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lunes, 15 de diciembre de 2014

Pigmy crea “Hamsterdam”, conmovedora ópera de pop intimista con vocación universal

Portada con el diorama 
Por alguna razón que obedece a la costumbre muy nuestra de ser implacables con todo aquello que por sistema no nos gusta, los discos conceptuales son considerados,  por muchos amantes del rock and roll, como aburridos y excesivos.  Si somos estrictos con su definición de manual, este tipo de álbumes únicamente se diferencian del resto en que su autor, solista o banda,  concibe y articula su obra mediante un vínculo temático que entrelaza las canciones. No son, en absoluto, características intrínsecas a esa cohesión argumental: que se parapeten bajo largos solos insustanciales de quince minutos, entre ambientaciones de relleno inexplicables con ínfulas  cinematográficas, musicalizando letras farragosas producto de iluminaciones sin pies ni cabeza, entre otros detalles que suelen producir sarpullidos al rockero “underground” que presume de ello. Lo conceptual no tiene porqué implicar necesariamente intelectualidad de postín con aires de grandeza. Como tampoco creo que el pop implique, sin otra posibilidad, una visión irrelevante y vacua de la vida, siendo por ello incompatible con la narración de historias más allá de los tres minutos entre dos escasos acordes.

Vicente Maciá "Pigmy"
El nuevo trabajo de Pigmy, con el título genérico de “Hamsterdam” (Hurrah Música 2014),  es el ejemplo ideal para contrarrestar todos estos prejuicios ciertamente insostenibles y ridículos. Se trata de un disco doble con una cuidada y lujosa edición de vinilo, también la hay en Cd, en el que han colaborado un largo elenco de músicos y artistas con los que Vicente Maciá “Pigmy” ha culminado una preciosa ópera pop de marcado carácter intimista con vocación universal. Narra la vida de un ratón especial llamado Tomás (el nombre deriva de un roedor antepasado llamado Tom que Vicente creó ya en los Carrots), que puede escuchar el alma de las personas convertida en canciones. Esa habilidad condiciona su relación con su entorno y su destino. El protagonista acaba soñando una ciudad utópica para que también encuentren acogida las personas excluidas de la sociedad. Musicalmente, el disco presenta un variado abanico de arreglos preciosistas que entrelazan el pop psicodélico con el acid folk, incluidos cortes bailables, entre instrumentaciones de una sencillez que encoge el corazón mientras que otros se expanden con magníficas orquestaciones gracias a impecables secciones de cuerda, metales, teclados, percusiones y todo tipo de recursos sonoros con los que se construye un imaginario muy original de enorme belleza.      


Trayectoria

Pigmy "Miniaturas" (2006)
“Pigmy” es el nombre familiar con el que se conoce, a nivel artístico, a Vicente Maciá "Willy" (nacido en 1975) quien formó parte como guitarrista, cantante y compositor de los Carrots. Como bien sabes, se trata de una banda de pop psicodélico formada en 1997 en Barcelona y que, durante nueve años de trayectoria, grabaron tres Lp’s más Ep’s y maxis editados todos ellos por Grabaciones en el Mar. Entre esos discos destaca por su innovadora relevancia, “Sunshine”, un álbum reeditado recientemente en vinilo y una de las cumbres del popsike internacional de principios del milenio.  Tras separarse en 2005, Pigmy inicia una carrera en solitario y graba su primer disco con el título de “Miniaturas” (2006 en Cd por Junk Records y en vinilo en 2009 Rock on Music). El disco contiene 11 temas que se mueven entre el pop y el folk psicodélico de finales de los sesenta y principios de los setenta con un extraordinario dominio melódico. En 2009 los Carrots volverían a tocar juntos.

7" de adelanto con Chesapik
Ya en 2013, Pigmy saca un Ep con Chesapik, en el que incluye dos temas, “Pan y Regaliz” con su versión instrumental, y “Soldadito de Plomo” grabado con su amigo personal y también excelente músico, el murciano Angel Ninguno, en 2008.  Se trata de un Ep en edición limitada a 100 copias en el que se avanzan algunos contenidos esenciales para comprender la gran obra conceptual en la que su autor ha trabajado durante estos últimos años hasta la actualidad.  

