Pronto supo que a Almería no se
le puede desmoronar ninguna Pompeya. Corría el año 59 cuando Juan exploró una
tierra sin Giralda ni Alhambra, una
tierra que sintió desnuda y verdadera.
Allí, algunas camadas de niños despojados le escoltaron en su camino y pudo encontrar,
sin dificultad, fondas donde acodarse junto a la desesperanza. Como a otros que
vinimos mucho después, el tiempo perezoso y la inmutable libertad del poniente
le dejaron varado en estos campos alfombrados de ceniza.
Juan Goytisolo, cervantino de
nacimiento, paseó por esta tierra inexplicable y, ahora, aquellos campos desnudos
y verdaderos, aquellos niños despojados de niñez, las tascas en las que bebía
una botella de tinto y comía frugalmente (como deberíamos comer todos los errabundos)
participan de este premio que hoy, según sus propias palabras, hace al autor sospechar
de sí mismo.
Pie de foto: Juan Goytisolo.
Sitio web de la imagen.
Juan Goytisolo, nuevo Premio Cervantes.