Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de mayo de 2011

¡Viernes Peronistas!

¡Ché, que bueno que viniste! 

El sábado pasado el azar me llevó a conocer a Dario Adanti, conocido dibujante (coautor de "Mis problemas con Amenabar" junto a Jordi Costa...entre otras muchas cosas...pero ese cómic deberían de adquirirlo) que me presentó mi amigacho del alma Eduardo Galán. 

¡Compre Viernes Peronistas! ¡Un imán para las nenas! 

Pocas veces en la vida, o muy pocas, recibe uno eso que se llama "flechazo heterosexual". Es decir, que ni Dario ni yo nos conocíamos de nada pero, de pronto, como a los 20 minutos ya estábamos hablando como dos viejas cotorras en la puerta de una iglesia. El caso es que resultó que ambos tenemos ciertos frikismos comunes. Uno de ellos es el peronismo. Sí, ya se que ustedes dirán que eso es una chorrada enorme, que somos personas sin ningún fondo y que deberíamos de hablar de cosas mucho más profundas pero, de pronto, surgió en la conversación nuestra perversión mutua por ese periodo de la historia de Argentina y por todo lo que trajo, todo lo que implicó y, en general, todas las rarezas que crió: desde Evita a López Rega, pasando por la fundación de Montoneros o la protección de nazis al mismo tiempo que se negociaba amistosamente con la Cuba Castrista (y entonces triunfante). 

¡Y sin que usted se lo pida se pone sus propias gafas de alta tecnología! 
(Bueno, en realidad eso es una trola)

Tan bien fue el asunto que me regaló un ejemplar de "Viernes Peronistas" que es un fanzine desopilante que trata en clave pop el peronismo en general y que, en su primera entrega, da un repaso por algunos de sus personajes más importantes. Por raro, por curioso, por entretenido y, en definitiva, por interesante e informativo cae este Viernes Peronistas en este mierda-blog para que sepan ustedes de su existencia y, en la medida de lo posible, lo adquieran para ustedes y para sus amistades. Por sus páginas pasan terroristas, nazis escondidos, proyectos de bombas atómicas, la vida pública y privada del General Perón y los experimentos con las artes oscuras de López Rega, las diferentes facciones en las que se dividió el propio pensamiento peronista y el sabor extrañamente dulce, esta vez, de la locura de todo un país y de su convulsa historia. 

Entre sus colaboradores están, además del propio Adanti, gente como Mauro Entrialgo, Ata, Nono Cadaver o Marcelo Larraquy que le dan la forma y el sentido a esta rara publicación que es, como un homenaje pop a medio camino entre lo chungo y lo dulce, como esas viñetas que Adanti titulaba "Las ·Extrañas aventuras del Niño Dios", un viaje psicodélico raro por las catacumbas históricas de Argentina y de la Guerra Fría. Un chiflado bofetón, como de esnifar pegamín que te deja KO y que te hace plantearte si lo que has leído es verdad o es pura invención. Nunca, se lo digo en serio, se mezcló también lo real con lo completamente chalado que tiene lo real. Disfruten y no dejen pasar Viernes Peronistas, una publicación del Órgano de Difusión de los Jueves Peronistas. Una pasada.  

Más información aquí.

martes, 20 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos


Raquel me arrastró a ver la última película de Juan José Campanella. Boyero había dicho que era buena y que "thumbs up!" pero, la verdad, no es un director que me emocione. De hecho la única película de Campanella que no me había hecho bostezar hasta la fecha era "El niño que gritó puta" (1991).

No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.

Pero no hablemos del pasado porque, es posible, sólo posible, que el trabajo de Campanella como director de series de televisión como "House", "Rockefeller Plaza" o "Ley y orden: Unidad de Víctimas especiales" le haya convencido de que se pueden hacer buenas películas sin tener una profusión de primeros planos ñoños y conversaciones sobre el ser y el querer y de que el sentimentalismo es una especia fuerte que debe de administrarse con cierta tacañería.

Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.

Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset,   Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...

Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´

¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.

Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han  tomado más cuerpo y vigencia.

Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.

Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.  
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de  los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.

Que la disfrutéis....

PD: Se corre el riesgo de salir de la película hablando en argentino diciendo cosas como "vamos a cagar a esos fachos a trompadas" y un largo etcétera...quedan advertidos.