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jueves, 3 de agosto de 2017

La música de raíz americana y el powerpop confluyen de forma ejemplar en el “Seven seasons” de The Brass Buttons

Portada
En matemáticas, la intersección de dos conjuntos, o incluso más, crea otra colección de elementos de partida en la que tienen cabida los aspectos comunes.  Aplicado a la música, The Brass Buttons sería ese esencial conjunto resultante de combinar parámetros  del powerpop con los de la música americana. Desde luego no son los primeros en llevar a cabo, de forma magistral, una operación tan enriquecedora como ésta; pero sí que se nos antojan como una de las formaciones más convincentes y emocionantes de nuestra escena. Su fascinante proyecto pasa necesariamente por mejorar la fusión con detalles propios que evidencian su talento. Una impronta que distingue a esta banda del Puerto de Santa María (Cádiz) y les sitúa en lo más alto, incluso, de la escena internacional. Acaban de editar un nuevo disco con el título de “Seven seasons”  con el sello Rock Indiana,  otra herramienta básica en la formulación de cualquier teoría sobre el pop poderoso en España. El álbum contiene doce temas propios de una belleza inusitada, más una versión de Neil Young, que te pondrán los pelos de punta, con melodías que resultan tremendamente conmovedoras gracias a la magnífica voz de su cantante solista y la compenetración perfecta de una banda muy inspirada. 

Trayectoria


The Brass Buttons son María Palacios a la voz principal, David Gómez-Calcerrada a las guitarras y voz; Víctor Navarro a las guitarras, voz, teclados y programación; Juanlu González al bajo; David Ponce a la guitarra eléctrica; y Pedro Misas a la batería. Con el nombre del tema de Gram Parsons incluido en el disco "Grievous Angel" (1974), empezaron su carrera musical en el mes de agosto de 2005, cuando Víctor Navarro a la guitarra y Juanlu González al bajo, tras la disolución de Driver 8, deciden montar una nueva banda. Inicialmente se incorporaron a la formación: María Palacios y María del Mar Armario en las voces, David Ponce y David Gómez en las guitarras, Antonio Serrano en la batería y Nacho Gómez en los teclados. Durante 2006 Nacho y María de Mar abandonaron el grupo.  En julio de 2007 entraron a grabar su primer disco titulado "Wet behind the ears" en el estudio de Paco Loco, un proceso que se completaría un año después. En diciembre de 2008 Rock Indiana edita el disco e inmediatamente se convierte en uno de los trabajos más aclamados del sello tanto por parte de crítica como de público. Tras nueve meses presentando el disco, el grupo empieza a dar forma a un nuevo proyecto musical y visual, impulsados por la magnífica relación con el ilustrador madrileño José Fragoso. De este modo crean un CD-Cómic de título "S.O.S. Songs from Outer Space".  Las canciones tratan sobre una historia de amor, amistad y remordimientos, interpretados a través de las vivencias de su protagonista, el capitán Sid Rocket, cuya vida transcurre en el contexto de una futurista guerra interplanetaria. Las letras de las canciones, una de ellas con el título de este blog, Magic Pop, forman los  textos del cómic con ilustraciones del mencionado José Fragoso. 

Contraportada
Tras un parón obligado por vicisitudes varias, se incorpora un nuevo baterista, con Pedro Misas, y graban un nuevo disco, este "Seven Seasons".  El disco se grabó y arregló por la banda, con la colaboración de Paco Loco a la guitarra en “Miss you Alan” más percusión. Los temas son de Víctor Navarro menos “Secrets” que es de todo el grupo. Lo produjo Paco Loco y la banda en el Puerto de Santa María donde se masterizó en Kadifornia con Mario G. Alberni. El artwork e ilustraciones con su ballena y motivos marinos varios son de José Fragoso. El libreto interior del Cd contiene también las letras de los temas. A destacar que está dedicado a amigos y familiares más el personal de la novena planta de hematología del Hospital Puerta del Mar de Cádiz.    

Las canciones

The Brass Buttons. Foto de su facebook  
El disco empieza con “Lady Lighthouse” , ese faro que guía en la noche de los corazones rotos, con final trágico. Una canción en la que ponen de manifiesto su habilidad para desarrollar una melodía conmovedora, tan bien interpretada por su cantante, arropada por una gran banda. Guitarras espaciosas entre riffs magníficos, punteos dulces, acordes consistentes, un par de solos de una profundidad espectacular, entre ritmos bien muy calibrados, más ese estribillo que logrará estremecerte son algunas de las señas de identidad de la primera de las canciones de tan sobrecogedor álbum.

Sigue con “Seven Seasons”, otra maravilla de canción, (aunque, cuál no lo es!), en la que los Brass Buttons aúnan un perfil country con una sensibilidad pop para explicar todas esas cosas que “son nuevas para mí. Gracias a ti, mi vida tiene diferentes puntos de vista. Siento que he cambiado…”.  El tema es un juego con el nombre de un local especial en la vida de su compositor.  Una canción entrañable que logrará  ponerte los pelos  como escarpias por todas y cada una de sus excelencias: desde ese solo fascinante de guitarra a la voz principal pasando por los recursos rítmicos tan bien definidos. A continuación nos ofrecen “Bye, bye, bye”,  canción que arranca con la acústica a la que se suma el órgano más el recitado con el que van creciendo rítmicamente para contarnos una historia en la que te levantas y te sientes Superman, pero que tienes empezar por el principio, diciendo adiós a los sueños, para sentirte que pese a todo, estás vivo. Añaden unos efectos de cuerda que profundizan en el valor melódico de esta cariñosa canción que nos lleva al siguiente corte con el título de “Moby Dick”. Con el nombre de tan popular personaje, “el maestro de las obsesiones que se esconde en cada persona”, nos ofrecen una dosis de powerpop rabioso, entregado, en el que las guitarras se compenetran con la batería y el bajo, para ejercer una presión sonora sobre la que se luce una vez más la voz principal con la que quizá “puedas luchar con una espada de madera”.    

Detalles del artwork 
Con “Christmas clouds”, rodeado de amigos que te quieren y te protegen, la banda despliega sus encantos melodiosos, incluido todo un solo de clavicordio con el que la canción adquiere unas cotas pasionales ciertamente inmejorables, entre cambios rítmicos y juegos lisérgicos en las segundas voces en absoluto desdeñables.  Llegamos de este modo a la mitad del disco con “Miss you Alan”, una canción en la que se extraña a un ser querido. Una magnífica composición de pop marcada por efectos de “theremin” y ritmo marcado al que se suma la fabulosa voz solista y esa guitarra poderosa que construye frases de una brillantez indiscutible.  

