Aquí, a las inclemencias del cargo les ponemos buena cara y, si Ratzinger hubiese nacido entre nosotros, continuaría en su puesto hasta después de muerto, milagrosamente capaz, digno y heroico como nuestro Cid cabalgando por una playa de Valencia.
Pie de foto: Charlton Heston en “El Cid” (Anthony Mann, 1961). Edición de Martínez Clares, 2013.