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viernes, 8 de febrero de 2019

Despedida de San Cayetano

Despedida de San Cayetano, de Fran Jiménez.
Hay un brillo inusitado en esta oscuridad de la iglesia. Un brillo que ha surgido en medio de la negrura para ponerle la guinda. ¿Qué hago yo aquí?, se pregunta. Pero, ¿alguien podría entender la luz sin la existencia de sus sombras? With or without you. Las mejores cosas de la vida dependen de la Física. O de la Química. Ahora mismo no lo recuerdo con exactitud. La luz, la energía, la gastronomía, el amor. Sí. El amor también. Al menos eso concluyen los científicos, desde sus oscuros laboratorios, cada vez que se sienten enamorados y corren hasta sus casas para reproducirse. Me gusta la foto. Me gusta porque hay en ella una luz imprudente que se ha internado, casi sin darse cuenta, en territorio hostil. Y, donde hay luz, suele haber amor. El amor es una bombilla que se enciende sobre nuestra tristeza. Busquémoslo: hay amor en las dos siluetas que se alejan hacia la puerta del templo, una puerta donde las esperan impacientes los martinicos -si no son ellos, lo parecen-. Hay amor en sus manos entrelazadas que suponen el punto de fuga de la imagen. Todo gira alrededor de esas manos. Y también hay mucho amor en la manera en que Fran Jiménez las mira desde su objetivo cuando confirma que van a cruzar la puerta hacia otro mundo muy diferente. Por el título, sé que las dos siluetas acaban de despedirse del Patrón. Por la imagen, que regresan a la realidad. En unos instantes, van a cruzar el espejo de Alicia. Eso van a hacer. Aunque ellas no lo sepan, están recorriendo el camino inverso a la fantasía. Y Fran las ve partir mientras aprieta el disparador de su cámara. Las ve partir igual que las verá partir el año que viene. Y el siguiente. Y así sucesivamente hasta que esas dos siluetas se igualen en estatura y, tal vez, ya no entrelacen sus manos para cruzar el espejo. O tal vez sí. Porque los espejos es mejor cruzarlos de la mano de alguien en quien confías, alguien que lleva todos tus papeles en regla, alguien que te traerá de regreso cuando llegue el momento de regresar. El regreso también debería ser una cuestión de Física y Química. Como el amor a lo que se va perdiendo. Como la luz que cada siete de agosto entra en la iglesia de un pueblo olvidado para recoger a sus moradores y jugar un rato con sus sombras. Con las pocas sombras que nos quedan.

Publicado en la revista Puerta de la Villa (Diciembre de 2018)


martes, 18 de agosto de 2015

Pregón San Cayetano 2015

Por José Luis Martínez Clares
Gor (Granada), 6 de agosto de 2015

Juan José Gómez presentándome antes de la lectura del pregón. Foto de Jesús Pérez Medina.

"Señor Alcalde, Señores Concejales, Señora Jueza de Paz y demás Autoridades; guapísimas Manolas; queridos familiares, amigos y paisanos.
En primer lugar, quiero agradecer al Alcalde y, por ende, a la Corporación Municipal el que me hayan elegido para leer el pregón de las Fiestas de este año. Es para mí un gran honor. Agradecer también a Juan José Gómez, la presentación que ha hecho de mí. Ha sido mucho más que generosa. Y, por supuesto, agradecer, por último, a la Asociación Cultural Amigos de Gor “San Cayetano” la posibilidad que me brindó al ofrecerme la dirección de su revista y a todas las personas que han colaborado conmigo durante estos años. Son demasiadas para nombrarlas aquí y ahora.

Un momento de la lectura. Foto de Jesús Pérez Medina.

Seguramente, a estas alturas de agosto, ya habréis escuchado el zamorreo de todos los años: “Estas fiestas hay menos gente y los toros son más grandes”. Pero aventuro que este año volveremos a estar los de siempre y, a no ser que desde la Comisión Protoros me lleven la contraria, los novillos seguirán corriendo con holgura por el emocionante callejón de la calle del hierro, una calle que nunca cede a la tristeza porque sabe que pronto llegará el verano, como bien escribe en su poema José Luis Ramírez.

Plaza Mayor de Gor. Foto Martínez Clares, 2012.

Pues bien, el verano ya está aquí para llenar de calidez las silenciosas calles del invierno y, los que conocemos la crudeza de los fríos en nuestro pueblo, la tristeza de las casas cuando se van cerrando al terminar septiembre, la pereza de los meses otoñales de ausencias y despedidas, sabemos muy bien lo que significa la llegada de las fiestas de San Cayetano, sabemos por qué en Gor el tiempo se mide de otra forma y por qué para los goreños la nochevieja siempre cae en diez de agosto.

La Bandera. Foto de Martínez Clares, 2010.