“Gene my dear” es un tema en el que se manifiesta la capacidad que tienen algunas personas especiales para complicar las cosas, sin tener en cuenta a los que les quieren. Con ese nombre nos viene a la mente el gran Gene Clark. Para ello adoptan una estructura de canción dulce de folk mediante una fantástica guitarra acústica que acompaña a la voz principal creando una ambientación sonora conmovedora a la que añaden una segunda voz, y teclados en varias sonoridades y efectos, para despegar con una rítmica magnífica que redimensiona el tema para regresar al intimismo del principio hasta el final.      

Mediante “Second to none”, se nos presentan los Brass Buttons más enérgicos con esa andanada de guitarras iniciales y el pulso contundente de su sección rítmica sobre la que la cantante ejerce de solista con gran brillantez. Un tema de amor hipnótico, con alguien insuperable, tratando humildemente de vivir la vida. Crescendos pasionales complementan  los arreglos entre coros, punteos, y golpes rítmicos vitales. “Secrets” tiene otro de esos arranques de guitarras impresionantes, trenzando varias líneas sonoras, a dos voces solistas, chico y chica especialmente sensibles para detallar este tema de amor, entre ausencias y deseos, esperando el regreso de la persona amada al lugar al que pertenece.  La enésima maravilla creativa que disfrutarás en un álbum tan completo y edificante como este, en la que no falta detalles de armónica “americana” y esa descomunal guitarra solista que completa las armonías con figuras excelentes repletas de pasión con crescendos de batería ejemplares.  

The Brass Buttons. Foto de su facebook 
Le sucede “Summertime”, cuya letra está inspirada en textos de Charles Bukowski.  Un tema que contiene guiños de blues y country añejo dando ese toque canalla a un tema que pide ser bailado y coreado con indiscutible entrega para sentirte “un perro afortunado” entre la nada absoluta, atrapado en un nuevo verano, quizá deprimido en tu habitación.  Vamos acercándonos al final con “Come soon”, la más “americana” y quizá amorosa de todas las canciones, con toda la extrañeza posible, de nuevo a dos voces, en una magnífica exhibición de recursos creativos propios, con arreglos luminosos, enternecedores, repletos de matices que convierten el tema en inolvidable.  Cierra el album “Things to say”, mediante un envolvente combinado de órgano, acústica, y voz, que crecen en la inmensidad del universo del alma hasta desenredar lo complicado que pueden resultar las relaciones interpersonales. El paso del tiempo, los recuerdos, los deseos no cumplidos, el fin de la inocencia concentrados en un tema que logrará hacerte emocionar hasta lo indecible, entre momentos de armónica y una sentimental cuerda añadida. 

Para acabar un bonus tracks: “Winterlong” es una versión del tema de Neil Young, aparecida en el disco “Música en la playa” (70 aniversario Neil Young).  En este caso, los Brass Buttons logran adaptar tan sentimental  tema a su peculiar micro universo de corazones enormes e ideas conmovedoras, con esa absoluta compenetración entre la banda y su voz principal, sin olvidarnos de los detalles solistas de guitarra igualmente especiales. Una exquisitez sin parangón alguno que cierra tan maravilloso trabajo discográfico.    

Reflexión final

The Brass Buttons. Foto de su facebook
En este impresionante disco titulado "Seven seasons" podemos hallar varias situaciones en las que The Brass Buttons nos hablan de la pérdida de la inocencia, ese paso vital que tanto puede llegar a resultar obsesivo para la sociedad contemporánea. Una circunstancia existencial, que cada uno vive a su manera, en la que la realidad cotidiana resulta ser una camisa de fuerza como ya apuntaban en su libro “Cordura, locura y familia” los psicoanalistas de los sesenta, R.D. Laing y A. Esterson.  La visión de los Brass Buttons afronta esa frustración y sus planteamientos resultan tan realistas como emocionales, tan íntimos como explosivos; expuestos con la misma destreza que logran combinar las dosis exactas que conforman los parámetros de la música americana con el pop poderoso. Sus canciones de amor, su percepción de las relaciones interpersonales, de la amistad, de los deseos y de las ausencias, te conmoverán en sobremanera.

Los temas están repletos de cualidades solistas y de grupo tan destacables como originales, bien sea recreando arreglos intensos y enérgicos como dando vida a situaciones dulces y altamente sensibles. En toda su obra, y ahora más que nunca, la poesía y la música se hermanan en un proceso lírico único, sensacional, repleto de matices propios moldeados por unas mentes privilegiadas capaces de dar vida a combinados melódicos y rítmicos que se acercan muchísimo a lo que cualquier melómano sensible entendería como la canción perfecta.     

Nota: Puedes escuchar el disco en el bandcamp y adquitir una copia del Cd en Rock Indiana. El viernes 4 de agosto de 2017 la banda presentará oficialmente su nuevo disco en la Sala Milwaukee del Puerto de Santa María. La entrada con consumición será de 5€, con promoción especial de 12€, incluyendo copia física del disco en Cd. (+ info).

miércoles, 16 de noviembre de 2016

The Empty Bottles consiguen una obra maestra de raíces americanas con su disco “Love, Peace & Chicken Grease”

Portada
“Lordy Lord” es una expresión muy propia del blues utilizada para expresar frustración, exasperación, preocupación o cansancio. Se puede leer en boca de uno de los presidiarios de la portada del recién editado disco de los Empty Bottles coeditado este 2016 por la discográfica alicantina Rufus recordings y el zaragozano Black Stone Label, con la colaboración de Discos Elepé, una tienda de Vigo, más la generosa aportación del crowdfunding. Se trata del tercer disco de esta banda de Alicante que, con una docena de canciones y un fabuloso artwork a cargo de Mik Baro, nos dan un repaso exhaustivo y enciclopédico a la historia de la música americana desde sus raíces tocando todos los palos: el blues, el R&B, el soul, el funk, el country, el jazz, la psicodelia, y por supuesto el rock and roll de forma genérica. Una amalgama de estilos con la que se nutre su imaginario melódico y temático con el propósito conseguido de crear un lenguaje auténtico y original. El resultado es un disco único, inigualable, insuperable diría yo sin miedo a pecar de exagerado. Tras oírlo de principio a fin, es más que probable que quedes impresionado por la destreza instrumental de este combo alicantino, al tiempo que te estremezcas acongojado por la pasión que desprenden sus canciones y, ya desde un principio hasta el final, acabes cautivado por la facilidad con la que te llegan al alma y a los pies. Por ello, la única frustración y exasperación que vas a experimentar va a ser, si se da el caso, el haber ignorado hasta el momento su existencia o, como mucho, darte cuenta de cómo en este país, pese a tener grupos tan espectaculares como éste, los mass media siguen promocionando auténtica basura mediática en lugar de fijarse en este magnífico  “Love, Peace & Chicken Grease”, otra expresión muy sureña con el que se titula esta auténtica obra maestra.         
   
