Me pusieron en guardia: “Góngora no es Quevedo”.
Cuentan que al cordobés le gustaba escribir para poca gente. Había creado un estilo, el Culteranismo, consistente -nos explicaban- en cifrar el mensaje de manera que nadie pudiera comprender un ápice de lo leído. ¡Qué gran herejía para un canónigo!
Fue una advertencia breve, pero efectiva. A muchos les derrotó de antemano.
Después, el profesor comenzó a leer el poema con cierta desgana, obligado por el currículum, y yo intuí que hace cuatrocientos años -aunque Góngora jamás publicó su obra- ya todo estaba escrito.
Pie de foto: En guardia. Martínez Clares, 2008.