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martes, 25 de septiembre de 2018

The Meg



La novela homónima en que se basa The Meg, escrita por Steve Alten, y sus correspondientes secuelas, cuentan con un número bastante alto de fans y seguidores que esperaban como agua de mayo la adaptación cinematográfica, la cual llevaba intentando salir adelante, sin éxito, desde el 2000. Algunos de los directores asociados al proyecto fueron Jan de Bont, Guillermo del Toro y Eli Roth. No sé qué habrían hecho ellos, pero seguro que algo más potable y digno que lo de Jon Turteltaub. La cuestión es que al final, tras casi 20 años, han conseguido hacer la dichosa película.
El director elegido es alguien que no me dice nada, pero tampoco esperaba encontrar una película con personalidad, ya que este tipo de cine está hecho por productores, no por cineastas, de modo que el resultado suele ser poco o nada personal y carente de valor artístico. Un producto realizado en cadena de montaje, con la misma personalidad de una pizza congelada respecto a una hecha en casa con cariño y buenos ingredientes. Pero como iba con las ideas claras, sabiendo a lo que me enfrentaba, esperaba que al menos The Meg me ofreciese un par de horas de entretenimiento loco, gamberro y desvergonzado… pero oye, ni eso.

The Meg es de esas películas que todo el mundo pone a parir menos yo (como Iron Man 3 o Prometheus). Yo soy el que sale del cine satisfecho, alegando que la película no pretendía otra cosa que entretener y evadir. Jason Stathan contra un tiburón prehistórico, ¿qué queréis, trasfondo y metáforas? ¡Sacaos la escoba del culo, hombre!
Y sin embargo, no puedo defenderla. Estoy de acuerdo con todos, es una mierda. Me ha parecido una película lamentable con la que hay que tirar de imaginación si se pretende encontrar en ella algo positivo.
The Meg no funciona a ningún nivel, y para colmo es aburrida.

1: El tono
Si vas a hacer una película sobre un megalodón contra Jason Stathan, no te queda más remedio que recurrir a la parodia, la tontería, la locura. Si intentas sacar de ahí algo mínimamente serio, te caes con todo el equipo.
Stathan es un actor malísimo que no sabe interpretar más que a un personaje (el que lleva interpretando toda su carrera. De hecho, creo que todas sus películas forman parte de la misma saga) y poner dos caras como máximo, pero aquí podría haberse marcado un papel resultón, ya que la premisa da para un protagonista chulo, malhablado y pendenciero, como Bruce Willis en El último boy scout o algo así. Pero no, el protagonista carece de carisma, tanto como su compañera, la insípida Ruby Rose, que es todavía peor actriz.
Estoy cebándome con Stathan, pero la realidad es que todo el reparto está para dárselo de comer a los cerdos.
Lo que quiero decir con esto es que, ya que la película, artísticamente hablando (porque el trabajo del director es inexistente y ni voy a mencionarlo), es nula, lo mínimo sería tomarse el asunto a cachondeo y tirar la casa por la ventana en lo que a guasa se refiere. Pero The Meg está en tierra de nadie: demasiado seria para ser graciosa, y demasiado graciosa para ser seria. Cuando pretende ponerse seria (algo que no debería ni intentar), la cosa no funciona porque ni el tono ni la premisa son los de una película seria; y cuando intenta ser graciosa tampoco lo consigue porque no tiene chispa. Es un huevo sin sal.

2: La estética
No diré que parece un telefilme porque esa frase empieza a ser demasiado recurrente, y además no creo que parezca tal cosa, pero desde luego su estética es impropia de una película cara. Normalmente, cuando una película es aburrida se lo achacamos al guión o el ritmo, pero os aseguro que la estética (trabajo de cámara, fotografía) también cuenta, y en este caso es muy aburrida, lo cual contribuye a que The Meg sea un tostón.
Vale, no quiero engañar a nadie ni a mí mismo: PARECE UN TELEFILME.

3: Descafeinada
Puede que este sea el punto que más me molesta.
Imaginad que cogemos una película para mayores de 18 años y la modificamos, cambiando y quitando cosas, con la intención de conseguir una calificación para mayores de 13. El resultado sería un engendro, ¿verdad? Eso es porque cada película tiene su público, lo que significa que si algo es para mayores de 18, debe ser para mayores de 18. Amoldar esa calificación a edades más jóvenes, supone hacer un destrozo. Una película para mayores de 18 no puede ser para nadie más, del mismo modo que no podemos incluir un personaje esnifando cocaína en una película de Pixar.
En The Meg tenemos a un tiburón prehistórico desatado, y sin embargo la película es para mayores de 13 porque así se recauda más, se llega a más espectro de público y tal y tal. Una película que debería haber sido gamberra y sangrienta, porque es lo que la historia REQUIERE, pero en lugar de eso nos encontramos con un producto nada gamberro y nada sangriento. Una peliculita que no se moja ni arriesga.
Piraña 3D es un tostón porque tarda horrores en arrancar y llegar a la parte buena, pero al menos es una película adulta, con sangre, desnudos gratuitos, mala leche y mucha, mucha casquería… aunque solo sea durante los 20 minutos finales. Incluso sale una piraña escupiendo el pene de una de sus víctimas, y al ser en 3D lo escupe directamente hacia la cara del espectador… ¡¡UNA POLLA!! ¿Sabéis qué es lo más gamberro que veréis en The Meg? La escena en la que el bicho se zampa una ballena bebé… ¡Venga ya!

The Meg es un despropósito que no destaca en nada positivo. Hay que tener muy pocas ganas de trabajar para lograr que una película sobre un tiburón de 25 metros intentando matar a Jason Stathan no sea nada espectacular. Es que ni queriendo se consigue algo así, tan insípido y carente de buenas ideas.
Conclusión: los guionistas deberían de haberse aliñado las neuronas con sustancias ilegales antes de ponerse a escribir. Quizá así hubiesen producido algo con más gracia y salsa picante que esta tontería con tiburón para toda la familia.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok ha levantado mucha polémica, y no es para menos.
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes de la Galaxia que a Thor. Esto es como si ves primero Alien, luego Aliens: El Regreso… y de repente la tercera es un drama musical (estoy exagerando, pero…)
Esto que comento ha molestado y desubicado a muchos, que no entienden cómo una película que trata un tema “serio” como el Ragnarok (el Apocalipsis nórdico) puede tomárselo todo a pitorreo.
En mi caso, estoy encantado. De hecho, esta era la primera vez que tenía verdaderas ganas de ver una película de Thor en solitario, y es que un trailer a ritmo de Led Zeppelin se gana el interés de cualquier ser humano con sangre en las venas. Lo mejor es que Led Zeppelin también suena en la película, ¡dos veces! En fin, como para no gustarme.

