Argumentaba Carpentier que el
castellano, a diferencia de otras lenguas, regala al poeta la posibilidad de
hacer estallar el idioma cada vez que le hace falta.
Ahora comprendo que nuestras
certezas se tambaleen cuando leemos a alguno de esos malditos poetas que escriben con la
intención de encender la mecha de las preguntas retóricas.
Pie de foto: Alejo Carpentier, 1959.