Tras una inmemorial noche de
borrachera en Barranquilla, Álvaro Cepeda recomendó a un joven y recién llegado
Gabo que leyera La señora Dalloway de Virginia Woolf, y, ahora, casi setenta años después, un ya legendario García
Márquez me lo recomienda a mí, pero sin ron de por medio.
Apenas habíamos coincidido en alguna
de sus novelas y por eso me sorprendió tanto encontrarle en la página
cuatrocientos seis de su libro de memorias Vivir
para contarla. Todo sucedió en un par de renglones. Fue al grano y se largó sin darme tiempo a deslizar la más mínima
acotación.
Satisfecho, cerré el libro y
llamé a mi librero de confianza. Parece mentira con qué clase de personas puede
llegar a codearse un lector.
Pie de foto: Virginia Woolf.