Para más hype, la película está dirigida por Taika Waititi, en cuyo currículum figuran las estupendas Lo que hacemos en las sombras y Hunt for the wilderpeople. Vamos, un director de comedia que ha hecho con Thor: Ragnarok lo que mejor sabe hacer: comedia. Y no sólo eso, sino que el tío ha pasado de todo y se ha sacado de la manga una nueva estética, de modo que donde antes había oscuridad y tonos azulados, ahora hay colores chillones. Si Thor 1 y 2 eran un callejón oscuro un lunes por la noche, Thor: Ragnarok es la cabalgata del orgullo gay. De nuevo estoy exagerando, aunque no tanto como creéis…  
Lo mejor de todo es que no se limita a la comedia; también cuenta con grandes escenas de acción, una banda sonora potentísima y retro, muchísimo ritmo (dos horas y pico que se pasan en un suspiro), unos personajes protagonistas carismáticos y bien interpretados (Cate Blanchett está enorme)… y Hulk. También tenemos a Hulk.

Muchos la acusan de ser una mala adaptación y tal y tal, pero creo que se equivocan, puesto que Marvel Studios no está adaptando sus cómics, sino reinterpretándolos para la gran pantalla. Este universo cinematográfico no es una adaptación de nada, sino, como bien indica su nombre, un universo… Uno de los varios universos alternativos que hay en Marvel. No entiendo por qué cuando un personaje es reinventado en el cómic (cosa que ocurre muy a menudo), nadie se queja, y sin embargo cuando eso mismo ocurre en una película, los puritanos sacan las hachas. Es pura contradicción.
Este Thor no es ni mejor ni peor adaptación; es, simplemente, el Thor del UCM. Podrá gustar más o menos, pero juzgarlo según lo bien adaptado que esté, es un error.

Y al contrario que otros espectadores, no tengo nada en contra del humor y la estética colorida, incluso hortera, en este tipo de cine. Con tanta oscuridad, seriedad y drama, se nos ha olvidado lo que realmente son los cómics de superhéroes: color, desenfado, locura y fantasía. En ese sentido, Nolan (y mira que me gusta su Batman) ha hecho mucho daño. Parece que las películas de superhéroes actuales están acomplejadas, de ahí tanta solemnidad, caras largas, bajona y paletas de colores invadidas por marrones y grises.

Para mi gusto, Thor: Ragnarok es una película de superhéroes con todas las de la ley, sin complejos y ridículamente divertida.

lunes, 31 de julio de 2017

Baby Driver


Baby es un conductor especializado en huir de la policía, por eso se gana la vida conduciendo para atracadores. La particularidad de Baby es que para hacer bien su trabajo necesita dos herramientas esenciales: música y auriculares.


Me encanta cuando en alguna película combinan un temazo con las imágenes que estamos viendo, así que haceos una idea de lo que he sentido viendo Baby Driver, una película que VA DE ESO.
Edgar Wright, director que para mí es sinónimo de calidad, vuelve con una película que, siendo honestos, no parte de una idea demasiado original. The Driver, de Walter Hill, y Drive, de Nicolas Winding Refn, son dos películas que tratan de lo mismo, exactamente la misma propuesta: conductores que trabajan para delincuentes. ¿Entonces por qué Baby Driver, que básicamente es un remake alegre y edulcorado de Drive, es tan buena? No es por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Ahí reside la cuestión, ahora y siempre. Es complicado que un blockbuster resulte original, y podría decirse que el 99% parten de ideas que ya hemos visto antes, pero a veces los directores y guionistas se preocupan por coger una idea de sobra conocida y embellecerla de tal manera que tenga sabor a nuevo. Si a esto le sumamos que Edgar Wright es un fuera de serie de leguaje cinematográfico y el manejo de la cámara, el resultado ha de ser positivo sí o sí.


Baby Driver cuenta con un reparto espectacular encabezado por el sorprende y poco conocido Ansel Elgort, Lily James, Kevin Spacey, Eiza González, John Hamm y un desatado y jokeriano Jamie Foxx.
Otro elemento crucial en esta película es la enorme banda sonora, cargada de buen gusto y buenas canciones. La música no es un simple adorno colocado como telón de fondo, sino que, además de ser parte de la trama (el protagonista necesita escuchar música para silenciar los pitidos que retumban en sus oídos a raíz de un accidente de coche), varias escenas están rodadas y montadas al ritmo de la música que suena en ese momento, de modo que el resultado final recuerda poderosamente a un musical en el que se sustituyen los pasos de baile y las coreografías por persecuciones automovilísticas, golpes y disparos.
Está claro que la artillería de Wright está en la fusión de música e imagen, en lo bien rodada que está en general y en el carisma que desprende cada fotograma, personajes incluidos. La película es, casi por encima de todo, una oda al lenguaje cinematográfico.

Lo único que le achaco es que Wright está algo contenido... De hecho, creo que su estilo queda diluido casi por completo. Veo que la película es técnicamente impecable, pero no encuentro los habituales tics que hacen Wright a Wright. No entiendo por qué ha de contenerse un director que, siendo él mismo, resulta divertido, fresco y espectacular.
En cualquier caso, esto es una pequeñez que no enturbia el conjunto.

Soy el primero que a veces dice eso de que a un blockbuster no se le puede pedir mucho, pues su única función es entretener y hacer desconectar las neuronas, pero viendo cosas como Baby Driver, un blockbuster que además de entretenimiento es BUEN CINE, me arrepiento de pensar así en ocasiones. Qué demonios, un blockbuster puede ser inteligente, no estar encorsetado ni prefabricado y poseer valor cinematográfico... ¿Por qué no exigirlo más a menudo en lugar de conformarnos con cualquier cosa que simplemente entretenga? Puede que así se estrenasen Baby Drivers con más regularidad.

Imprescindible.

sábado, 1 de abril de 2017

Logan


A estas alturas ya sabemos de sobra que la saga X-Men es un cacao indescriptible. Tras reinicios, spin offs irregulares (los de Lobezno. El primero horrible; el segundo, bastante digno) y sobresalientes (Deadpool), y líneas temporales que se cruzan aquí y allá, queda claro que la continuidad no es algo que esta saga se tome demasiado en serio.  
Es una franquicia extraña, donde ocurre algo que no recuerdo haber visto en ninguna otra: dentro de la misma saga, hay películas para todos los públicos y otras para mayores de 18 años. El niño que disfrutó con la primera de X-Men no podrá ver (o no debería ver) Deadpool ni Logan.


Y hablando de Deadpool, es a esa película a la que tenemos que agradecer la existencia de Logan. Bueno, quizá no la existencia en sí misma, pero si su naturaleza adulta. Gracias a Deadpool, película para mayores de 18 que arrasó en taquilla, Fox abrió los ojos y vio que una película para adultos puede dar beneficios… y por eso decidieron que en Logan hubiera algo que debería haber habido siempre: lenguaje soez, sangre y desmembramientos. Lobezno ha salido en ocho películas, y es ahora, AHORA, cuando los efectos de sus garras se ven realistas y coherentes. ¿Quién puede creerse que un tío con garras en las manos no deje un reguero de sangre y casquería después de cada batalla? Pues eso es lo que nos llevan colando desde la primera película… hasta ahora.
Pero Logan no sólo es adulta porque contenga palabras malsonantes, violencia y sangre, sino también porque toca temas, como la vejez, la muerte o la paternidad, que poco o nada interesarían a un público juvenil.