Trayectoria 

The Empty Bottles, formación anterior
Empty Bottles se crean en Alicante entre 2002 y 2003 con componentes de varias bandas de los noventa, de varios estilos, con especial influencia de las raíces americanas. Ellos son Tony Miles a la voz principal, Pepe Delgado a la guitarra, John Arias a la batería, Juanjo Domenech al bajo que regresa a la formación tras una primera etapa, y David Chana a los teclados quien substituye a Bruno Gallego, miembro original, con quien se grabó el disco. Cabe mencionar que, en la grabación, se encargó del bajo Víctor Arques quien ha formado parte de la banda los últimos años hasta el pasado mes de abril. Tras algunos ensayos iniciales, dan forma a una maqueta a la que sigue un primer disco, auto editado, que sale en 2006 con el título de “Gimme Back My Mojo” con diez temas. Ya en 2012 sacan el disco “Navajo Motel”, también auto editado, en CD y vinilo de 180 gr, con una edición muy cuidada y portada del pintor madrileño Carlos Arriaga. Se graba en Sónica Estudios de Novelda, al igual que el primer álbum.  

The Empty Bottles, formación actual
Para el disco “Love Peace and Chicken Grease” contaron con la colaboración de Noelia Meseguer en los coros, “Boro” Hernández en el trombón, Dani Romero a la trompeta, y “Barchi” Antón a la mandolina.    Se graba también en Sónica Estudios y en Marmot Day Studios de Mutxamel con los ingenieros de sonido Oscar Martínez, Bruno Gallego, y Josete Paredes. Fue mezclado y masterizado por Jim Diamond (quien ha trabajado con White Stripes y The Sonics) en Guetto recorders (Detroit). El artwork corre a cargo del gran Mik Baro quien dibuja en la portada y contraportada varios motivos alusivos a las raíces del blues y el rock and roll, con ese lastimero “lordy lord” que indica la frustración de esos tres presidiarios condenados a trabajos forzados. Viene al caso, entre otras posibles consideraciones, porque dos de los temas del disco, “Rosie” y “Misery” son adaptaciones de melodías  vocales grabadas por Alan J. Lomax en instituciones penitenciarias de los Estados Unidos en la década de los cuarenta.   Se incluye una hoja interior  con las letras de las canciones y una fotografía de la banda a cargo de Jesús Llunguer. Por último mencionar que está dedicado a la memoria del fallecido y siempre recordado Paco Rufus.   

Las canciones 

The Empty Bottles en el estudio
El disco se abre con “Dig My Grave”, el primer ejemplo de la enorme credibilidad de esta banda en la que guitarras, órgano, ritmo y voz principal se compenetran a la perfección para ofrecernos un sensacional tema de blues rock. Canción en la que un buen chico, “deprimido, sucio y sin un duro” pide ser acogido o que le entierren con amabilidad cuando llegue el momento. Los detalles solistas se entrelazan con los arreglos minuciosos, potentes y sumamente envolventes. Le sigue “Rosie”, que “cuando camina el mundo tiembla, suficiente para dar que pensar a un convicto”. Canción pasional en la que los Empty Bottles aportan su indudable destreza instrumental tras  susurros  y golpes iniciales que nos recuerdan el presidio. El tema deriva a una aguerrida descarga de guitarras, voces, órgano, y un tempo vigoroso. A destacar ese lisérgico solo de guitarra más la cautivadora aportación de órgano con sus acordes y escalas de fantasía.    

Los Empty Bottles en directo
A continuación nos ofrecen “Wasted Days” para hablarnos de esos días gastados “en la cola por una paga mísera…la vida es una puta mierda y acaba demasiado pronto”.  Gran tema con una  combinación apabullante de momentos soul, blues, jazzy, ácidos y cálidos según los  momentos, interpretados por una voz solista ejemplar acompañada por coros femeninos góspel y una banda en auténtico estado de gracia. A destacar esos geniales instantes instrumentales en los que la guitarra nos deslumbra con un gran solo sobre una sección rítmica magnífica rodeada de aportaciones de metales nada desdeñables y teclados proverbiales. En el siguiente corte “Crown Of Thorns” sale a colación esa “corona hecha de miedo, errores, odio y orgullo” con la que cargamos entre “los amigos que perdimos, las mentiras que contamos y el amor que murió”.  Una deliciosa balada  que envuelve el alma con órgano de jazz soul y guitarra de country rock, con fascinante voz principal más coros femeninos muy sugerentes.   

The Empty Bottles en directo
Sigue el álbum con “Goodbye”, un final en el “que no puedo dejar de pensar”.  “Te vieron por la calle con una maleta, dicen que no volverás… tu vecino oyó a tu padre afilar su cuchillo de casa”.  Canción de country rock con ritmo decidido y perseverante, aportaciones instrumentales imprescindibles y pasión a raudales entre cambios armónicos gloriosos y solos de guitarra tenebrosos con los que se genera una ambientación de blues ácido.  Finaliza la cara A con “Joe D.Grinder”, personaje de la mitología del jazz y el blues, procede de 1939, y fue creado por los soldados afroamericanos para definir a un hombre que seduce a las esposas y novias de prisioneros y soldados. Jody viene a ser el nombre recortado y  Grinder, “moler” es en argot, “copular”.  Aquí se metamorfosea, por obra y maestría psicodélica de los Empty Bottles, en protagonista de un temazo ácido en el que ritmo y melodía se compenetran a la perfección con riffs y solos lisérgicos de guitarra y órgano más líneas de bajo espectaculares. De nuevo, la voz principal nos deja absolutamente anonadados al tiempo que la sección rítmica se mantiene con una versatilidad apabullante.   
   
Artwork a cargo de Mik Baro
Ya en la cara B nos ofrecen “Ruby, Come To Me”, un sueño en el que el protagonista se despierta sudado, secándose las lágrimas, pensando en Rudy.  Se siente solo, con el cuerpo dolorido, sin poder respirar, dispuesto a volver a soñar lo mismo y gritar con rabia.  Tema con presencia destacable de guitarras y órgano jugando a perfilar un relato cargado de emoción con esa destreza propia de los maestros del género, herederos del góspel y el rock and roll, con aires del primitivo blues y del mejor “swamp rock”. Otro gran solo de órgano completa este atractivo tema que nos lleva completamente satisfechos hasta  “No Place To Hide” aunque sea oteando “problemas en el horizonte… buscando puertas doradas pero nunca en el lugar adecuado”. La banda se mantiene en el buen camino y, al contrario de la letra de la canción, nunca falla con esa conjunción de detalles instrumentales en los que destaca la absorbente presencia del piano y acústica acompañando a la soberbia  voz principal reforzada por buenos coros femeninos. Con “The Dude”, el grupo nos regala un solemne y a la par que sugerente instrumental en el que órgano y guitarra nos conmueven con momentos solistas de absoluta pericia con detalles de jazz y ritmos funk ejecutados con igual destreza encomiable a cargo de bajo y batería. No resultan menos sorprendentes las segundas voces que acompañan a los extraordinarios solos de este gran tema.     

