Mostrando entradas con la etiqueta cabo de gata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cabo de gata. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Campos de Níjar

Pronto supo que a Almería no se le puede desmoronar ninguna Pompeya.
Corría el año 59 cuando Juan exploró una tierra sin Giralda ni Alhambra, una tierra que sintió desnuda y verdadera. Allí, algunas camadas de niños despojados le escoltaron en su camino y pudo encontrar, sin dificultad, fondas donde acodarse junto a la desesperanza. Como a otros que vinimos mucho después, el tiempo perezoso y la inmutable libertad del poniente le dejaron varado en estos campos alfombrados de ceniza.
La calamidad nunca debería ser un legado pero, si Juan Goytisolo regresase hoy a los campos de Níjar, aún podría hablar con la misma piedra callada y sorda y escribiría, probablemente, sobre gentes de miradas áridas que entretienen su destino entre los yates que siguen fondeando en el Sur.
Pie de foto: En el punto de mira. Martínez Clares, 2010.

lunes, 14 de mayo de 2012

Mundo aparte

No queda rastro de los piratas berberiscos, pero Mónsul ya era Mónsul antes de que Indiana Jones la recorriese muy deprisa perseguido por un aeroplano. 
También estuvieron allí Strummer y Lennon, Lorca, Goytisolo, y después la colonizó el silencio y el Mediterráneo dispuso de tiempo para borrar sus creencias, para jugar con la roca y modelarla, igual que el viento juega con la quebradiza rectitud de las pitas. 
El tiempo está detenido porque la naturaleza sigue trabajando, y la tragedia, el verso, la presencia insolente del Hombre sólo han trazado una imprecisa frontera entre dos mundos muy diferentes. 
Pie de foto: Mónsul. Martínez Clares, 2010.

lunes, 26 de abril de 2010

Ya sé que nunca me editarás en color

Aunque esta primavera el Parque Natural de Cabo de Gata está atiborrado de colores, siempre prefiero retratarlo con toda la crudeza que nos proporciona su entorno, con esas cumbres volcánicas y pétreas que van castigando los pies, con esas arenas ígneas en las que se acicala el sol cada mañana.
Este es el resumen gráfico de un día de senderismo bajo un calor asfixiante que invita a desprenderse de todo lastre, incluido ése que más pesa: la costumbre.