Me alegra que se hagan películas de superhéroes adultas. Es un subgénero que muchos puristas conservadores no terminan de tomarse en serio, por eso me parece fenomenal que algunas de estas películas no vayan dirigidas al público adolescente, demostrando así que pueden ofrecer mucho más que simple entretenimiento y efectos especiales. Logan es una buena película pensada para callar bocas.
Quien vaya a verla esperando encontrar dos horas de acción desenfrenada, que cambie el chip ahora mismo. En Logan hay acción y escenas espectaculares, pero también abundan los momentos de reflexión y humanidad que harán mirar la hora al espectador casual que sólo busque desconectar. Logan demuestra lo que muchos niegan: que un blockbuster puede tener sustancia y ser buen cine. 


Del trío protagonista sólo se pueden decir cosas positivas. Hugh Jackman lleva muchos años interpretando notablemente a Lobezno (otra cosa es que el personaje haya sido edulcorado, pero el actor no tiene culpa de eso), Patrick Stewart lo borda dando vida a un involuntariamente peligroso Charles Xavier senil (¿Qué ocurre cuando enferma el cerebro más poderoso del planeta? Pues que hay que tener mucho cuidado) y la jovencísima Dafne Keen, de tan sólo 12 años, encarna a Laura/X-23, una mutante letal provista de garras, igual que Lobezno.
Teniendo en cuenta lo conservadores que son los americanos (para algunas cosas), me pregunto si Fox se las habrá tenido que ver con la censura a la hora de mostrar imágenes de una niña masacrando y mutilando personas. Me recuerda a lo ocurrido en su momento con Hit-Girl, el personaje estrella de la estupenda Kick-Ass.

En resumidas cuentas, Logan es una muy buena película. Un western crepuscular, duro y pesimista que pone punto y final de la forma más digna posible a este personaje. Lo único que me da lástima es que la mejor película de Lobezno haya llegado tan tarde, justo ahora que nos dice adiós para siempre. 

martes, 21 de marzo de 2017

Kong: la Isla Calavera


Un equipo de científicos y militares viaja hasta Isla Calavera con el objetivo de explorar la zona, que hasta ese momento ha permanecido oculta a los ojos del hombre.
Una vez allí, descubren que alguien gobierna el lugar y no desea visitas. Se trata de Kong, un gigantesco gorila que ejerce de guardián y absoluto rey de la isla.

Después de la espectacular pero imperfecta Godzilla (Gareth Edwards, 2014), y tras ver Kong: la Isla Calavera, uno puede pensar que Warner Bros se ha puesto las pilas y tomado nota de todo aquello que no convenció en la película del lagarto atómico. Vamos, que Godzilla salía poco y, para colmo, de noche. El público en general lanzó piedras contra la película (y en parte lo entiendo, aunque la película me gustó), por eso Kong toma un rumbo muy distinto. ¿Hacia dónde? Hacia el pulp y el entretenimiento sin complejos, alejándose así del ineficaz drama que Godzilla intentaba poner sobre la mesa. En una película de monstruos, los personajes humanos me suelen dar igual. Si están bien desarrollados lo agradezco, pero si no tampoco voy a perder el sueño. Lo que sí quiero que haya, y eso no lo perdono, es monstruos…, y en Godzilla no se lucían. El drama no funcionaba porque los personajes humanos importaban un pimiento, pero es que, para colmo, el bicho que da nombre a la película sale diez minutos en las dos horas de metraje… y casi siempre de noche. Godzilla me gusta porque es una película arriesgada y valiente, y también porque cuando acierta lo hace a lo grande y te deja con la boca abierta, pero eso no quita que esté salpicada de malas decisiones.

Y tres años después llega Kong: la Isla Calavera, una película que suple los defectos de Godzilla porque hace lo que aquella no hacía: si tus personajes humanos importan poco (y los de Kong no importan nada), céntrate en los monstruos y dales todo tu maldito cariño… y el protagonismo.
Kong es una película que, a diferencia de Godzilla (luego os explicó por qué no dejo de comparar ambos títulos), se regodea en su aspecto lúdico y nos da monstruos antes de que hayan pasado ni cinco minutos. La película no busca complicarse ni ser trascendente ni seria, y eso es justo lo que necesita este tipo de productos. Quizá se eche en falta un guión más sorprendente y menos plano, pero no se puede tener todo. La película da lo que promete, y yo sabía bien lo que iba a ver, así que salí encantado.

Sin embargo, pese a que Kong es una película destinada al público masivo, gris y estándar, se vislumbra en sus imágenes, sus efectos especiales, en el diseño de los monstruos y en la forma en que está rodada, que han puesto cariño y ganas en esta demencial aventura. Hay planos bellísimos, la selección musical es brutal (es una de las ventajas de ambientar la película en los 70), la fotografía es puntualmente impresionante (la del prólogo me recordó a Fury Road… y eso son palabras mayores) y las escenas de acción están rodadas a plena luz del día y de forma clara y limpia, para que podamos ver con todo lujo de detalles cada puñetazo, cada hueso roto y cada burrada.

El reparto es muy poderoso (Samuel L. Jackson, Brie Larson, John Goodman, Tom Hiddelston, John C. Reilly), aunque todos o casi todos acaban eclipsados por el catálogo de alimañas que habita en la isla. El director, Jordan Vogt-Roberts, sabe que los verdaderos protagonistas son los monstruos, y en ellos se centra. Así debería haber sido en Godzilla, porque aunque el tono de aquella cinta no se amolde al cachondeo generalizado que hay en Kong, nada justifica la continua sensación de coitus interruptus.

¿Y mis continuas comparaciones entre Kong y Godzilla? Quedaos hasta el final de los créditos y os llevaréis una sorpresa, aunque imagino que ya sabéis que ambas películas transcurren en el mismo universo, y eso sólo puede significar una cosa: Godzilla vs Kong próximamente. 


Si buscáis una buena película que entretenga desde el primer minuto hasta el último, y si os gustan los monstruos, dejad de leer esto y corred a ver Kong: la Isla Calavera.  

martes, 11 de octubre de 2016

Los Siete Magníficos (2016)


Desde el minuto uno, nada más anunciarse el proyecto, sabía qué problema habría con esta película, o al menos qué problema iba a tener yo. Y creo que cualquiera con dos ojos en la cara se habría percatado del asunto, pero por si acaso, pese a lo evidente que resulta, lo voy a explicar.
Los Siete Magníficos es una remake de una película homónima de 1960 que, a su vez, es un remake de Los Siete Samuráis, de Akira Kurosawa. Pero la cosa no queda ahí, pues existen más versiones de esta historia, como la más desconocida Los Siete Magníficos del Espacio (aprovechando el tirón de Star Wars allá por 1980, como debe ser) y Bichos, la película de animación de Pixar Studios. Todas parten del filme de Kurosawa, de una misma base que, no nos engañemos, no da para más.

