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LLAMADME CALOR - LA VOZ DE CÁDIZ (21-08-13)

Qué caló ni calé. A cualquiera le llaman calor. Un minero de tez amarillenta vestido al modo ignífugo, los cabellos pardos, sus orejas taponadas por auriculares de la Marvel (serigrafiado en ellos el Wolverine clásico que peleó con Hulk la primera vez, en Canadá), sudando en una cueva subterfúgica donide, pico y pala mediante, respira grisú y devuelve dióxido de carbono. O monóxido. Eso es la calor. Superhéroes de verdad y no Zuperman: tipos de pelo en pecho que curran en agosto y se pasan la ola ke ase de calor por el triángulo de las bermudas, para pagar sus letras a la financiera. ¿Qué son cuarenta grados al sombrajo comparados con cuarenta pájaros rondándote morena por los vericuetos de la letra pequeña de tu impagado préstamo hipotecario? Remedan la escena de Alfred –no el eterno mayordomo de Batman y Batman Returns, sino Hitchcock– donde el techo de la casa de madera está pintado de cuervos que observan y esperan, inmunes a la epidemia zombie, a su rubia víctima. Calorcito, e...

IGNACIO BUSTAMANTE (LA VOZ DE CÁDIZ 31-07-13)

Hace diez años subí a un tren con destino a Galicia. Había pagado un coche cama pero no conseguía dormir. En los pasillos, postergados, descansaban como podían varios peregrinos. Alguno hacía trampa, decía, porque se bajaría a veinte kilómetros de Santiago de Compostela y continuaría andando. Era el Xacobeo ´03. Me dirigí a la zona de asientos armado con mi walk-man –tenía el ‘Pornographity’ de Extreme en la cara A– y la novela gráfica (Rafael Marín rasgándose la camisa) de Batman, ‘El retorno del señor de la noche’. El mecer del trayecto, música y superhéroe consiguieron caerme dormido. Al rato se escuchó un golpe y el tren frenó en seco. Las luces se apagaron y la gente miró con preocupación sus relojes. Levanté y fui a curiosear. Una revisora dijo: «Un suicida ha saltado a la vía». Reflexioné sobre la fragilidad de la vida durante las tres horas que tardó en llegar el juez. El hombre había dejado de serlo para convertirse en un cadáver que levantar reposando entre hierros a ocho k...