El jove Nathaniel Hawthorne / El joven Nathaniel Hawthorne, de Vísctor Sabaté. Rayo Verde Editorial. Traducción en la versión en castellano del propio autor.
Este pequeño libro,
más bien un cuento largo, no hace honor en sus dimensiones a la densidad de las
ideas que aporta, a la cantidad de referencias literarias de las que se nutre, y a las reflexiones sobre
el sentido de la literatura que insinúa.
El narrador, lector
voraz que parece haber dejado atrás sus aspiraciones literarias, encuentra que un
cuento escrito por él años atrás, durante un periodo de efervescencia literaria
juvenil, ha sido plagiado ni más ni menos que por Nathaniel Hawthorne, cosa
insólita si tenemos en cuenta que dicho escritor murió en 1864. El manuscrito
de la narración que parece inspirar a Hawthorne, con ciertos cambios
geográficos, desapareció justamente durante la época que el narrador pasó en
una Universidad de Nueva Inglaterra, lo cual alimenta todavía más las
sospechas.
A partir de este
descubrimiento, el narrador, que ya había abandonado sus ínfulas literarias por
una existencia más monótona y en apariencia banal (que ahora que caigo
recordaría bastante a la del propio Hawthorne), indaga en la vida y obra del
escritor norteamericano, y buscará la manera de dar explicación a tan insensato
suceso. Descubrirá cómo los biógrafos y coetáneos del Hawthorne vieron en él, a
pesar de su existencia un tanto anodina y rutinaria, atisbos de una especie de
insondable misterio personal. Es sin duda Hawthorne un escritor rodeado de
leyenda, no solo debido a su narrativa de corte gótico y fantástico sino
también por su vinculación a algunos de los protagonistas de los hechos
acaecidos en Salem tiempo atrás y que él mismo narró en su célebre “Letra
escarlata”. Tal vez la vida en apariencia monótona y anodina que llevó la hacen
difícil de conciliar con su narrativa, lo cual amplificaría todavía más su
leyenda.
En un intento de dar
sentido a esa incongruencia, el narrador acabará por concebir a su vez un cuento donde imagina al
propio Hathorne, que todavía no ha introducido la w en su apellido para que su
vida como escritor no se viera manchada por herencias familiares no del todo
venerables, realizar un pacto con el diablo y poder viajar en el tiempo para
conocer qué incidencia a tenido su narrativa, si ha tenido alguna, en la
historia de la literatura, a imagen del Enoch Soames de Max Beerbohm, mencionado
en varias ocasiones y en la que su protagonista buscaba el mismo objetivo.
La narración está
cargada, y sostenida, por diversas referencias literarias, muchas de ellas
ligadas a la literatura fantástica o a las diversas controversias que el plagio
ha generado en el mundo de la literatura (Borges, Bioy, Dumas, Vargas Llosa, y
otros). Las referencias a los dos primeros son en especial significativas,
porque buena parte de ese juego de confusiones entre la realidad y la ficción
que practica esta narración fueron muy del gusto de los dos argentinos.
La respuesta que da
el narrador para justificar tan imposible suceso es a su vez, por tanto, una
nueva narración: la consecuencia del plagio es otra novela, o mejor otra
narración, lo que no deja de participar de todo este juego de espejos, pero a
su vez también es significativo sobre el sentido que tiene la literatura para
justificar la realidad.
De hecho, en una
polémica que en su día hubo sobre un aparente plagio de Dumas sobre la obra la
Hawthorne, y que se describe en el libro, el escritor galo escribirá que en el
fondo “son los hombres los que crean, no un hombre”.
En definitiva una
obra que todos los amantes de la literatura disfrutarán sin duda, a pesar de
que sus escasas 90 páginas nos dejen hambrientos…..
Para conocer más sobre la novela y el autor, podéis pinchar aquí: iaireland.wordpress.com