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lunes, 8 de febrero de 2010

La carretera...o como cambiar la (mala) opinión de la intelectualidad española sobre el cine de género


Iba a ponerme en plan Boyero y cantarles aquí las maravillas de "La carretera" (Jim Hillcoat, 2009). Muy en su estilo iba a contarles lo triste de la historia, lo desarraigado del paisaje, lo bien que se transmite el tono de la novela, lo estupendo que es que haya películas que sepan rescatar esos asuntos del alma. 

Es más, iba a contarles que "La carretera" entronca con la tradición americana de las novelas de viajes y de aventuras iniciadas en el siglo XIX pero que, aunque tiene ese aspecto, es un espejo deformado de las mismas pese a que ambas, al final, intentaban descubrirte que el viaje y la carretera acaban sacando al verdadero ser humano que llevamos dentro, que aflora con la lucha en contra de los elementos.  

Pero es que, como no me ha dado tiempo, pues Carlos "El Maestro" Boyero y otros tanto lo han hecho ya y corro el riesgo de repetirme más que el ajo.

Les cuento, por tanto, el cuento desde otra perspectiva: No hace mucho tiempo que en este país el género era algo profundamente vituperado. El intelectual español de corte progre denostaba este tipo de cine por insulso y falto de compromiso mientras que el intelectual español fachón ni siquiera se preocupaba de esas películas extranjerizantes que parecían entretenimiento de niños o la justificación para las parejas para meterse mano en los cines aprovechando los sustos.

La novela de género en España, la de aventuras, posiblemente murió con El Quijote y sólo se podían ver caballeros y marcianos, detectives y vaqueros "made in Spain" en las páginas de nuestros cómics. En ese campo desde los clásicos hasta Carlos Giménez (y su imprescindible y recomendable HOM) hicieron bandera del género mientras que este tipo de novelas fenecía en las estanterías y florecía en los kioscos gracias a la edición de las novelas de edición barata. En el cine, los géneros vivían una suerte parecida y, pese a ser francamente rentables en muchos casos, lo cierto es que nadie hablaba demasiado bien de ellos.

La intelectualidad española aplaudía el western (por Ford y Leone) pero, la verdad, no era muy entusiasta del género de terror que venía de fuera -la sangre, la víscera, el destripamiento- y muy poquito de la Ciencia Ficción.

Es decir, que nos hemos perdido algunas cosas interesantes como, por ejemplo, que la historia de la relación que hay entre un padre y un hijo puede contarse desde muchos puntos de vista y, uno de ellos, puede ser más claro, más meridiano y más interesante si los pones a caminar por un decorado apocalíptico mientras son acechados por grupos organizados de caníbales. Pongan este argumento encima de la firma de Stephen King y recibirán ustedes una sonora pedorreta...McCarthy es otra cosa y más ahora cuando flipamos (todos, que yo lo descubrí con el siglo empezado) con el escritor americano que igual se marca una historia sobre un Juez chiflado que arrasa la Tierra de Nadie que hay entre México y USA, que te inventa a Anton Chigurh que es un asesino que lleva consigo una pistola de aire comprimido para matar ganado...

Gracias a McCarthy y a películas como "La carretera" ya a nadie le avergüenza decir que le molan las películas de zombies...seguramente porque "Zombieland" es una de las mejores películas del año junto a "Resacón en Las Vegas" que es una de las mejores comedias de los últimos años...ambas dos han sido ninguneadas por la Academia de Hollywood pero, bueno, que se puede esperar de unos señores que le dan nueve nominaciones a Avatar...

Pero seguro que me estoy alargando sin hablar de la fotografía de Javier Aguirresarobe que ha hecho un trabajo excelente o más que excelente fotocopiando la atmósfera de la novela original. Fantástico. Por cierto, les recuerdo que por aquí hay una entrevista que se publicó hace tiempo en este blog con el propio Aguirresarobe en el que cuenta algunas cosejas de la película. Aquí

Gran adaptación del texto original al que se le han colocado algunos adornos (Charlize Theron) y algunos planos un poco superfluos que, me imagino, intentan hacer un poco más de sangre con el espectador y hacernos ver la historia de los protagonistas de la película antes de la hecatombe. No era necesario, ya te haces una idea de como es la vida actualmente y como tiene que quedar el asunto después de una catástrofe que arrasa con la humanidad. Como decía un maestro del guión "lo único que hay que hacer para adaptar una novela es quitarle lo superfluo y no intentar mejorar el trabajo narrativo del original porque, para algo, te has empeñado en comprar los derechos de una novela". Pues eso, Hillcoat debe de haberse aprendido ese consejo de maravilla y lo ha aceptado sin añadir, ni remover demasiadas cosas. Era menos necesario que los planos pre-apocalipsis.

Por lo demás y ya en plan Boyero les diré que "La carretera" me ha emocionado profundamente y que es una muy recomendable film. Mucho más recomendable, por ejemplo, para las personas que actualmente lo están pasando guay y un poco menos para los que la vida les pinta en bastos porque triste es un rato pero, bueno, también lo es el frenillo de Rajoy y dicen que va a ser presidente...yo, en una de estas, me hago finlandés con acento argentino como Vigo Mortenssen...o americano con acento danés o...bueno, da igual. Lo diré una sola vez: "La carretera" es tan buena que, incluso Vigo, lo hace bien...incluso mejor que en "Promesas del este".

