Pues nada, esto queda solucionado ya mismo ^-^
¡¡Besitooooos!!
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Colección de camisetas "Verano 2011" |
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Colección de camisetas "Verano 2011" |
Holaaaaaa
Seguimos con la colección de camisetas veraniegas que sólo encontrareis en nuestra tienda Haberlas Haylas, en Santiago de Compostela.
Este modelo está disponible en 4 tallas: S, M, L y XL. Todas son diferentes y sólo hay una por talla.
Está pintada a mano, con pintura especial para tela, que se puede lavar y planchar, sobre camiseta verde de algodón, de tirantes.
Llevan apliques de tela y lentejuelas en forma de pajaritos en el pelo.
Si quereis haceros con una pasad por la tiendecita (Plaza de Mazarelos nº8) o poneos en contacto con Sonia a través de facebook.
Aquí podeis ver todos los modelos, espero que os gusten ^-^
Besoteeees
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Colección de camisetas "Verano 2011" |
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Faery: Hespérides |
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Faery: Ayalgas |
Si bien no son tan hermosas como las hadas genuinas, pues son de naturaleza humana, las ayalgas son mucho más benévolas. Se trata de mujeres encantadas que un día fueron llevadas al país de las hadas, donde tienen como principal misión la custodia de tesoros en misteriosos castillos, vigiladas día y noche por feroces cuélebres (dragones asturianos) agazapados entre los zarzales y los torreones.
Las ayalagas, como cautivas que son, suspiran continuamente por su perdida libertas. Ciñen en su talle una cinta de azules flores silvestres y adornan su frente con una corona de violetas. Los días de otoño en los bosques, al anochecer, puede oírse su triste canto llevado por el viento como un susurro entre las hojas de los robles.
En la noche mágica de San Juan, aprovechando el adormecimiento de los cuélebres, atraen hacia ellas a los hombres que pasan cerca de su morada, alertándolos con pequeñas extrañas luces azuladas. Si algún mortal consigue tocarlas con la verde rama de un sauce, la ayalga podrá por sin liberarse. Soltando el ceñidor de flores, agarrará al hombre y lo conducirá hasta una gruta para hacerle dueño de fabulosos tesoros y de su persona, si es que la quiere como fiel compañera.
Son denominadas también atalayas, oyalgas o chalgas. La palabra “atalaya”, en bable, significa tesoro y una de las funciones que hacen las xanas es precisamente custodiar tesoros en sus palacios, de ahí la confusión entre unas y otras. Lo cierto es que se trata de un mito bastante reciente cuya primera referencia la encontramos en el año 1853, en que Tomás Cipriano Agüero las describe de la siguiente manera:
Las ayalgas son ninfas hechiceras que ocultan inmensas riquezas; habitan cual las xanas en palacios de cristal por donde se deslizan culebreando límpidos y transparentes arroyuelos, y cual los ñuveros guardan también un misterioso fuego que hacen aparecer a la entrada de sus palacios, ocultos en el seno de alguna montaña o bajo las ruinas de algún antiquísimo torreón (…) Las ayalgas son jóvenes y hermosas; un manto tan blanco como la espuma del mar cubre sus mórbidas formas… La entrada de sus palacios encantados está siempre oculta, ya en el horadado tronco de un árbol añejo, ya bajo las ruinas de algún caído torreón o en el fondo de una sima cubierta de espesos matorrales (…) Las ayalgas guardan en sus palacios tesoros inmensos: en la noche se San Juan brota una llama rojiza y misteriosa en la boca de sus grutas; si alguno logra divisarla y tiene valor para acercarse a ella, arrojando al fuego una pequeña rama de sauce, la llama tomando de pronto un color azulado, se extinguirá pocos momentos después. Entre sus cenizas aparece una ninfa hermosísima: es una ayalga. La ninfa soltará la cinta de flores que ciñe su talle, y asiendo un extremo de ella, ofrece el otro al afortunado descubridor. La ayalga se interna en la gruta, y aquél la sigue, y por fin, llenándole de oro le vuelve a conducir al mismo sitio, desapareciendo enseguida. No cesa aquí su fortuna: si es casado, la hermosa hechicera hará nacer en el corazón de su esposa un amor dulce y eterno, que colme su risueña existencia de goces y encantos. Si es soltero, pronto hallará una joven llena de inocencia y de hermosura que lo ame con todo el fuego de su virgen corazón.
