Quizás por deformación profesional, siguiendo los pasos de la Música por la isla de Mallorca encontré el lugar elegido por Chopin para aliviar los males que la enfermedad romántica le producía. Su habitación, su piano, los lugares por los que caminó, reposó, amó. Una delicia para los sentidos y para la imaginación.
"Ecos de marchitas polonesas reverberan en los valles de la Tramuntana"