La película cuenta cómo los habitantes de un pueblo, oprimidos por un despreciable terrateniente, se ven obligados a contratar a un grupo de mercenarios para que les ayuden a hacer frente a los mencionados cerdos capitalistas que quieren arrebatar las tierras de la gente humilde para ganar más y más dinero.
Esta misma historia nos la han contado ya cuatro veces en el pasado, y por mucho que tiren de un reparto resultón lleno de caras conocidas y buenos actores (Denzel Washington, Chris Pratt, Vincent D´Onofrio, Ethan Hawke), sigue siendo lo mismo que ya conocemos.
El director, Antoine Fuqua, se desenvuelve muy bien rodando escenas de acción (el tramo final es impresionante), y el guión de Nick Pizzolatto no se limita a copiar punto por punto la película de los 60. Además, las dos horas largas de metraje no aburren en ningún momento, lo cual es imprescindible en una película de esta clase. Dicho de otra forma, este remake es un blockbuster realizado siguiendo los estándares básicos para que cumpla con su función, es decir, una película vacía pero divertida, igual que la versión de los 60, cuyas intenciones comerciales y artísticas eran, por más que escueza a los conservadores y nostálgicos, las mismas.
Entonces, ¿qué problema tengo con Los Siete Magníficos 2016? La falta de innovación, obviamente. Cada remake de Los Siete Samuráis ha cambiado el Japón feudal por un escenario diferente en cada caso (el salvaje oeste, el espacio, el reino de los insectos), excepto la nueva versión, que en lugar de ubicar la historia en un entorno distinto decide revisitar otra vez uno de sobra conocido. Con lo cual, dudo que esta película pueda suscitar demasiado interés en aquellos que ya conozcan las aventuras de estos mercenarios, porque por mucho que los actores hayan cambiado y los efectos mejorado, es más de lo mismo.

No es una mala película, eso que vaya por delante, y aunque parezca diseñada en exclusiva para el disfrute de los espectadores que no hayan visto ninguna de las versiones anteriores, es un digno entretenimiento para desconectar durante un par de horas.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Blood Father


Blood Father supone el regreso de Mel Gibson al cine, quien últimamente se prodiga poco y casi exclusivamente en producciones de baja o nula calidad. Tampoco es que Blood Father sea una obra maestra, pero desde luego destaca por encima de los últimos trabajos de Gibson.
La historia cuenta cómo un padre ex convicto se las tiene que apañar contra una banda de narcotraficantes que pretenden ajustar cuentas con su querida y problemática hija.

La película puede recordar a Venganza, de Liam Neeson, y con razón. No es exactamente un calco, pero la premisa es similar en cuanto a planteamiento: un padre obligado a sacar la artillería con tal de defender a su hija. La mayor diferencia entre ambas cintas es que Blood Father transcurre en un escenario mucho más bello y fotogénico que Venganza, y el director lo sabe y le saca partido, de ahí que se contrarreste la sencillez del guión con una bella fotografía y unos planos que casi podrían enmarcarse y colgarse en la pared. Además de eso, tras la cámara hay un director que demuestra tener buena mano para las escenas de acción, lo cual es de agradecer. Si vas a rodar un guión simple, al menos procura que el apartado técnico brille.

El mayor aliciente de la película es ver a Mel Gibson haciendo de borracho tatuador con mala uva, pegando tiros, diciendo tacos y con perpetua cara de estar harto de todo, lo cual no es poca cosa. Lo que quiero decir es que sin Mel Gibson la película perdería enteros. Y no nos olvidemos de la presencia de William H. Macy y del siempre impecable Michael Parks, dos actores con apariciones breves, pero tan carismáticos y resultones como de costumbre.


Puestos sobre la mesa los pros y contras, tras ver Blood Father uno queda con la sensación de haber presenciado algo imperfecto y sin demasiado valor artístico (tampoco es que el trailer engañe a nadie) pero terriblemente efectivo con sus intenciones: entretener.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cazafantasmas (2016)


Tras un largo e injusto linchamiento fruto de la nostalgia más enfermiza y los prejuicios más dañinos, llega la nueva entrega de Cazafantasmas, un reboot que reinicia la famosa franquicia, esta vez en versión femenina.
Sin embargo, antes de empezar a hablar de la película me gustaría comentar brevemente todo lo sucedido antes del estreno. Lo cierto es que yo fui el primero al que esta película le dio igual en un primer momento. No la odié ni me la tomé como un insulto personal (algo que muchos extremistas no pueden decir), simplemente no me interesaba. Luego, conforme comenzaron a publicarse las primeras imágenes y trailers, empecé a considerar que era más interesante de lo que parecía al principio, y que la campaña de odio que había levantado era, a grandes rasgos, una mamarrachada; a Cazafantamas 2016 había que odiarla más por moda y tendencia que por verdadera convicción, lo cual es lamentable. Internet se llenó de opiniones clónicas y de dudoso fundamento, y en seguida salieron los carcas ultra conservadores de siempre acusando a la película de haberles violado la infancia (tíos de más de treinta años lloriqueando por eso. Pensadlo), de haber destruido un clásico (ya me diréis cómo se destruye una película que ya está hecha. Difícil sin una máquina del tiempo a mano) y de ser fruto de la falta de ideas en Hollywood (algo completamente falso. Lo que falta en Hollywood no son ideas, sino confianza en las nuevas ideas; dos cosas muy distintas). Todo un catálogo de cuñadismos que provocaron en mí el efecto contrario al pretendido: mi simpatía hacia la película subía como la espuma.
Pero, tal y como sospechaba, la película me gustó, así que todo salió bien. Aún así, aunque mi opinión no fuese tan positiva, hubiera seguido pensando que el linchamiento fue exagerado, absurdo y provocado por una borrachera de nostalgia nada sana. Mucho se ha hablado de la actitud machista de los detractores, pero yo creo que el principal problema de esa gente reside en no saber lidiar con la nostalgia que corre por sus venas, porque la nostalgia está bien y es bonita si se toma con moderación, pero en el instante en que condiciona la forma de pensar y juzgar, la cosa se enturbia. Dicho de otra forma, se puede ser fan sin actuar como un energúmeno.


¿Y qué tal la película? Simplemente en la línea de las anteriores, de las que soy muy fan, algo que no me ha impedido disfrutar de esta nueva entrega. Claro que no cuenta con la ventaja de la nostalgia (aunque nostalgia y calidad son dos elementos sin relación alguna) ni con el carisma del reparto original, pero eso no quita que sea una digna sucesora que además de homenajear con cariño a la película de Ivan Reitman, comparta su mismo espíritu. No creo que Bill Murray y compañía sean imprescindibles, ni que la película carezca de sentido sin ellos, puesto que Cazafantasmas era más que su reparto; también era el concepto en sí mismo: un grupo de amigos científicos que montan una empresa disparatada con el objetivo de hacer negocio atrapando espectros. Eso se puede hacer con y sin Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis, etc. Mientras el elenco principal tenga química y chispa se podrá hacer una película de Cazafantasmas, y el reboot posee todas esas características, por eso funciona.
Su estructura es similar a la de la película de 1984, pero ya está. De ahí a decir, como muchos han dicho, que se trata de un remake hay un trecho bastante grande.
Algunos la han acusado de tener un exceso de efectos especiales, como si la original no los tuviese a puñados… y más tendría si se lo hubiera podido permitir. Pero yo me pregunto, ¿y qué más da que haya muchos efectos especiales? ¿Qué hay de malo? ¿Acaso este tipo de cine los pide a gritos? Sí, ahora son generados por ordenador y antiguamente con marionetas y látex, ¿y? Mientras sean buenos, y los de Cazafantasmas 2016 lo son,  ¿qué importa? Algunos deben pensar que el CGI se hace metiéndole un billete de cinco dólares al ordenador, y no se paran a pensar en que detrás de un personaje o paisaje CGI hay un gran trabajo técnico y artístico.

