Hoy llueve en Cantagallo
y el otoño también llega a la sierra
con su serena pausa de las cosas.
Se ha despertado lenta la mañana
y es suave tentación tocar tu piel
mientras te busco el cuello para un beso
entre el desordenado
rizo de tu cabello.
Ya está puesto el café, pero qué importa.
(En homenaje a un poemario que me eriza la piel cuando lo leo)