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lunes, 2 de octubre de 2017

Curso de escritura automática

Curso de escritura automática. Emilio Calvo de Mora. Detorres Editores. Córdoba, 2017.

“Las horas iban persiguiéndose sin tregua / y el mejor juego era el que no acababa nunca”. Qué enorme placer supone la lectura de un poemario cuando te deja la impresión de que has estado de cervezas con su autor, acodados ambos en la última barra abierta de la noche, cómplices todavía en esta quimera paradójica del verbo, empapados, a ratos, por “esa exquisita tristeza / que los años acaban / convirtiendo en estilo”. Imagínalo, amigo Emilio: el barman nos propone un Jack Daniel´s antes de echar el cierre y, mientras llena nuestras copas, convenimos que, si nos dejasen, seguiríamos aquí aferrados al precipicio de la lectura hasta que nos abordase el mismísimo “Kafka con su libro de capitulaciones”

jueves, 19 de junio de 2014

El árbol caído

Y ya no hay héroes. Anoche los pocos que quedaban fueron expulsados, barridos sus galones, reducidas sus gestas.
Emilio Calvo de Mora

En este país tan nuestro, hay días en los que uno no necesita abrir el periódico para palpar la caída de los héroes, días en los que es preferible silenciar la voz cimbreante de los justicieros en el WhatsApp, en los que sería mejor carecer de correo electrónico y evitar, si es posible, las acaloradas tertulias de los bares.
Somos los mismos a los que, anoche, nos asaltaba estupefacta la tristeza, pero hoy talaremos todo el bosque, si es preciso, para hacer leña de un árbol caído.
No es extraño que, en este país tan nuestro, hayamos legislado hasta la Memoria, porque no se puede ejercer con coherencia aquello que no se ha educado nunca.
Pie de foto: Portada del diario Marca.

viernes, 1 de febrero de 2013

La evidencia de tu cansancio

Sólo a través de la belleza saldremos. Ésa es tu brújula, amigo Emilio.
Has escrito en tu blog esta mañana brumosa de san viernes y yo quisiera guardar tus palabras cerca de los lugares que habito, tenerlas a mano para enseñarlas como única respuesta, para plantarlas en la cara de los iracundos, de los pulcros o de los magnánimos. Quisiera, en definitiva, recordarlas cada vez que la desidia se apodere de mis versos, porque tú, ahora, en unos cuantos renglones, has regalado un argumento a mi pertinaz pérdida de tiempo.
Aprovechemos estos días confusos. Ocultémonos entre sus costuras. Escribámoslo todo antes de que nos descubran, porque indiscutiblemente acabarán viniendo a por nosotros.
Ambos sabemos que no son pocos los peligros que nos acechan, pero tú, mientras tanto, sigue buscando la belleza y cuídate, amigo.
Pie de foto: Mujer en verso. Martínez Clares, 2011.