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miércoles, 10 de agosto de 2011

Orden, desorden, generaciones perdidas



Antes de la II Gerra Mundial los periódicos ingleses alzaban su voz en contra de la juventud y a sus costumbres a la que, sin dudarlo, tacharon como una "generación perdida". Al parecer la música swing y el jazz, la nocturnidad, cierto relajo sexual y la expansión de la cultura del ocio iban a hacer destructiva mella en una muchachada cada vez más interesada por vivir. En cada uno de aquellas columnas, de aquellas diatribas había una indisimulada admiración hacia el trabajo que Hitler y los nazis habían hecho con la juventud propia que, a tenor de lo que rodaba Lenny Reinfhestal, parecía de lo más ordenada, de lo más sana y de lo más simpática. Por qué no, también, de lo más productiva que, al parecer, no era el caso. 

La cosa, como ustedes saben, ya pareció peor cuando Hitler (me pregunto en qué momento semejante señor y semejante régimen pudieron parecer algo inofensivo) decidió que a Alemania le faltaba espacio y pasándose el Tratado de Versalles por el sitio justo por donde pasa el Rhin comenzó una particular gira turística que acabó con unos cuantos regimientos de la Wermacht echando el rato en las cafeterías de Pigalle. 

Aquella Francia ocupada también tenía su propia generación perdida: se llamaban los "zazou". Amantes del swing, del jazz y de todo lo americano en general, los zazou eran la antítesis de lo que el conservador General Petain esperaba de una juventud a la que veía, como sus mayores y como él mismo, colaborando en el esfuerzo de guerra nazi y, claro está, sirviendo a la delación de conflictivos ciudadanos o, peor, los siempre peligrosos judíos. 

Como si aquello de echar una mano a los nazis en la producción de material bélico, el control de las colonias norteafricanas, la deportación de judíos y la aniquilación de la resistencia no le pareció suficiente a Petain muy pronto descubrió en los "zazou" y sus pintas un nuevo peligro que amenazaba al nuevo orden establecido por él mismo (y un poco por los nazis que lo tenían comiendo de la manita) y se empeñó en eliminarlos lanzándoles a las alegres, sanas, ordenadas y violentas Jeunesse Populaire Française  fundadas por Jacques Doriot que se encargaban de estos trabajitos. 

Dice la leyenda, así estaba la gente de perdida por aquel entonces, que muchos "zazous" en plan de broma cosían estrellas de david a sus ropas donde, en lugar de leerse "judío" se podía leer "zazou". Como la cosa no estaba como para hacer humor algunos de ellos terminaron siendo deportados. 

Tanto los "zazous" como los miembros de la "generación perdida" inglesa acabaron engrosando las filas bien de los ejércitos de la Francia Liberada (y aquí un inciso...aplaudamos al General De Gaulle su capacidad para comenzar una especie de ejército sin país en realidad junto a Leclerq y acabar por convertirse en una de las "potencias vencedoras" de la Guerra...algo de lo que no disfrutó Italia, por ejemplo) bien de los pilotos de la RAF que mantuvieron a los nazis fuera de las Islas Británicas y sirvieron para elevar la moral de los ingleses. Uno de ellos dijo: "Nos llamaron la Generación perdida por nuestro pelo largo, nuestra juventud, nuestra indisciplina, nuestra alegría...nosotros la usamos para demostrar que éramos la respuesta a la masa alienada, militarizada y obsesivamente disciplinada que eran los nazis, que siendo como éramos les podíamos vencer".     

Es una historia corta pero creo que resume bastante bien lo que vengo sintiendo de un tiempo a esta parte con tanto discurso sobre la unidad, la fuerza y bla, bla, bla... 

domingo, 3 de abril de 2011

Un blog "chanchi": El otro lado de la política


No suelo hacerlo (aunque no se por qué) pero hoy voy a recomendar un blog. Es un blog estupendo que va de estética y política o, mejor, de la estética de los políticos. Ya, ya, ya se que todos ustedes se toman muy en serio el asunto y que les parece baladí analizar sesudamente el look de unos cuantos funcionarios públicos pero, la verdad, la autora de la bitácora (la cántabra Patri-cia o Patricianuro) hace lo mismo que los políticos nos hacen todos los días a nosotros: perderles el respeto. Se llama "El otro lado de la política". 

Para no desmerecer ni un poco diremos que su autora es una persona muy informada sobre política solo que ha decidido informar de la misma desde un punto diferente lo que demuestra que hacer humor conlleva, en la mayoría de las ocasiones, conocer al objeto de la broma al dedillo...incluso mucho más que algunos pretendidos periodistas políticos que se han pensado que su profesión se trata, única y exclusivamente, de ejercer de cheerleader de un determinado partido político y sustituir la información por un "alabim-alabam" que da un poco de vergüenza ajena. 

En un país donde la ironía y el sarcasmo han sido debidamente arrancados de la crítica política y donde se nos invita con malos modales a no hacer bromas de las cosas serias porque unos señores incapaces de coger un chiste y sin sentido del humor han decidido de antemano lo que es serio y lo que no, no deja de ser sano y agradable darse una vuelta por lo aparentemente banal y, desde ahí, rascar hasta el fondo de la superficie. Suena también, estupendamente por cierto, que alguien sepa cogerle el pulso así a un asunto y sea capaz de hacer coña con la política sin necesidad de acudir a los tópicos del humor español sobre políticos que tienen que ver, básicamente, con el degüello partidista, con una especie de revisión de los chistes de Lepe pero cambiando a los habitantes de dicha localidad por el nombre de este o el otro político. 

Es posible, también, que no sea un chiste, que no sea una broma, y que todo esté escrito muy en serio. No tengo ni idea pero, sinceramente, ahora que se acercan las elecciones europeas yo le pediría a todas las publicaciones de este país que le intentaran hacer un hueco a este blog aunque solo sea por, de verdad de la buena, incorporar algo de interés que no tenga que ver con los chistes de sal gruesa que normalmente despliegan. 

Yo me suelo volver mono diciendo que la superficie de las cosas es importante para conocer su interior y no suelo tener mucho éxito...la autora de este "El otro lado de la política" lo tiene. Como dicen por ahí: "hazte fan".

Nota del Insustancial: Creo que alguna vez he contado que "You are my sunshine" fue escrita por uno de los políticos más chocantes de la historia de los políticos chocantes, Jimmi Davies, que sirvió como gobernador del gran estado de Louisiana en dos legislaturas diferentes (1944-1948 y 1960-1964). Esta versión, de las muchas que la canción tiene, está interpretada por Ray Charles compositor de "Georgia on my mind" que en 1979 fue nombrada por el estado de Georgia como su himno oficial. Política y tal...creo que colaba aquí...

miércoles, 23 de marzo de 2011

Lago, Wallace...la supervivencia del escritor.


Conocí a Eduardo Lago en 2006 cuando vino a España a recoger el Premio Nadal que ganó con su primera novela "Llámame Brooklyn". Por aquel entonces el interés que despertaba su obra era mínimo por una sencilla razón: Lago residía en NY desde finales de los 80 que se había dedicado al ensayo y daba clases en la Sarah Lawrence School y era completamente ajeno al mundillo literario español. Como era un currante de la letra, cosa que es complicado que se aprecie, lo cierto es que el departamento de prensa de su editorial lo tenía complicado para conseguirle entrevistas y darle un poco de publicidad por lo que, si no recuerdo mal, en la nota de prensa que te enviaban se comentaba que era "amigo de Paul Auster y profesor de su hija Sophie". 

El reclamo, pese a lo burdo, no dejó de causar su efecto porque cuando me senté delante de él a entrevistarlo me comentó que todo el mundo le había comentado lo de su relación con los Auster con el desasosiego del que sabe que, el que le está lanzando preguntas, no ha tenido tiempo de leerse más que la contraportada de la novela y la dichosa nota de prensa. 

Si con bastante frecuencia nos reímos de la mecánica y las coletillas utilizadas por los periodistas deportivos que, más o menos, hacen todos los días las mismas preguntas y se revuelcan un tanto en la obviedad lo cierto es que el periodismo cultural tampoco está tan alejado de las mismas preguntas tipo como "¿En qué te has inspirado?" ¿Cuánto tiempo le has dedicado?" "¿Qué hay de real y de ficticio?" y, también, de un supremo interés por conocer la opinión del escritor, cineasta, pintor o acuarelista o lo que sea sobre cualquiera de los temas que a uno le apetezcan. A mi, todo eso, me parece un síntoma de que uno va a la entrevista sin haberse documentado demasiado o, peor, que no sabe hacer demasiado bien su trabajo. 

Cuando me senté con Lago no tenía ni idea de quien era pero me había leído "Llámame Brooklyn" en tres días. El hecho de no saber qué tipo de persona tienes enfrente merece pues que centres todas tus preguntas en su trabajo y que, a partir de ahí, vayas viendo como surge la cosa. Estuvimos sentados en el despacho de aquel enorme palacete de La Castellana como dos horas donde hablamos sobre todo de literatura y, más que de eso, del oficio de escribir. A mi me resultó apasionante escuchar a un escritor hablar de estructura y del aparato técnico que sostiene una narración para, poco a poco, hablar de influencias y, finalmente, de como había llegado a la conclusión de que, lo mejor, era contar la historia que se le había ocurrido contar. Es una pena que, por aquel entonces, no me permitieran publicar la entrevista porque resultaba un tanto "árida". Es posible que así fuera y que una entrevista donde se habla de Joyce, O´Henry, Cervantes, la pintura del XVI y XVII y cosas así interese menos que si Auster tomar cerveza o si su hija es buena estudiante pero me parecía que era la entrevista que un escritor debería siempre de conceder por encima de su interés, un interés muy acentuado en los escritores españoles, de hacernos saber lo que opinan sobre el ruido que hacen los bares, la fiesta de los toros o la ordenación urbanística. 

En la actualidad Lago es director del Instituto Cervantes en NY y ya tiene una segunda novela en el mercado, la poco apreciada "el ladrón de mapas", y suele colaborar con El País con lo que, me imagino, que si me tuviera que sentar a charlar con él me sería mucho más fácil hacerle una entrevista de esas menos áridas y más fértiles. 

El caso es que Eduardo Lago publicó el domingo un interesante artículo en El País sobre la publicación de "The Pale King" la novela inacabada del escritor David Foster Wallace. El norteamericano se suicidó en 2008  sumido en una depresión crónica. 