Al final me quedo con lo que de verdad importa: dada la naturaleza de esta película, un puro blockbuster de verano sin más pretensión que la de entretener, ¿podemos decir que cumple con su parte? Por supuesto que cumple. A cada película hay que juzgarla en función de sus intenciones, y si lo que Cazafantasmas 2016 buscaba era hacer pasar un buen rato, lo ha conseguido de sobra. Y no, el reparto no tiene el mismo carisma que el original, pero reconozco a boca llena haberme reído con Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y la genial Kate Mackinnon. Da igual que no sean Bill Murray y compañía porque lo hacen suficientemente bien como para brillar con luz propia. Ya sabemos que en estos casos las comparaciones son inevitables, pero no lo hagamos más de lo necesario.

Eso sí, como no todo es de color de rosa he de admitir que esta no es la película que los fans queríamos, o al menos no era la que yo quería. Han sido muchos años de idas y venidas con la posibilidad en el aire de una tercera entrega, y que al final esto haya resultado ser un reboot en lugar de Cazafantasmas 3 es algo decepcionante. Además, se podría haber contentando incluso a los detractores más conservadores si en lugar de hacer borrón y cuenta nueva, la película contase cómo los cazafantasmas originales pasan el testigo a una generación más joven para que siga desempeñando las mismas labores. Creo que de esa forma, todos hubiésemos ganado: los talibanes se habrían calmado (algunos), y los demás nos habríamos ahorrado escucharlos.

En cualquier caso, y aunque el punto de partida no sea el más adecuado, la película cumple con su función de blockbuster  y es un regalo para los fans… de mente abierta y estable. 

martes, 30 de agosto de 2016

La broma asesina


La película nos cuenta cómo el peligroso criminal conocido como Joker secuestra al comisario Gordon con la intención de demostrar su teoría: cualquier persona puede convertirse en un desquiciado mental tras un día lo suficientemente malo, replanteando de esta forma la psicología del propio Batman. ¿Son Batman y Joker dos personajes peligrosamente similares? Desde luego que sí.

Una de las grandes paradojas de La broma asesina es que, adaptando viñeta a viñeta el maravilloso y reflexivo cómic de Alan Moore, no consiga estar a la altura. ¿Cómo es eso posible?
Para empezar, la película comienza con un prólogo de media hora, escrito por Brian Azzarello, que profundiza en la relación entre Batman y Batgirl, lo cual habría resultado una jugada inteligente y acertada para conseguir que el espectador sintiera mayor empatía una vez llegado cierto momento fatídico de la historia, de no ser por lo mal llevado que está todo lo demás. Hacer que la relación de esos dos personajes sea más profunda de cara al oscuro porvenir está bien, pero ese contraste, ese cambio de tono y estilo entre el prólogo y lo que viene después, la verdadera adaptación del cómic, es lo que hace que todo se derrumbe. Es como si media película estuviese dirigida por Michael Bay y la otra mitad por David Fincher, siendo demasiado gruesa la línea que separa a una de otra. Y si a eso le sumamos que la historia que narra dicho prólogo no es nada del otro mundo, apaga y vámonos.

Dejando a un lado este segmento exclusivo de la película, la parte que adapta el cómic de Moore es completamente fiel al material original, como también lo fueron las películas animadas de Batman: año uno o El regreso del caballero oscuro, pero hay algo que no me cuadra. Algo que nunca me ha cuadrado, en realidad, y que en este caso termina por desquiciarme un poco. ¿Dónde radica el sentido de adaptar un cómic tal cual a formato animado? Entiendo que estas películas susciten interés en quienes no hayan leído el tebeo, pero, ¿qué nos aportan a los sí lo hemos hecho? Una traslación viñeta a viñeta, en la que lo único que se hace es añadir sonido y movimiento al cómic es, bajo mi punto de vista, algo carente de interés. Una mera curiosidad y poco más.

Pero no seamos apocalípticos. Existen casos, como la adaptación de El regreso del caballero oscuro, donde un buen dibujo, una buena calidad de animación y una banda sonora impresionante hacen que el visionado merezca la pena (aunque hayas leído el cómic y la película apenas tenga oportunidad de sorprenderte), mientras que La broma asesina, donde no hay nada que destaque, sino todo lo contrario (la animación no hace justicia, y el dibujo del cómic es mejor. Es decir, no están dando lo mismo… ¡pero peor!), es una propuesta pobre y sosa que en absoluto está a la altura del cómic. Si vas a ceñirte al material original con tanto ahínco que no te quede margen de maniobra para la innovación, al menos asegúrate de que el aspecto técnico sea impecable. De lo contrario, mejor quédate quieto.

Esto demuestra una vez más que ni una mala adaptación es sinónimo de mala película, ni una buena adaptación implica que la película también lo sea. 

martes, 23 de agosto de 2016

Hardcore Henry



Hardcore Henry es una absurda epopeya de acción y ciencia ficción chusca de la que poco podríamos rascar si no fuese por lo macarra y bruta que resulta, y también, cómo no, por la forma en que está rodada. Ahí radica su mayor baza.
Juraría que estamos ante la primera película de acción rodada íntegramente en primera persona, y si existe otra no tengo constancia. El guión es una tontería, no voy a andarme por las ramas, y eso sería criticable de no ser porque ni la propia película se toma en serio a sí misma, y lo último que pretende es contar una historia compleja llena de personajes profundos y cosas similares; sabe que es un disparate, lo asume y juega con esas cartas hasta las últimas consecuencias. Lo que Hardcore Henry pone sobre la mesa es hora y media de acción y cachondeo sin tregua contada desde los mismísimos ojos de su protagonista, colar un disparate cada cinco minutos y pringar todo el metraje de sangre, tripas y desmembramientos (atención a los magníficos créditos iniciales). Eso y toneladas de plomo, explosiones y cuchilladas, claro.

La característica más arriesgada de Hardcore Henry, y su razón de ser, es la forma en que ha sido rodada. Hay que tener las ideas claras para realizar una película tan histérica y frenética en primera persona, con el obvio peligro de acabar resultando confusa, mareante e indigesta. Es muy fácil patinar, y sólo por eso sus artífices tienen todo mi respeto.
Pero la realidad es que la película marea mucho menos de lo que podría parecer en un primer momento, siendo sus burras y disparatadas escenas de acción más claras y bien coreografiadas de lo que cabría esperar. Hay errores de montaje, algo inevitable si tenemos en cuenta cómo ha sido realizada, pero son minucias.
¿El guión? Bueno, digamos que es una mera excusa para conectar una secuencia de acción con otra. No hay más, la verdad. Al mismo nivel que una porno.

