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miércoles, 20 de octubre de 2010

"A Serbian film" (Srdjan Spasojevic, 2010): sobre el compromiso artístico y las formas que hay de retratar lo bueno y lo malo. Diferencias entre lo correcto y lo incorrecto.


Ayer mismo, con el poder de sintetización alemán* que caracteriza a este blog, se les abrasaba a ustedes con el significado y el significante de la música pop y como, lo que nace con una intencionalidad simplemente estética puede al ser entregado al público convertirse en todo un discurso muchas veces entendido desde perspectivas completamente nuevas y novedosas enfrentándose a una relectura feroz que, muchas veces, lo aleja del objetivo primigenio de su creación.

En el asunto flotaba, creo yo, mi repudio hacia eso que se llama “compromiso”.

“Compromiso” es un término asqueroso que, como todos los términos que se manosean, acaban por no tener ningún sentido.

Más allá de lo que entendemos por “artista comprometido” (digamos, por ejemplo, un artista que es nombrado embajador de buena voluntad de UNICEF o que pone su rostro en una campaña de Amnistía Internacional o participa activamente en el salvamento de ballenas varadas en la costa) existe ahora la percepción terrible de que la obra del artista tiene que estar comprometida con unos valores que se entienden como buenos (los que sean) y que la conciencia artística tiene que estar, en cierto modo, regida por una especie de conciencia del bien común. Es decir, aunque no los comparta, el autor tiene que responsabilizarse públicamente sobre las repercusiones que su obra va a tener sobre la sociedad y hacer una especie de examen de conciencia previo antes de llevarla a cabo haciéndose todo tipo de cuestiones morales y, más o menos, testando si esta aportaría algo a la sociedad en general. De no ser así, por tanto, el artista debería de ejercer una especie de censura previa para evitar males mayores.

La polémica un poco burda que la película “A Serbian film” (Srdjan Spasojevic, 2010) ha provocado tras su paso por Sitges viene que ni al pelo para hablar de todo este asunto.

Una airadísima crítica del diario El Mundo recogía de forma bastante explícita algunas de las escenas más fuertes de la película. De ellas se hacía eco Concha García Campoy en su tertulia de por las mañanas de esta forma. Vean y juzguen.


Es casi todo espeluznante ¿Verdad?

Cinco periodistas alrededor que, indisimuladamente, piden explicaciones por la exhibición pública de una película y, más espeluznante aún, sentenciando sobre lo que es bueno ver y abogando a la responsabilidad y la sensibilidad primero de un director de cine serbio y, luego, claro está señalando con el dedo al director del Festival de Sitges, el muy buena gente Ángel Sala.

Suena mucho más divertido el asunto cuando Nacho Vigalondo se hace eco en su blog del asunto sentenciando, con muchísima razón, que hay una diferencia básica entre la ficción retratada por “A serbian film” y el material pederasta que se intercambia en la red.

Mucho mejor es el comentario del director cántabro cuando asegura que le parece absurdo que en el propio debate los propios contertulios salven de la quema moral a un título tan bestiajo como “Saló o los 120 días de Sodoma” que tiene un contenido aún más brutal pero que, al parecer, sí tiene derecho a ser exhibida por estar firmada por Passolini.

Concha García Campoy, que es uno de los destacados miembros de la ya algo pesadita Generación de la Transición, hace lo que actualmente está muy de moda hacer entre los periodistas que no es otra cosa que sermonear. Y sermonea porque les dejamos sermonear y, también, porque como la propia presentadora deja bastante claro en su blog cree estar en el poder de la verdad absoluta y, lo que es mejor, se permite el lujo de pensar que la generación posterior a la suya (este grupo de, al parecer, lamentables paniaguados que no hemos vivido el Franquismo) tiene que ser dirigida y, claro está, educada en no se muy bien que retorcido ideario moralista, que no moral.

No hay más que echar un vistazo para que quede constancia de que, no solo no se baja del carro, sino que además se atribuye la suficiente carga de conocimiento y visión panorámica adulta como para dirigirse a Nacho Vigalondo del modo más paternalista posible señalando que “utiliza una pedagogía muy básica”.

Bien, si ustedes le echan un vistazo al texto se darán cuenta de la cantidad enorme de contradicciones con el que está hilado y la muy ramplona y pobre explicación de la polémica que da la periodista pero, no sólo eso, sino que contradiciendo un poco los límites de hasta donde llega el ejercicio del periodismo se alegra por la discordia que ha sembrado pese a que, para ello, haya tenido que utilizar unos métodos que salen directamente del periodismo más amarillista posible y que tienen que ver con deformar la realidad para que los hechos aparezcan retratados desde el punto de vista más viscoso posible.

A la lista que tenemos de “titos y titas regañones” entre los que estaban el Tito Marías, el Tito Prada, el Tito Pérez-Reverte y alguno más tenemos que añadir ahora a la Tita Concha a la que parece que no le tiembla el pulso para denunciar algo, aunque sea de oídas.

Francamente, entiendo que a la Campoy como ciudadana despistada que se está tomando un café por la mañana leyendo la prensa le espante la temática de “A Serbian film”, no me cuesta imaginarme a la periodista mojando una galleta María en el tazón mientras lee la crónica sobre Sitges y, de pronto, que su cara se quedara congelada con la galleta humedecida y blandurria en la mano a medio camino entre la taza y la boca mientras que ella leía la noticia completamente anonadada. Yo, que soy muy partidario de que no incluir titulares que te jodan el desayuno, creo que soliviantar al personal y calentarlo ya de buena mañana es fatal para los que vamos en el Metro todos los días y, de verdad, lo entiendo. Más que nada porque la crónica también es amarillenta y se regodea en las peores escenas del film. OK, hasta ahí la labor de la ciudadana despistada: cagarse de miedo. Flipar. Alucinar.

Es entonces cuando la ciudadana Campoy tiene que dejar paso a la Periodista Campoy que, ya desayunada, tiene el cometido principal de separar el grano de la paja e informarse para informarnos.

Es decir, si una noticia te llama la atención, lo normal es llamar a los críticos que el periódico de tu grupo mediático tiene en nómina y preguntar: ¿Esto es verdad? Cuéntamelo que, a lo mejor, tu tienes más gracia. Después llamar al propio director del Festival para que te explique el asunto y, después, valorar si vale la pena levantar la perdiz.

