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viernes, 1 de mayo de 2015

Gyo


No recuerdo cómo llegué a este manga, pero sabía que existía y que, gracias a algunas imágenes sueltas que había visto por ahí, quería devorarlo. 
Gyo es una historia extraña de principio a fin, que logra que, al principio, el lector no sepa qué demonios está ocurriendo. Sin embargo, conforme avanza la trama las cosas se van esclareciendo poco a poco de forma nítida y amena. Ojo, esto no quiere decir que la historia deje de ser rarísima y grotesca, sólo que gracias al estupendo guión vamos entendiendo lo que está pasando (sin que por ello, repito, deje de ser todo un disparate). 

La historia comienza con una pareja que decide pasar unos días en la playa. Una noche encuentran un pez con patas que huele muy, muy mal, y la chica (insoportable en todo momento), le exige a su novio que se deshaga de la extraña criatura, pero las cosas no van a ser nada fáciles. Poco a poco todo se irá complicando, y lo que parecía ser un caso aislado (el pez con patas) termina por convertirse en una invasión en toda regla. 
Pero, ¿por qué los peces empiezan a tener patas y mala leche? Eso ya lo tendréis que averiguar vosotros. 

Gyo posee un magnífico guión gracias al cual le terminamos encontrando cierta coherencia y "verosimilitud" al enorme y rebuscado disparate que se nos cuenta, incluso cuando se trata de momentos especialmente surrealistas (la escena del circo, por el amor de Dios). Conforme la historia avanza, todo se va volviendo más y más grotesco y asfixiante, y el lector no puede hacer otra cosa que seguir pasando páginas con el fin de averiguar cuáles son los aterradores misterios ocultos en las profundidades marinas, algo que nos remite de forma directa a la obra de H.P Lovecraft.  O dicho de otra forma: la historia engancha, y eso siempre es bueno. 
Otro punto a su favor es que no se nos da todo mascado, sino que algunos elementos de la trama quedan en el aire para que el lector saque sus conclusiones. Yo soy de la opinión de que cuando se trata de historias tan retorcidas y atípicas, como es el caso, lo mejor es dejar información en el tintero y algún que otro cabo suelto. Explicarlo todo, todo, todo resulta ridículo y aburrido. 


Con el dibujo ocurre algo curioso. En general no es especialmente llamativo ni espectacular, pero cada X páginas el autor se casca un dibujazo aterrador y espectacular que hace que se te caigan los huevos al suelo. Es como si el cabrón ahorrase energía para luego soltarla toda de golpe en viñetas contadas y pillarte por sorpresa. ¡Menudo villano está hecho el amigo Junji Ito!

En resumidas cuentas, si buscáis una historia de terror y ciencia ficción que no se parezca a nada que hayáis visto/leído, zamparos Gyo.

PD: mientras escribía el artículo he descubierto que existe una película animada basada en este manga. Habrá que verla. 


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Especial CRISMAS

Bueno, pues vamos con la entrada navideña de rigor, que aunque de estas fechas sólo me interesan los regalos y la comida (no creo en el Niño Jesús ni en su padrazo, así que para mí la navidad no es más que la celebración del nacimiento de un personaje ficticio), no me importa contribuir un poco al espíritu de la navidad y tal. Es una época que, no sé por qué, me gusta. 

Tenía pensado recomendar algunas películas apropiadas para ver en estas fechas, pero seamos realistas, hay quinientos blogs haciendo eso y recomendando las mismas putas películas de siempre, las mismas que se recomiendan cada año y todos conocemos. Por favor, no más, ¡parad! 
Así que, como tampoco tengo mucho tiempo (en casa soy yo el cocinero, así que ya sabéis quién hace la cena de Noche Buena), voy a comentar algunas cosillas que podéis regalar estas navidades. Y cuando digo "cosillas" quiero decir obras de arte con las que es imposible no acertar, a no ser que decidáis regalárselas a ese amigo cani que todos o casi todos tenemos. Si no lo tenéis, mejor.
Son tres ideas basadas en las cosas que más me gustan: cine, libros y cómics. 

