MARC EL VAMPIROS
El cielo era gris, como tantas otras veces que había mirado por la ventana de marcos oscurecidos, madera noble, carcomida por la termita. Era gris marengo. Las personitas vagaban inmisericordes, alejadas de la realidad, mirando la ventana con hambre insaciada. Las personitas eran personitas porque había una considerable distancia entre ellas y Marc. Si estuvieran cerca la furia del hambre no se podría contener e intentarían devorarlo, separar sus ligamentos de los huesos de la espina dorsal, para evitar que se crease otra personita hambrienta que disputara la comida. Lo intentarían, claro está, pero desde su conversión, las personitas poco podían hacer con Marc, que era mucho más veloz, rápido, intuitivo y mortal que los grupos de zombies que correteaban las calles. Y más que todo eso era fuerte, increíblemente fuerte. Podía desmembrar un zombie con un mero gesto de los brazos, y si se veía rodeado por muchos, con un salto alcanzaba la copa de un árbol para poder otear la zona cerc...