Wallace fue un escritor que consumió sus tiempos de la misma forma desaforada con la que transcurren sus novelas y ensayos. En 1987 publicó "The broom of the system" -con  solo 25 años- convirtiéndose en el segundo niño prodigio de la llamada "Generación X" tras Breat Easton Ellis. Ellis se convirtió en un escritor de masas que alimentó su imagen de estrella intelectual y en una especie de colaborador necesario para darle rollo cultureta a MTV y a algunas publicaciones muy modernas mientras que Foster Wallace se esmeró en labrarse una carrera mucho menos vendedora y discreta que no lo llevó a las grandes cadenas pero que le hizo labrarse una reputación literaria junto a Michael Chabon (que también con 25 publicaría en el 87 la fantástica "Los misterios de Pittsburgh"). 

En el artículo de Lago  resalta el escritor español que, quizás, no hay nada peor para un escritor que publicar una obra maestra demasiado pronto: en 1996 Wallace publicó "La broma infinita". A partir de ahí la obsesión del escritor por alcanzar un nuevo estado de perfección se convirtió en un lastre que lo mantuvo postrado durante varios años pese a que siguió publicando azarosamente y haciéndose hueco en todo tipo de experimentos (desde sus ensayos, sus cuentos, la revista McSweeney´s, artículos...). Foster Wallace, cuenta Lago, parecía inconsolable a la hora de encontrar esa perfección. 

El oficio de escritor, el oficio de escribir, de pronto, se convierte más que en una bendición en un lastre que le incapacitó para la felicidad. "Escribo a regañadientes, sumido en sentimientos ambivalentes sobre lo que hago, hundido en el dolor. Estoy cansado de mí mismo, de mis pensamientos y asociaciones mentales, de la sintaxis, de mis hábitos verbales" le escribiría a Jonathan Franzen poco antes de quitarse de en medio. 

Ya ven, un genio de la literatura sumido en el aburrimiento y en hastío de sí mismo, con la sensación de estar repitiéndose, de no estar haciendo nada bueno...qué curioso que no haya ningún papanatas que no se aburra también de sí mismo. 

"The Pale King" se publicará el mes que viene en Estados Unidos y Reino Unido. Es una novela difícil sobre un tema algo chocante: la vida de un inspector de hacienda que trabaja en una oficina de la ciudad de Peoria. Un trabajo inacabado que le llevó 10 años de su vida y que, al final, verá la luz por pura demanda del mercado. No me cabe duda de que, como dice, Lago la literatura de Wallace se sustenta sobre la doble combinación del trabajo muy bien hecho y de una experiencia basada en la pasión. Una pasión arrasadora que te deja, la mayoría de las veces, vacío. Un trabajo ímprobo de ordenación de empujones emocionales, de recolocación interior y de mucha observación. Una labor ingrata en la que el autor se enfrenta a la exposición de su obra (como parte inevitable del proceso de la misma) pero también a la lucha consigo mismo. Wallace, Lago y otros tantos -estoy pensando en los amigos que de verdad escriben- deben de tener esa sensación rara de que, en realidad, no se merecen estar ahí y que, de entre la multitud, saldrá un dedo acusador que les pondrá en el paredón resaltando todas sus vergüenzas y sus debilidades como escritores...muchas veces, como en el caso de Wallace o en el de Sánchez Ferlosio (en su faceta de novelista), ese dedo acusador es el de ellos mismos. 

Es muy común que se escuche, y más en estos días, que los que se dedican al asunto artístico son unos privilegiados. Es un comentario común que se dibuje así, un poco a la ligera, a los escritores, cineastas, pintores o bailarines de claqué como miembros de una élite que hace lo que quiere porque quiere. No llego a entender cuál es el privilegio en vivir una vida que se basa, únicamente, en estar en paz con uno mismo.






Nota del Insustancial: "Rust never sleeps" es el disco que Neil Young & Crazy Horse publicó en 1979. Se abre y se cierra con las canciones "My My, Hey Hey" y "Hey Hey, My My" o quizás una sola canción interpretada en acústico y en eléctrico y con pequeñas variaciones sobre la letra. El verso "It´s better to burn than fade away" (es mejor arder que apagarse lentamente) formó parte de la nota de suicidio de Kurt Cobain lo que impactó a Neil Young que lo homenajeó en el disco "Sleeps with angels" (1994). En las postreras interpretaciones de la canción Young ha cambiado ese verso por "once you´re gone you can´t come back" (una vez que te has marchado no puedes regresar). El verso "Out of the blue into the dark" tiene varias interpretaciones desde una bélica -acuñada durante la guerra de Vietnam- pero luego juega con el significado doble de la palabra "blue" y se utiliza para hablar de una caída en la depresión, una bajona producida por las drogas o el alcohol o como metáfora poética de la muerte. 

sábado, 4 de diciembre de 2010

Gilipollas, sandeces y mentiras grandes como templos


Anoche, cuando volvía a casa, me encontré con un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía. Me estuvo contando como le fue imposible entrar en la ECAM (la escuela de cine de la Comunidad de Madrid) porque, pese a haber superado dos pruebas, lo tiraron en la entrevista personal. Obviaré el nombre de los dos terroristas mentales que le hicieron el cuestionario pero, sólo diré, lo que me provocó una carcajada malévola que, nada más sentarse, el pimpollo le dispararon a bocajarro la siguiente pregunta: "¿Quien es Riskin?". 

Me pregunto yo, con absoluta inocencia, que de si ser el entrevistado/a un muchacho/a con cierto enchufe se le hubiera disparado esa pregunta a bocajarro y que si este hubiera respondido: "¿Se refiere a Everett o a Robert Riskin?". 

Y me pregunto, si como dice este hombre, le hubieran seguido soltando una pregunta como esta: "Cogió Don Quijote su adarga con pulso firme...¿Crees que esa frase está bien construida?". 

La personita esta supo, por tanto, que eso de la entrevista personal no era más que una trampeja puesta al final del camino para acomodar las listas de aprobados de los exámenes de la ECAM a lo que los dirigentes creen como una lista de alumnos apetecible. Es decir, se antepone por razones que se me escapan los criterios subjetivos de una entrevista personal con los criterios objetivos de haber pasado dos pruebas con buena nota. Una vergüenza, vamos...¿Se imaginan que después de aprobar unas oposiciones le ponen delante de un tribunal para que estos les evalúen como personas? ¿Qué criterios siguen esas personitas? ¿Preguntarte una cabronada? 

Los seres humanos tendemos a engañarnos con cierta facilidad, a tragarnos muchas milongas que, formalmente, parecen verdades pero en realidad no son más que paparruchas. Una de las sandeces más gordas, más estúpidas y con menos sentido es, por ejemplo, que el cine norteamericano no recibe ningún tipo de ayuda estatal y que, por tanto, al no estar sujeto a ningún tipo de control este florece como una industria saludable, rica y muy competitiva. Después de formado este pensamiento (que no tiene base, la salud de la industria cinematográfica tiene que ver con muchas cosas) lo normal es que se diga que, frente a esta sanísima forma de hacer negocio, está la enfermiza dependencia de la cinematografía española de las subvenciones públicas. Una especie de lacra vergonzosa que hace que nuestro cine sea una mierda y nuestro sistema de producción una penita. 

Desde hace mucho tiempo la caverna mediática viene clamando con esta idea de que USA=GUAY, ESPAÑA=CACA. 

Lo de que el cine norteamericano no está subvencionado es, simplemente falso. Y lo es por estas dos razones: 
A) Las cámaras de comercio estatales o locales subvencionan casi todas las películas. 
B) Las productoras tienen ventajas fiscales de caracter estatal y federal. 
C) Todos los productos (incluídas las películas) que son exportables a otros países cuentan con ayudas económicas por parte del estado. 

Es más, añado otra mucho más importante: 
Desde que se descubrió que el cine es una fuerte maquinaria propagandística el gobierno norteamericano subvenciona directa o indirectamente producciones cinematográficas y televisivas que, de algún modo, puedan extender una buena imagen del país y sus instituciones. 

Por si fuera poco, además, nos encontramos con una prueba aún más definitiva: El País, publicará esta noche otra tanda de informes sacados de Wikileaks donde se pone de manifiesto que el Gobierno español sufre presiones por parte del norteamericano para que se azuze en sacar una ley que prohiba cuanto antes las descargas desde internet. 

¿Por qué? 

Muy sencillo: España, líder en pirateo, era hasta hace poco un enorme mercado de consumo de cine norteamericano. Si los franceses, por ejemplo, exigen una serie de cuotas a las películas (una cuota de 6-2-2...es decir, seis francesas, dos europeas y dos americanas...por cine y fecha de estreno) y una serie de medidas proteccionistas que van desde el recorte de copias dobladas hasta la formación de una especie de comité de calidad que evalúa qué películas pueden estrenarse en cines y cuáles van directamente a vídeo o a televisión generando un mercado nacional fuerte en nuestro país, sin embargo, no existe una protección a la distribución de tal forma que, de algún modo, cualquier película norteamericana (por muy mala que sea) puede estrenarse en España en más salas que cualquier película nacional. Es más, estas malas películas, son incluidas en lo que se llama "paquetes". Los "paquetes" son una especie de chantaje de las distribuidoras: ¿Quieres estrenar AVATAR? Ok, pero tienes que comprarme además la segunda parte de Teen Wolf, esta que se llama "La abuela mecánica contra los tontos de capirote" y esta cosa que es la tercera parte de Pretty Woman que la hemos hecho sin Julia Roberts, sin Richard Gere pero que la tenemos que colocar...". 

¿Presiones? ¡Claro! Es una industria que recauda muchísimos millones en euros y tiene que ser protegida...y quien dice el cine, dice los videojuegos y, claro está, la música. 

Mientras tanto, por cuestiones asquerosamente políticas y revanchistas, preferimos tragarnos la bola de que la cultura norteamericana es producto de la libre empresa, de una concepción industrial desideologizada que sólo busca hacer dinero con algo tan inocuo como el entretenimiento produciendo un cine sin mensaje...sí, claro. 

Gilipollas e interesados que ganan dinero a espuertas predicando cualquier cosa con tal de no perder el púlpito benefician desde posturas teóricamente construidas por "el bien de España" la destrucción de todo un tejido industrial nacional en favor de uno extranjero. Con alegría y sin bajarse del carro, vociferando, mientras que otros nos comen la tostada y son capaces de manejar al gobierno de su país con mucha elegancia no solo para que siga soltando la pasta sino para que defienda sus intereses allá donde estos resultan dañados. 