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¡A por Boyero!


Carlos Boyero ha dicho que se salió de la película de Abbas Kiarostami diciendo en su defensa que “la vida es demasiado corta para perderla con tonterías". ¿A quién no le ha pasado? Haced una lista mental de las películas en las que os habéis sentido estafados, es una sensación que comienza por una incomodidad de glúteos tremenda, luego se traslada a la laringe por la que no pueden dejar de salir exabruptos y después una fuerza sobrehumana te lanza hacia la calle en pos de la primera óptica donde puedas comprar un colirio que te quite el picor de los ojos.

Pues resulta que Victor Erice y Jose Luis Guerín se han puesto a la cabeza de 271 almas y todos en comandita han firmado un “manifiesto” de repulsa echándoselo en cara y recordándole actitudes de ese tipo son las que impiden que películas buenas sean malamente distribuídas frente a la porquería que suele verse.

Como a mi me gusta más el cine que la propaganda y respeto más a la gente que escribe o rueda historias (las que sean) que a la gente que escribe discursos o manifiestos me pongo del lado de Boyero que sabe de muchas cosas pero, sobre todo, de cine.

Semejante salida en estampida de este grupo de personas de exquisito gusto con criterio excepcional que justifican las malas artes de Boyero recordándonos que el final de la proyección de la película de Kiarostami fue recibida por unos entusiásticos 10 minutos de contínua ovación del público asistente (o superviviente si le hacemos caso al crítico) entre los que se encontraba el director portugués Manuel de Oliveira nos da una perfecta imagen de quién firma dicho manifiesto, en realida, carta al Director de El País que es donde se ha publicado dicho texto pero que se recoge (junto a las contínuas adhesiones) en su propio.

Desconfío muy mucho de todos esos cineastas que procuran por todos los medios que no se note que lo son, esa especial raza de hombres y mujeres que te dejan claro, nada más conocerlos, que lo suyo con el cine es un accidente y que si eligieron ese bello arte y desecharon otros como el punto de cruz, la música o la escultura para transmitir su refulgente mensaje es, casi, fruto de la casualidad. Un accidente. Al parecer a todos les da mucha vergüencilla reconocer que se dedican a hacer algo tan burdo como simples películas, entretenimientos de feria para un vulgo ignorante, y por eso siempre sus cintas tienen más referencias literarias o pictóricas (nobles artes) que cinematográficas. Me sorprende también la capacidad de cierta parte del mundo del cine para asignarse la patente de corso de la sensibilidad única, de las sensualidades y de lo sublime mientras que, para los demás, dejan lo tosco y lo burdo.



Este arranque de solidaridad de Abbas Kiarostami, saludado como uno de los nuestros, como parte de ese selecto grupo de personas inclinadas a darnos su visión del mundo a través de lentísimas narraciones que no hacen más que remarcar la evidencia de que, en realidad, no se nos está contando nada importante, que se está haciendo de manera defectuosa o que el discurso es tan manido que no puede interesarte, por parte de los 271 cinéfilos patrios no encuentra sin embargo su respuesta entre los colegas españoles de profesión.

De hecho, Erice, en 2002 cuando se estaba estrenando El embrujo de Shangai (2002) dirigida por Fernando Trueba aprovechó el tumulto para dar a conocer las razones por las cuáles había abandonado el proyecto (hubiera supuesto su vuesta al cine después de 19 años), poner a caldo al productor de la cinta y hablar muy malamente del trabajo de Trueba. Por si fuera poco el director vasco anunció la publicación de su propia versión de el guión –que al parecer el productor había rechazado por irrealizable, eran 300 paginacas- entregándole una pistola cargada de mala hostia a la crítica que la descargó contra la cabeza de Trueba al que se acusó, poco más que de cabrón que le quita el trabajo a un compañero. Creo recordar que aparecieron pintadas en algunos cines de Barcelona protestando contra la “insolidaria” actitud del director madrileño.


Desde aquí hago mi propio manifiesto en defensa de Carlos Boyero:
“Carlos Boyero es guay".

Pueden adherirse.
Ah, y de paso os cuento otra historia: Conocí a Carlos Boyero en noviembre de 2001. Me lo presentó un amigo común y terminamos a las mil tomando cervezas en un bar de la zona de Pío XII. Los tres teníamos ganas de beber por diferentes razones. Yo estaba en la preproducción de un corto, mi amigo estaba pasando por una crisis de pareja grande y Carlos se había pasado la tarde entera junto con un amigo suyo que estaba en un hospital muy malamente. La narración que hizo de su historia, de cómo había conocido a esa persona, de como había llegado hasta esa situación y un largo etcétera me emocionó más que muchas películas.
Ah, y ahora otra para que vean ustedes como se comportan algunos de los héroes del cine de autor en España y cuál es la medida real de su ego: Resulta que coinciden en la entrada del plató de Versión Española Almodovar y un cineasta español muy autor él. El caso es que este último le dice a Almodovar (que ya había ganado el Oscar, que ya era la hostia).
- La película tuya que más me gusta es "Qué he hecho yo para merecer esto".
-Ah, pues gracias.
-Pero seguro que montada mejor, sería la hostia.
Almodovar flipado e incómodo le dice:
-Pues me lo pensaré para una reedición en DVD...
A lo que el cineasta contesta:
-No, que digo que la he remontado en mi casa y que te vengas a verla que con mi trabajo voy ha mejorado la hostia.