 o una nueva versión de Adivina quien viene a cenar esta noche (Adivina quien...en nuestro país) junto a Ashton Kutcher son más bien frustrantes y se le dio mejor hacer pequeños papeles de tío malencarado como en Bad Santa o Head of State.

Si quieren ustedes verlo en su máxima expresión denle una oportunidad a "The originals kings of the comedy" (la grabación de un show junto a Steve Harvey, Cedric The Entertainer y D.L. Hughley). Su "Bernie Mac show" en el que interpretaba a un hombre que tenía que encargarse de sus dos sobrinas cuando su hermano decide desintoxicarse provocó un enorme escándalo en USA por su contenido (tenía un alto grado de autobiografía) pero se mantuvo cuatro temporadas completas en antena.

Heredero de los duros cómicos negros como Richard Pryor Mac tuvo bastante duro lo de ser una estrella y arrastró su culo por los peores clubes de comedia hasta alcanzar la fama a mediados de los 90 y convertirse en un icono para toda una generación de cómicos negros como Chris Tucker o Dave Chapelle.