“Hamsterdam” fue compuesto, escrito, arreglado y producido por Pigmy quien también se encarga de las orquestaciones con la ayuda de Raúl Patiño, así como de las mezclas con la colaboración de Esteban García. Se grabó en los estudios Odds, Ultramarinos Costa brava, Medusa estudio, Pigmyland y La Capsa, entre julio de 2009 y julio de 2014. Finalmente fue masterizado por Nathan James en The Vault Mastering (Nueva York). El proceso contó con al colaboración del micromecenazgo.

Pigmy en el estudio en 2009 
Pigmy se ha encargado de cantar, así como de tocar casi todos los instrumentos como el piano, la guitarra acústica y la eléctrica, más  la slide, el bajo, la percusión, clavicordio, harmonium, mellotrón, varios teclados, ukelele, mandolina, Glokenspiel… Han colaborado, en algunos de los temas, los siguientes músicos: Angel Ninguno a la guitarra, voz, harmónica y ukelele; los violinistas Jordi Montero, Asier Suberbiola, Ramsés Puente, Tania Mesa, y Laura Gaya; Felipe Escalada y Aroa García a la viola; Martín Meléndez más Cèlia Torres al violonchelo; Freddy Forner al piano; Enrique Forner y Pep Nula a la batería y percusión; Nathan Vilafranca y Mikel Vázquez el bajo; Robert Castellanos, contrabajo; Paco Loco al Hammond; Esteban García, trompa, piano, clavicordio y órgano Elka X750; Xavi Pastor al órgano Elka; Dani Artacho, vibráfono; Irene Sansalvadó y Jéssica Rizo a la flauta; Cari García al oboe; Jaume Peña y Jorge Sanjuás a la trompeta; María Puertas, tuba; Tito Suárez, trombón; Sergi Franch, saxo; Adrià Grandia, zanfoña; más las voces de Alondra Bentley, Eli Martín, y Mónica Escrig.                  

El Diorama y el texto narrativo

Interior del disco 
La portada y el interior de “Hamsterdam” reproducen un diorama realizado por Oscar Sanmartín, (+ info) quien fuera autor también de la carátula principal de los discos del Niño Gusano. Se trata de una escenografía a escala 1/10, con las siguientes dimensiones:  50 cms de alto, 100 cms de largo y 40 cms de profundidad. Fue construido en siete meses y como el disco, el ratón es el elemento principal a modo de imagen simbólica de lo que representa y su evolución durante la historia. El proyecto es también un claro homenaje a la pintura Flamenca de los siglos XV y XVI, que enlaza con el título del disco.  Las fotografías de ese diorama son de José Manuel Fandos. Por otra parte, Iván R. Cuevas se ha encargado de redactar los textos que describe la historia principal y que podrás leer en los encartes de los dos discos donde también figuran las letras de las canciones y todos los datos tema a tema. También se incluye un plano de la ciudad de Hamsterdam con forma de ratón que contribuye a completar el preciosismo de esta magna obra en todos los sentidos posibles.

Las canciones 

Pigmy 
El argumento se remonta al principio de los tiempos, cuando la nada “hastiada de si misma, comenzó a tarararearse y se hizo la luz”. Tras cada nota, hay la explicación de nuestros orígenes y un ratón es el escogido para entender ese misterio que nos puede asegurar la salvación y la felicidad. Con este prefacio, empieza el disco 1 y lo hace con el maravilloso tema “Abriendo el retablo”. Nace en “Febrero” (como el mismo Vicente Maciá)  un minúsculo ratón y sus suspiros se confunden con estrellas en el firmamento.  Sobre el tierno piano, canta Pigmy, con su entrañable voz, una melodía cariñosa que nos lleva a unos espléndidos arreglos de cuerda. Le siguen los instrumentales “Juego de Niños” e “Hiato”, conmovedores, envolventes, con detalles fantásticos de piano, y un órgano celestial que precede a la entrada de la voz dulce de Eli Martín en “Canción de cuna”. Tomás aprende en su adolescencia a tolerar el sonido de la confusión. Muere su madre (la madre de Pigmy también murió) y la misma noche en la que a ella se le cierran los ojos, a él se le abren los oídos. Cierra ese primer capítulo, un tiempo musical oscuro y penetrante, aires de  incertidumbre con la música de las esferas entre sintetizadores, llamado “A.M.”.

