No se acaban los malos tiempos
para la lírica. Se me ocurren, al menos, dos razones para esta perseverancia:
la primera tendría que ver con los planes de estudio. Resulta imposible
conectar con los intereses de nuestros chavales si la Poesía que se enseña en las
escuelas nada tiene que ver con ellos. Por decirlo de alguna manera, Góngora no
debería ser el punto de partida sino el de llegada. Pero puede que la principal
causa de los males de la lírica seamos los propios poetas, pues, si algún mortal
se atreviese a tocarnos, seguramente se mancharía las manos de dorado.
Pie de foto: Dante, en