...ella corrió escaleras abajo. Los brazos amoratados y los ojos encharcados.
Agarró el picaporte de la puerta de la calle con decisión pero a su espalda oyó un chasquido y se paró en seco, rígida.
Conocía bien ese sonido. Era el seguro de un revolver. Un revolver en concreto.
Ella no se giró, sabía que le estaba apuntando directamente a la cabeza, y que no hacían falta palabras. En cuanto cruzara esa puerta, él, le pegaría un tiro.
Frente a ella, la vidriera de la puerta le ofrecía una fría noche de diciembre. Miró al cielo y observó una hermosísima luna llena y justo en ese preciso instante una estrella fugaz cruzó ante ella.
Cerró los ojos, sonrió y pidió el mismo deseo de siempre.
Abrió la puerta.....y salió.