Y ustedes dirán: ¿Qué hace este anormal que no habla de Aznar y la cena con el embajador? 

Pues sí, lo es, pero es que era previsible que un señor como Aznar estuviera trabajando de vendepatrias. Ya saben: cenando en casa del enemigo, así de colega a colega, y sacando la lengua como un vulgar bocachanclas que tiene bastante claro que sirve a los intereses no de un país sino a los propios y a los de los nuevos patrones. El puestecito en Georgetown para decir idioteces, el asientito a la derecha de Murdoch, las patitas encima de la mesa con el amigo Bush, la fotito de Las Azores, las cositas que te hacen cosquillitas en la nuca porque te hacen sentirte que estás tocando pelo, que los tienes comiendo de la manita tienen, claro está, un precio: cantar como la Caballé. Y el problema no es esa cena, el problema son todas las cenas, todas las reuniones, todos los foros donde este mentecato ha estado soltando la lengua a paseo, echándole mierda al personal y picándonos la moral y la imagen externa. 

Y ustedes dirán: ¿Qué hace este anormal que no habla de Couso? 

Pues sí, es verdad, es vergonzoso que el actual gobierno no haya sido capaz de dar un puñetazo en la mesa y, ante la presión de un embajador (uno que invita a cenar a Aznar para que le cuente cotilleos como si este fuera un reportero de la Cuore y tiene las santas pelotas de decir que se le agota la paciencia...) no diga que ante los asuntos propios y la muerte de un ciudadano español lo normal es que se tomen medidas. Medidas duras porque, en realidad, no se puede tomar otras. Y esto es una maldita vergüenza, otra trola enorme, un renuncio chusco y asqueroso que cuenta con el silencio cómplice de los otros, los que nos llevaron a la guerra, los que no tuvieron ningún empacho (y públicamente) se desentendieron de José Couso. Y es que en eso, en eso de decir trolas interesadas y en seguir al líder y tragarnos su mierda somos unos ases. Somos los mejores, los campeones del Mundo del "Sí, Mr. Marshal"...

¿Que quién es Riskin? 

Riskin es un mcuffin, una maniobra de despiste, una palabra vacía que te suelta un caradura que tiene todos los ases en la manga y que, bajo ningún concepto, va a permitir que le apees del burro. Loado sea Alá, cuanto gilipollas.

Nota del Insustancial: "Phantom of the Paradise" es una película de Brian de Palma que rebusca en el mito de Fausto y de "El Fantasma de la Ópera" proponiendo una trama dentro de una especie de chunga pesadilla reproducida dentro de un extraño sello discográfico. La banda sonora corrió a cargo de Paul Williams que es el señor que canta este "Hell of it". La cosa va de monstruos y cine...me parecía bastante apropiado. 

sábado, 6 de noviembre de 2010

Dragó y el cliché masculino más viejo del mundo



¿Qué diferencia hay entre el madurito de pantalón de pinza y camisa de Ralph Lauren que se acoda en la barra del bar rodeado de amigotes y comienza su parlamento diciendo "ayer tres, sin sacarla" que el hecho de que un viejito soriano llamado Fernando Sánchez Dragó saque pecho de un presunto menage a trois con dos adolescentes japonesas en el Tokio de 1967? 

Es más, repasen el textito mil veces repetido en la red, y díganme si no se han revolcado solazmente en historietas parecidas reproducidas en medios de gran alcance como la revista LIB o el Consultorio de Charo Medina. Por si no lo saben ese trovador urbano llamado Arlequín ya en los años 70 se sacaba unas perrillas contando sus hazañas sexuales con alemanas frescachonas y educadas en la liberación sexual. 

La historia que cuenta Fernando Sánchez Dragó no es más que un cliché mil veces repetido por el cine porno y, seguramente, sea la fantasía sexual más extendida entre los hombres de todo el planeta: vas a hacer unas gestiones y, por el camino, se te aparecen dos muchachas de buen ver con las que acabas en la cama. 

¿No se acuerdan de la escena de "La naranja mecánica" en la que Alex va a comprar unos discos de Ludwig Van y le ocurre eso mismo?

No le den importancia. El mismo Sánchez Dragó antes de que le creciera un manifiesto (por cierto, impulsado por su colaborador Javier Ruiz Portella) ya dijo que todo era poco más que un malentendido. La culpa, otra vez, es suya que tiene la mente calenturienta y donde leyó lo de aquellas dos ninfas de trece años entregadas a darle gustito al escritor lo que en realidad tendría que haber entendido es que todo no fue más que un encuentro casual con una pandilla de adolescentes alrededor de una mesa y unos cafés que terminó en unos cuantos besos castos y torpes. 

Y es que, la verdad, parece todo sacado de un diccionario de tópicos. No solo la historia sino también el hecho de que esta sea nada más que una exageración. Ya saben lo que dice la sabiduría popular: "los hombres son como las fichas del parchis que se comen una y se cuentan veinte". 

La cosa ha sido tan tópica que, como ocurre últimamente, al ser descubierto un ciudadano en renuncio o fechoría este, en lugar de reconocer que ha metido la pata, inicia una campaña de autobombo exagerada dirigida a denunciar una presunta conspiración universal contra su persona. A estas alturas el "Tema Tokio 1967" ya ha dado para que algunos se pongan a lado de Dragó diciendo que hay gente que pide que se "quemen sus libros". La verdad, no lo había escuchado hasta hoy. Sí había escuchado a Esperanza Aguirre comparar a Dragó con Miller, García Márquez y, el tío de Esperanza, Gil de Biedma. Fíjense lo que quiere la Presidenta de la Comunidad quiere a Dragó que no tiene empacho en ponerlo a la misma altura intelectual, moral y personal que a un familiar directo del que, me imagino, conocerá toda su obra.

Si a estas alturas ustedes se soliviantan por las afirmaciones de un bocachancla (lean este estupendo artículo de Grace Morales y disfruten porque nos da a todos sopas con ondas...o papas con ondas o como se diga...vamos que nos da una paliza) es que tienen la piel más fina de lo que exigen estos tiempos. 

Es paradójico que Sánchez Dragó que tanto ha viajado y tanto ha leído en realidad no haya podido superar al ignorante sesentón con el hígado hecho mierda que supura rencor por cada poro de su piel contra el género femenino (y en especial por su ex esposa, que se lo ha montado mejor tras el divorcio) y que se sienta noche tras noche en el último taburete del pub del barrio esperando que otros, tan tristes e ignorantes como él, se le acerquen para contar a voz en cuello la última visita a un puticlub y las maravillas que allí se produjeron. Esos, que no han salido de España nada más que para hacer la mili en Ceuta y que se creen que no hay mejor sitio para veranear que un apartamento en Santa Pola, piensan igual que él y, puestos a contar historias verdes, exageran con el mismo énfasis y me, imagino, que pillados en la trola es posible que se justifiquen con la misma saña. Dragó, que tanto budismo zen ha mamado, ha demostrado ser incapaz de quitarse el pelo de la dehesa y de arrancarse la herencia cultural más machistoide y cateta. Mis conmiseraciones. 

Es una pena que un tipo que va de escritor notable (algo que es una especie de etiqueta que se ha colgado él mismo) tenga tan poca imaginación que no se le ocurra mejor recurso que, para darse pisto ante un colegui, repetir la línea argumental de esa maravillosa cinta titulada "Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo". 

De hecho, tiene tan poca imaginación, que sigue el mismo patrón que todos los fantasmones del folleteo: ligo mucho y follo más pero siempre lo hago en una ciudad que te costará visitar alguna vez y con gente que no te cruzarás jamás. Otro montón de conmiseraciones. 

Leo estos días "Out", una novela de la japonesa Natsuo Kirino, que es un retrato criminal de la sociedad nipona. En uno de los pasajes del libro una de las protagonistas está en casa viendo la televisión y se queja de que se emita, por enésima vez, otro de esos reportajes sobre teens niponas que tienen novios en edad de perecer con tal de hacerse un fondo de armario que ríete tú del de Ann Wintour. 

El viejo verde que corre torpecito detrás de las treceañeras es, desgraciadamente, también un cliché cultural en el otro lado del mundo. 

Yo no quiero que ustedes pidan que se censure a Sánchez Dragó, de hecho ni siquiera estoy de acuerdo con que se le quite ese programa suyo de libros donde se habla un poco de otras personas que no son él mismo, y la verdad pese a que mantengo una opinión bastante personal sobre si es bueno o no quemar libros tampoco les invito a acercarse a la biblioteca pública más cercana con un bidón de gasolina (a no ser que dentro aniden zombis o Frankenstein) para hacer una pira con la obra completa de este señor. 

En estos días en los que se ha secuestrado una revista satírica por sacar en portada una caricatura del Papa Ratzinger XVI y parece ser que el debate sobre "A serbian film" alcanza niveles de mal viaje total no seré yo el que pida la cabeza de un fantasmón que se entretiene inventando batallitas. Más que nada porque en estas costrosas cuestiones siempre hay dos varas: una que sirve para medir y otra que sirve para dar palos de ciego. Yo no consumo nada que haya sido tocado, ni con la punta de una pértiga olímpica, por este infraser y pese a no entender qué interés puede tener nadie en leer las divagaciones de ese menda sobre las vidas pasadas que tuvo su gato entiendo, como aquel torero, que hay gente pa tó. Si me gustaría que estos mismos que ahora, tan enardecidamente, usan la palabra libertad como trapo para taparse el culo fueran capaces de demostrar el mismo amor por el libre albedrío ajeno porque, la corrobla de la caspa, se pone muy libertaria cuando se trata de no poner límites a la empresa privada o de justificar que de nuestros impuestos salga un dinerito que subvenciona las procesiones de Semana Santa pero te montan una manifa en plan Berlín 1933 a la mínima que dos mariquitas (que se quieren y se respetan porque son personas humanas buenas) quieren pasar por el altar y organizar un banquete nupcial.Pregúntenle ustedes al autor del manifiesto a favor de Dragó sobre la conveniencia o no de quemar un libro que estuviera firmado por Stalin a ver que le cuenta del asuntito ese de que todos los que queman ediciones de bolsillo son unos nazis.