El director de “A Serbian film” no tiene que hacer el ejercicio previo de valorar si moralmente o estéticamente o ideológicamente su obra vale la pena, si puede llevarse a cabo. Nein, nein, nein. Lo diré en palabras de Santiago Segura, amigo del marido de Concha García Campoy y con el que debe de haber compartido dos o tres cenas por lo menos, cuando le preguntaron por si no le daba corte que, a lo mejor, alguien se tomara en serio al personaje principal de su cortometraje “Evilio” (una especie de vagabundo que secuestraba jovencitas y las mataba si no contestaban a sus preguntas correctamente…vaya, jovencitas, violencia, sangre, secuestro…vaya…) y que dijo algo así: “bastante tengo yo con escribir el guión y rodar mis peliculillas como para preocuparme por lo que va a pensar la gente”.

El compromiso del artista siempre debería de recaer sobre lo que hace mientras que el del periodista debería de recaer, única y exclusivamente, en informar. Es decir, en ajustarse lo más posible a la realidad, en no engañar a nadie o, por lo menos, en no soliviantar a la gente o asustarla o calentarla o, lo que es peor, acojonarla (como ocurre actualmente en el 90% de los telediarios donde cada noticia parece indicar que vivimos en la peor parte del Bronx). Lejos de la labor de informar quedan la de educar y, por descontando, exhibir una pobre pedagogía para diferenciar lo que está bien de lo que está mal que, por otro lado, como tantas lecciones suelen darse sin el consentimiento de los propios oyentes/lectores/telespectadores.

Mucho más obsceno que “A Serbian film” resulta la innata capacidad que muestra el ejercicio periodístico de sentenciar incluso antes de haber visto la dichosa película.

Pese a todo la Ciudadana y la periodista Campoy siguen enrocadas en su posición diciendo que “no está mal” (es decir, es un derecho inalienable) el decir si a uno las cosas le han parecido bien o mal. Pues no, puesto que el compromiso del periodista no es sentenciar sino describir la realidad.

Esto de describir la realidad es algo que se le exige mucho últimamente a los artistas, que plasmen la realidad, que nos la cuenten, que se impliquen, que se mojen, que discurseen…pues no, sinceramente, no es labor del cineasta plasmar ni una micra de la realidad que lo rodea, ni siquiera implicarse en ella si no quiere y, mucho menos, tiene que convertirse en un responsable de las tensiones, convulsiones y comentarios que de su obra se produzcan.

En cierto modo el artista decir “ahí os dejo esta cosita a ver que os parece” y luego, si quiere, diluirse.

No estoy en contra del artista comprometido, tampoco del artista que transmite un mensaje, es más, la mayoría de las veces agradezco estas posturas y me parece bien que las personas pierdan su tiempo y den la cara por esta u otra causa. Me parece bien que protesten en contra de la guerra, que escriban canciones que cambien conciencias, que rueden películas que denuncien hechos terribles, que tomen una postura, que hagan tomar conciencia al personal pero, sinceramente, esa es una opción entre muchas otras y nada más.
Lo más curioso de este debatito pequeño es que, en realidad, “A serbian film” es una película de género que quiere hacer una especie de retrato alucinado de la situación que se vive en Serbia. Es decir que, en definitiva, Spasojevic no sería más que un artista que ha tomado conciencia y que se encuentra comprometido con el hecho de retratar los males que asolan a su país. El problema es que, al parecer, ha elegido una forma poco adecuada de hacerlo. Claro.

La cosa va de un ex actor porno que es contratado para una última película, una especie de porno experimental. Los paralelismos con la realidad, están pespunteados con gracia dentro de la narración, es más, el tipo que produce y dirige el cotarro es un psicólogo (Radovan Karadzic, criminal de guerra, era psiquiatra) y por la narración se van entreviendo los males que aquejan a la actual Serbia y, como no, una especie de lectura asilvestrada de los fantasmas del nacionalismo y, por ende, de la manipulación que se hizo de la población para que, como el protagonista de la cinta, acabara asesinando, violando y matando no ya en nombre del cine (la obsesión de este malo es el cine) sino en el nombre de algo tan etéreo como el concepto de patria. Mucho habría que hablar también sobre la estructura de la película (una especie de relectura de la también excesiva y muy mostrenca “Irreversible”) y del final de la misma que no les reventaré por si acaso ustedes se atreven a verla. Desde aquí les advierto: es más un thriller que otra cosa y, sí, es una película que no es apta para estómagos sensibles pero, la verdad, asistimos con enorme pasividad al horror de manera diaria (un horror completamente real) y eso parece hacernos menos daño que una película.


No se me escapa que el tema de los Balcanes es un tema sangriento, violento y con un trasfondo tétrico gigantesco que, para nosotros, espectadores del conflicto bien puede ser algo inentendible desde la distancia. Se me escapan sin embargo, y por completo, los efectos colaterales que la población de Serbia y de los otros países implicados en el conflicto viven día a día, del terrible awakening que debe de suponer despertarse en un país roto por la guerra y que ha nacido tras una historia brutal de genocidio.

“A serbian film” me ha resultado una vomitera, no se si una vomitera buena de esas que te dejan dormir tras un buen empacho, pero sí me da la sensación de que es una película concebida como elemento exorcizador de muchos fantasmas. Fantasmas que su autor ha decidido retratar en forma de notable película de terror, de viaje alucinado por el pasado implicando a la pornografía, a la familia, a la chaladura colectiva y pasajera que provocan un cocktail de drogas de diseño o un buen chute de terrorismo institucional.

No es cosa de dejar atrás tampoco el hecho de que la película que se está rodando dentro de “A serbian film” es algo que va a venderse al extranjero, para que sea disfrutado por un público ajeno que, en palabras del malo de la cinta (Vucjick se llama el amigo) “devora todo lo que tiene que ver con las víctimas”. Dice él mismo que las víctimas es lo que más vende, que es el mejor objeto para ser exportado. Interesante. El director postula, no sin cierta razón, que Serbia exportó un horror televisado que fue digerido por el planeta entero con alegría y que, como todo lo que se ve por televisión, parece rodeado de un halo de irrealidad. Es interesante que todo esto, todo este asunto, se haya disparado por la incapacidad que a veces demostramos por discernir entre lo real y lo ficticio.