Mis primeros recuerdos de las Fiestas apenas datan de las décadas finales del siglo pasado, cuando Gor era ya una villa en consumado declive demográfico, un pueblo en el que era normal encontrar calles desiertas, en el que los parques y las placetas, a menudo, estaban vacíos, sin niños. Yo fui uno más de aquellos chiquillos afortunados que echaron los dientes en las calles de Gor; uno de esos chiquillos que tanto le deben a sus maestros de entonces; que tanto debemos también a nuestros padres, siempre preocupados de que pudiésemos prosperar, de que tuviésemos una vida mejor que la suya; uno de los que, con el tiempo, empezó a levantarse antes del amanecer para tomar en la Puerta de la Villa cualquiera de las tartanas con las que Salmerón nos llevaba al instituto; uno más de los muchos que regresaban a Gor con hambre, sueño y pocas ganas de estudiar.
Pero, pese a estas circunstancias adversas, no concibo un lugar mejor que Gor para pasar la infancia. Por aquel entonces, y gracias a la libertad que nos regalaba la vida tranquila del pueblo, forjamos amistades que llegan hasta hoy, amistades que no han sucumbido ni a la distancia ni al paso del tiempo porque cada año, por San Cayetano, recuperamos la última conversación en el mismo punto en que la dejamos el año anterior. ¿Qué son las fiestas en Gor sino un homenaje a la vida, a la libertad, a la amistad?

Los toros en el llano. Foto de Martínez Clares, 2005.

Es cierto que en Gor había poca gente y por eso esperábamos la llegada de las Fiestas con cierta urgencia. Agosto nos ofrecía las posibilidades que el resto del año nos negaba. Agosto y sus noches, claro: acordaos de vuestro primer beso, de las primeras reuniones, de la cuerva, de la alameda de Germán, del Tía Julia, de las Fuentezuelas, de vuestra noche del encierro (sí, os hablo de aquella primera noche del encierro, de la que cada uno de nosotros hemos disfrutado en su momento), del banco de la esquina de los Paseores, del miedo sordo en el callejón de la calle del Hierro. Con argumentos de esta magnitud, no es extraño que aquellos niños de los ochenta sigamos ejerciendo de goreños en todas partes, porque ya dijo Rilke que la verdadera patria de un hombre es su infancia. Y tal vez por eso mismo sigamos viniendo a Gor cada año, porque, como escribe nuestro añorado poeta Antonio Agudo, aquí tenemos nuestro trozo de acera, nuestra sombra de árbol, nuestro palmo de río. ¿No creéis que “Poeta Antonio Agudo” es un hermoso nombre para cualquier rincón de Gor?

El encierro. Foto de Martínez Clares, 2015.

Hoy, aquellos niños y jóvenes ya no lo somos tanto. La mayoría de los que esta mañana estamos en la Plaza Mayor de Gor para dar la bienvenida a las fiestas de San Cayetano, lo hacemos acompañados de nuestros hijos y para ellos reservamos nuestros mejores deseos. No sé vosotros, pero yo para mi hija sólo pido que, llegado el caso, también disfrute aquí de su primer beso, de las primeras reuniones, de una alameda que se parezca un poco a la de Germán, de la sequedad de las Fuentezuelas, del banco de la esquina de los Paseores y de su primera y legendaria noche del encierro. Creo que no es mucho pedir si pido que algún día ejerza de goreña, esté donde esté, y que cada año venga a Gor a recuperar su trozo de acera, su sombra de árbol y su palmo de río, que encuentre aquí, entre vuestros hijos, amigos inolvidables, amigos que no dependan de cualquier contratiempo estúpido, amigos que se sientan, al menos, tan goreños como ella, tan goreños como lo somos todos nosotros.

El crudo invierno. Foto de Martínez Clares, 2013.

Ya termino. Sólo me queda desearos a todos los presentes que paséis unas felices fiestas, que, si no os ha pasado ya, perdáis la cobertura de vuestros móviles en las próximas horas, que nada de lo que os suceda estos días sea virtual, que los toros no sean más grandes ni más rápidos que los del año pasado, y que la música os seduzca hasta el amanecer.
Ánimo, goreños, que ya huele a toro. Disfrutad mucho y cuidaos lo justo. Y ahora gritad todos conmigo:
¡Viva Gor!
¡Viva San Cayetano!"

Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación (siglo XVI). Foto de Martínez Clares, 2015.

martes, 17 de agosto de 2010

VIII Edición de la Almendra de Plata

La antológica tormenta del día 10 de agosto no pudo impedir que, un año más, la villa granadina de Gor celebrase la VIII edición de la Almendra de Plata, uno de los más importantes certámenes para novilleros de los organizados a lo largo y ancho de nuestra piel de toro. En esta ocasión, el máximo galardón recayó en el novillero murciano Antonio Puerta, de Cehegín, quien pese a su palpable inexperiencia hizo valer la mayor calidad del lote que le correspondió en suerte ante el postulante granadino Alvareño, que se fajó con bravura y buen criterio ante un ejemplar formidable de Sorando. Luego llegaron el granizo y las urgencias.
Capítulo aparte merecen las actuaciones del jaenero Juan Ortega, torero de pellizco que malogró con la espada una faena muy sugestiva, y la del vallisoletano Ricardo Maldonado, que quiso hacerlo todo como debe hacerse, pero su elegancia y pulcritud no llegaron a calar en los tendidos. Reportaje en Nómadas

viernes, 26 de marzo de 2010

Los toros en el llano

Del monte a la plaza: traslado de los toros que serán corridos en los encierros de la villa de Gor (Granada) a través de las Cañadas Reales. La multitud los acompaña con emoción contenida, a modo de liturgia procesional.
Dichos encierros de toros son destacables, puesto que existe constancia escrita de que ya se celebraban en el año 1622, gracias a esta denuncia.