Pero, volviendo al tema y para terminar que ya me estoy columpiando again, a mi que un tipo use términos como "putita" públicamente para referirse a las mujeres o que defina la vagina más apetecible como "chochito rosaceo" me produce menos asco que vergüenza ajena. Sí, también siento cierta repugnancia mezclada pero, la verdad, es que creo que es Sánchez Dragó como idea (como Sostres como idea, por ejemplo) lo que me produce arcadas. Son cosas como estas las que me ponen triste y mal. 

Si el texto de Dragó quería ponernos como berracos, sinceramente, es como toda la obra de Dragó un enorme fracaso: sólo de imaginar esas carnes colgantes en movimiento, esas caderas tensándose, ese bizqueo de remate y ese gritico propio de la berrea de colofón me pone los pelos como escarpias. Ya podría haberse leído, de cabo a rabo, esa novela erótica de Francisco Umbral titulada "La bestia rosa" (que va de un viejo con sexo tardobarroco y una jovencita que "lleva gafas de Ramoncín y un tiranosaurio en el hombro) y haber cogido notas con esos post-it de colorines con los que decora todos los volúmenes que reposan sobre el atril de su "negro sobre blanco". No hay color. Eso sí es literatura.

Nota del Insustancial: para ilustrar un tema tan peliagudo como este me he decantado por el grupo japonés 5,6,7,8´s formado por chicas que cantan el temazo "The Barracuda". 

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una historia en bicicleta (Ron McLarty)



En su faceta de actor sólo recuerdo haber visto a Ron McLarty una vez en pantalla. Hacía un pequeño papel en "Mensajero del futuro", esa película en la que Kevin Costner se empeñaba en reconstruir los pedazos de Estados Unidos tras una especie de episodio apocalíptico en la que los malos eran unos tipos vestidos de naranja capitaneados por un chiflado ex vendedor de fotocopiadoras que había hecho de un estúpido libro de autoayuda una especie de piedra fundacional para su reinado del mal.

La cosa vista así, incluso sale Tom Petty, tenía su gracia. No se, pero ni este título ni Waterworld me parecieron tan horrendas en el fondo...como decía Jim Carrey en "Un loco a domicilio": "Yo la vi y no me pareció que estuviera tan mal".

El caso es que Ron McLarty hacía un papel en "Mensajero del futuro", cosa que descubrí nada más ver su cara en la solapa de "Una historia en bicicleta" en la que se resumía su discreta filmografía y su exigua carrera como escritor.

Según ese mismo texto "Una historia en bicicleta" fue, en principio, publicada en formato audiolibro y la grabación cayó en manos de Stephen King que, al poco tiempo, la incluyó en un artículo donde indicaba que era una de las mejores novelas americanas y que, sin embargo, no podía leerse. El audiolibro no parece tener demasiado predicamento en nuestro país pero en los USA, un servidor de ustedes, se quedó maravillado ante una edición de "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón narrada por el autor barcelonés en un inglés de lo más yanqui...quede dicho que me quedé impresionado más que nada porque sigo sin hallar una explicación para el éxito de este autor.

El caso es que King, paisano de McLarty (ambos son del estado de Maine), dio a conocer esta novela tan clásica en su desarrollo y planteamiento como curiosa en su contenido. 

Smithy Ideson es un señor de 43 años que, básicamente, se ha convertido en una especie de desastre con patas. Alcohólico y fumador a duras penas mantiene un trabajo penoso como supervisor de una planta de juguetes (dato curioso: Peter Griffin, protagonista de Padre de Familia tiene un trabajo igual en las primeras temporadas de la serie) y tiene una existencia solitaria marcada por la desaparición de su hermana mayor Bethany. Bethany, aquejada de una extraña enfermedad mental, ha marcado la existencia de Smithy y la de sus padres convirtiéndola en un calvario. 

El último día de las vacaciones de verano los padres de Smithy tienen un accidente de coche en el que fallecen y, de pronto, se queda completamente solo. El día posterior al funeral, cuando está revisando unos papeles, descubre una carta del Ayuntamiento de Los Ángeles donde informaban a sus padres del hallazgo del cadáver de Bethany. Impulsado por un absurdo empuje Smithy decide montar en una vieja bicicleta que su padre le regaló en la infancia y salir a la carretera para cubrir el recorrido que hay entre Maine y Los Ángeles para recoger el cadáver de su hermana que descansa en una funeraria de Venice Beach. 

"Una historia en bicicleta" se convierte entonces en el recorrido vital del protagonista a través de su vida pero también en una especie de liberación personal que lo llevan a convertirse en una persona diferente a medida que avanza en su absurda empresa. 

Smithy, un antihéroe en todos los sentidos, tendrá tiempo en el viaje de dejar atrás su vida anterior en todos los sentidos y de reconciliarse con la única mujer que le ha hecho caso en toda su vida, su vecina Norma una diseñadora en silla de ruedas.

Por "Una historia en bicicleta" desfilan influencias tan raras como Steinbeck, Kerouack, Roth, Twain, Kennedy Toole y, seguramente, la fascinación por el naturalismo americano sombrío (eso que se llama "New American Gothic") que Stephen King retrató en "El cuerpo", aquel relato corto que se convirtió en la película "Cuenta conmigo" y que luego tuvo su continuación en algunas novelas del mismo autor. 

"Una historia en bicicleta" es, por así decirlo, la caricatura de los grandes viajes beatnik y también una especie de mirada cómica hacia esas narraciones sobre "triunfadores hechos así mismos". En este caso el viaje libera al protagonista de su alcoholismo, de su dejadez, de su obesidad (comienza pesando 143 kilos o algo así) pero también de todos sus fantasmas (su hermana, tan presente), de sus errores, de sus inseguridades (con las mujeres) y de su tristeza para llevarlo a alcanzar no una enorme y gigantesca meta sino, simplemente, en una persona normal y libre de prejuicios. 

Amarga y dulce, triste y cómica, la hazaña de Smithy Ide se nos revela como el relato antitético necesario para entender la historia americana de la postguerra pero, más allá, de ser una historia que pretende cargar al lector con las culpas de todo el recorrido insiste en mirar hacia adentro y en incidir en un retrato piadoso bastante alejado de la necesidad de tomar revancha sin perder nada de su ojo crítico.

Frente a la actual moda de la novela que se empeña de la deformación de los hechos históricos y que tiene como escenario alguna perdida civilización y como protagonistas a algunos personajes empachosamente característicos; frente a esa ridícula moda de la "caspa y espada", frente a la ñoñísima y maniquea búsqueda de códigos, griales, espadas mágicas y Dios sabe cuantos fetiches absurdos más y frente a todas esas narraciones que no buscan otra cosa más que trasladarles a todos ustedes la idea de que todo lo bueno, todo lo fantástico, todo lo interesante y todo lo molón tiene por narices que haber ocurrido en un tiempo pasado habitado por damiselas en apuros y hombretones con la cara llena de cicatrices les invito a pasearse por América del Norte a lomos de una bicicleta vieja conociendo la historia de Smithy Ide que, en una sóla línea de su narración esconde más aventura y más interés que en todos esos subterfugios literarios urdidos para decirnos que las cosas son como son y que no hay manera de cambiarlas.

viernes, 22 de octubre de 2010

Tenemos que hablar de Kevin (Lionel Shriver): mitos sobre la maternidad y la pedagogía. Cuando los hijos se vuelven unos cabrones



En la primavera del año pasado me encontré en el centro de Madrid con una antigua profesora. Si la saludé fue porque, en el pasado, se portó francamente bien conmigo y le guardaba mucho cariño. Era una tipa estupenda. El caso es que, como los temas se agotan, le pregunté por su marido y por su hijo. Y contestó "Mi marido está de maravilla pero, sinceramente, nuestro hijo nos ha decepcionado. Es un desastre que tiene un trabajo muy malo y mal pagado, no se, es como si hubiéramos fallado con él, hace tiempo que hemos decidido que lo mejor es que vaya a su aire. No vive, sobrevive".

Aquello me dejó completamente frío. Creo que se me notó porque, después de aquella frase, mi antigua profesora se despidió a toda prisa y yo no tuve ningún interés en retenerla ahí después de hacerme una tan brutal y sincera afirmación. Pensé que, ni mucho menos, aquel discurso estaba preparado y que, por lo que fuera, de pronto aquella tonta pregunta le había disparado un arrebato de sinceridad que podría haberse ahorrado con el "pues bien" evasivo que se le suele regalar a los casi desconocidos. No lo hizo y creo que, de pronto, aquella respuesta la sobrepasó o, de pronto, sintió que había hecho un comentario que de ningún modo parece aceptable.

Después me he enterado que el problema del chiquillo en cuestión no tiene que ver con que sea yonki o que, de algún modo, lleve una vida vergonzante simplemente es que, de algún modo, había traicionado las expectativas que sus padres habían puesto sobre él.

Aquello me sobrecogió porque uno nunca se acostumbra del todo a escuchar a un padre hablar mal de un hijo en público y, seguramente, es todavía un asunto tabú el que las madres se despachen con tanto desánimo a propósito de su grey. De hecho, normalmente, incluso los padres de los peores cabrones de la historia siempre acaban por justificar de algún modo la conducta de sus hijos frente a los extraños. "Era buen chico, pero un poco impulsivo", "era un muchacho maravilloso pero influenciable".

El dolor por la conducta de la descendencia suele ser algo que, principalmente, suele mostrarse sólamente en privado. En cierto modo, en esa justificación, existe el anhelo de que alguna vez la muchachada se redima y comience a comportarse delante de las visitas.

Se habla mucho del instinto maternal. De hecho una gran parte (por no decir) de la humanidad tiende a hablar de esos instintos basándose en todo tipo de argumentos físicos, biológicos, sociales, antropológicos...si miramos en el fondo de nuestro corazoncito comprobaremos que la mayoría de los argumentos suelen ser literarios, pueriles y, la verdad, francamente machistas. Suelen ser interesados, es decir, la mujer tiene un papel predeterminado por su físico y su psique que la empuja a cuidar el nido, ergo, no debería de moverse del nido y respetar el papel de cazador-recolector del hombre y, cuando lo traiciona, se siente mal, desplazada e inutil. No es algo que me invente yo, échenle un vistazo a toda la información que recorre el país estos días sobre las ministras, especialmente sobre Leire Pajín, y se darán cuenta de que gran parte de los delitos que se le achacan son vistos como execrables en una mujer pero ciertamente aplaudibles cuando los comete un hombre. Reconozcamos que el hecho de que las mujeres salgan de casa a trabajar o a buscarse una carrera suele, todavía (Madre de Thor, todavía), cierta picazón. Se suele ver a esa dama, en cuestión como una especie de monstruo que ha renunciado a representar un papel prototípico que, ríanse a gusto, la biología le marca. Parece que las mujeres no tuvieran otra opción para realizarse que el de convertirse en madres o, por el contrario, optar al papel de bruja despiadada y castradora...