A la mañana siguiente, su entorno “palpita con un ritmo diferente, extrañamente armónico”. Con “Pan y Música” surge el don de convertir el alma en canción. Un ukelele, y la voz de su autor diciéndonos que “no es de sabios pensar que estar triste lleva a algún lugar”. Un ritmo de pop amable con melodía de ensueño en el que sobresalen aportaciones fascinantes de bajo, oboe, y cuerda. Le sigue “Pastor”, otro tema de pop en su máxima esencia con detalles de folk, entre versos cautivadores como “me sobra amor y me falta valor para admitir que haciendo el mal soy feliz”. La cara A finaliza con la necesidad de nuestro Tomás aprenda a utilizar su fabuloso don.

Jordi Montero, Pigmy y Angel Ninguno (2009).
En la cara B del disco 1, Tomás abre todas las “Cajas de Música” de la Villa para que se escapen las melodías retenidas en la oscuridad durante mucho tiempo. Se trata de un instrumental extraordinario, con tal belleza de arreglos rítmicos y melódicos, que invita a encontrarle una voz principal que culmine ese fabuloso trabajo compositivo. A nuestro protagonista le cuesta encontrar el camino y opta por seguir de prestado el de otros mediante “El Buscador de oro” entre la basura. En este caso, la canción despierta el entusiasmo de aquellos que “recolectan miel entre la amargura”, “cambian sacrificios por calor” y empeñan el oro que encuentran por un verso, para al final conformarse con  “el bronce y ser un Tres”.

Con la siguiente melodía titulada  “Me enamoré de una perra” aparece el amor “que solo es vapor, etéreo gas”. Acompañado por la acústica, precisos abrazos rítmicos y violines sedosos, Tomás sueña con ser de su misma especie, “tropieza y vuelve a caer”, y al menos intenta ladrar por ella. Interludios de lujo contribuyen a buscar crescendos memorables con el propósito de conseguir ese equilibrio vital que nos facilite la melodía propia. Termina la cara y, de paso, el primer disco, mediante un instrumental llamado “No”, un extraordinario juego de líneas melodiosas elegantes, pulcramente definidas entre el silencio, con el oboe como principal protagonista.    

En directo en La Capsa, (2014)
Ya en el Disco 2 nace la ciudad de “Hamsterdam”, el Dorado para cobijar a los “sin brillo”. Un tema de pop psicodélico de ritmo marcial y juguetón, entre recursos prodigiosos. Tomás construye una ciudad dentro de él. Ya no cree ni en lo que ve. Le acompaña, en su marcha triunfal, una magnífica banda de metales. Ha llegado el momento de sembrar para recoger consejos. “Martillo al dedo”, siguiente canción, implica el momento en el que comparte la vida con todas sus maravillas pero también con sus inevitables dificultades. Mejor respirar y contar 10 antes de amar, y 100 antes de odiar. Arpegios delicados envuelven bonitos solos de flauta mientras la pareja “encuentra setas en un sucio bosque del sur”.

Cae la noche, y el búho le observa con sus garras de bisturí. Tomás, el pequeño ratón que no tiene canción” podría ser un banquete perfecto pero su potencial depredador le  deja ir “más sabio, más vivo”. “El Buho” que así se llama esta canción, contiene  cambios de ritmo que insuflan alegría y mucha humildad: “quieres ser serpiente y eres tan solo un cordel”, entre alguna que otra advertencia: “tu armadura es mantequilla al sol, las golosas moscas la besarán”.

El protagonista sigue su camino decidido  a abrir todas las jaulas que encuentre en él. Entramos en la pequeña máquina del tiempo que es “La Rueda”, una canción con momentos bailables que podemos coleccionar para elegir y convertirnos en la “Reina en este gran tablero de ajedrez”. Para viajar, “mueves tus pies”. “Detente, y caerás”.