The Empty Bottles en vivo
En “Misery” se nos habla de una relación amorosa complicada en la que las mentiras de terceros complican las cosas entre una pareja. Una sensación de desgracia que los Empty Bottles musicalizan con genio entre riffs de rock aguerrido, variaciones rítmicas impresionantes a cargo de una inspirada sección rítmica de bajo y batería, un solo ácido de guitarra que pone los pelos de punta, y más aportaciones suculentas de órgano. Llegamos de este modo a los dos temas finales que bordan tan portentoso trabajo discográfico. Por una parte “Killer Boots” con el “perfume que te regalé para tu cumpleaños”. Canción de sucio rock and roll que aporta una garra propia de las élites. Sensacional recorrido guitarrero con absorbente voz principal en esta historia en la que el protagonista nos cuenta: “me dejas por tus llamados amigos…ahora te odio porque antes te amé tanto”.  A destacar ese cambio de tempo para dar entrada a un solo de órgano descomunal que nos eleva hasta lo indecible.  Termina el disco con “Road Dogs”, la última de las excelencias del álbum en la que un “viejo soldado encerrado en una jaula” ha gastado ya todas sus lágrimas por un amor. “Fuimos rey y reina, y perdimos nuestras coronas en una carretera perdida dejada de la mano de Dios, muertos y desnudos en el barro”. Riffs de guitarra de auténtica antología entre ritmos perfectos de rock, funk y blues, solos de teclados y guitarra tan lisérgicos como progresivos, detalles de metales muy precisos y poderosos, más una voz principal que culmina un cúmulo de maravillas que te resultará imposible de olvidar.      

Reflexión final 

The Empty Bottles, fotos de su facebook
Dicen los Empty Bottles en una de sus creaciones: “se necesitan rocas y gravilla para trazar el camino”.  La mencionada apreciación aparece en una de las canciones, “Misery”, y se enmarca en una relación sentimental tormentosa, aunque  nos sirve también a modo de fórmula muy clarividente para describir, con pocas palabras, cómo en cualquier proyecto vital, ya sea artístico o haga referencia a la disciplina que se nos antoje, es preciso conjugar una estructura firme y contundente con detalles de calidad que la articulen y pulan. En la música de los Empty Bottles coexisten a la perfección esos dos grandes apartados  creativos que, a la par, podríamos emparentar con la magnífica combinación de sus innegables raíces con su no menos excelente aportación propia mediante un trabajo constante y fructífero. Es así como consiguen dar vida a canciones brillantes, inauditas, que les sitúan en lo más alto de los sonidos de raigambre americana a nivel internacional.  “Peace, Love and Grease Chicken” es un disco sublime y cualquiera, con un poco de criterio y gusto por lo bien hecho, podrá descubrir en su música innumerables detalles que corroboran esta impresión genérica. En todos y cada uno de sus temas brillan con habilidad, autenticidad y poder de convicción sus conmovedores arreglos, la pasión de sus melodías, la perfección de sus ritmos, la prestancia de sus voces y sus solos, más la intensidad temática de sus letras.  Así que, si no quieres perderte uno de los mejores trabajos de los últimos tiempos, yo me haría cuanto antes con una copia de este magnífico álbum. Te aseguro que va a disfrutar de todos y cada uno de sus cautivadores momentos musicales y poéticos que, sin lugar a dudas, pasarán a la historia de la música contemporánea.   

Nota: Puedes escuchar las canciones en el bandcamp de Rufus recordings, o en el de Black Stone Label, y algunas más sus anteriores trabajos en el bandcamp de los Empty Bottles. Para conseguir una copia  del disco puedes dirigirte a la web de Rufus Recordings.  

jueves, 3 de noviembre de 2016

Juanjo Zamorano nos ofrece buen country rock con paisaje vital propio entre el amor y la guerra

Portada
Con el country hecho aquí en España, al menos aquel que, sin pretender ser más que nadie, recurre a las raíces para adaptar el sentimiento con sensualidad y determinación, me sucede algo curioso a la par que emotivo: se me antoja tan o más propio que en su país de origen.  De música de raíz americana hay de muchas clases, aunque a algunos les parezca estúpidamente toda igual de yanqui.  Es por ello que se presta a la reinvención, dependiendo de la época y el autor que nos sirva de referencia. Incluso interviene el ambiente que  envuelva al artista, y la apuesta de éste por crear canciones vivaces o melancólicas, según el caso,  fusionándolo con otros estilos que van del blues al rock and roll pasando por el folk, el pop y la psicodelia. Y en esa amalgama, consecuente con el buen criterio, se sitúa este grandísimo autor que es  Juanjo Zamorano, quien debutaba en solitario a finales de 2015 con un álbum que no debería pasar desapercibido en absoluto. Se trata de un disco excelente que destaca por esa enorme capacidad de su autor para componer canciones de melodías conmovedoras al ritmo de un country hecho a medida de sus inquietudes artísticas pero también para contentar con creces  la pasión de cualquier amante de la música sensible e inspiradora, venga de donde venga, y vaya hacia donde vaya.   

Trayectoria 

Juanjo Zamorano
El asturiano Juanjo Zamorano  nació en Madrid en 1975. Ha formado parte de grupos como Disco Sucks, Void, o los Pilgrim Rose con los que ha grabado, como cantante  y guitarrista, el Ep “Turns Winter into Spring” (2010) y el álbum “Brighter Days Will Come” (2012). También ha colaborado con Hendrik Röver en 2013 grabando “Cantan” con los también mencionados Pilgrim Rose  o en el “Wading The River” (2015) de Stormy Mondays. 

El disco que te presentamos fue grabado, mezclado y masterizado por Hendrik Röver (Los Deltonos)  en sus Guitar Town Recordings (Muriedas-Cantabria) en septiembre de 2014 y mayo de 2015. Todos los temas son de Zamorano  y en un par de ellos,  “(It was a) bad Day” y “Bakersfield”  ha contado con la colaboración indispensable de Hendrik Röver quien también aporta guitarra y teclados, más la producción.   