Sería sin duda haber hecho una película de buenos y de malos. Spasojevic ha decidido hacer una película sobre un puñado de hijos de puta. Unos hijos de puta que, como ustedes y como yo, navegan todos los días en la difusa frontera que hay entre lo correcto y lo incorrecto. Es posible que estemos ante una peli que evalúa entre los diferentes niveles de "hijoputismo" sin entrar en la tarea de dividirlos pero, también, incidiendo en el terrible hecho de que, de un modo u otro, todos podemos ser tentados por la maldad (aunque esta se aparezca de modo evidente) y participar de ella de un modo activo o pasivo.

Es también posible que el director serbio haya prescindido de ese discurso de "somos una nación dañada y psicológicamente al borde del colapso" y lo haya suplantado por uno más directo que vendría a decir algo así como "A Serbia le dieron por el culo, tenemos el culo abierto y, por desgracia, ha habido tal lío que no sabemos quién es culpable de darle por el culo a quién, quién recibió más y quién dio menos o viceversa. El caso es que estamos hechos un lío y francamente mal de la mollera".

En definitiva “A serbian film” es el intento de un director de cine por transmitirnos cosas, por transmitirnos cosas desde una perspectiva personal, sin censuras previas, sin intentos por moralizar. “A serbian film” es una película de terror, un asunto de género, una peli de la que se va a hablar un montón y que, no me extraña, vendrá precedida de una polémica enorme y se estrenará bajo una terrible presión mediática. El horror balcánico, como el del Tío Creepy, llama a nuestra puerta de nuevo. No esperen una película al uso de las tantas y tantas que se han hecho sobre la Guerra de Los Balcanes, no esperen piedad o misericordia. No. Ahora tienen la oportunidad de disfrutar de un análisis artístico del asunto, de verlo desde otra perspectiva completamente nueva. De eso se trata el compromiso del artista ¿no? De ofrecernos algo, de entregarnos materia con o sin mensaje. Esta es una película que divaga sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre la delgada línea que hay entre verdugos y víctimas.Nada más. El ruido lo ponemos nosotros.

Nota del Insustancial: (*) "Sintetización alemana". Un profesor de filosofía de mi instituto decía, jocósamente, que los alemanes eran los únicos capaces de escribir una "Pequeña introducción al estudio de la letra L" y que esta tuviera una extensión de 40 tomos. Desde entonces me atribuyo esa interesante capacidad. 

Nota del Insustancial 1:  Disculpen, como siempre, la extensión insoportable de estos dos últimos post.

Nota del Insustancial 2: Mañana intentaré volver por la senda de lo que es sólamente bueno y bonito. Aunque, la verdad, no les prometo nada.

Nota del Insustancial 3: Si escarban un poquillo y miran a la derecha encontrarán una frase del dibujante Miguel Ángel Martín (perseguido siempre por la polémica) donde hallarán una interesante conseja sobre lo políticamente correcto.

lunes, 17 de mayo de 2010

La tele te odia...y todos los demás también...



Hay una razón de peso para que Cuatro y La Sexta programen horrores como "Mujeres ricas" o "Casadas con Hollywood": venganza. Una venganza servida en plato frío, una venganza pensada y calculada pausadamente porque, la verdad, cuando emitían cosas de calidad todo el mundo les dio la espalda y, por ello, es normal que ahora se venguen de todos nosotros con ciega ira y castiguen a su potencial audiencia con dos programas deleznables repletos de gente dispuesta a mostrarnos como se gastan en una sola mañana el dinero que ustedes tendrán que pagar en hipoteca en los próximos 25 años.

Es posible, sólo posible, que Cuatro y La Sexta hayan sido infectadas por el conocido "Síndrome Garzón". Es esa enfermedad que, de pronto, atacó al famoso juez y lo convenció de que España era un país democrático, europeo, sostenido sobre instituciones sólidas que aceptaría con normalidad que, desde la judicatura, se pusieran los medios necesarios para abrirle un  proceso al Franquismo y cerrar así un proceso histórico jamás cerrado por la vía natural y sólamente cerrado en falso por esa tirita infantiloide llamada "Transición". 

A lo mejor Cuatro y La Sexta se despertaron un día y pensaron que, a lo mejor, esto de la crisis era una gilipollez, un espejismo, y que España es un país rico y próspero donde los hombres juegan a amasar fortunas especulando en ese nuevo Shangri-lá llamado "Los mercados" mientras las mujeres pasean el palmito por gimnasios, tiendas de alta costura etc. 

Si se ha demostrado que Garzón era un pobre iluso que se ha quedado solo y ha sido arrollado por la institución a la que un día le dio brillo, esplendor y cierta pátina refulgente de modernidad es normal que ambas cadenas, que van de rojillas, modernas y de implicadas en la realidad se estrellen de nuevo en este intento por hacer de la exposición indecente de la riqueza el mismo negocio que han hecho con la exposición indecente de la pobreza en formatos como "Callejeros". 

No me cabe duda de que la trampa está, como siempre, en la mala digestión de los conceptos. Desde que era un renacuajo en esto de los medios de comunicación he estado escuchando una palabra clave, uno de esos mantras vacíos de significado: "Aspiracionalidad". Al parecer la gente quiere ver cosas a las que aspira y por eso los tíos compran revistas de coche o con tías en portada (mucho antes de que la ola de conservadurismo reinante se hiciera con los corazones y las mentes de los tradicionales anunciantes de las revistas masculinas y comenzara a lanzar el bulo de que "la desnudez sólo interesa a un lector de gama baja"...es decir, de pocos recursos, pobretón y poco consumidor) y las chicas prefieren comprar revistas con chicas a las que les gustaría parecerse vestidas con la ropa que les gustaría poder permitirse.

¿Es verdad? Es posible, pero sólo en parte porque lo que olvidan Cuatro y La Sexta es que "lo aspiracional" también tiene que parecer asequible, cercano y, sobre todo, tener una imagen simpática. Sin duda Nescafé, parte del grupo Nestle, perseguida por los grupos ecologistas por la forma en la que gestiona sus recursos, se ha intentado limpiar dicha imagen negativa poniendo al frente de su campaña de la maquinola Nespresso a dos tíos que caen bien: George Clooney y John Malkovich. Ambos emiten unas señales completamente diferentes a la de la marca suiza: están comprometidos socialmente, son intelectuales, impecables, demócratas (en el sentido norteamericano del término). Cuatro y La Sexta nos presentan a ricachos y ricachas incómodos de ver, indolentes, sin fondo, que parecen idiotas sin oficio ni beneficio...algo malo en un país de raigambre católica y educado en el catolicismo, doctrina religiosa que, frente al protestantismo, viene a contarnos que el que se enriquece lo hace porque no ha tenido escrúpulos. Es posible que más de un programador y más de dos tengan que volver a la escuela a aprender lo que significa, en realidad, el término "aspiracional".