En directo en la Capsa (2014)
La cuarta cara de este grandioso álbum nos recuerda que el Tiempo “es ese gato que acecha al que nadie jamás ha conseguido ponerle el cascabel”. “El gato y el ratón”, que así se titula el tema nos habla de situaciones que se repiten con los “mismos personajes y un idéntico final”. Todos colgamos del mismo hilo formando la gran familia de los que nunca existieron, los invisibles ante el poder establecido. La canción trenza guitarras, mandolina, sitar, autoarpa, y zanfoña, creando una extraordinaria atmósfera psicodélica entre campanas y relojes, más coros luminosos.

De este modo llegamos a la batalla que un “Soldadito de plomo” libra desde hace décadas contra la realidad, para defender  su dignidad. Una canción exquisita con la ayuda del gran Angel Ninguno, dispuestos ambos a “aprender para recuperar la desidia de poder tener”.  Diferentes teclados y percusión cierran el motivo principal en el instante que “cae la tarde sobre los confines del tablero de juego”. Tomás cierra los ojos y vuelve a comenzar la partida. “Si” que así se llama el último corte se mueve con toda la dulzura del mundo gracias a unos inspirados instrumentistas que desarrollan, con elegancia, la idea original de un Pigmy que cierra esta maravilla de disco firmando su rendición, como la primera de sus victorias, y diciéndonos en los últimos versos “para encontrar primero hay que perder…”. FIN.

Reflexión final

Foto de presentación en el Verkami
“Hamsterdam” surge de la enorme imaginación de un gran artista como es Vicente Maciá quien ha conseguido describir, mediante maravillosos momentos sonoros y profundas metáforas vitales, las preocupaciones pero también las motivaciones del antihéroe, excluido del triunfo personal que promueve el androcentrismo vigente mientras relega a los "perdedores" a un plano prácticamente invisible. Este disco conceptual culmina un proceso de varios años durante los cuales, Pigmy ha buscado en su interior melodías e historias conmovedoras que nos pueden ayudar a seguir soñando con un mundo mejor; como un soldadito de plomo que lleva años luchando contra la mediocridad y que, al final, opta por crear un nuevo juego con sus propias reglas. Destaca en la portada abierta del disco, la siguiente frase: "Yo os daré lo que ningún ojo ha visto y ningún oído ha escuchado, y ninguna mano ha tocado y que no ha surgido en la mente humana".  El compromiso se cumple en forma de ciudad onírica en la que compartimos algergue emocional con extraordinarios profesionales de la música, el arte gráfico o la literatura que le han acompañado en esta fantástica aventura de crear un mundo paralelo en el que puedes viajar con la mente aunque en realidad solo des vueltas a la monótona rueda de la existencia. Ante esa evidencia, resulta imprescindible recordar que si te detienes, caerás.

En directo en la Capsa (2014)
Sus canciones transmiten un extraordinario cariño no exento de algunas gotas ácidas producto de la impotencia ante la imposiblidad de modificar nuestra cotidianidad. No es un disco de discursos fáciles, ni promesas felices. Pigmy nos propone cambiar nuestra recurrente visión de fracaso con la evidencia de que una rendición a tiempo resulta siempre la primera de las victorias cuando decidimos volver a empezar. Para ello se ha metamorfoseado en un pequeño ratón que afronta la vida convirtiendo su entorno en canciones, modificando la realidad con un lenguaje que entiende y con el que se asegura la merecida felicidad. Todos podemos ser Tomás, y aquí radica la gran grandeza de este disco porque va más allá del intimismo y la experiencia personal de su autor. “Hamsterdam” comporta  una enriquecedora vocación universal, la de transmitir las fuerzas y la esperanza imprescindible para encontrar en nuestro propio camino la canción que resuelva “la ecuación en la que nos hallamos enfrascados con la queja como alquímico elemento”.  Simplemente genial.
                                          
Nota: Puedes adquirir una copia del disco en doble vinilo o Cd en la mayoría de tiendas de música del país así como escuchar las canciones en spofity.