Y dicho esto, creo que ha quedado claro que Hardcore Henry es una película mala pero muy divertida. ¿A quién no le apetece eso de vez en cuando?

jueves, 11 de agosto de 2016

Escuadrón Suicida


Basada en un cómic de DC y dirigida por David Ayer, la película nos cuenta las aventuras de un grupo de peligrosos criminales reclutado por la fuerza para hacer frente a un enemigo que hará peligrar a todo el planeta. Algo así como una revisión de Doce del patíbulo protagonizado por supervillanos.

Como viene siendo costumbre con las últimas adaptaciones de cómics de DC, la polémica está servida con Escuadrón Suicida, y aunque entiendo ciertas quejas por parte del público, en absoluto estoy de acuerdo con las críticas profesionales vertidas poco antes del estreno. También me parece lamentable que haya un público que se deje influenciar por lo que digan los demás o que directamente permita que otros le digan lo que tiene que ver, pero ese es otro tema que daría para un artículo más largo si cabe. La cuestión es que no entiendo por qué algunos valoran tanto la opinión ajena. 
Sea como sea, siempre intento ser objetivo aunque haya salido contento del cine, como es el caso, de modo que empezaré comentando lo que menos me ha gustado.
Lo primero que debo admitir es que el nuevo Joker me ha decepcionado. Recuerdo que cuando salió la primera imagen oficial, yo fui uno de los pocos que lo defendió. Uno de los pocos que pensó que Jared Leto lo haría genial. Uno de los pocos a los que no les molestó su cuerpo tatuado y sus dientes metálicos. Y, sin embargo, me ha decepcionado porque esperaba mucho.
Por un lado no creo que la interpretación sea tan revolucionaria y rompedora como la de Heath Ledger en la película de Christopher Nolan. Bueno, no lo creo: lo sé. No se acerca ni un poquitín a lo que hizo Ledger. Y se nota que Jared Leto le puso ganas e interés al tema, pero se ha quedado a medio camino.
Al personaje le faltan escenas que se marquen a fuego en nuestro cerebro, pero ahí el problema radica en el guión, no en Leto. Este Joker está en la película por estar, y su participación aporta entre poco y nada. Es una película protagonizada por villanos de DC, de modo que hubiese sido decepcionante no ver al Joker entre ellos, pero si la historia no lo requiere, mejor dejarlo fuera de la ecuación en vez de meterlo con calzador o, mejor aún, limitar su presencia a un simple y digno cameo (como han hecho con Batman).
Mucho se ha hablado también de su aspecto físico, más cercano a un hortera Tony Montana actual que al criminal demente de los cómics, pero teniendo en cuenta la estética general del filme, este Joker encaja a las mil maravillas.
Mención especial para su pésimo doblaje, digno de cárcel.

El otro punto negativo es el montaje de la película, donde se han recortado aproximadamente unos cuarenta minutos de metraje, y se nota. Sin ir más lejos, los trailers están plagados de escenas que en la película no aparecen (ya lo harán en una previsible edición extendida en bluray), y como ya digo, la cosa rechina. Es necesario ver la película para saber a qué me refiero exactamente, pero basta con ser un poco observador para darse cuenta de que hay lagunas y personajes que actúan de forma forzada e incoherente, como si ahí, entre medias, hubiese ocurrido algo de lo que no se nos ha informado.

Pero dejemos ya de dar caña. ¿Qué es lo bueno de Escuadrón Suicida? Visualmente es muy potente (la presentación de cada personaje, por ejemplo), dando por momentos la sensación de estar ante un videoclip de dos horas. Y hablando de videoclips, la selección musical de la película es una gozada; parece que han elegido las canciones pensando en mí.
Margot Robbie se come la pantalla con su interpretación de Harley Quinn, la demente novia del Joker. Ya de por sí la actriz tiene un físico más que acorde con el personaje, pero es que además lo interpreta a la perfección, dándole ese particular toque a su personalidad, a medio camino entre lo ingenuo y lo letal. Resulta adorable y terrorífica a partes iguales.
Quien también se luce es Will Smith con su personaje, Deadshot, un asesino a sueldo carismático, bocazas y, a su manera, entrañable.
Y lo principal: Escuadrón Suicida es muy divertida de principio a fin. ¿Imperfecta? Claro que sí, como cualquier película, pero su encanto reside en su falta de pretensiones. No busca cambiar la forma de hacer cine ni convertirse en un clásico del séptimo arte, sino hacer pasar al espectador un rato divertido a base de acción, risas y fantasmadas de todos los colores. Vamos, el propósito de cualquier blockbuster veraniego. Nada nuevo.
De modo que sí, pienso que las críticas la han machado de forma injusta. Si esta misma película se hubiese estrenado en los 80/90, hoy sería de culto (mayores bodrios son venerados actualmente sólo por nostalgia), pero parece que una parte del público actual se ha olvidado de cómo disfrutar una película sin más, sin sobreanalizar y quitándose las gafas de pasta para descubrir que existe un tipo de cine concebido única y exclusivamente para entretener y desconectar, y bendito sea. Ahora, de repente, todos tenemos un gusto exquisito y elitista (he llegado a leer estupideces como que estas películas son para gente mediocre), y todo nos parece una mierda, de esa forma, nada más salir del cine podemos ir a nuestras redes sociales para arrugar la nariz con cara de asco y dárnoslas de críticos malotes, mordaces y exigentes. Ellos quizá tengan esa imagen de sí mismos, pero para mí son simplemente unos tristes a los que es mejor no hacer caso.
Hemos llegado a un punto en que el público disfruta más metiéndose con las películas que viéndolas. Pocas cosas hay más anticinéfilas que esa.

¿Mi veredicto final? Sólo diré que con Escuadrón Suicida me lo he pasado como un crío pese a sus fallos y decisiones más cuestionables. Cuando entré al cine buscaba un sano entretenimiento sin complicaciones, y es lo que encontré. Me quedo con eso. A fin de cuentas, a las películas hay que juzgarlas en base a sus pretensiones.

Y como siempre digo, a la crítica, sea profesional o no, ni caso. Ved y juzgad vosotros mismos, y que nadie os quite las ganas de ver una película con su opinión personal y, por lo tanto, objetable. 

martes, 17 de mayo de 2016

Mr. Right


El director sevillano Paco Cabezas continúa sus andanzas americanas con su nueva película, Mr. Right, un thriller criminal la mar de simpático y lleno de humor y buen rollo.
Aparecidos y Carne de neón, las dos únicas películas que Cabezas ha realizado de momento en España, lo colocaron en mi lista personal de directores cuyo trabajo quiero seguir de cerca. Luego se piró a EEUU y se cascó Tokarev junto a Nicolas Cage, una cinta que me decepcionó bastante y me hizo dudar de si este director había perdido el norte metiéndose en productos sin alma, y es que Tokarev, pese a sus aciertos, es una peli sin personalidad que no está a la altura de la notable Carne de neón, la cinta que le abrió las puertas de América a este cineasta.
Aunque seamos honestos, Paco Cabezas es un director que carece de un estilo propio, definido y reconocible, puesto que los recursos visuales que hacen tan interesante a Carne de neón, su película más espectacular a nivel estético, están cogidos directamente del cine de Tarantino y Guy Ritchie.
Pese a todo, Cabezas es un tío que dirige bien y al que se le nota su pasión por el cine y el trabajo que desempeña.