La banda que ha grabado este álbum está formada por Juanjo a la voz, guitarra y armónica, acompañado por Daniel Montgomery a la percusión, Pablo Gancedo al bajo, Ángel Parada a los coros, Goyo Chiquito al contrabajo y Toño López Baños a la batería. La ilustración de la portada corresponde al cuadro “Gassed” (1919)  de John Singer Sargent , en el que el pintor recoge los devastadores efectos de un ataque con gas mostaza en la primera guerra mundial.   Una fila de soldados heridos, con los ojos vendados por los efectos del gas, caminan hacia un puesto de socorro con el contraste de otro grupo que juegan al futbol en un lejano segundo plano.  El digipack incluye un libreto, diseñado y maquetado por Victor Marinez Agüera con las letras de las canciones y fotografías alusivas a la temática.  Edición limitada a 500 copias.

digipack

Las canciones 

Juanjo Zamorano. Foto de su facebook
El disco se abre con  “This Time Around”, y esa bonita melodía americana cercana al pop, con guitarras de extraordinaria amplitud acompañando a la tan sensacional voz de Juanjo entre ritmos bien marcados que juegan con el tempo para ir procurando intensidades de auténtico lujo.  Competa el tema un consistente solo de guitarra. Canción luminosa que nos lleva hasta   “Wounded in Battle”, un tema que arranca con introducción de armónica al paso de la acústica. Una canción que nos habla de un soldado caído en la batalla. Se añade una consistente banda que aporta sonidos añejos, ritmos marcados y una compenetración estelar sobre la que destaca un solo inmejorable de armónica y sendos momentos de guitarra con slide descolgando acordes y riffs de antología. Fascinante corte tras el que nos ofrece “Baba River”, canción que desprende jovialidad con un deje nostálgico y una espontaneidad propia de los más grandes a ritmo de ese rock and roll de raíz con más motivos solistas destacables a cargo de la guitarra.      

Juanjo con Hendrik Röver
En los dos siguientes temas se deja notar la sabia y experimentada mano de Hendrik Röver.   En “(It was a) bad Day” el líder de los Deltonos completó una secuencia de acordes de Juanjo con una facilidad pasmosa dando vida a un tema de una profundidad emotiva abisal. De ritmo pausado y melodía conmovedora, entre acordes de piano y guitarra rítmica, impresiona de nuevo la enérgica voz principal y un acompañamiento celestial de órgano con momento solista incluido. La otra canción, la jocosa  “Bakersfield”, tiene todo el poderío del mejor country americano, con las raíces bien ancladas y una capacidad espectacular para tratar de tú a tú al mejor de los intérpretes de cualquier época. Sensacional despliegue de instrumentación con más solos de enorme belleza.      

Juanjo Zamornao. Foto de su facebook
Prosigue el álbum con “Fit the Pieces”, homenaje a los maestros, ya sea del jazz o del rock and roll,  que le han influido para llegar a ser el gran cantante y compositor que es.  Detalles de rockabilly, ritmos que fluyen con gran facilidad, acompañan tan singular voz en este tema de melodía afable. Añade un breve pero sugerente solo de guitarra más detalles de raíces country que explotan con sustancial presencia en el siguiente corte, “Memories”. Estamos ante otra  canción que atesora todo lo mejor de los clásicos, que inspira visiones paisajísticas, con sus gentes volviendo a casa tras una larga jornada de trabajo en el campo, medida, pensada e interpretada con un deje personal único. Otro buen solo de guitarra más dobro completan este excelente tema de raíz con brotes nuevos fascinantes. Le sigue otra referencia antibélica con el título de “Mrs. Wilkes”, que se refiere a los desastres de la guerra. Folk americano a ritmo de vals de protesta con melodía cautivadora y arreglos que ponen los pelos de punta.  

Juanjo Zamorano. Foto de su facebook
“High Heel Shoes”, título del siguiente tema,  juega con los recursos del blues, el jazz y el rock and roll para crear unos momentos sonoros híbridos en los que se entremezclan la parsimonia del tempo con los toques americanos años cincuenta, más otro buen solo de guitarra,  algunos detalles de teclados y la voz genial de su máximo responsable. La aguda “That´s Not My Style (Latin Lover Stomp)” aporta la brillantez con la que Juanjo, rodeado de tan excelentes músicos, logra aportar un modo personal tan exquisito para una música atávica que mantiene hoy en día la misma frescura que tuvo en su época de máximo esplendor. Y tras las relaciones sentimentales, cierra el disco el poderoso y cautivador country de “Everyday´s Heartbreak Blues”, canción que invita al baile y a la atenta escucha con la que disfrutamos no solo de la gran voz de Juanjo sino también de todo un despliegue de recursos solistas en las guitarras más una sección rítmica que mide el tempo con una seguridad despampanante. 

Juanjo Zamorano. Foto de su facebook.
Reflexión final:

El country rock en manos de Juanjo Zamorano experimenta una revisión de parámetros tan deslumbrante que sus canciones te atrapan, de entrada, por lo emotivo de sus melodías y por la seguridad de sus tempos. Si bien respetan los fundamentos ancestrales, consigue que las canciones vayan más allá de lo conocido. Al poco de oír tan sensacional disco, logras percatarte que su brillantez no es casual. Su música aporta la sensibilidad necesaria más la maestría nada desdeñable para darte debida cuenta de que el trabajo y la emoción se compenetran para conseguir un álbum tan memorable como este, ya sea en sus composiciones como en los arreglos en los que participan un elenco de músicos magníficos. Auténticos profesionales de los que estoy convencido que no solo han captado al detalle las sensaciones que quiere transmitir Juanjo sino que han aportado filigranas, matices, recursos instrumentales y un excelente criterio con el que han enriquecido, aún más si cabe, tan maravillosos temas. Sin embargo, tan poderoso y rico trabajo discográfico no llega hasta los sentidos del atento oyente como si se tratase de un despliegue abrumador de recursos aunque los haya y de indudable calidad. Antes al contrario: resulta espontáneo, afectuoso, e inspira una libertad y una sencillez fascinante, como una bocanada de aire puro que nos hincha el alma quedándonos anonadados con la sensación de haber disfrutado del trabajo bien hecho.     

Nota: Puedes escuchar y adquitir una copia del digipack en el bandcamp de Folc records o en el de Juanjo Zamorano.  

jueves, 13 de agosto de 2015

The Blackberry Clouds y los desiertos del alma en su disco “Blood on her boots, Flies on his wounds”

Portada
The Blackberry Clouds son una fantástico exponente del country rock como banda sonora ideal para amplios espacios contenidos, con pericia, en una sola mota de polvo del desierto, cuidando todos y cada uno de los detalles, desde los más grandiosos a los más pequeños, todos ellos igual de importantes. Para ello, no necesariamente se refieren a los típicos biomas de los Estados Unidos de América o de Australia. Pueden ser perfectamente páramos de aquí, que también los hay, o eriales del alma que abundan más que los cactus.  Acaban de sacar su cuarto disco, tras una larga como fructífera carrera que arranca a mediados de los noventa. Se titula “Blood on her boots, Flies on his wounds”  y lo edita este 2015 la almeriense Clifford records en su afán, muy loable y valiente, de conseguir un amplio catálogo de música actual presentando nuevos grupos o recuperando otros que merecen muchísima más atención de la recibida  hasta el momento.  El nuevo álbum de estos malagueños rezuma honestidad, arduo trabajo de equipo, y ese grado de intimismo que te implica en una historia de carácter, muy bien hilvanada, hasta el punto de sentirme dentro de ella encajando perfectamente con ese estado de ánimo que transmite la belleza y el intimismo de sus canciones.
 