Video con el tema que da nombre al disco "Hamsterdam" de Pigmy en el que puedes ver imágenes de cómo se fue fabricando el diorama de Oscar Sanmartín


jueves, 5 de diciembre de 2013

Déjate llevar por las emotivas historias de Ángel Ninguno y siéntete como liebre en madriguera

Portada de Marina Guerrero

Todo el mundo sabe que para contar con gancho una historia, no solo hay que tener un buen motivo. El arte de hilvanar la narración, o la destreza para sensibilizar el lenguaje con arreglos  musicales, se convierten en herramientas y recursos indispensables para crear una complicidad imprescindible entre un emisor y un receptor que comparten ese, siempre fascinante, proceso comunicativo. Angel Ninguno tiene, mediante su disco de debut, “Una historia que contar”, editada por Clifford Records, y en ella ha volcado sus inquietudes, su cosmología, algunos recuerdos y su amor por la naturaleza; y lo ha hecho con un convencimiento encomiable, tan introspectivo como realista aunque, a priori,  pueda parecer un álbum meramente bucólico.

Angel Ninguno. Foto:Lara Roda
Ángel Martínez es un músico murciano criado en la vida rural a medio camino entre la villa de Cañada de la Cruz y la ciudad de  Caravaca de la Cruz, cerca del límite de las provincias de Murcia y Albacete. Estuvo tocando la guitarra con el grupo de pop Vacaciones, donde también estuvo Rafa Skam (The Yellow Melodies), hasta que deciden seguir sus propios caminos en solitario en 2006. Ese año inicia su propio proyecto bautizado como Ángel Ninguno y consigue el primer premio como artista revelación  musical del festival Tendencias al mismo tiempo que queda entre los primeros puestos de revelación nacional del festival Contempopránea y Lemon Pop. Tras pisar los escenarios de varias  salas del Estado, se plantea la necesidad de dejar constancia de las canciones que va creando y con ese propósito llega a 2008. Ese año graba en Barcelona dos temas con el músico Pigmy que, como bien sabrás, se trata de Vicente Maciá “Willy” de los Carrots.  Uno de esos temas es “Quién” incluido en su álbum de debut y el otro “Soldadito de Plomo” que Pigmy ha editado en el single de adelanto de su inminente nuevo disco “Hamsterdam”.

En octubre de 2013 salía a la luz su álbum de debut como solista de Angel Ninguno en formato Lp de vinilo. Una edición limitada de 200 copias que ha sido posible gracias al micromecenazgo y al sello discográfico Clifford Records. Las canciones han sido compuestas, arregladas y grabadas por Angel entre el año 2012 y 2013, excepto la mencionada “Quién” de Pigmy que cobró vida en 2008. Aparte de Vicente Maciá  que aporta voces y guitarras en ese tema, han colaborado en el disco Amélie Bernal quien canta y toca la guitarra en “Tramontana”; Marcos García a los teclados en “Los Cementerios del Mar”; Francisco López a la batería; Antonio Viwe con los teclados en “Oda al viento”; Inga Schulte al chelo en los “Cementerios del Mar” y “Azahar”; y Jordi Montero al violín en “Quién” y “Los Cementerios del Mar”.

La mezcla del disco la llevó a cabo el propio Ángel con Constantino López en los estudios Primavera en el Atlas de Alhama de Murcia y de la masterización se encargo  Guido Lucas. La preciosa ilustración de la portada es de Marina Guerrero. Resulta muy apropiado el dibujo de ese paisaje invernal que, pese a todo, está repleto de colorido mientras deambula un músico sin cara para que todos podamos imaginarnos la nuestra propia. También hay que mencionar que Ángel se encargó de la maquetación y que el disco está dedicado, de forma genérica, “a los que quedan en el recuerdo por su valiosa sabiduría”.  


Las canciones

Angel Ninguno. Foto de su Fb.
El disco de Ángel Ninguno, con una historia que contar, contiene nueve intensas canciones que se articulan temáticamente mediante recuerdos y sensaciones personales consecuentes a su pasión por la naturaleza entendida desde los parámetros de la vida rural, donde se crió. Pero que esa circunstancia no nos lleve al engaño de pensar que su manifiesto bucolismo está exento de la realidad cotidiana, ni mucho menos es únicamente contemplativo. Sus historias cuentan la vida de un niño acosado por los demás porque es distinto. Nos hablan también de los  mares contaminados por el plástico que arrojamos; de esos  amores que acaban cuando ya no hay nada más que hacer para salvarlos; de asumir fracasos, o de volar cuando es preciso desarraigarse de la realidad o de nuestros propios sueños. Todas las canciones emanan algo muy personal de Angel pero a poco que las escuches te darás cuenta que perfectamente puede estar hablando de tu vida o quizá la de alguien muy allegado a ti. De lo que no hay duda es que no tienen un solo acorde ni una sola palabra de desperdicio. Por ello vamos a escribir sobre ellas, una a una como bien se merecen.

