Imagino a Tom Stern –en la actualidad, director de fotografía y, entonces, electricista jefe del rodaje- regresando de la exposición del pintor en Seattle con la imagen hirviendo en su cabeza, disfrutando de ese dolor excitante que padece la gente de talento cuando siente la necesidad de prolongar los caminos de una creación artística.
Los comedores de patatas fue la clave para que Eastwood y su director de fotografía, Bruce Surtees, decidiesen rodar los interiores de El jinete pálido en la más absoluta oscuridad, en contraste con esa luz blanca, deslumbradora, que acompaña al protagonista en los exteriores.
Quienes hayan visto la película saben que es difícil reconocer a Eastwood entre las sombras, pero eso no le importaba gran cosa al cineasta porque hay personajes tan crudos que no precisan de un rostro que los ampare.
Pie de foto: Cartel de la película.