Fíjense ustedes en las ampollas que levanta cualquier relato escrito por una mujer, incluso cualquier declaración, en la que se le ocurra decir por ejemplo que sus hijos les parecieron feos, que la maternidad le pareció una tortura y que, de verdad, que no le gustaría repetirlo más.

En "Tenemos que hablar de Kevin" su protagonista, Eva Katchakourian, nos va narrando a través de unas cartas que envía a su marido sobre los días en los que decidieron tener un hijo, las motivaciones absurdas que les llevaron a tomar esa decisión cuando ambos disfrutaban de una vida plena y, sobre todo, el error mayúsculo que supuso tal decisión.

Ni que decir tiene que lo primero que piensas es "vaya, bruja egoista". Sí. Lo piensas. Piensas que es imposible que esa mujer exprese esas dudas sobre la maternidad con tanta frialdad. Luego te enteras de por qué: su hijo Kevin entró un día en un Instituto y mató a 9 de sus compañeros. Sin más.

A través de una estructura epistolar Eva Katchakurian nos va contando como pasó de convertirse en la escritora de guías de viaje y luego en la dueña de su propia editorial a una víctima de un hijo rematadamente cabrón que demuestra todos los rasgos de un psicópata de libro. Nos cuenta como la relación con su pareja, un americanote enamorado de América que se dedica a localizar escenarios para publicistas, se va diluyendo entre una nube de pañales sucios (el muchacho, simplemente por placer, se está cagando y meando encima hasta los seis años), una serie de dolorosos enfrentamientos con amistades y vecinos y un sin fin de salvajadas de las que, su primogénito, es único protagonista.

Esta novela, que tiene todos los ingredientes del desánimo del protagonista de "Pastoral Americana" (Philip Roth), es fría hasta el mareo. Te deja tieso. Sobre todo porque descubres que la protagonista está completamente sola no ya ante un bicho malo sino ante su propio marido que, por una serie de cuestiones más folclóricas que éticas, decide ponerse en todo momento al lado del muchacho. Ya ven, el padre de familia cree que, de verdad, su señora está loca y que ni siquiera los hechos (y es que el niño créanme es un hijoputa) van a hacerle dudar, ni por un instante, de que su familia es completamente modélica. En cierto modo, su forma de sufrir es otra completamente distinta pero igualmente dolorosa.

"Tenemos que hablar de Kevin" se revela como una novela triste y negra que pone de manifiesto los engaños y las trampas que nos tragamos a costa del ideal de familia pero, sobre todo, pone el dedo en la llaga de algunas cuestiones ocurrentemente dolorosas como, por ejemplo, el creciente uso de una especie de pedagogía que parece sacada de libros de autoayuda, una cierta extensión de los mitos expandidos por ciertas revistas y, en definitiva, una especie de mala digestión de los principios básicos de la educación de los pequeños gañanes.

La narración del infierno de Eva sirve a Lionel Shriver, su autora, para repasar el "anonadante" fenómeno de las matanzas de Instituto que se han producido en los Estados Unidos haciendo un especial hincapié en los porqués (tristemente sin respuestas claras) pero poniendo bastante énfasis en las estúpidas medidas que se han tomado para intentar atajarlo. Toda una red de guardias de seguridad, detectores de metales, líneas de delación anónimas (hicieron aumentar el número de avisos en época de exámenes) y toda una red de falso apoyo psicológico y tutelar que, como sabemos, ha provocado la eliminación del estudio de la poesía del periodo romántico (al parecer a algunos Shelley les da ganas de asesinar), la expurgación de novelas góticas de terror, la expresa prohibición de vestir de cierto modo, la persecución absurda de parte del alumnado y toda una serie de medidas pacatas que, al parecer, han tenido como efecto más inmediato que a Marilyn Manson lo miren francamente mal. 

Shriver, de un modo directo, llega a la conclusión de que los adultos se sienten indefensos ante la falta de comprensión que tienen de la vida juvenil (y sus arrebatos) y que han decidido eliminar esa diferencia más como una medida preventiva para su autoprotección que para la protección de un alumnado todavía sin edad penal a la que se le permite, por ejemplo, adquirir todo un arsenal bajo las ya conocidas alusiones a la Constitución. 

Es más, Shriver incluso se permite ir un poco más allá y comentar de pasada la absoluta falta de sentido común que anima todos esos homenajes póstumos, esas ferias del dolor donde los adolescentes pueden sentirse "víctimas" independientemente de que hayan sufrido alguna vez la tragedia (Es absurdo pero, en los USA, un alto porcentaje de los estudiantes de instituto que dijo sufrir  stress postraumático por los hechos de Columbine vivía a miles de kilómetros de distancia...eso no fue óbice para que muchos centros montaran mesas redondas y ceremonias de esas de sentirse mal) lo que para la autora pone de manifiesto que, como tantas otras veces, ciertos padres proyectan sus inseguridades sobre sus hijos viviendo a través de ellos su propio pánico. 

En definitiva esas medidas y esas ceremonias son vistas por la autora como una extensión más de la mala educación dada a los muchachos, del alto grado de pleitesía que se rinde en esta sociedad de hijos únicos a esos chiquitines sobre los que los matrimonios burgueses ponen todas sus esperanzas evitándole cualquier tipode sufrimiento. El niño es, y no de un modo figurado, el auténtico Rey de la Casa del que se espera que en el futuro deslumbre al universo con su presencia, de que sea un Mozart, un Obama, un Rouco Varela...y ese pretendido fulgor de la presencia infantil no permite, muchas veces, ver a sus padres la verdad.

Mientras tanto, y es sólamente a título personal, miren ustedes a su alrededor y díganme que no es escalofriante la pasividad ridícula con que todos esos papuchis y mamuchis demuestran cuando el vástago en cuestión se pasea en bolas por la casa como un Adán ("está en esa etapa"), se dedica a decir con maravillosa lengua de trapo eso de "mamá es una puta" ("tiene mucho vocabulario"), da patadas a las visitas ("lo hemos apuntado a Tae Kwon Do porque apunta maneras"), se caga en los rincones ("no le hagas caso, sólo quiere llamar la atención, sigamos comiendo...ya se que estamos en tu casa pero ahora lo limpiamos") y hace otras tantos actos de terrorismo infantil que siempre son justificados con una beatífica sonrisa y algún pasaje aprendido de carrerilla en una de esas revistas de psicología o en esos libros titulados "Tu pequeño cabrón y tu: guía para criar al perfecto bastardo" o "Aprende a bregar con su psicópata enano mientras te realizas" o "Lista de los 2000 traumas infantiles que tu hijo puede contraer si no le das lo que quiere a los 30 segundos de haberlo exigido". ¿No da la sensación de que muchos papás no reconocen la diferenciación de espacios entre adultos y pequeñines?

Les invito a pasearse por la vida de las familias de la neoburguesía y a conocer mejor a sus pequeños Demian. Francamente interesante. Espero que el sarcasmo, las apreciaciones y la mala leche de su autora no les produzcan mareos o, lo que es peor, unas ganas enormes de no procrear. Advertidos quedan.

NOTA del Insustancial: Les advierto que conozco a padres maravillosos que tienen una progenie para enmarcar...pero es que eso no vende tanto.

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Truco o trato, Rouco?



Al parecer la Conferencia Episcopal ha emitido una de sus simpáticas notas invitando a los niños a que, en la víspera del día de todos los santos (Halloween), se disfracen de santos en lugar de en brujas, zombis y cosas así macabras. La noticia aquí.

Bien.

Rían a gusto, a mi me duelen los riñones ya de hacerlo. 

Bueno, en cierto modo no es faltar a esa recién adquirida tradición anglosajona: se trata de que los niños opten por otra modalidad de personaje imaginario o inventado para disfrazarse.  ¿Mola, no? De hecho hay una gran cantidad de personajes sangrientos de los que pueden vestirse: San Sebastián asaeteado y atado al tronco de un árbol, San Lorenzo en la parrilla, La santa esa que llevaba los pechos cortados en una bandeja. El martirologio católico da para una gran cantidad de gente asesinada en las peores circunstancias y para retratar las escenas más viles de crueldad. Es más, uno puede vestirse de otros personajes de la Biblia como la María Magdalena recién lapidada o Judas colgando de un árbol. Otra cosa es que en la tienda de disfraces baratos se les agoten las existencias de túnicas y las barbas "a la moda" hebrea. Eso ya, que cada uno se lo comente en su punto de venta o tienda de chinos habitual.

Alguien debería de decirle a la Conferencia Episcopal que, si quiere adelantar la fecha de los Santos Inocentes (mira, otro disfraz bueno, niño degollado) lo primero que tiene que hacer es advertir al personal o que, si la cosa va en serio, se les comente así en plan bien de que están quedando, como siempre, como unos aguafiestas de lo peor.

A su manía por condenar cualquier tipo de práctica sexual (incluso la masturbación que, ya ves tú, que es una cosa pues que la haces muchas veces por aburrimiento o por retrasar alguna tarea más engorrosa como ponerte a estudiar), se le une ahora la "recomendación" de que tampoco nos disfracemos. Qué paradoja: miren al Papa que siempre va por ahí vestido de esa manera tan chocante, que no hay manera de que se ponga un rollo así de sport ni siquiera cuando visita tierras de infieles.

Lo que más me gusta es que a los curas les parece que estaría bien que la víspera de todos los santos se celebrara como se celebraba antes. Disculpen pero al no haber nacido en un hogar muy piadoso (que se me nota, mogollón) no entiendo muy bien como era eso de la fiesta de todos los santos antes. En la memoria tengo sólamente un recuerdo que no es otro que tener que acompañar a la tía de un amigo mío al cementerio para limpiar una tumba. Aquel día, justamente, aprovechaban los operarios para sacar exhumar un cadáver de una tumba con una máquina excavadora rodeada por un grupo de familiares que cuchicheaban sobre la buena calidad del ataud. Fue un espectáculo que, con doce o trece años, me pareció bastante molón. ¿Esa era la celebración antes? ¿Ir a ver como sacaban a los muertos de sus tumbas? No lo creo.