Foto del abuelo de Ángel
Con el ruido peculiar de las ovejas, sus balidos y sus cencerros, oímos la “Salida del rebaño”, mientas amanecen esas guitarras folk procurando una sensación de paz y bienestar que nos permite imaginar la escena durante una mañana apacible. El tema adquiere una dosis energética necesaria para seguir el ritmo entre palmas y un toque de folklore murciano nada desdeñable para acabar con el ruido de los corderos adentrándose en busca del pasto y de sus madres. Como detalle de cualidad hay que añadir que Ángel desciende de familia de pastores.

Le sigue el tema “Niño Antena”, una historia que empieza en sábado, entre pájaros cantando, con un niño durmiendo en su portal tras una noche en vela. Nos cuenta la vida de un ser muy peculiar: un niño que se imagina antena, que quiere ser valiente, amable, fuerte pero que tiene miedos que no puede controlar, barreras difíciles de derribar. Acosado en la escuela, con un mundo inventado, le odian por sus virtudes. Su madre piensa que es superdotado, pero es corriente y normal.  Una canción cariñosa con esas guitarras cercanas a los laúdes que se dejan llevar por un ritmo amable y algunos toques flamencos de guitarra a contrapunto.

Angel Ninguno. Foto de su Fb.
“Tramontana” tiene esa mezcla entre el sonido del viento y las guitarras que preceden las voces de una “cruzada” entre el frío de la montaña, a lomos de un caballo avanzando entre la gran nevada; en un viaje para purgar los deseos que llevamos dentro. A destacar esas guitarras entrañables con punteos envolventes y percusión firme, así como frases   tan enriquecedoras como “el verso y mi espada forjados en la misma fragua”. Se incluyen también coros que le dan un toque de acid folk.

“Oda al viento” cierra la cara A con guitarras bailarinas y teclados, mientras su autor se pregunta: “si somos tan fáciles de resquebrajar para que tanto dilema, deja de llorar por ti, por mí. Aquí terminó la historia, si somos objetivos, es fácil de asumir”. Otro tema sensacional con un buen solo de guitarra que pasa a ser una segunda voz entretejiendo las emociones a flor de piel.

“Los Cementerios del Mar” inicia la cara B con ruido de fondo del de mar y gaviotas prendiendo a las guitarras melancólicas y los teclados envolventes. Mares llenos de plástico sobre los “qué estoy convencido de que no hay vuelta atrás”. Dividida en dos partes diferenciables pero consecuentes, la canción  adquiere una prestancia elegante, por momentos clásica, gracias a unos sensacionales punteos de guitarra que hilvanan secretos  con acompañamiento de un magnífico violín y chelo. Incluso añade un toque latino con percusión oriental y bajo, nada desdeñable. “¿Cómo restablecer el destino?”, se pregunta Ángel, a lo que añade: “Lo que se ha tragado el mar nos lo retornará pulido”. La canción también tiene sus momentos psicodélicos con un buen riff de guitarra eléctrica y batería. Para finalizar, una frase contundente: “Me gustaría encontrar la forma de escapar…” y unos arreglos “medievales” que convierten a este tema de folk psicodélico en francamente muy original.    

