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viernes, 5 de mayo de 2017

El instante de dilapidar un sentimiento

Feria del libro de Almería: homenaje a la obra de  Pilar Quirosa Cheyrouze.


Buenas noches. Es un placer estar aquí, con todos vosotros, en este acto de la Feria del libro de Almería. Un placer que le debo a una nueva llamada de Pilar, una más de las innumerables muestras de confianza y afecto que siempre he recibido de ella, de esta poeta almeriense que todavía se pregunta en su último libro, Memorial shadow, cuánto queda de aquella niña que se asustaba de las monjas en un colegio de Tetuán. Desde allí, desde ese lejano continente que tenemos a la vuelta de la esquina, llegó a esta tierra de luz meticulosa, y es aquí donde Pilar se estableció para desarrollar la mayor parte de su trayectoria poética.


No es un capricho de este poeta caprichoso el situar a Pilar, en primer lugar, en un espacio geográfico concreto, porque me atrevo a afirmar que la obra de Pilar Quirosa Cheyrouze sería completamente diferente si el destino no le hubiese reservado un encuentro con Almería. El contexto determina la obra de cualquier creador y esta tierra se ha convertido en un escenario natural sin el que no se entenderían el lirismo, la cadencia y el aroma de los versos de Pilar. A nuestra poeta, por esta confluencia irrenunciable de espacio vital y espacio poético, se le acumulan versos de esta calaña:

Y, sin descanso, costea mi frente el mar.

Ese Mediterráneo antiguo, con su rito incansable del agua, que empapa nuestros mejores recuerdos, que fluye en la intensidad de los días azules, llegando a nosotros a través del oleaje de la memoria. Un mar que refresca este presente a veces ingrato, tan rutinario, acostumbrados, como estamos, a bañarnos en la bajamar de cada día.


Porque la poética de Pilar zarpa desde las desavenencias con la rutina, como un barco de versos que, para encontrar la perspectiva adecuada, tuviese que surcar, a diario, las aguas de nuestra bahía; un barco pilotado por una mujer que es capaz de edificar un mundo nuevo a partir de los restos del naufragio; un barco cargado de futuro pero capaz de transportar las mercancías del pasado; un barco que avanza sobre el mar deformando el reflejo caprichoso de los astros, de ese cosmos que tanto fascina a Pilar; un barco cuyo rumbo se pierde en el devenir borroso de la línea del horizonte, del mismo modo que se van perdiendo lentamente las siluetas de todos cuerpos celestes al amanecer.
Y, desde la cofa, Pilar anota versos en su libro de presas, versos que son, ante todo, un brindis a la luna, versos que nos guían entre las lecturas recurrentes, las músicas compartidas, los nombres de las hijas que no tuvimos, los territorios amados del pasado, los lugares que no habremos de volver a pisar aunque sigamos codiciándolos entre preguntas, rabia y nostalgia. Es la suya una poética de momentos inolvidables, de palabras atrapadas por la tela de araña del recuerdo, de preguntas retóricas para las que no hallaremos respuesta ni falta que nos hace, porque nadie necesita saber por qué es tan triste la memoria de los recuerdos felices aunque se lo pregunte a diario.


Marinera en un barco hacia la nada. Pero también maestra. Maestra de poetas -amiga, Pilar-, maestra de compañeros en esta locura de la palabra, porque eres el más claro ejemplo de que los verdaderos poetas no conocen el divismo. Me refiero a esos poetas que sin pretenderlo nos orientan y enriquecen al resto, los poetas que dan ejemplo porque saben perfectamente que ser un espejo para los demás no es la mejor manera de influirles sino más bien la única.

Hay, además, por último, algo que me encandila de la escritura de Pilar: Pilar escribe con la rebeldía de quien no acata el destino, tal vez porque está harta de que el tiempo se lo lleve todo. Hasta tal punto que, en su último libro, ha querido regalar la actualidad a sus instantes más preciosos, esos instantes que pelean por no desprenderse de su memoria, y lo ha hecho puliendo su estilo y su escritura, llegando a la conclusión de que, si los verbos son acciones en el tiempo, su ausencia, por tanto, concedería a la narración la plena atemporalidad, la vigencia más absoluta: matar el verbo para detener el tiempo. Cuánta lucidez, amiga. Por eso, por todos estos recursos de poeta rebelde que Pilar maneja con soltura -aunque Luis Antonio de Villena afirme que tu poesía se nutre del dolor-, leyéndote uno acaba convencido de que la Poesía puede vencer a la enfermedad, al desamor y a la muerte, de que tus palabras conservan el poder suficiente como para hacer que los versos, aunque sean oscuros en ocasiones, no nos oscurezcan el pensamiento ni el porvenir. No hay peligro con Pilar. Uno cierra sus libros con una sonrisa, porque se percibe mucha claridad entre sus sombras. Tus poemas constituyen el perfecto “habitáculo de los instantes que regresan”. Leyéndolos, uno descubre que Pilar tiene la virtud de decir las cosas con la sinceridad que otros ya vamos perdiendo y, por su boca eternamente joven, nos preguntamos:

Cómo escribir un poema
esperando el regreso de la luz,
la única estancia habitada”.


