Le oprimía una asfixiante pena en el pecho, una certidumbre, un dolor del corazón.
Y no tenía con quién desahogarse... Nadie.
Nadie a quien confiar. Nadie a quien poderle llorar.
Rodeada de una multitud que la observaba curiosa, celosa, deseosa... nadie se atrevió a acariciar.
La gata daba vueltas y vueltas intentando lastimeramente llamar la atención del amo. El que se olvidó de ella ignorando su aullar.
La noche entraba y al cobijo de su árbol, la luna la vino a acunar. Posó la mirada cansada en su brillante collar y lastimeramente lo lamió....hasta que dejó de respirar.
Nadie entendió al día siguiente nada.
Ni el amo.
NADIE.
Hola! qué tal? Acabo de descubrir tu blog, le he estado echando un vistazo y me ha gustado mucho, volveré a visitarlo más a menudo, te mando un abrazote!
ResponderEliminar