Mr. Right sigue la estela de Carne de neón, al menos en lo estético. El tono, en cambio, es opuesto; mientras la película protagonizada por Mario Casas resulta incómoda, dura y agresiva, Mr. Right es un trago muchísimo más ligero y agradable. Una película que no sorprende, que no inventa nada que no hayamos visto y que no creará tendencia… pero que entra bien, se digiere mejor, resulta refrescante y deja un sabor de boca muy agradable. Qué demonios, hasta llegas a desear que dure quince minutos más. En fin, es un poco lo mismo que le ocurre a Primos, de Daniel Sánchez Arévalo, aunque temáticamente sean dos películas sin nada en común salvo el hecho de que ambas te las puedes poner sin problema si llegas a casa a las dos de la madrugada o tras un largo día de trabajo. Cine ligero para desconectar y pasar un buen rato, tan necesario y disfrutable como cualquier otro.
Pero Paco Cabezas no es el único responsable del buen resultado de la película. Aquí también cuenta, y mucho, la pareja protagonista interpretada por la simpática Anna Kendrick (que en persona no sé cómo será, pero en las pelis que hace siempre me cae bien) y el siempre efectivo Sam Rockwell, además de un secundario de lujo como Tim Roth.
Y no puedo terminar esta reseña sin mencionar al incansable e hiperactivo guionista Max Landis, hijo del director John Landis. Por lo que tengo entendido, Landis es un tío que no para de escribir guiones, y que si todos sus libretos se convirtieran en películas daría para estrenar tres o cuatro blockbusters a la semana durante un par de años. No puede decirse que sus guiones sean especialmente buenos y originales, pero de lo que no se les puede acusar es de ser aburridos.
Y así es Mr. Right.

Vídeo-Reseña

viernes, 29 de abril de 2016

Batman v Superman


Quiero empezar diciendo que la polémica Batman v Superman me ha gustado. No me he aburrido con ella y eso me basta cuando se trata de una cinta de estas características, aunque entiendo que la unión de dos pesos pesados del cómic en una misma película pueda generar, digamos, la exigencia por parte del público de más pretensión en vez de simple divertimento.  
Pero bueno, la cuestión es que con Batman v Superman me lo he pasado mejor que con la aburrida El hombre de acero, y me quedo con eso.
No obstante la película tiene un par de cositas que no me convencen. Vamos, que no es perfecta.

Vayamos por partes:

Las prisas
DC ha visto el multimillonario tinglado que ha montado Marvel con su universo compartido cinematográfico y ha querido hacer lo mismo con sus adaptaciones.
He de decir que las películas de superhéroes de antes no me gustan más que las de ahora, pero sí que echo de menos esa época en la que todas eran autoconclusivas y no estaban serializadas como ahora. En fin, mi simple opinión personal.  
La cuestión es que Marvel ha construido su universo compartido tomándose el tiempo necesario y preparando el terreno para reunir a sus grandes héroes (Los Vengadores) realizando cinco o seis películas antes de la traca final. Es decir, ha tardado años en construir su universo y mitología.
DC en cambio inició su UC con El hombre de acero y ya en Batman v Superman, la segunda película, nos cuela un montón de referencias relacionadas con La liga de la justicia, cuando a todas luces era mejor tomarse las cosas con calma y hacer una película en solitario de cada personaje para ir construyendo un universo en el que se fuese metiendo al espectador poco a poco, no de sopetón.
¿Las consecuencias? Batman v Superman es un cacao impresionante porque quiere contar más de lo que puede y debe, por eso tiene escenas que carecerán de sentido hasta que no se realicen las siguientes películas de este UC. Y miedo me da como les dé por parar la maquinaria y dejarlo todo a medias. 
Entiendo que deje alguna puerta entreabierta de cara al futuro… pero no tantas, porque lo que consigue así es resultar confusa y que la mitad de los espectadores salgan con un lío mental considerable.
De modo que, ¿es Batman v Superman una película mal contada y mal planteada a la que se le ve el plumero por querer ponerse a la altura de Marvel en tiempo récord? Sí, hay que reconocerlo.
Con esto no quiero entrar en la eterna polémica de si es mejor Marvel o DC, porque bastante dan ya la brasa en Internet los fanboys de un bando y de otro, como si esto fuese una guerra y les pagasen por odiar al bando contrario.
Yo soy de Marvel, pero hay cosas de DC que me gustan mucho. ¿Por qué renunciar a ellas? ¿Por qué tomárselo como algo personal? Que te guste más una compañía no quiere decir que tengas que rendirle fidelidad y escupirle a la otra.


Mucha oscuridad
Christopher Nolan acertó de lleno con su trilogía de Batman, a la que imprimió su sello personal otorgándole un estilo oscuro, realista y dramático que estaba muy bien… Lo malo es que después de eso se empezó a abusar del recurso, y rara es desde entonces la película de superhéroes que no se intenta vender como OSCURA. ¡Ni que eso fuese sinónimo de calidad! 
A mí la idea esa de oscuridad y personajes atormentados me encanta para un par de veces, pero cuando de repente la mitad de las pelis de superhéroes pretenden ser maduras, dramáticas y serias, pues ya me echa para atrás. No creo que ese sea el espíritu general de los cómics de superhéroes, donde gente vestida con trajes estrafalarios lucha contra tíos con poderes, dictadores galácticos y monstruos tentaculares…
No me gusta cuando, bajo el pretexto de la seriedad y la madurez, se da la espalda a eso que los cómics de superhéroes han sido siempre por encima de todo: diversión, y a mucha honra, sin nada que ocultar. De modo que dejadme de oscuridad y tremendismo, que yo lo que quiero ver es acción, trajes horteras y coloridos, humor ligero y desenfado. Eso de que una película de superhéroes se tome tan, tan, tan en serio… pues mira, no me va. 

Marvel, en cambio, aunque más de una vez haya vendido sus películas como serias y tal, a la hora de la verdad son puro entretenimiento, cachondeo y disparate. Ese es el espíritu y no hay que renegar de él aplicando capas de pintura negra.

¿Y las cosas buenas? Pues también las hay, por supuesto. Por eso he dicho que la película me gustó.
Para empezar, Zack Snyder vuelve a dirigir como antes. Bueno, quizá no tan bien, pero al menos las escenas de acción que aquí se nos presentan no resultan caóticas y confusas como las de El hombre de acero.
Otro punto a favor es Batman, a quien Ben Affleck interpreta a la perfección. No es sólo que lleve el mejor traje que este personaje ha llevado en sus andanzas cinematográficas, sino que su estilo y su mala uva están tomados del estupendo cómic El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller. Todo un referente al que Snyder dedica un par de guiños que sólo los muy fans habrán captado.
También me ha gustado mucho que una de las mayores meteduras de pata de El hombre de acero (intentas salvar vidas humanas, pero al mismo tiempo arrasas toda una ciudad al enfrentarte contra el villano) haya sido reciclada y convertida en una parte primordial de la trama de Batman v Superman. Es una cagada de la primera película a la que han sabido dar la vuelta y sacar punta. Bien ahí.

