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lunes, 15 de septiembre de 2014

Buenos augurios

Víctor de Lorenzo, químico e investigador del CSIC, afirma que “aunque tuviésemos malas intenciones, no somos capaces de crear algo más dañino que lo que está en la Naturaleza”. Resultan reconfortantes estas palabras pues, aparte de comprobar que un ente tan melodramático como la Naturaleza puede llegar a superarnos en mala leche, parece ser que, en contra de lo esperado, nuestro final no se deberá a un suicidio.
Pie de foto: The Road (John Hillcoat, 2009). 

lunes, 3 de junio de 2013

Parque Jurásico

Proliferan estos días las noticias que nos anuncian la resurrección de la carne.
La buena nueva, transmitida al mundo por científicos de intachable reputación, afirma que volverán a la vida el uro, el mamut e, incluso, que nacerá de una gallina una especie de pollosaurio. Estoy seguro de que, para mucha gente, estas cuestiones suponen un gran avance. Para otros, en cambio, son un verdadero dilema moral. No es mi caso. No saben ustedes lo que tranquiliza disponer de un carnicero de confianza.
No dudo de que nuestros investigadores más audaces atesoren los conocimientos necesarios para generar la vida a partir de casi nada. Como tampoco dudo de que, si dentro de miles de años los uros, los mamuts o los simpáticos pollosaurios tuvieran, llegado el caso, la capacidad de resucitar al extinto ser humano, no lo harían. Por la cuenta que les trae.
Pie de foto: Productos congelados. Edición de Martínez Clares sobre foto de www.quo.es

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Virguerías (y II)

Sevilla, 16 de mayo de 2012 
La veo alejarse distraídamente, igual que lo haría alguien que hubiese dejado parte de su atención atrapada en una labor sobrehumana. Acaba de detallarnos la intervención con palabras muy sencillas, como si le hablase a unos niños que no la van a entender. 
Estaba en lo cierto, porque apenas se ha ido y ya soy incapaz de recordar los músculos implicados, las ramificaciones dañadas, los cortocircuitos -así los ha llamado haciendo un guiño a la Ciencia Ficción- que han sido necesarios. 
Su silueta se pierde definitivamente por los pasadizos del hospital, pero se queda en mi memoria como la de una mujer de apariencia sencilla, titánica, como titánicas han sido tantas y tantas mujeres de apariencia sencilla. Y, entonces, la imagino viviendo hace quinientos años, en un mundo edificado sobre honores y deshonores, la imagino cosiendo un virgo meticulosamente, devolviéndolo a la vida. Pero no me cuadra del todo. 
Intuyo que, si la doctora Pradilla hubiese vivido hace tantos siglos, no habría sido virguera. Sus artes serían las de alguna hilandera de un cuadro de Velázquez, porque lo suyo no son los remiendos; sus virguerías son auténticos primores. 
Pie de foto: REM (II). Martínez Clares, 2012.

martes, 20 de noviembre de 2012

Virguerías (I)

Granada, 17 de noviembre de 2012 
Toda honra que se precie debe tener sus remiendos. Hace cinco siglos, se tomaban esta afirmación de manera literal y para ello recurrían a las virgueras. Ellas eran las encargadas de devolver su gracia a las doncellas restaurando sus virgos y era tal la dificultad de su arte que, desde entonces, cualquier labor que se haga con gran habilidad y perfección recibe el nombre de virguería. 
En Occidente, ya no quedan virgueras pero sí disponemos de personas capaces de hacer alguna virguería. La mayor de ellas podría consistir en regalar la vida a algo que no la tiene. 
Veamos: imaginen, por ejemplo, un brazo de trapo; llamémosle, por denominarlo de una forma más científica, Parálisis Braquial Obstétrica; aceptemos que es ésta una rara consecuencia del parto, una brumosa lotería que siempre acaba por tocarle a alguien; busquemos a una persona que esté capacitada para resolver este despropósito, si es que tuviera solución; y, por último, en caso de haber tenido la fortuna de dar con la doctora Pilar Pradilla Gordillo, contémosle que este brazo no abraza, que está obligado a dejarse querer. 
Pie de foto: REM. Martínez Clares, 2011.

sábado, 21 de julio de 2012

Hoteles de paso

A Gabriel García Márquez. A su memoria inagotable. 
Esa que ya vive en nosotros para siempre.

El aprendizaje consiste en seleccionar, cortar y pegar ciertos contenidos en alguna parte de nuestra memoria. Allí, pueden establecer relaciones afectuosas con otros inquilinos habituales de la misma. Pero Umberto Eco nos avisa: siendo importantes las dos primeras acciones del proceso, si finalmente no recordamos lo que hemos aprendido acabaremos por parecernos a los animales. 
Es cierto que el acceso a demasiada información puede resultar nocivo. ¿Para qué retenerla si está al alcance de un intro? 
Los conocimientos en tránsito ni restan espacio ni dan excesivo trabajo, puesto que su hospedaje en nuestros esquemas resulta efímero. De ahí que algunas de nuestras cabezas se asemejen a esos hoteles que sobreviven lánguidamente en temporada baja. 
Y yo -que cada vez me sumerjo más en las aguas pantanosas del ciberespacio- me pregunto si no estaré próximo a echar el cierre, abrumado ante la evidencia de que una cabeza vacía pesa mucho más que una llena. 
Pie de foto: Como decíamos ayer. Martínez Clares, 2010.

viernes, 4 de mayo de 2012

Carta a Alfred Hitchcock

Añorado señor Hitchcock: 

No quisiera ponerme dramático, 
pero he leído 
            en alguna parte 
que la delictuosa melena 
de las rubias 
y su oceánica mirada azul 
constituyen anomalías en peligro 
de extinción. 

No voy a extenderme más en mis opiniones acerca de los caprichos de la genética pues considero que sería hurgar en la herida de manera innecesaria, por el mero placer de hacerlo, como usted solía hacer con sus rubias, aquellas a las que, a cambio, regaló una inmortalidad que ahora se me antoja paradójica. 
Sin más y comprendiendo su indudable desasosiego, que es el mío propio, me despido atentamente. 
Mr. McGuffin 
Pie de foto: Grace Kelly. Edición de Martínez Clares sobre fotografía de pearl7diamond.com

martes, 10 de abril de 2012

Te comería

Determinadas lecturas científicas pueden afectar decisivamente a la relación amorosa. 

Hormonas, descargas neuronales, glándulas que escupen adrenalina, células excitables, nerviosas, neurotransmisores o carreteras que nos conducen infatigablemente allí donde se ejerce el placer. 
Si el deseo, la insoportable soledad o esta necesidad imperiosa de yacer a tu lado se reducen, como el hambre o la sed cuando no son metáfora, a una mera concatenación de elementos químicos y descargas eléctricas en el cerebro, entonces quizá la más bella forma de amor habría de ser el canibalismo. 
Pie de foto: Mujer. Martínez Clares, 2010.