Fuente: “Hadas: Guía de los seres mágicos de España”, Jesús Callejo.
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Faery: Dríades |
En el mundo feérico, lo árboles juegan un papel fundamental. Considerados moradas de las hadas, desde antiguo se les asocian poderes mágicos. Algunos tienen poder mágico por sí mismos, como los robles, tratados por algunas culturas como semidioses, o como el manzano o el avellano; en otros su poder procede del hada que habita en él.
Entre los árboles, algunos han tenido un trato especial entre las distintas culturas. El roble, probablemente, sea el más respetado. Los celtas lo honraban como árbol sagrado, los druidas le rendían culto y para los griegos era la guarida de muchas de sus ninfas. Las hadas, a demás de vivir en él, usan sus frutos como talismán.
El fresno, el espino, el sauce y el saúco, también son protagonistas de muchas leyendas. El espino es un arbusto muy visitado por las hadas. En Irlanda son múltiples las historias que narran los castigos infringidos por las hadas por haberlos talado.
Si los árboles tienen poderes mágicos, entrelazados forman una protección superior. El roble, el espino y el fresno forman una combinación sobrenatural, al igual que si entran en contacto dos espinos y un saúco. Si además se unen estos árboles con un hilo rojo, se aísla el lugar de los malos espíritus.
Entre los frutales, el manzano, el avellano y el nogal, son los árboles protegidos por sus propiedades mágicas. Si el roble y el espino favorecían el hogar, los árboles frutales concedían sabiduría o fertilidad, por eso es conveniente seguir unas normas básicas en su cuidado, como evitar coger la última manzana de un árbol, si no se quiere sufrir el castigo de las hadas.
Con el nombre de ninfas denominaban los griegos a los espíritus femeninos de la naturaleza, hijas de Zeus y del Cielo. Al ser hijas de dioses, tenían poder sobre la naturaleza, conocían todos sus secretos y, aunque no eran inmortales, podían vivir miles de años. Cuentan que sus cuerpos eran muy bellos, por eso no les importaba vagar desnudas por los ríos, bosques, montes y lagos.
Dependiendo del medio en el que habitara cada hada recibía un nombre: las nereidas ern las hadas de los mares, la dríades del bosque, las alseídes de las flores, las napeas de los valles, las oréades de las montañas, las náyades del agua y las melíades de los fresnos. Las ninfas podían enamorarse de los hombres y de esta unión nacían héroes y semidioses.
La palabra “dríade” viene del latín dryas-driadis, ninfa del bosque para los romanos, que proviene a su vez de la palabra griega drys, que significa árbol en griego. Con este nombre designaban ambas culturas a las pequeñas ninfas de los bosques. Dependiendo del árbol en el que habiten las dríades reciben distintos nombres. A las que viven en los fresnos se las conoce como melíades, de la palabra griega melía, “fresno” en griego y a las que viven en las encinas se las conoce como dríopes. La naturaleza de las dríades está muy unida al árbol en el que nació, al que cuidará toda su vida y con el que morirá cuando éste muera.
Los humanos pensamos que no ocurre nada por talar un árbol o arrancarle una hoja, quemarlo o arañarlo, pero creemos esto porque desconocemos las leyes de la naturaleza. Al matar un árbol, podemos estar matando a la dríade que habita en él. Los dioses de la mitología griega, para evitar que las hirieran, castigaban fuertemente a aquellos que destruían los árboles.
Las hadas conocen los poderes mágicos de los árboles, por ello son las encargadas de proteger este mundo vegetal. Muestra de ese respeto son los miles de relatos que circulan por toda Europa en los que muchos hombres han sido castigados por talar árboles e incluso por arrancar una sola hoja. En muchas culturas el árbol es un símbolo de perpetua evolución, ya que se eleva siempre en dirección al cielo. Esta idea no excluye un significado cíclico de muerte y resurrección en aquellas especies de hoja caduca.
Como todas las ninfas, las dríades son jóvenes y hermosas, de pelo largo y ojos dorados. Adoran la música y la danza y su voz es armoniosa, pero son difíciles de descubrir porque su voz se entremezcla en el bosque con el rumor de los árboles. Un leve murmullo oculto entre los árboles nos puede conducir a una linda dríade.