Estamos pues ante un problema de visión de la realidad porque, no se me olvida, que a lo mejor Cuatro y La Sexta están enfermos del "Síndrome Camps". Mi político preferido de todos los tiempos, por encima de aquellos sátrapas que ocuparon la Casa Blanca en el siglo XIX, el gobernador de Luisiana Jimmi Davies (cantante de country de profesión y compositor de la deliciosa "You are my sunshine" pero, sobre todo, un tipo populista y escalofriante) y todos los macarras que se inventaron el turnismo político en España (ese que se aplaude tanto en Intereconomía...gensanta...) opinaba el otro día que los 45 millones de españoles estaban convencidos de que, en realidad, era completamente inocente y que nadie en su sano juicio se creería de verdad que un político podía venderse por tres trajes...cuyo valor, por cierto, ascendía a 4.000 pavos por traje. 

¿Cómo se genera una cosmovisión como esa? Pues del mismo modo que en aquel viejo chiste en el que el Papa acudía a un país africano y, sorprendido por la extrema delgadez de los niños, preguntaba por la razón exacta de la misma ¿Enfermedad? ¿constitución genética débil? ¿mala conciencia? Un Obispo se le acercaba y le decía: "Es que no comen". El Papa se bajaba de su coche y agarrando a uno de los chiquillos por los carrillos le recomendaba con paternalismo y campechanía: "¡hay que comer, niño, hay que comer!". Pues con Camps pasa un poco lo mismo. Me pregunto qué será lo que Camps ve por la ventana, que informes maneja, qué información recibe, qué le cuentan sus colaboradores, sus allegados, sus familiares sobre la situación real en la que se encuentra su comunidad pero, sobre todo, me pregunto qué es lo que piensa Camps que es el servicio público, cuáles son los límites que nunca puede traspasar un cargo electo pero, también, qué narices le cuentan sus abogados sobre lo que es y lo que no es delito y la situación real en la que se encontraría de no ser juzgado, directamente, por un juez que es un amigo íntimo. 

Miren la alegría con la que Rita "GodzRita" Barberá pide "la filiación" (un término que no se escuchaba desde que se desmovilizó a las tan añoradas SS) a los ciudadanos que opinan públicamente que Camps es un delincuente...¿Qué pasa por la cabeza de la alcaldesa de Valencia para hacer algo así? ¿No será que de verdad cree que entre las atribuciones de su cargo está la de pedir el DNI a quien se le antoje?

Observen la alegría con la que Gallardón aniquila el presupuesto de festejos de Madrid en enmoquetar la Gran Vía en plan Christo en un acto ridículo, absurdo...¿Que tiene en la cabeza el alcalde de la capital para hacer semejante cosa?

A lo mejor Cuatro y La Sexta no están demasiado informadas sobre nuestra realidad, la que viven sus propios trabajadores, la que sufren los que han sido víctimas de los durísimos recortes de personal de ambas empresas de comunicación y me pregunto qué influjo reciben desde fuera para pensar que este era el mejor momento para producir formatos tan francamente lamentables como estos. 

Que quede claro: el desconocimiento de una ley no es eximente de un delito del mismo modo que el desconocimiento de la realidad no es eximente para crear una atrocidad. 

Repasadas la venganza, el desconocimiento de la realidad y la ignorancia de la misma ya sólo me queda una razón: el odio. 

Decía mi amigo Fran que la clase política tiene implícito en su ADN el odio hacia los votantes y que sólamente de ese modo se puede explicar que las decisiones que toman tienen más que ver con jodernos que con alegrarnos la vida. Es decir, ese odio, vendría dictado por la sensación más que real de que su cargo y, por lo tanto, lo que son está pendiente de un hilo muy fino que es el del pueblo caprichoso que siempre es identificado como analfabeto o demasiado pueril como para permitirle más de dos o tres oportunidades cada cuatro años de expresarse, una expresión que encima suele ser adiestrada por medidas campañas publicitarias, mentiras, lecturas falsas de la realidad, un manejo primitivo de los impulsos de la masa...una decisión que, en esto el PP tuvo que hacer un curso acelerado tras el 11-M, nunca puede ser contaminada por la realidad social que vive el votante porque, a lo mejor, de serlo es muy posible que este cambie de voto o de opinión, que no marque nuestro nombre en la papeleta, el votante realista que está bien informado o que, de pronto es consciente del truco, se enfada, se mosquea y te vota al contrario en plan castigo, así como enfurruñado, con mala hostia porque si nos molesta descubrir el truco del mago mucho más nos jode ver como este o el otro manejas los hilos de una situación para su propio interés. 

Es por ello que el diálogo entre político y ciudadano siempre se establezca en unos términos ridículos donde el político utiliza frases estúpidas como "eso es muy complicado para explicarlo en dos palabras" cuando se le interpela directamente sobre una cuestión concreta dando por hecho que es usted un gilipollas sin formación o un maleducado al que no le importa abordar a un político para hacerle una pregunta incómoda cuando está, por ejemplo, a punto de inaugurar 100 metros de autopista que volverá a inaugurar dentro de dos meses y este diálogo se suele cerrar con alguna frase aún más absurda como "pida usted hora el día que quiera, le recibo y le cuento personalmente y en mi despacho lo que quiera saber". Ejem, ejem...inténtenlo y, cuidado, porque si alguna vez le recibe lo hará con un fotógrafo y una cámara de televisión y acabará siendo un convidado mudo de una noticia del tipo "El excelentísimo procer de la patria, Ministro de la Verdad, la Integridad y Vicepresidente de la Asociación por la Recuperación de las buenas costumbres recibe a los ciudadanos para contestar sus preguntas". Verá que cara de gilipollas pone en la foto...

Pues, al parecer, la tele comienza a actuar igual, con odio, revolviéndose contra la audiencia y contestando a preguntas concretas como "¿Es posible hacerlo peor y emitir más mierda?" con acciones criminales como emitir programas de baja estofa que sólo persiguen vengarse de que usted tenga una línea ADSL y pueda disfrutar de todas sus series preferidas haciendo un click. No, no es culpa suya, como siempre es culpa tuya, de ustedes. Se intuye que nos odian porque, en realidad, creen que ustedes verán esos programas movidos por los peores instintos: la envidia de ver a gente más rica que ustedes pegándose la gran vida; la pulsión masoquista de descubrir que hay gente para la que la palabra hipoteca no tiene ningún sentido; la necesidad de criticar, de encabronarse con los demás, de poder llegar al día siguiente a la oficina o al lugar donde ustedes trabajen y despacharse diciendo eso de "qué asco lo que vi anoche" y cosas así. 

