Leemos una escena de Romeo y Julieta: los Capuleto, los Montesco, la ancestral dualidad del mundo.
Les propongo que imaginen un final para esta historia.
Saben perfectamente que se trata de una tragedia pero, aunque el drama está servido, todos escriben un desenlace feliz.
Tal vez, las mentes de los niños aún no conciban que el dolor es un ingrediente previsible de la existencia.
Pie de foto: En los ojos. Martínez Clares, 2011.