Sin duda la Iglesia Católica en nuestro país está jugando otro partido, es más, creo que juega a otro deporte, en otro campo, con otra pelota y en otra liga. Y no lo digo porque les parezca mal que los niños se les disfracen de brujas y de duendes (no encontrarán aquí ningún chiste que tenga que ver con curas y con infantes...es demasiado fácil) sino porque en tiempos de Wii, de PlayStation y de películas de zombis y de una laxitud tremenda en las costumbres recomendar a la muchachada que se entretenga disfrazándose de santo y asistiendo a rezos y vigilias (o haciendo galletas ¡Galletas! ¡Con lo buenas que están las de Hacendado!) me parece que es pedir demasiado cuando la tendencia marca que los niños tienen que salir a pedir caramelos y los mayores a churrarse aprovechando que, tan simpática fecha, cae justito a principios de mes y se tiene la cartera un poco más llena de lo habitual.

Al parecer también parece molesto que los diablillos se disfracen de idem (permitiendo que veamos su cara real, la más cruel) porque, en el fondo, no lo hacen por venerar a los santos si no por asuntos más profanos. Claro, los niños y sus putas manías de comer chuches cuando bien podrían estar rezando por el Papa Benedicto y toda su corte celestial de Arzobispos, Obispos y Cardenales.

Si la Iglesia quiere que los chiquillos se disfracen de santos en Halloween ya pueden ir metiendo en el santoral a lo Gormitti o a Bob Esponja...verían como, en ese momento, los intereses de infantes y Conferencia Episcopal coincidirían en un mismo punto.

De hecho, no se de qué se queja la Conferencia Episcopal porque, en nuestro país, en todas las noches de Halloween los mejores pubs y los bebederos más selectos se llenan de gente vestida de monja y de cura...vale de monjas rollo putón y de curas endemoniados pero, cuidadín, que la adolescencia (y la post adolescencia) es un gran mercado, un buen semillero donde recolectar almas.

No tengo ningún interés en solicitar de la Conferencia Episcopal o de la propia Iglesia católica ningún giro en esa costumbre de aparecer ante la opinión pública como una organización fea que dice cosas loquísimas. No me veo con fuerza puesto que no pertenezco y, por tanto, mientras que no instauren de nuevo a la Santa Inquisición y que esta se pasee por ahí soliviantando al personal lo que hagan o dejen de hacer me produce un rollo francamente refractario. Vamos, que paso.

Pero lo que no me gusta nada de estos señores tan aguafiestas es que se dediquen, paradójicamente, a cargar siempre contra los que no se pueden defender, que se permitan el lujo de señalar con el dedo las actividades más inocentes como si de pecados capitales se tratase. Eso es, incluso desde la distancia, un puntito molesto.

Nota del Insustancial: He querido pincharles este tema de Roy Orbison incluído en una de las secuencias más acojonantes de "Terciopelo Azul". Ahí tienen lo que tendría que ser una buena noche de desmelene: un tipo haciendo un playback de una canción triste en un tugurio y un público formado por una pandilla de descerebrados comandados por un tipo que está mal de la cabeza.


BOLA EXTRA:

Para terminar me he permitido rescatar algunos comentarios de un par de páginas que recogían la noticia. Más que nada por entender que, incluso las cosas que parecen tener el menor sentido, calan hondo en algunos ciudadanos. Esta inclusión de material me la inspira el fantástico artículo de Santiago Lorenzo publicado en "El Butano popular" que puede leerse aquí. Ahí van algunas "sandunguerías del pueblo llano":

jorgegvr dijo el día 13 de Octubre de 2010 a las 21:41:32:



Bueno, aquí tenemos el Día del Padre, el de la Madre, el de los enamorados. En vez de gastarlo en un perfume o una corbata y cena correspondiente, nos lo gastamos en nuestros hijos para que pasen una tarde divertida y feliz.


También aportamos un gran día, como por ejemplo la Noche en Blanco de Madrid, para que atraquen a los chavales.


Para los de fuera de Madrid es una noche en la que salen muchos "artistas" y perroflautas a mostrar su "arte", los museos tienen colas de tres horas para ver gratis los cuadros. Se me olvidaba, también es una noche en que los empresarios del servicio, los que te venden bocatas y latas y los carteristas "hacen su agosto".

jorgegvr es un claro ejemplo de ciudadano opinador al que el tema no le parece mal del todo pero, como tienen que poner la nota amarga, se dedica a hablar mal de La Noche en Blanco que, al parecer, es un nido asqueroso de perroflautas y carteristas que sale de los bolsillos de los contribuyentes. Por ahora la Conferencia Episcopal no ha dicho nada de esa celebración del culturetismo y la noctivaguez.

Anónimo
bueno amigo, la Iglesia cuando empezó no la formaban más que unos 12 apóstoles asustados y algunas mujeres piadosas. Esto va por fases. La Iglesia al final siempre vence. La daban por muerta con Nerón y también en el Siglo de las Luces, en el XIX.... Pero Cristo dijo que duraría hasta el fin del mundo y que tendría su especial protección. Y ahí sigue. Respecto a la fiesta, debemos conservar la de Todos los Santos. La Fiesta de halloween no es más que un invento del demonio. Y lo digo literalmente, porque ese día, sectas satánicas raptan niños (generalmente de padres emigrantes sin papeles, asegurándose así de que no van a ser denunciados) para realizar sacrificios a Satanás. Halloween no es más que el cumpleaños del diablo. Yo prefiero visitar el cementerio y rezar por mis difuntos. Lo de las flores está muy bien, para los difuntos les dan lo mismo las flores, prefieren las oraciones que les sirven bastante más.


Los ciudadanos que firman bajo el seudónimo de "Anónimo"  demuestran  poca imaginación para elegir su nomme de guerre pero lo compensan ofreciendo siempre información calentita y de primera mano como que "las sectas satánicas" raptan niños en Halloween.

Anónimo
Mi familia se ha disfrazado muchas veces y la verdad es que lo hemos pasado muy bien; pero en el fondo reconozco que hay algo malo en esos disfraces. Ese ocultismo y ese morbo por lo oscuro y la brujería no es bueno. ¡Hay que defender la alegría, lo bueno y lo bello; no lo oscuro! Por eso, como católico y aun sabiendo que la gente que lea esto me va a poner a caer de un burro no descarto que el diablo esté detrás de esto.


Es posible que Ned Flanders, vecino de Springfield, esté detrás de "anónimo". El Diablo, de nuevo, atrayéndonos con el morbo de ponernos un disfraz barato...qué cabrón.

Anónimo
Bueno, lo de Hallowen quizá sea macabro: noche de muertes con niños pidiendo caramelos y cantando lalala por los portales....pero lo de vestirse de Santo.....no sé, un poco fuerte pa los niños no?? y eso que soy católico, a ver cómo les explicas siquiera lo que es un santo?? bastante con que tengan claro lo de maría, josé y jesús y el portal de belén, y con eso hasta hay veces en las catequesis se complican, que síiii....lo que tenían que hacer los sacerdotes por lo menos y para empezar a fomentar si quieren esta tradición es repartir octavillas por los portales con las indumentarias de los santos y por detrás su descripción, así por lo menos informan, culturizan, y a lo mejor hasta alguno se anima luego a vestirse de santo....o por lo menos seguro a intercambiarse octavillas hasta conseguir la colección completa!!

Y aquí Anónimo se hace un lío y que, pese a no tener una opinión formada ejerce de opinador. Lo mejor es que ofrece curiosas soluciones: que los curas repartan octavillas por los portales con imágenes de santos y una explicación al dorso (en plan colección de cromos...¿curas esperando a niños en los portales? ¿En serio?). Un dato curioso: los misioneros que viajaron a América se dieron cuenta de que la tarea de convertir a todos aquellos indígenas era dificililla. No se les ocurrió mejor cosa que hacer unos libros donde por un lado se veía a un santo católico y, al dar la vuelta a la hoja, a un Dios de aquellas tierras equiparando a ambas entidades. De esa forma los indígenas aquellos se convirtieron al catolicismo pensando que era, sólamente, una forma diferente de honrar a sus propias deidades. Con el tiempo esta práctica panteísta adquirió el sonoro nombre de "santería"...y digo yo que eso si que es macabro y malrollero pero, bueno, no me hagan caso.

domingo, 3 de octubre de 2010

Soltando al hurón (felices e ignorantes)


En El País de hoy se habla del caso del matemático ruso Grisha Perelman. Un genio que decidió retirarse después de resolver la Conjetura de Poincaré en 2002 y que, desde entonces, ha renunciado a varios honores y, sobre todo, al millón de dólares que el Instituto Clay le quería regalar por su trabajo. 

Al parecer Perelman vive como un ermitaño urbano y se le puede ver un poco sucio y vestido con ropa vieja en los alrededores de su apartamento del que apenas sale para pertrecharse de lo necesario. El artículo equipara, en cierto modo, la conducta esquiva del ruso con la que mantuvo el ajedrecista Bobby Fischer tras retirarse de la competición mundial en 1975 cuando debería de haber defendido su título de campeón frente al ajedrecista Anatoly Karpov.

En realidad las únicas similitudes entre la historia de Perelman y la de Fischer no llegan más que ahí: ambos abandonaron la práctica pública (no creo que el americano dejara de jugar al ajedrez en la intimidad de su retiro y que Perelman tenga alguna dificultad para seguir investigando en el campo de las matemáticas) jóvenes y en pleno éxito y que, desgraciadamente, han sido fotografiados vistiendo fuera de los dictados de la moda y careciendo de cierta higiene personal.

De hecho Perelman ha optado por callarse desde hace ocho años y Fischer no paró de hacer desafortunados comentarios durante su vida y protagonizó algunos escándalos lamentables.

A ambos, eso sí, se les achaca la posibilidad de ser enfermos del síndrome de Asperger, un tipo de autismo que, al parecer, es el culpable de la genialidad de cientos de personajes famosos de las ciencias y de las artes (desde el actor Dan Aykroid hasta Newton pasando por Bill Gates, Syd Barret o Tim Burton). 

Es decir, el Síndrome de Asperger es una enfermedad (aunque se pone en duda si lo es) que afectaría sólamente a las personas que destacan en algún campo. ¿Es molón tener Asperger? Bueno, al parecer sí, o al menos, es una justificación ideal para leer la vida de los genios. Si te dedicas a resolver complicados enigmas matemáticos y llevas zapatillas de deporte con traje y eres un poco tartaja no es que detestes los zapatos y te dediques a las matemáticas es que, seguramente, tengas Asperger. 

