Ese ruiseñor que cada mañana
canta bellos trinos sobre aquella rama,
se ha enamorado de una golondrina
que tiene su nido bajo
el tejado
de mi vieja casa.
Desde allá en lo alto él le entrega su canto
y mientras, ella, escucha embelesada.
Pero llega el frío y
la golondrina tiene que partir.
Es ave viajera y su naturaleza
lo ha dispuesto así.
Pico con pico, dulce beso de pájaro,
y ala sobre ala, es
su tierno abrazo.
El ruiseñor, con mirada lánguida
susurra llorando:
“cuando pase el invierno y vuelva el calor,
golondrina linda, te estaré esperando”