Trayectoria 

Blackberry Clouds. Foto de su facebook. 
The Blackberry Clouds son una banda malagueña que aparece en escena en el año 1996.  Actualmente son Francis Barba, guitarra, pedal Steel, dobro; Frank Mora, contrabajo; Juan "Lillo", batería; Francisco Galacho, voz, guitarra, piano, banjo; más la colaboración de Julio Leal, guitarras, órgano, y piano. En los primeros años se curten en directo mientras graban un par de maquetas,  como "Old Nick is glamblin'on... and you lose", con detalles de hard rock setentero. Ganan el concurso San Pepe Rock de Ibiza y llegan a la final del Villa de Bilbao. Graban su primer trabajo discográfico, un MCD con el título de “Takin’ It Easy Is Our Business” (Surco, 2000), un disco que recuerda al sonido guitarrero de Detroit. Al año siguiente sale su primer álbum “Cheap’N’Down” (Alone Records, 2001) con el que giran por todo el Estado.  Regresan a los estudios para grabar su siguiente disco, “The Worst” (Lengua Armada/Alone Records, 2006), al tiempo que aparecen en recopilatorios como la “Serie Z Festival Compilation” (Wild Punk Records - 2002),  el de “Bendito Pop” (Junk Records, 2006), y la B.S.O. de la serie “Cuestión de Sexo” (Sony BMG, 2008). Su presencia en festivales es muy habitual y, de este modo, llegamos a 2013, año en el que va la luz “Dry Wind” (Autoeditado, 2013) con el que empiezan una nueva etapa sin su anterior cantante Francisco Báez, en la que las guitarras hirientes se combinan con arreglos de country rock.

Grabación del disco
En este 2015, Clifford records les edita este disco titulado “Blood On Her Boots, Files On His Wounds”  en una fantástica edición en vinilo de 12″ con un cupón de descarga digital en formato MP3 320 kbps. Fue grabado, mezclado y masterizado en 2014 en los prestigiosos estudios Hollers Analog Shack por Max R.B. Contaron con la colaboración de Mayita Trinidad cantando en “May the Wind”, Luz Prado tocando el violín en la mencionada canción así como en “Eastern Roads”.   Precisamente la letra de esta canción mencionada es la que aparece en la carpeta interior del disco, escrita a mano, en una especie de diario, del que asoma un billete de dólar, cuya hoja visible está manchada con gotas de sangre seca. Completa el artwork que ilustra el paso inexorable del tiempo, el paisaje montañoso a la par que solitario de la portada, las ruedas de mecanismo oxidadas en el interior y una destartalada carcaza de un vagón en la contraportada.  El diseño gráfico es de Juan fresneda y las fotos de Francis Barba.

Las canciones

Los Blackberry Clouds en directo. Foto de su Fb. 
El disco se abre con “Crown Of Thorns (Blood On Her Boots)” cuya solemnidad propia de un  himno emocional recuerda al espíritu del legendario  "When Johnny Comes Marching Home Again". Con un absoluto dominio de los recursos melódicos del country rock y una concentración rítmica inquebrantable, la banda da rienda suelta a una amalgama de momentos sonoros geniales que ya nos ponen en preaviso que éste no va a ser un disco cualquiera ni muchos menos, una mera y entusiasta adaptación de los referentes americanos. El resultado es original, casi intransferible, con esa voz única que se escapa del tormento para explicarnos una historia acompañada por guitarras acústicas que se mueven con soltura, con riffs que rugen en la inmensidad, ritmos que percuten en las palmas de las manos, y un contrabajo que golpea al suelo por el que se mueven nuestros pies mientras nos sorprenden con solos exquisitos. Le sigue “Ballad Of Blackberry Clouds”, una auténtica maravilla de cuerdas sonoras trenzadas para tirar del carro sobre el pedregal de la vida, con esa parsimonia del músico profesional que sabe bajar las pendientes con soltura, sin correr, para no descalabrarse. Uno a uno, los pelos van erizándose como escarpias a medida que la canción avanza, crece y explota en el estribillo principal, entre cascadas de guitarras y toques oscuros de piano. Absolutamente delicioso.

The Blackberry Clouds. Foto: Miguelón
“May The Wind” tiene un excelente juego a dos voces: un y una cantante dialogan con la brillantez de los grandes dúos del country. De fondo, un violín extraordinariamente bien manejado, completa la compenetración vocal con un contrapunto parsimonioso y exquisito. El resultado es de una belleza sin parangón, respaldada por una sección rítmica dispuesta a no perderse detalle de tan emocionante momento con sus discretos pero efectivos pasos.  A continuación nos engalanan la vida con un tempo rápido, bailable, llamado “They'll Hunt Me Down” en el que la instrumentación habitual americana, con su sensacional pedal Steel y esos punteos varios, dibujan el horizonte sobre el que saldremos cabalgando hasta la próxima parada que lleva por nombre  “Sabine River”. El título se corresponde con el nombre de un largo río del suroeste de los Estados Unidos que desemboca en el golfo de México y que transcurre por Texas y Luisiana, entre bosques de pinos y sabinas, de ahí su nombre, del español, que crecían en el curso bajo del rio. El entramado instrumental con el que navegan los Blackberry Clouds es siempre  caudaloso y diestro para moverse, con igual soltura, entre remansos oscuros como sorteando avalanchas apoteósicas que insuflan toda la grandeza de este río, o de cualquier río que transcurra, como nuestras vidas, entre situaciones existenciales varias.  

Foto: Javier Albiñana 
En la cara B nos ofrecen “Heavy Load”, canción de guitarras grandiosas y una voz que parece  cantarte en exclusiva, entre recursos rítmicos impecables y ese estribillo que aporta detalles melódicos fascinantes antes de surgir, de las mismísimas entrañas, los sonidos de la culminante guitarra.  Excelente canción que conjuga arpegios y riffs difuminándose en el eco del entorno con arreglos que se antojan inmensos. Uno se siente henchido de pasión para recibir en inmejorables condiciones el siguiente tema llamado “Cap Rock”. Aquí la banda se muestra especialmente intimista, reflexiva, con esos acordes de piano oscuro y guitarra tenebrosa. A modo de danza consternada desdibujan una melodía con unos arreglos que rebosan sinceridad, sobre un pedal de órgano. A medida que va avanzando el tema, compás a compás, es muy factible que el atento oyente note un nudo en la garganta mientras el estómago se contrae y el corazón parece latir mucho más lento del normal hasta los últimos momentos de ese majestuoso piano.