Las melíades eran las ninfas de los fresnos. Del fresno se han contado muchas historias. Se dice que los druidas hacía sus varitas mágicas con ramas de fresno, dada la magia de su tronco. Al árbol y a la ninfa que habita en él se le asocian poderes curativos y protectores. El fresno contribuye con su poder a que los niños crezcan sanos, por ello, si se va a hacer una cuna de madera, es conveniente que sea de madera de fresno. En Grecia se decía que las melíades cuidaban de los niños abandonados, haciendo que todos los fresnos unieran sus ramas y formaran de este modo una especie de cueva con sus brazos, en las que los niños dormían refugiados. En Inglaterra se usaba como protección contra los malos espíritus.
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Faery: Lamias |
El vocablo "lamia" tiene su origen en la mitología griega, referido a una reina de Frigia, famosa por su hermosura y su terrible crueldad, que acabó siendo transformada en fiera. En las leyendas de Euskadi conservó todo su carácter negativo y en otras regiones europeas llegó a ser sinónimo de vampiro feroz, capaz de chupar la sangre a los niños. Así en Inglaterra, la temible “Glaistig” adopta la forma de mujer muy seductora, cuyos pies son pezuñas de cabra que oculta bajo los pliegues de su vestido verde. Seduce a los hombres y aprovecha el momento especial de aproximamiento del baile con ellos para chuparles la sangre cual vampira transilvánica. Por otro lado, paradójicamente, se muestra benigna con los niños y con los ancianos.
Las lamias son esencialmente subterráneas. Construyen sus hogares bajo el suelo, en cuevas o cavernas, aunque pasan la mayor parte del tiempo cerca de los arroyos o de las fuentes que en general, se encuentran cerca de menhires o dólmenes, tratando por todos los medios absorber toda la energía que de ellos emana. Decoran con brillantez todas sus moradas y no aparecen en la superficie hasta que amanece. Sus cavernas se hallan repartidas por Urepel, Iriberri, Isturitz, Orozco, Marquina, sierra de Entzia, Ezpeleta, Mañaria, Ceánuri, Dima...
Una leyenda de Azcarate, en las cercanías de Mendaro, cuenta que un hombre encontró un precioso peine de oro en un prado cercano, lo recogió y se lo llevó a su casa. Al día siguiente se encontró que todo el prado estaba lleno de piedras. Mientras observaba la escena atónito, se le acercó una lamia, y le dijo que si le devolvía el peine, desaparecerían las piedras del prado. El hombre devolvió el peine y, esa noche, las lamias quitaron las piedras del prado. Eran tantas, que cada lamia sólo tuvo que retirar una piedra.
Aunque no siempre las lamias se mostraban tan amables; otras veces, las lamias amenazan con acabar con la descendencia de aquellos que osan arrebatarles su peine de oro.
Pero las lamias también eran generosas con quienes les ayudaban. Solían regalar a los humanos objetos aparentemente sin valor, como tocino, miel, o cenizas, que se convertían en oro o plata, según el objeto elegido. Una leyenda cuenta que las lamias, en una ocasión, llamaron a la comadrona de un pueblo para que asistiera en el parto de una de las lamias. La comadrona llegó hasta la orilla del río y ayudó en el parto de la lamia, que, en agradecimiento, ofreció a la mujer un tarro de manteca y otro de miel. Le pidieron que escogiera el tarro que más deseara. Aunque le recomendaron aceptar el tarro de miel, la comadrona pensó que la manteca le sería más útil en su casa. Cuando llegó a casa, guardó el tarro de manteca, que, a la mañana siguiente, se había llenado de monedas de plata. Entonces comprendió que, si hubiera elegido el tarro de miel que le recomendaron las lamias, el tarro se hubiera llenado de monedas de oro.
Las lamias ayudan en sus trabajos a los humanos que les dejan ofrendas por las noches. Se dice que algunos puentes fueron construidos por las lamias. Según las diferentes versiones de la leyenda, en pueblos de montaña, con accesos difíciles, los aldeanos planeaban construir puentes para mejorar las comunicaciones entre los pueblos, pero eran trabajos complicados, por la situación geográfica de dichos lugares, por lo que pedían ayuda a las lamias, dejándoles comida. Por la noche, cuando todos se habían acostado, las lamias levantaban el puente desde un extremo del río al otro. Se dice que un día, un panadero que tenía el horno cerca del puente, encendió el horno a medianoche, de forma que el gallo del panadero, pensando que ya estaba amaneciendo, comenzó a cantar, asustando a las lamias, que, cuando iban a colocar la última piedra sobre el puente, se asustaron por el canto del gallo, cayendo la piedra al fondo del río. De esta forma se dice que, si te fijas bien, encontrarás algunos puentes con un agujero en el estribo, identificándose así los puentes construidos por las lamias.