Una película: Heat (en bluray a ser posible), de Michael Mann.
¿Por qué? Porque es una película perfecta en la que confluyen casi todos los géneros: drama, acción, thriller, romance... A eso hay que sumarle un guión maravilloso, un reparto que quita el hipo y una realización técnica que incita al onanismo. Es muy difícil que alguien no encuentre un mínimo de cinco razones por las que sentir amor hacia Heat, y si no le gusta no merece vuestra amistad, así que no le regaléis nada. 

Un libro: Meridiano de Sangre, de Cormac McCarthy.
¿Por qué? Porque es mi libro favorito, PUNTO. 
No, en serio, es una novela fascinante y aterradora que refleja, de la forma más pesimista posible, la condición humana y la fragilidad de la línea que separa el raciocinio de la demencia y la deshumanización. 
Un libro duro, cruel y alucinógeno que conforme avanza se va volviendo más potente y rotundo. Plagado de personajes a los que amar y odiar, aunque mi consejo es que os centréis en los villanos; primero porque son más interesantes, y segundo porque los buenos, esos con los que cabe la posibilidad de encariñarse, tienen finales poco agradables. 
Y bueno, si sois tan poco originales de regalar 50 sombras de Grey, Los juegos del hambre o El Hobbit, merecéis morir. 

Un cómic: The Ultimates: Superhumanos, de Mark Millar.
¿Por qué? Porque posiblemente sea una de las historias de Los Vengadores mejor guionizadas y dibujadas de la historia. He leído por ahí que es tan bueno que hasta se lo puedes prestar a tu novia...,¡y le gustará! 
Efectivamente es un cómic maravilloso, con una buena idea en cada página y un argumento adulto (influenciado por el 11-S) que redefinió a los superhéroes y los convirtió en lo que actualmente son tanto en el mundo de las viñetas como en el cine. The Ultimates sentó cátedra, es divertido de narices y se toma en serio lo que está contando, haciendo que chorradas enormes resulten lógicas y verosímiles. Por eso hay que tenerlo, amigos. 

Si regaláis estas tres cosas, o al menos una, quedaréis como unos campeones. Acordaros de mí cuando se os abracen llorando de la emoción. 

Y nada más. Felices fiestas, comed mucho, trabajad poco y ved mucho cine. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Violent Messiahs


Una de las muchas cosas jodidas de vivir en el campo, situación en la que me encontraba hace unos diez años, es que tienes acceso a revistas sobre temas que te interesan, pero apenas no tienes acceso al material del que hablan dichas revistas, y es una guarrada. Leía revistas de cine, cómics y libros en las que se hablaba de títulos que me llamaban poderosamente la atención y deseaba devorar, pero no disponía de los medios necesarios para acceder a ellos. 
Un día, leyendo una revista de tebeos llamada Top Cómics (desaparecida actualmente, creo), me topé con un breve artículo sobre un cómic llamado Violent Messiahs. No era un artículo extenso ni mucho menos, de hecho era más bien un anuncio en el que se decía que dicho cómic era un híbrido entre El silencio de los corderos, Batman y Seven, y poco más. Como por aquella época yo estaba en plena ebullición de curiosidad cultural y esas tres cosas con las que comparaban al cómic me ponían bastante cachondete, no pude hacer otra cosa que golpearme la cabeza contra el escritorio, sollozando y lamentándome por saber que jamás podría leer ese tal Violent Messiahs

Hace un par de semanas me hice con él y lo leí. Tanto dramatismo para nada... 

Como soy un nostálgico, lo leí no sólo porque aún recuerdo las cosas buenas que la revista decía de él, sino también por rememorar aquella época de mi vida, mierdosa y traumática, pero que a fin de cuentas también tenía sus cosas buenas. Como podéis ver, aunque a veces me las dé de duro, en realidad soy un mariposón folla-arco iris.
Al igual que me ocurrió con La Matanza de Texas, película de la que había escuchado hablar hasta la extenuación antes de poder verla, creando en mi cabeza una idea preconcebida que luego, cuando la pude ver, comprobé no se asemejaba a la realidad (esto no es algo negativo, ojo), Violent Messiahs no se parece una mierda a lo que pensaba que era. Lo que había en mi cabeza era algo bastante más sórdido, crudo y realista, sin embargo, el cómic es un disparate que va aumentando de volumen conforme avanza la trama. 
¿Significa ésto que no me ha gustado? En absoluto, ha resultado ser un tebeo correctísimo con una virtud admirable: Va de menos a más. Cuanto más avanzamos en la trama, más rocambolesco y fantasioso se va volviendo todo, pero al mismo tiempo consigue que nos interesemos más por lo que va a ocurrir, o dicho de otra forma: Nos engancha. 
Hubiese preferido algo más serio que realmente estuviese en la línea de El silencio de los corderos y Seven, pero igualmente el resultado final es disfrutable y efectivo, aunque ni el guión ni el dibujo sean nada del otro mundo. 