De hecho, he conocido a algún autonombrado genio que me ha confesado tener esta enfermedad o, al menos, algún tipo de autismo leve como signo inequívoco de su elevado estatus intelectual y sus pésimas habilidades sociales. En este caso concluiremos que sí, que tener Asperger es molón pese a ser un poco molesto para la gente que te rodea que, bueno, si saben que eres rarito te entenderán mucho mejor.

En el artículo de El País, por tanto, se ponen de manifiesto algunas de los prejuicios que tenemos hacia la gente inteligente: viste mal, es aburrida, no le gusta la gente, tiene actitudes antisociales y, todo esto, por culpa de tener esa dichosa enfermedad que tiene la gente lista o, peor, de ser demasiado inteligente lo que es, en definitiva, un obstáculo para tener una vida normal.

Al parecer lo que es inconcebible es que Perelman (o Fischer) no disfrutaran de sus logros. Es decir, que su noción de la fama y la popularidad no fueran las aceptadas universalmente. Si Perelman, por ejemplo, después de resolver la Conjetura de Poincaré se hubiera retirado igualmente pero hubiera aceptado todos los honores, hubiera concedido todo tipo de entrevistas y, finalmente, aceptado el cheque extendido a su nombre por el Instituto Clay y reconvertido esos fondos en trajes, bañeras y una casa de diseño seguramente sería señalado como un excéntrico pero no como alguien que, al parecer, está como una regadera. Más que nada porque lo único que ha hecho Perelman ha sido borrarse del asunto público y permitir ser fotografiado con ropa de mala calidad y con el pelo revuelto (dice el artículo que como un vagabundo). En realidad Fishcher, que se hizo arrancar las muelas porque creía que el KGB le había introducido micros entre otras lindezas, sí dio señales de tener el hilo musical de El Corte Inglés sonándole todo el rato dentro de la cabeza. Perelman ni siquiera. 

En Público, hoy también, Umberto Eco denunciaba que un periódico italiano había sacado una noticia sobre él titulada: "China está cerca". El texto, acompañado de una foto en la que se le veía comiendo en un restaurante chino, versaba alrededor de eso, de que estaba comiendo en un restaurante chino. A partir de ahí el texto, firmado por "redacción" que es un sinónimo tristemente extendido últimamente en la prensa, trataba de sembrar dudas alrededor de Eco, nada más. El asunto trataba de advertir del peligro de que un conocido izquierdista estuviera comiendo en un restaurante chino como símbolo inequívoco de que la invasión de la economía del país de Mao estaba, como Hanibal, ad portas.  Amargamente, el semiólogo, se quejaba de la proliferación de este tipo de textos alarmistas que no tienen otro interés que sembrar dudas sobre ciertas personas. Dudas un tanto peligrosas en un país gobernado por Silvio Berlusconi.

No digo que el artículo sobre Perelman persiga crear dudas sobre el matemático pero, lo cierto, es que desde un punto de vista informativo es completamente irrelevante: la única noticia que hay del Planeta en el que habita Perelman es que no hay noticias y publicando un artículo de este tipo no saltamos una de las máximas periodísticas que antes estaban vigentes y que reza inequívocamente como "no news, good news" ("no hay noticias, buenas noticias").

De unos años a esta parte nos hemos acostumbrado a que la prensa sea tremendamente moralista, a que genere opinión o, peor, a que cuando es capaz de lo anterior emita opiniones que comparten sus lectores pero, sobre todo, nos hemos acostumbrado a que los medios de comunicación se conviertan en una especie de controladores de la actividad pública (o de la carencia de la misma) de todo tipo de personajes. 

Es lo que yo llamo "soltar al hurón". Cuando todavía era legal el uso de hurones para la caza tuvimos en casa varios de estos simpáticos bichos, bueno, simpáticos cuando estaban en casa porque, adiestrados para la caza se convertían en un bicho de lo más violento. La forma de cazar era simple: se introducía al animal dentro de una conejera y se colocaba una pequeña red en la salida de la misma. El tranquilo conejo, al descubrir que tenía una visita no deseada, salía corriendo hacia el exterior y se metía en la red. Fácil, limpio y sencillo. Detrás del hurón y del pobre conejo siempre salían dos o tres más por diferentes salidas provocando una singular estampida de bichos.

Escribir artículos de este tipo (y este no es, ni mucho menos, tan doloroso y no utiliza unos métodos tan crueles) sólo tiene como objetivo generar esa estampida. Medios mucho menos serios que El País usan desde hace demasiado tiempo a hurones travestidos en incómodos señores y señoras con micro en ristre que se dedican a introducirse en la madriguera del famoso con el único objetivo de que este salga corriendo frente a las cámaras y así poder adjetivarlo en la huida con preguntas capciosas: ¿De qué huye? ¿Por qué huye? ¿Qué hay de malo en contestar dos preguntas? ¿Qué llevaba en la huida? ¿Qué escondía? ¿No iba demasiado rápido? ¿No iba un poco sucio? ¿No es raro que se comporte así? ¿A donde va? ¿Con quien? ¿No es extraño ese comportamiento? ¿Tiene miedo de algo? ¿Es esa huida un símtoma de que está mal de la cabeza? ¿Si está mal de la cabeza será porque tiene Asperger o porque bebe o toma drogas? ¿Y si bebe y toma drogas y todo a la vez?

Cada una de esas preguntas obtiene, a su vez, una conjetura creada por un observador (colaborador le llaman ahora aunque, en realidad, deberían de llamarlo "colaboracionista") que ocupa tiempo y espacio en medios a precios irrisorios y que, a su vez, sirve para extender otras conjeturas, hacer otras preguntas que, a su vez, son contestadas por otros observadores de la realidad que, esta vez, apoyan sus conjeturas en testimonios de observación etc. etc. etc.

En un mundo tan ruidoso como este el silencio nos llena de terror. Si permaneces en silencio, básicamente, la cagas. La decisión de Perelman de dejar de existir públicamente no es tomada como una solicitud de no ser molestado (por razones que pueden ser tan sencillas como estar agotado o de tener cierto pudor) sino como una invitación a, en términos matemáticos, despejar su incógnita. Si para Perelman descifrar la complicada Conjetura de Poincaré fue un reto que, sin duda, lo apasionó no dejar de ser interesante que, paradójicamente, él mismo haya construído la Conjetura de Perelman que, para los que no saben nada de matemáticas, se ha hecho tan atractiva por contener todos los elementos que se necesitan actualmente para publicar historias: misterio, gotas de malditismo, silencio...

Si ahora, en este mismo momento, estamos acostumbrados a que el famoso se exhiba diariamente tanto porque quiere exhibirse (Belén Esteban echando a su marido de casa, Angelina Jolie en misión pastoral para UNICEF, Javier Bardem en una rueda de prensa promocionando una película) lo cierto es que si el famoso decide no ser famoso esto nos indica que algo no anda bien. Es más, los medios más preparados para la caza, los que cuentan con más hurones, suelen invocar al sacrosanto mandato no ya solo de informar en total libertad (un argumento tremendamente torticero) sino de que si no se coopera convenientemente con este mandato se está atentando contra este derecho inalienable y se está recortando la libertad de presa e información. El argumento es tan claro como falaz: usted tiene que abrirme las puertas de su privacidad para permitirme que yo haga mi trabajo. Es decir, el derecho a la privacidad es siempre menor al derecho de información algo francamente falso si tenemos en cuenta de que, en la mayoría de los casos, las vidas investigadas no son las de personas que ostenten cargos públicos o se dediquen a actividades delictivas. Y, en todo caso, dudo mucho de que un cargo público tenga que abrir las puertas de su casa de par en par para que veamos su vida cotidiana si es que no hay sospechas de que en su water cuelga un cuadro de Miró...y esto, en todo caso, sería una actividad más propia de un juzgado que de un medio de comunicación.

Pero, además de toda esta perorata sobre si en realidad la palabra "ética" no exista formalmente (lo dice uno que ha forzado los límites semánticos de esa palabra muchas veces en el ejercicio de su vida profesional, que uno no es un santo aunque le hubiera gustado aspirar a tal título y ser un Woodward&Bernstein redivivo), lo que flota sobre el texto de Perelman es una sencilla idea: el que es listo no sabe vivir y es, por tanto, no un excéntrico sino un idiota peor que usted y que yo (más como yo, créanme), el que es listo vive al margen de la felicidad infinita que a cualquiera de nosotros asocia no ya a recibir galardones sino a que un Instituto norteamericano decida recompersarnos con un millón de dólares. Lo que extiende un mito: la ignorancia es felicidad y si tienes la cabeza llena de ideas lo normal es que te conviertas en un tipo raro. Un consuelo para los que, intelectualmente, no levantamos dos dedos del suelo y sí sabemos disfrutar de la mandanga. 

Si Perelman hubiera estudiado más en la Universidad de la Vida (que no extiende títulos oficiales) seguramente sabría haber puesto a buen recaudo ese milloncejo y habernos dado la tranquilidad de saber que se lo está gastando en cosas útiles. Si Perelman (o Pynchon o McCarthy o...o los muertos Fischer y Salinger) concedieran más entrevistas a lo mejor sabríamos que sus vidas no tienen interés, que sus hijos son feos, que sus esposas son aburridas, que su vida es un coñazo y podríamos tranquilizarnos con otra idea aún más estupenda: son listos pero no han sabido tener una vida a la altura de sus logros, una esposa con curvas y apetencias de actriz porno, unos hijos singularmente atléticos, una casa espaciosa con Thermomix y TDT...son unos mierdas por mucho que sean grandes profesionales.  

Por encima de otras valoraciones: la ignorancia nos vacuna contra la infelicidad o, por lo menos, contra la necesidad de rebuscar más allá del convencionalismo. Nos ayuda a integrarnos (y no a ser unos apocalípticos como decía Eco) y a pasar mejor el trago.
Le pregunté una vez a un hombre muy sabio sobre su renuencia a aparecer en los medios, a estar más activo públicamente, a volver a publicar cosas más comerciales y me contestó en esos términos: "No doy conferencias porque me aburren soberanamente y no tengo la necesidad de explicarme. Mi discurso está en los límites de lo que escribo. Y, sobre escribir más, te diré que es que siempre he considerado que soy un poco vago".

"Vaya, es un vago", pensé. Y me quedé mucho más tranquilo. En el fondo, era un poco como yo.