The Blackberry Clouds. Foto: Javier Albiñana
“Eastern Road” tiene esa conmovedora ternura que el country utiliza para hablar de temas penetrantes y acongojantes. Una vez más, los detalles de cualidad de ese quejumbroso violín resultan especialmente significativos e imprescindibles para una gran canción cuyo ritmo pausado permite dejar que el tiempo pase cadencioso en forma de balada con una melodía cautivadora. No faltan los detalles de piano, y la sucesión de secuencias sonoras a cargo de las guitarras, acústica, steel, dobro, eléctrica. Otra maravilla, marca inconfundible de la casa, que nos traslada embelesados a ese “The Day We Almost Were” donde emergen descargas sustanciosas de country rock salvaje a cargo de esos riffs guitarreros tan contundentes acompasados con una voz que nos sorprende, ahora enérgica y provocadora. La banda descarga toda la furia contenida en forma de un tema tremendo, sensacional, que pone punto y final al disco con esos solos hirientes, más unos ritmos que cabalgan como si fueran a la persecución de un sueño o quizás huyendo de uno mismo. Pero el disco no acaba aquí, una genial revisión del tema que lo iniciaba, “Crown Of Thorns (Flies On His Wounds)”, cierra tan espectacular álbum con un lamento final entre la tormenta. Un final verdaderamente apoteósico que vuelve a conmocionarnos con un último acorde que se pierde en la lluvia y los truenos en lontananza.

Reflexión final 

Fotos de su facebook. Tomoyuki Hotta
Cuentan los componentes de Blackberry Clouds, en entrevistas como ésta en el Giradiscos, que gran parte de las canciones de este nuevo álbum existían ya cuando hicieron “Dry Wind”, su anterior trabajo. Entonces grabaron con muchos problemas y pocos medios con lo que, aun siendo un buen disco, no pudieron reflejar todo lo que querían. Su nuevo álbum es consecuente con un extraordinario trabajo conjunto de creación y de grabación al tiempo que tiene una considerable parte de “desquite”, al culminar, ahora sí, una obra en todo su esplendor, lo más cerca posible de la idea original siempre ansiada por el artista.  Y eso, amigos y amigas, se nota en todas y cada una de las canciones: en los tempos muy bien medidos, en las melodías que surgen del alma, en las geniales instrumentaciones, incluidas esas esenciales colaboraciones de voces y violín que aportan su buen criterio, pero sobre todo en la paz reflexiva que desprende de forma genérica, con algunas licencias ruidosas que contribuyen a reflejar los contrastes de la vida.  Sin embargo, no me parece “Blood on her boots, Flies on his wounds” un disco tenebroso ni oscuro, ni siquiera atormentado aunque algunos momentos, tanto en  las letras como en la música, pudiera parecerlo. Se me antoja más bien un disco profundo y largo, como un río, con sus recodos, sus remansos y sus aguas rápidas según el momento.  Los Blackberry Clouds navegan por ese abundante caudal de ideas con una agilidad encomiable, aunque su recorrido no sea necesariamente  por un espacio físico en el sur de los USA, sino más bien por otro de más cercano. Me refiero a  nuestro propio estado emocional con el que se puede sentir, de inmediato, una tremenda empatía con su música altamente conmovedora.      

Nota: Puedes escuchar las canciones en el bandcamp de Clifford Records en cuya web podrás adquirir una copia del disco en vinilo más descarga digital gratuita.

martes, 11 de noviembre de 2014

Jysus funde “Love, Nature and disasters”, una experiencia memorable en busca de la felicidad

Portada. Sonia Paredero
El entorno natural, el amor y los desastres vitales forman un triunvirato conectado por casualidades y consecuencias que, en el mejor de los casos, nos permiten aprender para subsistir en este mundo en que nos ha tocado vivir. Quizá no haya más misterio que lo evidente y por eso nos procuramos historias, explicadas con palabras e imágenes, y arropadas por la música, que compensan la difícil realidad cotidiana mediante reconfortantes espacios oníricos muy personales. Jysus y su nuevo disco titulado precisamente “Love, Nature and disasters”, reúne todos los elementos precisos para destacar en nuestra propia banda sonora de ensueño. Con sus maravillosas canciones, han creado un paradigma en el que confluyen el folk, la psicodelia, o el country con una extraordinaria destreza instrumental y una emotividad altamente creativa. De este modo, reinterpretan el legado del rock and roll americano con brillantes resultados como los obtenidos por los boxeadores Arturo Gatti y Mikey Ward quienes destacaron por su gran caballerosidad y amistad en el ring  en esa trilogía de peleas a la que dedican uno de los temas del nuevo disco editado por Sunny Day Records y Lontano Records.
 
Trayectoria

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine
La banda Jysus está formada por el músico asturiano Isaac, guitarra y voz, (The Perloras, Los Energéticos) que, al trasladarse a Madrid con sus canciones, inicia un nuevo  proyecto con Javi al bajo (Wild Honey, Fumestones y Mittens), David a la guitarra (La Reacción) y Marco a la batería (Hollywood Sinners, y Gamónides con Isaac).  Debutan con un mini Lp para Folc Records  en el que hilvanan varios referentes para crear un sonido propio con el que han seguido trabajando abriendo nuevos e ingeniosos espacios sonoros hasta llegar a estas nuevas canciones, ocho de ellas cantadas en inglés y una en castellano. El disco Lp que te presentamos en esta reseña fue grabado y mezclado entre los meses de enero y abril de 2014 en los estudios del Submarino (Madrid) y masterizado por Jorge Explosión en el Circo Perrotti. Ana Steinberg hizo coros en el tema “Two Fighters”. De nuevo han contado con la colaboración de la fascinante artista Sonia Paredero, autora también del logo de la banda, quien se ha encargado de plasmar en la portada el efecto de proximidad con sus conocidos relieves visuales tan detallistas.  