Jordi Montero, Pigmy y Angel Ninguno
“Quien”, cantado a dos voces, es otra perla del disco. Un tema que va creciendo en intensidad mientras se formula preguntas sobre la persona amada. “Quién te dijo que te odiaba, que lo voy a estrangular. He buscado por los mares una razón, me has quitado la cordura… ¿quién me tira de la lengua?… y ahora soy un perdedor, un castigo que perdura, pretencioso y rompedor. Me despido sin furor”. “Azahar”, siguiente canción,   tiene ese toque melancólico que nos arropa con otra memorable aportación de la cuerda. “Vuela lejos flor para no volver, alas de papel proyectan elevarte con un soplo sutil.  ¿Cuál es la distancia entre tú y yo, cuál es el espacio y cuál la dimensión?… Déjate llevar… arranca tu raíz y vuélvela a plantar; quizás en el camino se cruce otro final… desde el rincón puedo respirar el rastro que dejaste… vuela hasta el final quizá los nuevos días nos vuelvan a encontrar”. Poesía del alma musicada con extraordinaria destreza y repleta de detalles sutiles que distinguen un estilo propio bien definido.

“Una historia que contar” es, a nuestro modo de ver, una perfecta canción de popsike, incluso con algo de beat sixties, gracias a sus arreglos tan preciosistas y esos coros encantadores. Ángel nos dice ”disculpe la intromisión, voy buscando un final que llegue con discreción… voy buscando a quien ladrar. Dejo rastro en cualquier intento. Como un mal perdedor, actuó sin un papel, con un miedo que anda suelto y esclavo del sentimiento. Voy malherido y no encuentro páramo donde aullar para crear una historia que contar”.

Angel Ninguno y Amélie Bernal
Acaba el disco con una “Noche invernal” en la que irrumpe el sonido de una tormenta. Aparece de nuevo el rebaño para cerrar la jornada de reflexiones y vivencias tanto existenciales como sonoras: “es muy tarde ya, la nube está muy cerca, no sé donde buscar…el rebaño está en la sierra, mañana dios dirá… Noche invernal, enciendo una hoguera, quien pudiera estar como liebre en madriguera”. Magnífica canción en la que se pueden apreciar también esos detalles de folk de raíz murciana que Angel recuerda de las Cuadrillas: música de tradición con canciones que hablan de las hazañas del pueblo interpretadas por las rondallas.


Angel Ninguno tocando en la Cuadrilla
Como habrás podido comprobar hay muchas cosas a destacar en el disco de Ángel Ninguno, entre otras tantas que, con toda seguridad, encontrarás tú mismo o misma al escuchar este gran álbum. Entre todas ellas, me ha llamado poderosamente la atención la expresión “como liebre en madriguera” porque creo que contiene, en gran parte, la esencia de este fabuloso trabajo discográfico. A riesgo de pecar de atrevido, creo que la mencionada  frase implica dos aspectos importantes para el proceso creativo del autor. Por una parte esa necesidad de libertad, la de la liebre en sintonía con la naturaleza al margen de un entorno domesticado, por no utilizar directamente la reivindicación de un mundo salvaje alejado de esas malévolas reglas anquilosadas de la sociedad. Por otra parte, se me antoja la no menos imprescindible sensación de tener algún sitio donde refugiarse de los peligros que nos acechan. Una madriguera que, como tal, contiene en si la posibilidad de desarraigarse para desplazarse a otros páramos cuando haya necesidad de cambiar. Apostaría a que la música, para Angel Martínez, como para muchos de nosotros, es esa madriguera a la que acudimos para refugiarnos de los desengaños, para buscar razones acechados por los cementerios del mar, dentro de ese páramo donde poder aullar o ladrar.

Detalle de la portada
La obra de Angel Ninguno resulta, en definitiva,  tan sutil como cariñosa, y por encima de todo, ideal para arropar nuestros miedos con el loable propósito de explicarlos con absoluta normalidad. ¿Cuántas veces nos hemos sentido, como él mismo dice, esclavos del sentimiento, dispuestos a volar hasta el final?. ¿Cuántos rastros hemos seguido con el poder de atracción del azahar?.  Personalmente, muchos, y  Ángel Ninguno me lo ha recordado con una extraordinaria creatividad que ha conseguido emocionarme. Con un disco tan sincero como éste, espero que “los nuevos días nos vuelvan a encontrar” para que nos cuente y nos cante muchas más historias tan reconfortantes como éstas.     

Nota: Puedes escuchar el disco en el bandcamp; comprar una copia en la web de Clifford Records o escuchar una entrevista con el autor en el programa del Cuartelillo.