Nota del Insustancial: Antonio Galván es un músico que se esconde bajo el nombre de Parade. Sus canciones acercan a la ciencia de un modo sentimental extendiendo, a su manera, el mito romántico del científico algo que, en los tiempos que corren, no es muy habitual. Suena fantásticamente bien. Su disco "La fortaleza de la soledad" (2009) es francamente bueno. Que disfruten.  

jueves, 2 de septiembre de 2010

Mala Rodriguez cree que no cree (Conspiranoia alevosa)


Me gustó mucho el primer disco de (La) Mala Rodriguez. "Lujo ibérico" tenía canciones como "Yo marco el minuto", "Tengo un trato", "A jierro" o "Especias y especias" que me encantaron. A partir de "Alevosía" le perdí un poco el ritmo. La explosión de Mala Rodriguez (de pronto parecía encontrármela hasta en la sopa) y la elevación a los altares de cierta parte de la modernidad, encabezada por (El excelso-excesivo) Bigas Luna, me pareció una patochada, como si el personaje se hubiera comido a la cantante. No se. De pronto lo guay no es que Mala Rodriguez rimara bien sino que fuera un bicho raro y marginal que, por raro y marginal, encabezaría una especie de cultura de lo marginal que parecía guay resaltar. ¿No les dio la sensación viendo aquella cosa llamada "Yo soy la Juani" que su director no se había enterado muy bien de que iba el rollo?

Seguramente todo era culpa mía. El caso es que "Alevosía" no era un mal disco. No tenía el rollo del primero y, de pronto, Mala Rodriguez salía en portada como un cañonazo de señora. Un pibón que cantaba. Vale, Industria ven a nosotros. Lo entiendo.

El caso es que una crítica de esas de derribo que se marca Fernando Neira en "El País" donde la ponía a caer de un guindo despertó en mi la curiosidad sobre lo último que había hecho Mala Rodriguez. La cosa es así: si un tío tan bilioso y que se confunde tanto dice que algo es malo hay que saberlo para hacer justamente lo contrario. De hecho creo que "El País" lo mantiene en nómina para que los lectores sepan lo que hay que escuchar que es justamente lo contrario de lo que recomienda Neira....aunque, esperen. Esto no es un texto sobre Neira. Centrémonos en Mala Rodríguez cuyos dos discos posteriores ("Malamarismo" y "Dirty bailarina") son también guays.

Esta mañana he leído en Rockdelux una entrevista con la artista que declaraba lo siguiente:

"(...)Me parece que todos tenemos que creer en algo y la cuestión de la ciencia y la fe siempre han estado dentro de mi, de lo que busco. No sé, leer gente que tiene teorías, que se come la cabeza. Hay muchas cosas que no sabemos. Hacen cosas de las que no nos damos cuenta, como esos bombardeos que hubo en la Luna para ver si tenía agua. Son cosas que están haciendo y la gente aquí ni se da cuenta y eso nos puede afectar tantísimo. Creo que no tiene nada de raro darse cuenta de que somos polvo de estrellas, de que somos juntos una cosa y la ciencia lo sabe, y cada vez más la ciencia sabe que hay algo místico dentro de todo esto. La religión no es más que un "bussiness", es una industria. No va por ahí, va por otro lado, va de otra historia la cosa. Simplemente eso, no se."

Bendito guirigay el que tiene Mala Rodríguez ¿No? ¿De qué va todo esto?

En noviembre del año pasado la NASA anunció que había lanzado la sonda LCROSS contra la superficie lunar para detectar que en la Luna había agua. La sonda era eso, una sonda a través de la cual se sabría si por el material eyectado se encontraría el preciado líquido que permitiría instalar bases lunares autosuficientes.

La noticia corrió de una punta a otra de internet hasta caer en manos de gente que interpretó que la sonda era, en realidad, era una de las muchas misiones encubiertas de la NASA que tenía como objetivo "lanzar una bomba nuclear contra la luna". ¿Para qué? Evidentemente no para buscar agua, que sería estúpido encontrar agua para envenenarla con radiación, sino para hacer desaparecer las presuntas ruinas extraterrestres que Armstrong y Aldrin se encontraron en la superficie lunar.

Examiner.com, una página web norteamericana con ediciones locales en varias ciudades y que no tiene empacho en publicitar a la Iglesia de la Cienciología, llegó a afirmar que el lanzamiento del artefacto (ellos creían que era sólamente una bomba cinética de dos toneladas) tenía como objetivo plantear algún tipo de venganza contra las civilizaciones extraterrestres que aseguran viven bajo la superficie lunar.

Dicha información (erronea) fue difundida por la red a través de los llamados "exopolíticos". Por si ustedes no lo saben la "Exopolítica" es el estudio del efecto de la interacción entre civilizaciones extraterrestres y los gobiernos de la Tierra y como esa secreta colaboración altera la coexistencia en nuestro planeta. Además de esa rama coexiste otra encargada de detectar las diferentes razas de extraterrestres que viven a nuestro alrededor (y ya entre nosotros) y diferentes aspectos de sus organizaciones políticas y sociales.

El fenómeno OVNI, por lo tanto, ha evolucionado de la simple búsqueda de elementos particularmente brillantes en el cielo que pudieran ser naves extraterrestres, a la formación de grupos de bienvenida que organizaban avistamientos y encuentros con seres de otros planetas hasta esta elegante exopolítica que, al parecer, se encarga del sesudo estudio de las civilizaciones extraterrestres de otros planetas y los acuerdos entre estas y los gobiernos de la Tierra que, de ser verdad, estarían implicados en cientos de miles de casos de violación por sonda anal (¿Cuantas sondas necesitan meter en los culos de los humanos para entender nuestro organismo esos zotes interestelares?) , eliminación y sustracción de ganado (rebaños tostados por los rayos gamma de pistolas y cohetes, robo descarado de cabras y ovejas para quién sabe que tipo de prospecciones) y un sinfín de secuestros de personas y otras cabronadas por el estilo como la instalación de un gobierno de reptilianos o, dicho de otro modo, seres de otro planeta muy parecidos a los de "V" (la serie antigua) cuya cabeza (in)visible sería la de la Reina Isabel II (no me pregunten por qué).

El lío mental de Mala Rodríguez es entendible y compartido. En realidad el escepticismo es un palo porque la gente siente que es mejor creer en cosas guays (mundos paralelos, conspiraciones, laboratorios secretos, civilizaciones lejanas, energías, piedritas curativas...¡O incluso sondas anales extraterrestres!) que en la cruda realidad. Si la NASA va a tirar una bomba sobre la Luna tenemos el argumento de una película, si la NASA va a tirar una sonda (no anal) sobre la Luna para buscar agua estamos ante un artículo de MUY INTERESANTE.  Fail.

En realidad el problema es que la falsedad, las medias verdades, las mentiras etc. tienen en la red una gran cualidad: tienen la misma forma que las reales, están redactadas igualmente bien. El conspiranóico utiliza las mismas armas de edición, maneja el mismo vocabulario y se expresa con el mismo lenguaje (aparentemente) que la comunidad científica. Es decir, utiliza las mismas armas mediáticas. Diferenciar entre realidad y ficción es siempre complicado.

En el párrafo de Mala Rodríguez hay, incluso, una falacia persistente: la ciencia sabe que hay elementos místicos. No es cierto pero, en realidad, la extensión de las teorías creacionistas, el negacionismo darwiniano e, incluso, la maquinaria publicitaria de las religiones mayoritarias y minoritarias se encarga de decir que, en realidad, hay una gran parte de la comunidad científica que no niega la evidencia de que Dios, o fuerzas superiores, o energías cósmicas o cosas parecidas e inexplicables (la mística, claro) y que la incluye como una de las posibles explicaciones de la Termodinámica o la Teoría de Cuerdas. No es así, ni mucho menos.

El Diseño inteligente (que niega la Evolución de las Especies) comenzó a difundirse a través de un libro, Darwin on trial, firmado por un abogado Philip E. Johnson. Un abogado no es un científico pero, sin embargo, con el tiempo el simple razonamiento de que "todo es demasiado perfecto como para que no haya sido pensado y diseñado por la mano de un ser superior" ha acabado postulándose con la forma de una teoría científica alternativa al estudio de la Evolución y propulsada por los sectores más reaccionarios religiosos de Estados unidos para que se estudie en las escuelas.

Evidentemente mucha gente piensa como Mala Rodriguez, que la religión es un "bussiness". Lo es y, por eso, muchas religiones organizadas han preferido diluirse en un compacto frente de noticias pseudocientíficas, extendiendo raras percepciones, ampliando su control hacia ciertos foros con aspecto laico y camuflándose bajo un entramado que parece una cosa pero, en realidad, es otra completamente diferente. Ahora para hacer creer a la gente que la religión sigue siendo necesaria y útil no hace falta construir una catedral o una mezquita como símbolo externo del poder. Sólamente es necesario informar de que detrás de la tradicional y sana creencia religiosa hay toda una serie de razones "científicas" para seguir creyendo. Se trata de decirnos que los símbolos externos (rezos, procesiones, ramadanes, velos etc.) son cosas quizás algo antiguas pero que, detrás de cada libro sagrado, no hay solo la obcecación de creer por creer, la obligación de creer, la necesidad de creer hay un buen puñado de intelectuales, científicos, filósofos, psicólogos, médicos y gente con carrera en general trabajando por hacerte comprender lo incomprensible (que somos alma y somos materia, que un Dios puede ser tres a la vez, que si te inmolas te vas al cielo a disfrutar de 200 doncellas, que tu espíritu se cuela en otro cuerpo cuando falleces, que se puede hacer ver a los ciegos y andar a los paralíticos, que el vino se transustancia en la sangre del hijo de un carpintero palestino, que tus seres queridos muertos viven en otro plano de realidad a tutiplén...) por medio de un puñado de buenas razones que pueden ser medidas en un laboratorio.

Y eso es lo que nos hace "polvo de estrellas", divinidades sobre dos patitas, seres mejores que son mitad humanos pero que tienen su pizquita de dioses. La religión, la de antes, esa era para catetos que iban detrás de una imagen de una virgen cantando "venid con flores a María" lo de antes era rezar cinco veces al día mirando hacia la Meca...ahora puedes pasar por encima de eso y seguir creyendo. Da igual en que cesta de qué sitio de concentración espiritual eches los céntimos, da igual a quien eleves tus plegarias...

Lo importantes es que sigas creyendo en algo. Lo importante es que sigas creyendo que no crees. Creo que ahí es donde está el bussiness.