Yo no tengo escapatoria y, por mor de mi trabajo, tengo que ensuciarme los ojos viendo porquerías de este calibre pero ustedes son libres, son príncipes y princesas de su bloque, emperadores de su casa, dictadores de su tiempo libre, ejerzan su derecho al libre albedrío en su ocio y no les den cuartelillo. Pequen del peor pecado del español: el desprecio. Devuelvan esta andanada de mal gusto con el grito del protagonista de Network (1976, Sidney Lumet): "¡Estamos hasta las narices y no vamos a aguantar más!".     

Háganlo por ustedes, manténganse limpios, no se encabronen más de lo necesario.

miércoles, 15 de abril de 2009

Callejeros, ese semáforo moral...


Flipo con "Callejeros" (Cuatro) y acaricio la idea de que todos los que me humillaron en el patio del colegio acaben convirtiéndose en víctimas de este espacio humorístico-vejatorio de la cadena de PRISA. Sobre todo los que me llamaban "la niña" (vosotros los que tenéis padres fachas os quejáis de haber sido educados en unos pacatos valores judeocristianos pero no sabéis lo que es vivir con un par de progres que te obligan a llevar el pelo largo...vale, el mundo al revés) y los que se empeñaban en arrancarme los botones del abrigo y que, cuando me cambié a la koreana de color azul, me caparon el gorro. "Hijosdeputa" que diría la cinta de VHS.

A veces creo que sólo veo "Callejeros" por saber si alguien que me ha hecho la puñeta se ha convertido en el protagonista de uno de esos cortes de vídeo que se han convertido en dentelladas de hiena y que se dividen en dos grandes temas:

a)"¿Cómo cojones se puede vivir así?".

b)"¿Cómo cojones se puede vivir así...de ciego?".

Los que dudan de que los temas puedan ser todavía más chungos que no se preocupen: siempre hay miseria que grabar (en el caso "a") y siempre hay imbéciles lo suficientemente borrachos y/o drogados como para querer aparecer en el programa, pese a que el mismo ya ofrezca imágenes tan escalofriantes como estas...



Reconozco, en mi humilde opinión, todas aquellas cosas que han hecho famoso a este programa concentradas en unos pocos minutos:


1. Gente ciega (pandilla protagonista).


2. Cosas conseguidas ilicitamente ("Han visto a mi colega con el Eclipse -el coche- vale que lo ha pasao con la coquita -la coca- los gramitos, tal, tal...".


3. Desafío a la autoridad ("Mi colega tiene amenazá a tó la Policía nacional de Alicante" o "Oyeme, que tengo dos puntos pero me la comen" /A un guardia: "Escúchame, tu que eres policía ¿A que este coche es "marronero"?).


4. Macarrismos ("Me bebío en mi casa sinco botellas de Guait labe").


5. Componente "Alegría que no falte" ("Pues pa quitarnos las penas ahora que vamos a hacer, dos pollitos de coca, los cuatro porros últimos..." "Unos litros, lo que sea").


6. Colegueo con los reporteros ("¿Quieres trankis? Esto es pá dormir hermano...trankimazines"/"Grábame, si a mi no me importa...¿Quereis un reportaje de puta madre? Pues apunta aquí, mira, esto es coqueta").


7. Gente drogándose públicamente (En este caso en el mismo control de alcoholemia).


8. Secundarios de lujo con discurso ("Esto es lo más bonito del mundo, ¡Polen!")


9. Secundarios freaks (tipo borracho y con un parche en el ojo tirando la multa al suelo).


10. Expresiones chanantes ("600 euros, que no pasa ná, que esto se paga como agua de churros"/"El que saca la pistola pá enseñarla es un canguela").


11. Macarrismos varios ("Escuchame, nos queda coca pá enterraros a los dos, a ti y a ti"/"El placer de meternos aquí cinco, diez pollos de buena mañana que es como entra la coca")


12. Discurso populista ("La poli se mete, el presidente del gobierno se mete").


13. Discurso localista ("¡La gente de Muchamiel es la mejor que hay en Alicante!").


14. Un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado flipando en colorines y utilizando la terminología típica ("Hemos pasado por ahí y nos ha dado un olor a porro (...) hemos encontrado semillas de marihuana y unos gramitos de cocaína).


15. Actos de violencia ("Si saco la pistola te juro por mi hija pequeña que te pego un tiro en tó la pierna").


Pese a todo falta un punto que es el siguiente: Alguien gritando "¡Arriba Callejeros!" que es un mantra de los barrios marginales (y no tanto).


¿Qué fin tiene "Callejeros"? Pues en realidad, que nos echemos unas risas a costa de gente que está pasando transitoriamente (o no) fatiguitas. Es lo que Tom Waits definía como "un semáforo moral" en el fantástico monólogo que interpretaba en "El Rey Pescador" (Terry Gilliam, 1987) y en el que decía que hacía un servicio social por estar en la calle pidiendo limosna en el centro de una estación ¿Cual? Muchos de los que se cruzaban con él volvían o iban al trabajo pensando en mandarlo todo a la mierda, en cagarse en su jefe pero al verlo allí, sin piernas, en una silla de ruedas, pobre y jodido optaban por callar y seguir con su vida dejándole unas monedas e intentando así no caer en la más asquerosa de las miserias. Es posible que "Callejeros" sea ahora eso, un aviso para navegantes o, lo que es lo mismo, gambiteros pero, también, ahora que arrecia el endeudamiento con los bancos a los sufridos capitalistas de medio pelo (todos nosotros) que navegamos en la duda de saber si acabaremos en el arroyo de la vivienda social y la bolsa de comida de la parroquia.

Por todo ello, y preferentemente por saber como se vive en otros mundos que están en este, vale la pena echarle un vistazo a "Callejeros" aunque, la verdad, su capacidad informativa se circunscriba a descubrir cuáles son los derechos fundamentales de las personas:

Y la sorprendente revelación de una estudiante de medicina que nos descubre el palpable machismo de las leyes de tráfico quedando irresuelto el misterio de lo que había hecho bajo los efectos del alcohol:

miércoles, 18 de febrero de 2009

Febrero es muy macarra


Será por el vacío que me ha producido acabar "El Arco iris de gravedad" o porque Onanismo Sánchez y Borja Prieto destilan poesía en sus blogs sobre el tema pero, el caso, es que me he enganchado, irremediablemente, a "Granjero busca esposa".