Y yo qué sé, en general disfruté viéndola y para mi gusto está mucho mejor que su predecesora, pero también reconozco que de no ser por la presencia de Batman no habría visto la película en el cine. Primero porque Superman no me gusta como personaje, y segundo porque El hombre de acero me dejó mal sabor de boca y no me interesaba ver una secuela directa. Pero incluyes a Batman y ya te has ganado mi corazón.
Es una película que a nivel visual, artístico y técnico es muy correcta (algo habitual con Zack Snyder) y que no aburre aunque su ritmo sea mayormente lento, pero podría haber estado mejor si hubiese sido más humilde y, sobre todo, si no hubiera intentado incluir tanta información en dos horas y media. Debieron tomar ejemplo del UC de Marvel y haber echado el freno. Hacer las cosas con más calma en vez de pretender ponerse al día con tan sólo dos películas. Las prisas nunca traen nada bueno, y eso se sabe.

En resumidas cuentas, pese a sus fallos y malas ideas, creo que en general es una película disfrutable y no tan pésima como muchos dicen. No es la obra maestra que estos dos personajes merecían en su primer y esperado careo cinematográfico, pero tampoco considero que sea una mala película. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Deadpool


Tal y como sospechaba, Deadpool no sólo es una comedia salvaje, de ésas que no dan tregua (si vas a mear te perderás una media de tres chistes), y una buena película de acción, sino que también es una perfecta traslación cinematográfica del personaje visto y leído en viñetas.

Creo que es científicamente imposible aburrirse con esta película. Deadpool, el personaje, es tal y como debe ser: un cachondo que no cierra la boca, que suelta palabrotas como una metralleta, que rompe la cuarta pared para dirigirse al público y que es tan adicto a matar como a la cultura pop.
La incorrección política está presente en casi todo el metraje, y bienvenida sea. En estos aburridos y mojigatos tiempos, donde hay que meditar mucho antes de abrir la boca para que evitar que te tachen de racista, machista, nazi o mala gente, se agradece que alguien mande al carajo toda esa rancia y absurda formalidad.

También me ha gustado muchísimo la selección musical y el uso de ésta. Todo lo que sea emplear canciones de los 60, 70 y 80 es ganarse mi corazón.

Otro punto a destacar son los créditos, tanto los iniciales como los finales. Creo que debería haber alguna ley que obligase a todas las películas a tener, como mínimo, una buena secuencia de créditos inicial o final... O ambas, qué cojones.

Deadpool es una de esas escasas películas comerciales hechas con sumo cariño hacia el material original y hacia el fan, porque la peli podrá gustar a un público que ante todo esté libre de prejuicios y sepa que no va presenciar una obra maestra, sino un 100 minutos de sano y necesario entretenimiento puro y sin pretensiones, pero por encima de todo es un regalo para los fans del cómic.
Al igual que ocurría con Fury Road, el guión se puede resumir en un par de líneas, pero en este tipo de casos lo importante es el viaje y no el destino.

Ryan Reynolds inmenso, con y sin disfraz. Es un actor que nunca me ha dicho gran cosa, y  sin embargo aquí se nota que está en su salsa, en un papel hecho por completo a su medida y de su agrado.
En cuanto al resto del reparto, no destaca nadie más excepto Gina Carano (para mal, porque es una actriz horrible), Morena Baccarin por su innegable química con Ryan Reynolds y T. J. Miller por básicamente lo mismo.


Sobre el equipo que forman Deadpool, Negasonic y Coloso, la chispa salta en cuanto se juntan, igual que en las buenas buddy movies, lo cual hace que me pregunte cómo habría sido esta película en manos de un tipo como Shane Black.
Coloso es un puñetero roba escenas encantador, y Negasonic una típica adolescente que, por alguna razón, me ha caído bien. Pese a la relativa poca presencia en pantalla de ambos personajes, terminan luciéndose y haciendo un hueco en la memoria del espectador.

Otro punto que me gustaría señalar, aunque en realidad no tenga demasiado que ver con la película, es que de nuevo y al igual que ocurrió con títulos como Kick-Ass, buena parte del público ha entrado en las salas de Deadpool con una bochornosa desinformación a sus espaldas, tal y como he podido comprobar tras leer ciertos comentarios vertidos en diversos foros y redes sociales. Me refiero a esos padres que han llevado con ellos a sus hijos pensando que se trataba de una película Marvel en la línea de las demás, pero también lo digo por algunos adultos, aburridos borrachines de corrección política y mojigatería, que han salido horrorizados y escandalizados de la sala ante semejante festival de groserías, violencia, chistes guarros y referencias a la cultura pop que ni siquiera han entendido.
Donde quiero llegar es a que no cuesta nada informarse antes de entrar a ver una película, especialmente si se trata de un material tan especial como Deadpool, que ni mucho menos es para todos los públicos… y no hablo de edades. Si haces los deberes antes de ir al cine o, por qué no, te lees un par de tebeos para saber de qué va la cosa y sacar conclusiones sobre si te interesa o no dicha película, puedes ahorrarte un mal trago y algunos euros; lo que no me parece válido es ir a lo loco y luego quejarte de que la película no es lo que esperabas. El espectador debe ser consecuente y responsable  de saber dónde se mete (porque eso de que el cliente siempre tiene la razón es mentira. Los nueve años que llevo trabajando de cara al público corroboran esto que digo), ya que después no vale culpar al cine o a la propia película, y menos en la actualidad, donde uno puede informarse de lo que sea con tan sólo googlear un par de minutos.
En el cómic ya está todo lo que aparece en la película, de modo que los que critican Deadpool por ser “extraña”, malhablada, sangrienta, violenta y grosera están poniéndola a parir por ser una buena adaptación. Tócate los cojones.

 El cine de superhéroes, debido a sus grandes presupuestos, se ve obligado a llegar al mayor número posible de espectadores. Es lógico. Pero sin duda se agradecen títulos como Deadpool o la serie de Daredevil. Es necesario que entre tanto producto para todos los públicos haya algunos exclusivos para adultos, del mismo modo que también resultan imprescindibles cositas como Guardianes de la Galaxia o Ant-Man, que pese a estar dentro de lo apto para todas las edades, se alejan de la oscuridad, el drama, la seriedad y la rectitud de títulos más "gordos" y pretenciosos como Batman VS Superman o Civil War, ofreciendo un entretenimiento ligero, eficaz y riquísimo. 
Ya que el mercado está saturado de superhéroes, lo mínimo que pueden hacer los estudios es variar el tono y la franja de edad de vez en cuando. Es la única forma de romper la monotonía y no cansarse, porque hasta de helado se puede uno hartar si nunca cambia de sabor.

En fin, lo único que puedo recriminarle a esta película es que no dure 20 minutos más y que la secuela no se estrene la semana que viene. 

Sin duda, Deadpool pasa a entrar en mi Top de las películas más divertidas y políticamente incorrectas que he visto en mi vida. 
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