Habitualmente se dice que las lamias son esquivas con los humanos, pero nos encontramos en el folklore vasco numerosas historias de amor entre lamias y humanos. La versión más extendida es la que cuenta cómo un joven pastor que volvía a casa con el rebaño a última hora de la tarde, se encontró con una bella lamia en la orilla del río. La pareja se encontraba todos los días, hasta que surgió el amor entre ellos, y decidieron casarse. Al llegar a su casa, el pastor contó a sus padres lo ocurrido, y cómo había decidido casarse con esa bella mujer que estaba en la orilla del río. Su madre estaba extrañada de que hubiera una mujer sola en la orilla del río a esas horas tan avanzadas, por lo que le recomendó a su hijo que, antes de casarse con esa joven, le mirase los pies, ya que podía ser una lamia. El pastor hizo lo que le pidió su madre, y, cuando se encontró de nuevo con su amada, le miró los pies, comprobando con terror que eran pies de pato. A pesar de seguir enamorado de la bella lamia, el joven anuló el compromiso de matrimonio y acabó enfermo de tristeza, muriendo poco tiempo después. Dice la leyenda que la lamia, enamorada del pastor, acudió a su funeral, pero no pasó de la puerta de la iglesia.h
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Faery: Anjanas |
Su ajuar suele consistir en capas y bastones, para realizar todo tipo de "milagros", no roban niños (como otras hadas) y no poseen ningún tipo de ganado.
Abandonan hacia el amanecer sus moradas secretas, siempre invisibles por los ojos de los hombres. El suelo de las mismas, suele ser de oro, y las paredes de plata. Si bien sus entradas a veces pueden ser percibidas entre las neblinas del amanecer, las Anjanas, cuidan muy bien las puertas de su mundo, regando con una jarrita luminosa las flores silvestres que nacen en la entrada de su gruta encantada.
Antes de salir de sus cuevas, se suelen peinar sus largos cabellos con peines de coral, adornándolo con uno o varios lazos de seda.
Después, en la salida de la gruta son recibidas por todo tipo de pajarillos que las reciben piando, pues ellas pueden perfectamente entenderse con estos animales, pues conocen su lenguaje.
Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos y fuezas del entorno natural. Conversan con las fuentes y las aguas, que a su sola presencia se agitan y revuelven, al tiempo que aumenta el soplo del viento.
Luego se sientan tranquilamente a descansar a la orilla de los arroyos, para retornar a media mañana a su mundo. Pero antes realizan una serie de trabajos benefactores, como cuidar y limpiar las fuentes y arroyos, bendecir los rebaños de los pastores, acariciar y reparar los árboles dañados, enfermos o viejos, limpiando sus grietas o eliminando los daños del algún incendio, en los robles, abedules y castaños.
Cuando anochece, salen de nuevo y marchan hacia el monte, comprobando la hermosura de los campos, satisfechas del trabajo realizado. Finalmente, retornan a sus hogares subterráneos a descansar en lechos brillantes y hermosos.
Es conocida la afición que tienen las hadas a los cánticos y al baile, pero de las anjanas se dice que tan sólo cantan dos canciones: una muy alegre, parecida a una seguidilla de baile, y otra muy triste que parece el lamento de una madre desconsolada.
El instante más propicio para verlas físicamente es mientras están cantando, sobre todo si el cántico coincide con el momento mágico del crepúsculo del amanecer o del atardecer (Robert Kirk comentaba que a las hadas se las puede ver en el intervalo de dos parpadeos).
Una vez al año, el día de Viernes Santo, a todas las anjanas les da un arrebato religioso, vistiendo capas negras y escondiendo sus rubios cabellos bajo pañuelos de color ceniza.
Suelen llevar zapatos de color marrón y vestidos blancos. Tienen la cara igual que las personas, pero con un color más apagado. En primavera cogen flores para confeccionarse unas coronas para decorar sus cabezas y cabellos.
A las Anjanas, también casi siempre se las describe provistas de un cayado o báculo de distintos colores, con los cuales realizan todo tipo de encantos y prodigios. En ocasiones, estos cayados en los que se apoyan para caminar, terminan en una luz o una estrella luminosa en la oscura noche. El báculo suele estar hecho de una madera desconocida y nudosa, aunque a veces se determina que era de espino o de mimbre recogido de la orilla del río. Este bastón siempre lo llevan en la mano derecha.
