
De pronto la puerta cedió, abriéndose hacia el interior. El refugio ofrecido por el sepulcro me pareció una fortuna contra la implacable tormenta, y ya iba a entrar en él cuando un zigzagueante relámpago iluminó todo el firmamento.
En aquel instante, y tan cierto como que vivo, divisé al girar los ojos hacia la oscuridad de la tumba, una mujer hermosísima, de mejillas redondeadas y labios carmíneos, tendida sobre un ataúd, que parecía dormir. Resonó un trueno y me vi asido como por la mano de un gigante que me rechazó hacia la tormenta. Todo esto pasó con tanta rapidez que antes de poder darme cuenta de la sorpresa, tanto moral como física, recibida, volví a sentir el granizo cayendo sobre mi cuerpo. Al mismo tiempo, tuve la impresión de no estar solo. Miré de nuevo hacia la puerta entreabierta. Otro espantoso relámpago pareció caer sobre el pilote y después abrirse paso hacia el interior de la tierra destruyendo la magnífica sepultura. La muerta, en medio de terribles sufrimientos, se incorporó un momento, rodeada de llamas estremecedoras, pero sus gritos de dolor quedaron ahogados por el rugido de la tempestad...
Lo último que recuerdo es el espectáculo de una multitud móvil y blanca, excesivamente vaga a decir verdad, como si todas las tumbas se hubieran abierto para dejar paso a los fantasmas de los muertos que se iban acercando a mí por entre las ráfagas del granizo.
"A mi alrededor reinaba un profundo silencio, como si el mundo entero durmiese o acabara de morir..."Bram Stoker