Tengo mala conciencia y estoy intentando equilibrar la balanza sumiéndome en la lectura de lo que me queda de Cormac McCarthy ("El guardián del vergel" y "Todos los caballos bellos") y esperando que me llegue "Revolutinary Road" de Richard Yates. No puedo dejar de todas maneras de reflexionar sobre lo fácil que en España nos ponemos a disimular cuando se habla de las gentes del campo. Al parecer todos nos hemos criado en Gotham City y nadie tiene escrúpulos en hacerse el sorprendido cuando ve esos campos de labor y esas explotaciones ganaderas repletas de mierda de las bestias. Cuidado, que como dice mi señor padre, es posible que este país tenga un aspecto moderno pero, en el fondo, a la mínima de cambio, en cuanto la banda de la verbena se pone a tocar una versión de "La Macarena" sale de nosotros el señor rural del que provenimos realmente. España en el fondo es muy macarra y en este mes de febrero se ha identificado un aumento del "chanismo" reinante que paso a detallar:



-Rudy Fernández en la NBA: Desde que desaparecieron casi por completo las cheerleaders o desde que estas van más vestidas que las monjas la NBA se ha llenado de un macarrismo de influencias disneylandescas que da bastante grima. No recordaba yo que el All Star fuera tan terriblemente infantil pero así es. Shaquille O´Neal hizo una coreografía que nos hizo recordar su terrible filmografía y películas como "Shazam" o una en la que hacía de superhéroe o algo parecido. Si los Gasol están en la NBA para ser como los comedidos y los good boys, Rudy Fernández nos hizo vibrar con sus mates, sus desplantes, su aspecto de chulito de instituto y, sobre todo, con perder el concurso. Porque, venga va, no hay cosa que más nos ponga en España que una de esas derrotas que podemos cargar sobre los hombros de jueces, árbitros o las inclemencias del tiempo. Se mosqueó la estrella por las bajas puntuaciones y, sobre todo, hizo un gesto a la cámara de "¿De qué cojones va esta gente?". Chano, chano.


-Dani Güiza: En casa estamos pensando en "españolizar" la peli de Danny Boyle "Slumdog millionaire". Queremos sustituir al hermano macarra por el futbolista gaditano, al actor del principio por Alfredo Landa bajándose del helicóptero de Tulipán y a Freida Pinto por Nuria Bermúdez. Dani Güiza lo vale porque es un tipo que lleva dos fotos de la Virgen del Valle y del Cristo de los gitanos en sus espinilleras con dos banderas de España. Se ha hecho más famoso por sus líos con sus ex y por su madre Pepi que por sus goles, juega en el Fenerbache turco y parece que no le ha dado tiempo a sacarse el graduado escolar. Molas mazo.

-Mariano García es el dueño de Rockservatorio FM, DJ del mítico Discocross, periodista especializado en Heavy Metal y uno de los tipos que más manda en el panorama metalero. Durante un tiempo lo veía mucho por el Excalibur, una catedral del heavy metal, e incluso una vez a mi primo y a mi (los dos con poco pelo) nos dedicó estás simpáticas palabras: "¿Qué hacen en un bar heavy estas dos moñas?". No le dijimos nada porque a)la gente mayor que no sabe que su tiempo ha pasado nos produce compasión b)La gente mayor es peligrosa porque no puede ir a la cárcel, c)Por aquellos años siempre iba rodeada por una nerviosa nube de lameculos de toda índole deseosa de tomarse unas birras con Mariano, les invitara a conciertos, escuchar de primera mano los cotilleos de las grandes estrellas o les promocionara sus discos, maquetas etc. y d)Somos un poco moñas y no podemos volver al hospital con un delito de lesiones por una cosa que nos dijo el juez. El caso es que la banda buena del heavy dice en los foros que "Mariano está pasando por problemas y que se pasa con todo" como muy enigmáticamente pero como le teme (tiene mano) y le odia (levanta envidias por su porte y un pelazo que ya lo quisiéramos muchos) airea un vídeo-animación de Mariano entrevistando a Warcry con un pedo muy gordo y haciendo bastante el ridículo. Desde aquí toda la admiración para un profesional como la copa de un pino que va a trabajar aunque sea en las peores condiciones.







-El doblaje de algunas películas: Terrible lo que ha hecho Avalon Pictures con el mockumentary "Historia completa de mis fracasos sexuales" (Chris Waitt). Han doblado al protagonista con la voz de Ángel Martín que le imprime algunos dejes del personaje que interpreta en "SLQH". El intento de asegurarse un poco más de taquilla es de lo más macarra que he visto en los últimos tiempos porque, desde el minuto cero, tu cerebro no puede evitar superponer la cara de Martín con la del prota. Por cierto la película tiene algunas escenas de lo más chungo que merecen ser vista en Versión Original.

-Lo último de Tarantino: macarrada absoluta lo nuevo de Tarantino, que aquí se llamará "Malditos bastardos". El trailer no tiene desperdicio.






Mañana para equilibrar el karma rodamos una pieza con Francisco Nixon en plan "Algo pasa con Mary" y le delvolveremos al mundo algo de su belleza. O no, yo que se.

jueves, 5 de febrero de 2009

Esto no es Hawaii (en serio...no es Hawaii)


Una vez entrevisté a Loquillo. Fue en el Hotel Continental a las 10:30 de la mañana.

Para mi la cita llegaba con quince o dieciseis años de retraso. José María Sanz ya no era el rocker vestido con traje de mil rayas que miraba desafiante a cámara con media sonrisa desde la portada de "Mis problemas con las mujeres" y yo ya no era el crío que le había sustraído a su abuelo un traje de mil rayas del armario y llevaba tupé.

(Aquí hago un espacio para las risas de los insustanciales...pero os lo advierto...todos tenemos un esqueleto escondido y "Mis problemas con las mujeres" es uno de mis discos preferidos).

