Isabel Lafont se pregunta en El País sobre si la pornografía puede ser arte político después de ver la última instalación de Santiago Sierra en la galería Helga de Alvear sita en la ciudad de Los Madriles. La cosa consiste en un video de 45 minutos en que unas cuantas parejas se lo montan en plan doggy style y que se titula "Los penetrados".
Ni que decir tiene que Sierra se ha ganado desde hace años la etiqueta de provocador por montar este tipo de happenings que van desde esconder a 100 mendigos en una calle de Madrid hasta vender una enorme pecerra llena, única y exclusivamente, de 200 litros de agua del mar muerto pasando por una exposición en la bienal de Venecia en la que tapió el acceso al pabellón español al que sólo se podía acceder si uno presentaba un DNI o un pasaporte español. Cuando uno accedía descubría que, en realidad, el pabellón ni siquiera había sido arreglado y estaba en ruinas.
Desde 1990 muchos se han preguntado si Sierra no era un estafador o, por el contrario, simplemente un artista con la única capacidad de provocar por medio de crear la confusión porque evidentemente ni pinta, ni esculpe, ni fotografía pese a tener el status de "artista". Un status que es tan liviano como el de "político", por cierto, porque que se sepa, lo que hacen ahora los políticos no es, en realidad, política.
Mi personaje favorito de la semana es Monserrat Nebrera. Nebrera es una política que ha saltado a la fama por su porte señorial, su rollo de derechista desacomplejada y moderna y su fino acento catalán. Como se ha quedado un poco descolgada de la lucha de poder en el PP de Catalunya ha hecho lo que hacen todos los políticos cuando pierden pie que es buscar al rival más débil en el otro lado y cargar las tintas.En este caso le ha tocado a la Ministra de Fomento Magdalena "pasaba por aquí" Álvarez y no se le ha ocurrido otra cosa que decir que su acento es de chiste y, en la misma línea, comentar que cuando habla con alguien que trabaja en un hotel de Córdoba le cuesta entenderlo porque habla en andaluz.
Como la Nebrera, recordemos, ha perdido el tren del power pepero pues le caen palos incluso de los adictos como Antonio Burgos más popular de la zona nacional (que la llama "catalana de mierda") y del propio partido porque, no lo olvidemos, en Andalucía el PP no moja y una cosa es reírse de la gestión de la Ministra y otra descojonarse de como habla o deja de hablar o, incluso, reconocer como si fuera lo más normal de el mundo (el planeta no el diario de PJ) no entender a los que hablan con un acento diferente.
A mi la situación, el hardcore lingüístico que se ha marcado la Montse, me recuerda a esa peliculaza, "las que tienen que servir" (1967, Jose María Forqué) en la que Concha "ya no podemos llamarla Conchita" Velasco y Amparo Soler Leal interpretaban a unas chachas que trabajaban en casa de unos americanos (Don Johnny y su señora) a los que les hacían el lío con las cuentas aprovechándose de que los guiris no sabían ni papa de español e, incluso, sus novios interpretados por Manolo Gómez Bur y Alfredo Landa, el primero de profesión huevero y el segundo de profesión indefinida, también se aprovechaban de todos esos problemas de comunicación para hacerles el lío a los avanzados, pero sospechosamente incautos, yanquis que sufrieron en sus carnes la capacidad innata de los españoles para reírse y aprovecharse de los defectos ajenos aunque estos valgan su peso en dólares.
Propongo a Santiago Sierra que la próxima instalación sea leer en la puerta del Congreso todas las cagadas de estos últimos años a voz en grito y con un megáfono a ver si alguien se da por enterado o enseñar a un coro de falangistas L´estaca de Lluis Llach, a ver si así la sacamos de una vez...la estaca y los prejuicios.