Las canciones

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine
El Lp se abre con “The Darkest Wine”, un tema de amores complicados en el que la banda surge del silencio con una amalgama de guitarras propias de un country valiente y atmosférico. Trenzan motivos que sirven de colchón generoso para que se luzca la extraordinaria voz principal que camina entre ritmos pausados acompañada por  riffs enérgicos combinados con secuencias dulces. Varios solos de guitarra con tonalidades psicodélicas contribuyen a engrandecer este magnífico tema inicial. Le sigue otra maravilla sonora sin fronteras como es “Barren Earth”.   Canción de sensibilidad extrema en la que hay espacio para las estrellas si el cielo está limpio, al tiempo que la madre naturaleza lucha contra la codicia del ser humano. Por la  tierra yerma caminamos acompañados por esas geniales acústicas entre la alegría del día y la ansiedad del futuro que nos espera. Otra bonita melodía con arreglos emotivos y ritmos persuasivos en la que aparecen detalles de eléctrica que redimensionan el motivo central a un nivel sublime. De nuevo nos regalan otro solo de guitarra antológico.

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine
Le sigue “El Perro”, tema interpretado en castellano con aires fronterizos propios del tex mex. Dispuestos a no perdonar una traición, es momento de descargar la rabia con pasión cuando se trata de una cuestión de honor. Con marcado ritmo bailable, la banda descarga con unos  compases ácidos de guitarra y pone de manifiesto que sus creaciones resultan en español tan convincentes como en su habitual inglés. “Flowers Never Bend With The Rainfall” es un tema de Paul Simon, de Simon & Garfunkel, que fue editado en single en 1966 por Columbia con “I am a Rock” e incluido en el disco de ese año con la misma discográfica, “Parsley, Sage, Rosemary And Thyme”.   La letra se mueve entre la alegría y la tristeza, entre la realidad y la ficción, entre los sueños y la vida, escondidos tras la ilusión, sin saber dónde empieza una y termina otra, sin poder tocar lo que se siente. Un tema altamente lisérgico que si bien en las voces del famoso dúo norteamericano suena reflexivo y frágil, con los Jysus adquiere un vigor inusitado que logra no solo adaptarlo a su propio cosmos sonoro sino que lo enaltece mediante una visión propia muy enriquecedora.

Micky “Irish” Ward y Arturo “Thunder” Gatti
El siguiente corte esta dedicado a una trilogía de combates de boxeo muy famosa que se llevó a cabo entre 2002 y 2003 entre el italo-canadiense Arturo “Thunder” Gatti, y el norteamericano Micky “Irish” Ward. La primera pelea tuvo lugar el 18 de mayo de 2002 en Mohegan Sun Casino de Uncasville, Connecticut, y ganó Micky Ward. La revancha se pactó para el 23 de noviembre del mismo año en el Boardwalk Hall de Atlantic City, Nueva Jersey. Arturo Gatti se llevó la victoria. Y el tercer combate tuvo lugar en la mencionada segunda sede el 7 de julio del 2003. Tras un final espectacular, ganó Gatti y los dos boxeadores se fundieron en un abrazo de amistad y respeto. Micky Ward se retiró del pugilismo mientras Gatti  siguió con su carrera conquistando el título vacante junior welter del CMB (Consejo Mundial de Boxeo) el 24 de enero del 2004. Falleció en 2009. La trilogía es muy apreciada por los amantes del boxeo no solo por la exhibición de técnica, talento y coraje sino también por la carga emotiva que unió a los dos púgiles. En cuanto al aspecto musical,  los Jysus  conjugan melodía y rítmica con una sensibilidad extrema gracias a esos detalles de guitarras que bien podrían simular el baile del boxeo, más algunos detalles de tensión eléctrica como en los combates, entre coros celestiales y silbidos juguetones hasta que el tema se va perdiendo entre los últimos surcos de la Cara A.

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine

La cara B empieza con  “ Light breaks”. Se trata de una preciosa canción hilvanada con los recuerdos, conviviendo con esas cicatrices que el tiempo no logra curar, esperando que llegue el invierno que siempre resultará más cálido arropado por la persona amada. Una canción muy envolvente, con un tempo pausado, contemplando la realidad que nos envuelve pero también aquella  que persiste y se remueve en nuestro interior. Guitarras, bajo y batería de country folk resguardan a la voz principal que avanza cantando con una delicadeza  de pop sunshine. “Elephant” está dedicado, como su nombre indica, a un elefante de las montañas de Munnar, en el sur de la India, al que algunos consideran un asesino y otros la reencarnación del dios Ganesha, uno de los más adorados en la India, que precisamente tiene cabeza de elefante.  La canción de los Jysus se articula en un combinado de bajo y guitarra inicial que desemboca en un recorrido psicodélico de guitarras verdaderamente magistrales para musicalizar la soledad y la nobleza de su protagonista. Incluyen unos compases con aires orientales.

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine
“Pictures of the century” tiene un aire apoteósico, enérgico, de denuncia de esos desastres provocados por la mano del hombre reflejados en esas fotos del siglo entre mares contaminados, personas quejándose sin hacer nada, torres que se derrumban, guerra y destrucción. Los sueños son el único sitio posible para esconderse.  Termina el disco con “Junkie”, un estremecedor tema para entonar el mea culpa en aquello que hemos fallado con la esperanza de ser mejores en el futuro cuando nos damos cuenta de que aquellos que considerábamos los mejores amigos son en realidad nuestros enemigos. Atrás queda “el caballo y los hombres de azúcar”,  mientras la batería va marcando con solemnidad ese ritmo del corazón esperanzado.    


Reflexión final 

Jysus. Foto: Felipe Ecstasy and Wine
Los Jysus no solo han conseguido un disco memorable  por el enorme nivel compositivo de sus canciones, incluida esa versión tan imaginativa que nos ofrecen.  Por poca atención que le prestes, te darás cuenta de que su música va más allá de la evidente destreza instrumental de sus componentes. La pasión colectiva que, sin lugar a dudas, consiguen  con sus emotivas historias es verdaderamente fascinante. “Love, Nature and Disasters” es un disco de cabecera que está llamado a perdurar en el imaginario de nuestra escena de rock and roll e incluso me atrevería a decir que puede conmocionar más allá de nuestras fronteras. En el momento que entre a formar parte de tu realidad cotidiana se fundirá con tu propia existencia, de forma indisoluble. A partir de ese instante, conectarás con sus prodigiosas canciones repletas de cuidados matices sonoros entre una eclosión musical tan conjuntada como sorprendente, y tu vida va a cambiar; puedes estar seguro de que nada volverá a ser lo mismo.  Perderte una oportunidad así equivale a renunciar a ser un poco más feliz, y todos sabemos que regalos tan preciados  como éste deben ser aprovechados en toda su magnitud para que los buenos sentimientos nos permitan mantener el equilibrio emocional necesario.    

Nota: Podéis escuchar y comprar el disco en el bandcamp de Sunny Day Records. Los Jysus actuaran el próximo 7 de diciembre de 2014 en el Gran Café de león dentro de la flamante edición de 2014 del Purple Weekend.