Llegué quince años tarde porque la entrevista, alrededor de dos cafés, trató de manera residual la música (que es de lo que me gustaría haber hablado como fans) y se centró mucho más en los problemas de imagen que Loquillo venía arrastrando en los últimos tiempos: la imposibilidad de sacar adelante un documental junto a su mujer Susana Koska centrado en las mujeres republicanas, la reacción de la opinión pública ante su apoyo a José María Mendiluce en las autonómicas madrileñas de 2003, su mala relación con cierta parte de la crítica musical y su dejadez ante el trabajo de otros fundadores del rock español (Burning, Gabinete, etc.). Entendí que estaba cansado de la promo de su album incluso antes de darle al botón rojo del magnetofón y que, en realidad, la discográfica le había hecho varias putadas para que se sintiera lo más incómodo posible ya fuera colocarle una entrevista de buena mañana y recién aterrizado en la capital o, como dijo algo desesperado, no haber ido al aeropuerto a recogerlo o ni siquiera encargarse de registrarlo en el propio hotel y obligarlo a llegar tarde a una entrevista.


Cansado y mucho más tímido a la hora de hablar de su trabajo que de su imagen la entrevista con Loquillo se diluyó como el azucarillo de los cafés y me encontré con un tipo harto que, poco tiempo después, transmitió que se iba a tomar un tiempo de reflexión sobre su carrera. Lo mejor, dejarse hacer una foto delante de un piano con un cigarrillo en la mano sonriendo como en las antiguas fotos de promoción y que me contara la manera en la que se enteró de la muerte de Enrique Urquijo: Loquillo estaba emborrachándose con Jaime Urrutia en un bar situado cuatro o cinco portales más abajo del lugar donde encontraron al solista de Los Secretos y Urrutia (o el mismo Loquillo, no recuerdo) le dijo: "No permitas que a mi me pase lo mismo".


Anoche, viendo el estreno de "El rock o la vida" (sólo sale Sabino Méndez mientras que los otros Trogloditas han preferido callar), el documental sobre la figura del cantante de Los Trogloditas pude entender algunas de las razones por las cuales aquella entrevista resultó un desastre porque lo vi igual de incómodo e igual de tímido que cuando me senté con él a charlar y por qué ni siquiera saqué un single, que me había comprado en el año 91 en Discos La Metralleta por 1.700 pesetas, de su canción "No bailes rock and roll en el Corte Inglés" que esperaba que me hubiera firmado.

En realidad creo que Loquillo comenzaba a entender que nunca sería el Elvis español y que le faltaba todavía bastante tiempo (tiene sólo 47) para reivindicarse como un reflexivo y desenganchado Johnny Cash porque aquí no esperamos que nuestras estrellas maduren y se reconviertan ya que no hay casinos donde ejercer de crooners, programas de televisión donde puedan ejercer de viejos presentadores o cierta manga ancha a la hora de verlos convertirse en actores (Loquillo y Cash lo intentaron varias veces). Y es que esto no es ni Las Vegas, ni Los Angeles, ni Tucson (Arizona), ni Memphis y, claro está tampoco Hawaii.


No es Loquillo el único que pensó que podría reciclarse como se hace en los USA. Cuatro estrena un Jueves la versión "españolizada" de Saturday Night Live. Las españolizaciones suelen ser una mala cosa. Creo que alguna vez he contado que el primer Burguer King que se abrió en España estaba equipado con una máquina expendora de refrescos a la que se le había incorporado un grifo con vino tinto para conectar con el paladar de aquí. Flipa. Recordemos cómo sabe la coca-cola original y cómo sabe nuestra Casera Cola...cosas distintas sin duda pese tener color parduzco, azucar y gas.

Además no olvidemos que los sketches de producción propia se mezclarán con sketches históricos del programa americano. "Históricos" quiere decir que están elegidos entre 1564 programas originales (SNL se emite ininterrumpidamente en la NBC desde 1975) por donde han desfilado todos los grandes cómicos norteamericanos de las últimas tres décadas. No habrá tiempo para que el material español sea tan bueno como unos gags que están el el subconsciente colectivo del humor y, por otro lado, "Saturday" significa "Sábado"...¿Por qué aquí se emite un jueves? Al menos si es "live", es decir, en directo.



Lo veré sin más prejuicios porque a nadie le interesa más que a mi cosas como estas, o sea, que se sigan haciendo programas de humor en la televisión española que vayan reduciendo el número de programas de corazón pero, la verdad, no espero gran cosa porque no podré resistirme a compararlo con el programa original o, por ejemplo, con otra intentona muy parecida que hizo El Terrat en Telecinco para los domingos por la noche (llevo días intentando acordarme del nombre del programa y me es imposible) con José Corbacho, Santi Millán, Juanjo Pardo y algún actor más suspendido a los pocos días de su estreno.
Sabores diferentes y formas muy diferentes de entender la comedia...¿Llegaremos a reírnos algún día sin complejos como hacen los americanos? ¿A aceptar nuestras debilidades? ¿Cuanto nos apostamos a que no hay ni un chiste sobre curas? ¿Y sobre banqueros? ¿Y sobre El Corte Inglés?

Efectivamente esto no es Hawaii...y no es nada guay, por cierto.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Leyenda urbana resuelta


Callejeros (Cuatro) es un programa "mu santo" que diría la juventud más advertida de los cambios de nuestra decadente lengua. Sí, sirve para ver los peores escenarios humanos posibles en plan semáforo moral (voy a seguir trabajando para no caer en las redes de la pobreza...) y también para desentrañar leyendas urbanas.

Si uno pasa por la Gran Vía, en la confluencia de dicha calle con Montera y baja en dirección hacia la Plaza del Callao (o desembarca directamente en la estación de Metro de Gran Vía) se dará de bruces con una enorme tienda de ropa de la cadena Berksha. Antes, mucho antes, allí estuvo la mítica tienda de discos Madrid Rock. Era un buen sitio para comprar música y un buen sitio para quedar. "Quedamos en la puerta de Madrid Rock" y podías añadir si no tenías muy claro que se fueran a presentar "quedamos en Madrid rock al lado de donde están los jevis".

Sí amiguitos, en la puerta de Madrid Rock siempre estuvieron esos dos señores jevis del vídeo y siempre te preguntabas: ¿Quienes serán estas dos personitas y por qué siempre me los encuentro aquí?.

Las leyendas corrían por toda la Gran Vía: que si eran camellos, que si eran seguratas de Madrid Rock, que sieran los verdaderos dueños de la tienda de discos, que si eran los pipas de Obus, que si eran los que hacían la revista Kerrang!, que si se fueron de gira con los Gansansrouses, que si fueron los que inspiraron al personaje de Josemari de El Día de la Bestia...

