A Gabriel García Márquez. A su memoria inagotable.
Esa que ya vive en nosotros para siempre.
El aprendizaje consiste en seleccionar, cortar y pegar ciertos contenidos en alguna parte de nuestra memoria. Allí, pueden establecer relaciones afectuosas con otros inquilinos habituales de la misma. Pero Umberto Eco nos avisa: siendo importantes las dos primeras acciones del proceso, si finalmente no recordamos lo que hemos aprendido acabaremos por parecernos a los animales.
Es cierto que el acceso a demasiada información puede resultar nocivo. ¿Para qué retenerla si está al alcance de un intro?
Los conocimientos en tránsito ni restan espacio ni dan excesivo trabajo, puesto que su hospedaje en nuestros esquemas resulta efímero. De ahí que algunas de nuestras cabezas se asemejen a esos hoteles que sobreviven lánguidamente en temporada baja.
Y yo -que cada vez me sumerjo más en las aguas pantanosas del ciberespacio- me pregunto si no estaré próximo a echar el cierre, abrumado ante la evidencia de que una cabeza vacía pesa mucho más que una llena.
Pie de foto: Como decíamos ayer. Martínez Clares, 2010.