El distinto color del báculo puede determinar la clase de prodigios que pueden realizar, aunque también puede ser en función del momento o del resto de su vestimenta, pues, como coquetas que son, suele hacer juego su vestido o su capa con el color del cayado. En lo que todas las leyendas están de acuerdo es que con tocar a alguien o a algo con este trozo de madera se producen fenómenos de todo tipo. Lo normal es que sirva para curar enfermedades con sólo tocar el cuerpo de los enfermos, aunque pueden tener otras finalidades.
En una leyenda se dice que si la anjana toca con su vara verde la corona de espinas verdes que lleva sobre su cabeza, ésta se podía transformar en piedra, en árbol, en una joven o en una vieja como a ella se le antojase. Cuando la picaya es azul, sirve para espantar e incluso matar a los lobos y alimañas del campo con sólo rozarlos. La verdad es que no siempre llevan en su mano derecha una picaya, a veces portan una rueca de hilar de color rojo (valle de Herrerías), una campanilla de oro (Ubiarco) o una bolsa de dinero para remediar así las necesidades que encuentran en el camino (Toranzo).
Otro aspecto a reseñar es el de sus ojos, que suelen ser siempre muy profundos y de color negro, aunque en ocasiones se las describe con los ojos verdes, la cara amarilla y capa negra, siendo consideradas como anjanas malas.
Respecto a su vestimenta, aparte de los vestidos o túnicas largas que llevan, es frecuente señalar que tienen una capa que, según la época del año, adopta un color distinto. Para las anjanas de los montes del valle de Herrerías, su capa es del color de la ceniza, y en localidades como Virgen de la Peña, así como en Ruiseñada, su capa es amarilla. No está claro el material de estas capas, pero se describe como de terciopelo o de seda.
En otras leyendas se hace hincapié en lo que pueden vivir, no existiendo acuerdo sobre si son 200 o 400 años lo que permancen sobre la tierra.
Aunque no es muy frecuente, se suele mencionar la presencia de las alas en las anjanas, que de poco les sirven, salvo para volar detrás de las brujas cuando éstas iban a sus conciliábulos en cernégula (Burgos), y así cortarles el camino para que volviesen a sus casas y evitar que hiciesen ningún mal al prójimo.
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Faery: Xanas |
Holaaaaaa
Las xanas son ninfas o hadas benéficas, vinculadas generalmente a cuevas, fuentes y cauces de los ríos. Tienen aspecto totalmente humano, si bien son pequeñas de estatura, suelen poseer una larguísima cabellera, y son de extraordinaria belleza. Suelen ir desnudas o bien cubiertas con velos y gasas transparentes, o bien visten el traje tradicional asturiano, sus cabellos son largos y brillantes, tienen una belleza excepcional y, según dicen, son cristianas.
Suelen habitar en cuevas y fuentes: en las profundidades de las primeras guardan ellas sus tesoros: por los caños de las fuentes salen ellas al exterior o hacen que salgan ovillos de hilo para poderlos devanar, actividad esta que les gusta en demasía y que suele ser común a casi todas las historias, así como la de danzar en corro con sus compañeras, saltando alegres y contentas mientras cantan, acción con la que enamoran a los pastores o a todo aquel que las escuche. A las puertas de las cuevas, hilan y colocan ellas sus tenderetes con peines, cadejos y tijeras de oro y plata, no se sabe si con el afán de venderlos, por mera ostentación de los tesoros que guardan, o con el fin de llamar la atención de la gente que pase por ahí, a ver si las desencanta. Disfrutan a la vera de los ríos, lavando y peinando sus cabellos.
Se sabe, gracias a ciertas leyendas, que en el fondo de las fuentes que habitan, tienen las xanas un hilillo de oro que no se rompe nunca, y quien lo devane todo él sin soltarlo, al final saca a una xana, desencantada y feliz. Una vez, un afortunado se apoderó de uno de estos hilos y se lanzó al río en su afán de desenrrollarlo, penetrando así, casi sin darse cuenta, en la caverna-palacio de las xanas, pero allí quedó cautivo de los encantos de estas mujeres que supieron agasajarlo, haciéndole renunciar a su libertad. Esto ocurrió una mañana de San Juan, único día en que tal aventura puede acontecer.