Amiga Pilar, ya se acaba el mes de abril, ese mes que todos quisiéramos robar para guardarlo en casa, a nuestro lado, entre nuestras cosas más preciadas y nuestras preocupaciones más inoportunas, y yo imagino que tú lo despedirás desde tu torre vigía, esa habitación iluminada por el retorno perecedero de los recuerdos, donde aguardas “el sol de la medianoche” para atraparlo en una hoja en blanco, la hoja donde quedarán por siempre tu espera, tu memoria y tu palabra. Gracias a estas tres cosas que pueden parecer insignificantes, a estas guaridas inexpugnables del poeta, siempre te anticiparás a todos los naufragios que habrán de llegar, porque no en vano viajas en un barco que surca la bahía dejando una estela de versos tan infalibles como éste:

Ésta es la hora
así lo han querido los astros,
el instante de dilapidar un sentimiento.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Balance y gracias

Este año disfruté como un enano con: El amor y media vuelta, de Roger Wolfe; Cuaderno de veredas, de José Pastor; Lift Off, varios autores; La Galla Ciencia VI, varios autores; Canciones a pie de cama (Para una hija que duerme), de Pilar Domínguez Toscano; Verbos por dentelladas, de Noelia Illán Conesa; 091, Maniobra de resurrección, de Javier Martín Ruiz; Los príncipes valientes, de Javier Pérez Andújar; Si te echan la mano al cuello, encontrarán la soga, de David González; Ciudad celeste, varios autores; II Antología Argonautas, varios autores; 091, aullidos, corazones y guitarras, de Juan Jesús García; Píldoras de papel, de Ana Patricia Moya; Memorial shadow, de Pilar Quirosa Cheyrouze.

Venga. Que es Navidad. Entónenla a lo Mina Mazzini y canten conmigo: balance, balance, balance… Decía Antoine de Saint-Exupéry que, si hacemos balance de las horas que nos han valido la pena, siempre nos encontraremos con aquellas que no nos procuraron ninguna fortuna. Lo suscribo plenamente, aunque, con el único fin de llevarme la contraria, a comienzos de año, obtuve un par de premios afortunados: el VIII Premio de Poesía “Federico Muelas” de Cuenca, que supuso la edición de mi último libro Lo que mirarán tus ojos; y el segundo Premio en el Concurso de Poesía “Mujer y Literatura” de Vicar, por la plaquette Las niñas cazan moscas, que quedará, como casi todo lo que estimo, circunscrito a la categoría de los inéditos. Además, durante este 2016, varios editores decidieron que no era descabellado del todo incluir mis poemas en tres antologías de muy diferente pelaje: en junio, salió al mercado la II Antología Argonautas; en octubre, lo hizo Ciudad celeste. Antología homenaje a Valente; y, en diciembre, Lift Off, un homenaje a David Bowie que me colma de satisfacción. A todos ellos les agradezco la llamada. No está uno acostumbrado a estos regocijos.
Del mismo modo, tengo mucho que agradecer a los medios que me siguen dando cancha, especialmente a la revista de poesía La Galla Ciencia, con la que he publicado dos reseñas literarias y un Hoy firma sobre el regreso de los 091. La Maniobra de resurrección ha marcado, en cierto modo, la mayoría de mis colaboraciones en prensa, y siempre recordaré con emoción los tres artículos publicados por El Independiente de Granada, que además alcanzaron una enorme repercusión en las redes sociales.
Para terminar el resumen anual, sólo añadir que sigue siendo un reto el mantenimiento de este blog (lo que iba para efímero recientemente ha cumplido siete años). Durante el ejercicio que ahora termina, he publicado cuarenta y dos entradas gracias al interés de los amigos que se siguen pasando por aquí de vez en cuando. Créanme: no son pocas.
Voy a terminar pareciendo un bien nacido. Agradecimientos varios y merecidos: a la poeta Noelia Illán Conesa, redactora de La Galla Ciencia, por contar conmigo para una de las mejores publicaciones del año; a Juan Ignacio Pérez, Director de El Independiente de Granada, por gustarle tanto Los Cero y considerar que mis artículos están a la altura de su Maniobra; al poeta José Ángel García, por reseñar con tanto gusto Lo que mirarán tus ojos en el diario ABC y en la revista Tiempos modernos; a la poeta Pilar Quirosa Cheyrouze, porque siempre se acuerda de mí cuando se precisa un poeta de guardia; al editor Pepe Criado, por llamarme para algunas lecturas a las que no pude ir; y, por último, al escritor Juan Herrezuelo, porque su prólogo a Lo que mirarán tus ojos no es un telón que se abre a la Poesía sino el primer poema del libro.
En fin, es ya hora de que nos dejemos de balances, de que se callen las parole, parole, parole, porque ya escribieron los hermanos Cohen para Valor de ley que “siempre voy para atrás cuando retrocedo”. Sepan que lo mejor está por venir. Feliz Navidad y próspero año a todos.