Ellos mismos resuelven el misterio en este vídeo que nos demuestra, una vez más, que el "Jevi no es violencia" y que los peludos tienen su corazoncito. Leyenda urbana resuelta. ¡Que alegría! ¡Gracias Callejeros!



martes, 7 de octubre de 2008

¿Es Cocktail la peor película de la historia?



Vale este post podría comenzar y terminar aquí mismo: "Sí". Y todos a nuestros quehaceres pero, la verdad, es que la cuestión merece un poco más de análisis.

En estos tiempos de crisis económica a la gente de Cuatro se le ocurrió poner esta película que podría catalogarse dentro de esas películas ochenteras con mucho neón rosa y mucha historia estúpida que servía para hacer una intensa loa a eso de "hacerse yuppie" o "hacerse rico". No tendríamos que arriesgarnos mucho para decir que, en realidad, Cocktail es nada más y nada menos que un "Wall Street para adolescentes". ¿Pero puede ser catalogada como la peor película de la historia? Bueno, al menos como, sin duda, una de las más estúpidas del mundo y, sin duda también, como una de las más estereotipadas del universo.

Comencemos por su protagonista: un trepilla. Estudiante de Bussiness (esa carrera a medio camino entre Empresariales y Económicas) y camarero a tiempo parcial. ¡Arf!. Tom Cruise en el mismo papel de "rebelde y complejo héroe juvenil" que ya hiciera en Taps, Rebeldes, Ir a perderlo y perderse, Risky Bussiness (aquí hacía de aprendiz de proxeneta), All the right moves (aquí pasó directamente a vídeo), Top Gun y que, posteriormente a Nacido el 4 de julio y El Color del dinero -sus dos películas serias donde pudo elegir entre hacer buen cine o forrarse- repitió sin empacho en la loquísima Días de Trueno.


Da igual que hiciera de cadete, teen de los años 50, estudiante de los 80, piloto de caza, conductor o jugador de fútbol americano...¡Tom siempre hacía de Tom! ¡Siempre hacía el mismo papel!


Pues eso, aquí tenemos a Tom Cruise encarnando el papel del joven trepa Brian Flanagan que va a NY a comerse el mundo desde la barra de un bareto y hace amistad con Doug Coughlin (Bryan Brown, ese pedazo de actor australiano) un viejuno timador de malos sentimientos al que le va la buena vida y que mantiene una especie de filosofía personal conocida como "las leyes de Coughlin"...en realidad una amalgama de frases hechas y poses de anarquista de salón que harían vomitar a una cabra o a dos.




Los dos se dedican a poner copas y, sobre todo, a ligar. No a ligar con las típicas chuzas de despedida de soltera con dos chupitos de tequila malo en el cuerpo...¡Que va! Los tipos, pese a tener unas personalidades demenciales son capaces de pasarse por la piedra a una lista de señoras "ochenteras que lo flipas" como Gina Gershon, Elizabeth Sue o Kelly Lynch. ¡Toma ya!

Las tres además, y por ese orden, fotógrafa de éxito, rica heredera, simplemente rica...





¿Cómo las conquistan? Muy fácil, haciendo cucamonas detrás de la barra, acrobacias con las botellas, y cosas así. Por Dios, si yo quiero ver a gente haciendo malabares completamente borracha me voy a la puerta de mi facultad a mirar a los perroflautas y ya. No pago diez dólares por un poco de garrafón removido y no agitado.



El caso es que el viejuno y Bryan son tan buenos camareros que un tipo, completamente flipado, los contrata para poner copas en un lugar de mucha alcurnia...y a vivir del pastón y de los ligues que da el local. En este punto es cuando el director, un Roger Donaldson muy despistado o trabajando de encargo, le regala una pedazo de secuencia a Tom en la que lo vemos poniéndose en plan poeta y subiéndose a la barra para ser adorado como un Dios Griego. A ver, hablamos de un Tom Cruise con un pelete imposible (que ha inspirado luego el flequillo Bustamante), unos pantalones de pinzas negros y una camisa a rayas blancas y negras de inspiración "bodas de sangre". ¡Y se las lleva de calle!



Después por un quítame allá esa Gina Gershon los amigos se separan (el viejuno se la acaba ligando...lo que explica el porqué de la especialización de esta mujer en papeles de lesbiana sexy) y después se reúnen en Jamaica donde Tom ha puesto un chiringuito. Pese a que han pasado tres años los tíos están igual. Se hacen amigotes de nuevo y Tom consigue su objetivo que es ligarse a una rica Elizabeth Sue a la que deja embarazada e imagino, aunque no lo dicen, hará infeliz porque, en el último plano, se la ve con un bombo del quince, en el bar de su marido, entre una considerable nube de humo de nicotina y mirando completamente idiotizada a su esposo que, subido a la barra, comienza un nuevo (y sonrojante) poema. Por cierto, en el camino el amigo viejuno de Tom se suicida en un acto de estupidez aún mayor que el de escribir "las leyes de Coughlin".

Pese a que Cocktail es una película terrible nos dejó algunos interesantes legados como, por ejemplo, que todos los tipos quisieran hacerse camareros, relaciones (públicas) y ellas quisieran echarse un novio camarero. También generó una absoluta fascinación por el camarero que hacía cucamonas con la botella de Dyc y algunos sonrojantes espectáculos como, ops, la rotura, de cientos de botellas, cortes con cristales y otros accidentes menores.

No hay más que irse a De Diego, a Jose Alfredo, al JJ25 o a su vecino el Hudson para saber que un camarero no tiene que hacer tantas tontunicas para servirte un cocktail buenísimo.

Definitivamente, nada más ver la película, te da la sensación de que los 80 fueron horrorosos, horteras, y carentes de toda lógica como la decoración de las casas de los nuevos ricos de la época tipo Donald Trump con sus columnas repujadas en "colorao" de 24 kilates y sus puros y sus yates... pese a la veneración que últimamente despiertan en todas sus vertientes y te hacen formularte esta pregunta: ¿De verdad quiero que vuelva esa década?

Y sobre todo esta: ¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido hacer películas de estas en la bonanza económica anterior con unos cuantos ricos rusos y unas cuantas modelos de trapillo? Me pregunto también si Greek, Gossip Girl, Dirty sexy money, la nueva versión de Sensación de Vivir, 700 euros o algunas cosas parecidas no serán los efectos colaterales de ese oasis de hipotecas de alto riesgo.