Normalmente son personajes benéficos: regalan ovillos de hilo que no se acaban nunca, pagan con alhajas los favores que les hacen y vuelven ricos a los que las desencantan. Sin embargo suele recriminárseles el que cambien a los niños recién nacidos por sus propios hijos, los xaninos, porque ellas no pueden alimentarlos. En todo caso, la mayoría de las historias acaba con la restitución del xanin a la xana por el trato que ha recibido el xanin. En algún caso se llega a afirmar incluso que el motivo del robo no es la crianza del xanin sino su bautizo, lo cual corrobora también el carácter cristiano de la xana.
En algunos lugares de Asturias, principalmente en la zona occidental, se atribuye a las xanas o la formación de fanas o argayos, basándose en la creencia de que cuando finaliza el tiempo del encantamiento se produce un desprendimiento de terreno que arrastra a la encantada con todos sus tesoros hasta el cauce del río más próximo que, finalmente, habrá de conducirla al mar donde tendrá su última morada.
Las xanas son dueñas de fantásticos rebaños de ganado que sacan a pastar en la noche de San Juan y que desaparecen tras ellas por el ojo de la fuente al rayar el alba, custodian fabulosos tesoros que reservan como premio a quien sea capaz de romper su encantamiento, pueden convertirse en formidables serpientes y son forjadoras de linajes de naturaleza divina, como el apellido asturiano de los Miranda, cuya leyenda fue recogida por Tirso de Avilés (1517-1599).
En su obra Armas y linajes de Asturias y antigüedades del Principado, refiere cómo el fundador de la casa de Miranda casó con ” una doncella encantada, en demasía hermosa, y en ciertos días del año se tornaba sierpe, en la cual tuvo un hijo y una hija, y al cabo de algún tiempo supo él cómo tornaba sierpe, y aguardóla y ella por entender que él la había visto en aquella figura, tomó los hijos debajo de los brazos y fuyó y pasando un río acaeció que se le cayó la hija, la cual casó con aquél do vienen los del linaje de Miranda”.
Esta leyenda asturiana entronca con la leyenda francesa del hada Melusina y el señor de Lusignan, compilada por Jean d’Arras en el Roman de Melusine, en la segunda mitad del siglo XIV, en el que Melusina imponía a su marido la condición de no ser vista durante el cual recuperaba su aspecto de serpiente. Pero un día su marido incumple la norma y Melusina se transforma en serpiente alada, mientras que su esposo se retira a un yermo. Según esta leyenda, diversas casas nobles de Francia estarían emparentadas con su linaje. La leyenda melusiniana tuvo amplia difusión en el norte de la península Ibérica a lo largo de la Edad Media, en la que linajes nobiliarios como el de los señores de Vizcaya- según relato del conde de Barcelós en el siglo XIV- se creyeron engendrados a partir de mujeres acuáticas.
Y también durante siglos se creyó que la familia de los Mariños, oriunda de la isla de Lobería (La Coruña), fue engendrada por un marino gallego que pescó una sirena con la que tuvo descendientes que durante generaciones se revelaron como grandes marinos y buenos nadadores.
Asimismo, varias joyas supuestamente procedentes de los tesoros custodiados por las xanas son hoy objeto de culto litúrgico en algunas iglesias asturianas, como los cálices de oro y plata de Santiago de Aguino (Somiedo), Santo Cristo de la Barca (Tineo), LA Virgen de la O en Vidural (Navia), Santa María de Bisecas (Salas), y Santa María de Villanueva (Teberga , las campanas de las iglesias de Genestaza y Pontecastro (Tineo) o el manto que cubre las imágenes de Santa olaya en Bixega (Miranda , y de San Mateo en Monasterio de Hermo (Cangas del Narcea), de los que se dice que fueron cogidos por un lugareño aprovechando el momento en que la xana los sacaba a solear y que, viéndose perseguido por ésta y ya sin escapatoria posible, se salva en el último momento invocando al santo de la parroquia y ofreciéndole la posesión de la prenda robada.
Hay un largo etcétera de relatos-tipo que han poblado desde hace siglos la imaginación y las creencias de nuestros antepasados y que aún hoy- lejos de ser el eco fosilizado de un pasado remoto y precristiano- se manifiestan como creencia viva y actualizada en múltiples variantes locales que se extienden por toda Asturias.