| El escritor Javier Pérez Andújar y la alcaldesa Ada Colau entran en el Saló de Cent. Albert Bertran para El Periódico. |
La noche del pasado jueves,
Javier Pérez Andújar -catalán de San Adrián de Besós, hijo de goreños-, tras
aguantar un linchamiento desmedido -como cualquier linchamiento que se precie-
por parte de un amplio sector del nacionalismo catalán, pudo leer su pregón de
las fiestas de la Merced. No
es de extrañar que comenzase su intervención con estas palabras: “Bona tarda, bonsoir, buenas tardes y
felices fiestas de la Mercè
a todas las autoridades, a toda la gente sin autoridad y a todos los desautorizados
en general”.
La raíz de la controversia
generada por su designación como pregonero no hay que buscarla en su
preparación ni en sus méritos; la raíz de esa iracunda y desproporcionada respuesta
habría que buscarla en que Pérez Andújar, que nunca se ha posicionado como unionista, no forma parte del habitual
catálogo de ideólogos del independentismo, en su irónica pluma y, además -para
qué callarme-, en sus orígenes. Así se refiere a los mismos en una antigua entrevista:
“Pero no soy de izquierdas por ideología.
Lo soy de una forma más primaria. Mi abuelo era un campesino de Gor (un pueblo
de Granada) que defendió la
República. Mi padre, un trabajador industrial que militó
clandestinamente en el sindicalismo barcelonés. Y yo soy de izquierdas porque me
lo ha mandado mi madre”. No me negarán que, cuando su abuelo nació, debía
ser lo suficientemente pequeño como para que ese hecho no tenga tanta
importancia hoy en día ni suponga un lastre social para sus herederos.
Pero vayamos a lo verdaderamente
importante. El pregón de Pérez Andújar supone una sucesión inteligente y
emocionada de agradecimientos a quienes edificaron la Cultura en la ciudad de
Barcelona y a quienes, con su esfuerzo, con su trabajo, con su vida incluso,
edificaron la ciudad misma. Porque, como leyó Javier acertadamente, “La cultura popular (…) nacía de la
explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura. Como toda la cultura
popular”.
No se lo pierdan porque, desde
hace unos días, Barcelona es un poco más de todos los barceloneses. De los que
lo son y de los que lo fuimos.