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jueves, 21 de octubre de 2010

Desdicha (Luis Cernuda)


Un dia comprendió como sus brazos eran solamente de nubes
imposible con nubes estrechar hasta el fondo
un cuerpo, una fortuna
la fortuna es redonda y cuenta lentamente estrellas del estío
hacen falta unos brazos seguros como el viento
y como el mar un beso
Pero el con sus labios no sabe sino decir palabras
Palabras hacia el techo
Palabras hacia el suelo
Y sus brazos son nubes que transforman la vida
en aire navegable.

lunes, 9 de agosto de 2010

No es el amor quien muere...



No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.

Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?

Sólo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.

Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.

No, no es el amor quien muere.

martes, 18 de marzo de 2008

Luis Cernuda











Con tal vehemencia el viento viene del mar,

que sus sones elementales contagian el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas insistente en los cristales tocar,

llorando y llamando como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo te tiene,

sino otra fuerza de que tu cuerpo es hoy cárcel,

fue viento libre, y recuerda.

lunes, 10 de marzo de 2008

Luis Cernuda



No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
No decia palabras
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,una mirada fugaz entre las sombras,
basta para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.