Antonio Gamero es uno de esos secundarios españoles de toda la vida. Según IMDB ha participado en 145 producciones hasta la fecha. Es el señor que sale en la foto de ahí arriba. Lo mejor de Gamero es que, además de ser un gran actor, se lleva bien con todo el mundo y todos los que han trabajado con él suelen deshacerse en elogios con el personaje. Yo tuve el placer de conocerlo en un corto, rodamos en una urbanización cercana a Navas del Rey (Ávila) en algo más de dos fines de semana. Gamero hacía un pequeño papel como administrador de la urbanización y, como no podía ser de otro clavó su papel en dos tomas cosa que era muy de agradecer porque, como siempre pasa en los cortos, íbamos mal de tiempo.
Tras rodar por la mañana nos dispusimos a comer todos juntos y me tocó al lado de Gamero que me preguntó cómo iba el rodaje. Es una pregunta peligrosa para hacerle a un ayudante de dirección que ha bregado durante cinco días con un equipo novel y un director primerizo. Comencé contándole que nos había llovido dos jornadas seguidas (lo que rompía el racord de la película) y que habíamos aprovechado para rodar unos títulos de crédito con dos todoterreno –una experiencia, nunca me he sentido más Kubrick-, que el equipo era jovencísimo y que tenía su propia idea de cómo hacer cine (cosa muy común en los cortos donde todo el mundo quiere dirigir y muy poca gente organizar el cátering) y que, en general, me dolía la garganta de pegar voces. Además me sentía mal porque había tenido discusiones con todo el mundo y me había comportado, cuanto menos, como un pequeño nazi.
Gamero, que me imagino esperaba por respuesta un “bueno, bien, tirando” y no un speech de 45 minutos digno de diván de psicoanalista, me miró con circunstancia, se trasegó lo que faltaba de su copa de tinto y me dijo: “Bah, no pasa nada…¿Quién no le ha hecho una paja a un amigo?”. Se sirvió otro copazo y siguió charlando con el resto de comensales.
El actor es bastante conocido por esas frases tremendas como la que incorporó Garci al guión de “El Crack” (José Luis Garci, 1979) en la que un locutor de radio (interpretado por Paco Vidal) dice: “No les cuentes las penas a tus amigos, que los divierta su puta madre”. O está otra: “Como fuera de casa, en ningún sitio”.
Siempre que alguien me cuenta sus penas y no encuentro forma de consolarlo le cuento esa anécdota. Que me dicen “tío es que me pillé un pedo, me enrollé con una tía mientras mi mujer estaba dando a luz” yo le suelto lo de la paja y el amigo y la culpa se diluye en gran medida.
Si yo me cruzara hoy con Rajoy o con Federico Jiménez Losantos les contaría la anécdota para descargarlos de la culpa que, evidentemente, llevan a las espaldas. Me explico.
Hoy Rajoy ha ido a la SER y ha hecho estas extrañas declaraciones: “Yo no soy de izquierdas, soy independiente”.
Al parecer hay una parte de los medios de la Zona Nacional que comienzan a ver en el Presidente del PP y jefe de la oposición (una acumulación de cargos sin mucho peso al que podría unir “Consul honorario de Chiquitistán” si es de su agrado) una cierta deriva marxista. En serio. Tampoco puede decir que es “liberal” o “neoliberal” (no está el Dow Jones para bollos), ni tampoco puede decir que es de derechas (perdería votos), ni tampoco de “centro” parece ser que es ahí donde reside el quid de la deriva izquierdista que los más de derechas ven en él. Mariano quiere ser Mariano pero, sobre todo, quiere ser visir (o Presidente) en lugar del visir (o de Zapatero) pero no puede quitarse la pena de haber militado en todas las familias posibles de la derecha sin haber encontrado acomodo. Por eso dice esas cosas tan innecesarias y/o sandeces.
A Fede le pasa igual pero digamos que desde el punto de vista del remordimiento, del campo de la espiritualidad. Echemos un vistazo a la extensa bibliografía del periodista maño y convendremos que sus últimas obras están dedicadas a la expiación de las culpas de haber sido un izquierdoso maricomplejines, un amigo de los nacionalistas, un pro catalanista, un maoísta…o sea, lo peor. Entonando eso tan cristiano del “mea culpa” Fede pide disculpas a la iglesia, se postra de hinojos frente a Chesterton y pide perdón a la señoras de Serrano que acuden a las presentaciones de sus libros, a los taxistas que extienden su palabra y nos catequizan con su programa. La verdad es que sacar un libro titulado “por qué dejé de ser de izquierdas” suena un poco a autoflagelación y sambenito. Innecesario, la verdad es que no me interesa tanto por qué Losantos dejó de ser de izquierdas como el hecho de que se haya convertido en lo que es actualmente: un maleducado y un sinvergonzón.
La pose, es la pose de Federico por lo que debería pedir perdón ese careto de aburrimiento continuo de creerse que está por encima del bien y del mal…pero como le funciona, pasa. Echemos un vistazo a los últimos editoriales de El Mundo o, como me ha pasado a mi esta mañana, escuchen aunque sea involuntariamente uno de los sermones del Inquisidor Menor y caeremos en la cuenta de que, en realidad, el PP no necesita a FAES porque ya tiene su propio Think Tank.
Por mi parte, si me los cruzara les contaría la anécdota de las pajillas, estoy seguro que después, se lo tomarían todo mucho mejor.