La historia gira en torno a un justiciero apodado (ojo) Ciudadano Dolor, que es algo así como un cruce entre Punisher y Spiderman (de hecho, se hacen varias coñas respecto al evidente parecido con el famoso trepamuros), y una agente de policía que trata de capturarlo, al mismo tiempo que en la ciudad cunde el pánico por culpa de un psicópata que mata familias enteras y deja con vida únicamente a los niños para que queden huérfanos. Al final, como no podía ser de otra forma, la trama se complica, los elementos que parecían no tener relación alguna entre sí resultan estar conectados, y para colmo hace acto de presencia una sociedad secreta muy jodida. 
Como ya he dicho, el cómic empieza de forma realista para terminar convirtiéndose en el coño de la Bernarda. Para que me entendáis, imaginad que hubiesen dejado a Michael Bay dirigir los últimos treinta minutos de French Connection. Pues eso.
Pero lo importante es que deja buen sabor de boca y logra captar el interés del lector. Y además, me he quitado una espinita que tenía pendiente desde mi más chunga adolescencia: leerlo. 

PD: Investigando un poco he descubierto que existe una secuela llamada Lamenting Pain, de la que no tenía ni idea.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Supercrooks


Los que leemos los cómics de Mark Millar estamos acostumbrados a que nos sorprenda con deconstrucciones del género superheróico, mostrándonos situaciones y personajes que no son para nada comunes en el mundo del cómic, y dando la vuelta a mil y un tópicos.
Quedé tremendamente satisfecho con Némesis, así que temía que su siguiente trabajo no estuviese a la altura, pero amigos, debo admitir que Supercrooks es magistral, salvaje, políticamente incorrecto, gracioso... en otras palabras, es Mark Millar.

La historia nos cuenta cómo un grupo de supervillanos americanos, hartos de que todos sus planes sean deshechos por los superhéroes, deciden irse a España, concretamente a Tenerife, (aquí no tenemos a un Capitán España, como dice uno de los protagonistas), con la intención de dar el golpe de sus vidas, ayudar a un viejo amigo en apuros económicos y retirarse para el resto de sus vidas.
La trama recuerda poderosamente a Ocean´s Eleven, tanto que no creo que sea casualidad, pero sustituyendo a los guaperas de Brad Pitt, Clooney y compañía por una banda de supervillanos con poderes y habilidades sobrehumanas.

Sabiendo eso sólo queda decir que el cómic es puro Mark Millar. Su estilo está presente en cada página, desde el humor negro al gore (aunque podría decirse que en ésta ocasión se ha cortado un poco a la hora de meter casquería), pasando por el lenguaje de brocha gorda, y obviamente los personajes vestidos de forma hortera, con poderes, pero muy humanos.
Y hablando de humanidad, de eso va un poco Supercrooks. Los protagonistas son villanos, pero se nos deja claro desde el primer momento que no son monstruos desalmados y desprovistos de humanidad. Sin ir más lejos, uno de los propósitos de Johnny Bolt (el protagonista) es pagar su boda y comprarle un buen anillo a su chica, aunque su forma de conseguirlo sea como la de cualquier villano; robando y haciendo el mal... y encajando palizas y condenas en prisión.
Pero todos los personajes están ahí arrimando el hombro por una razón; ayudar a un viejo compañero al que le han dado un límite de 4 semanas para conseguir 100 millones, de lo contrario acabará enterrado en el desierto de Nevada con dos tiros en la cabeza.

No diré que Mark Millar sea el nuevo Alan Moore, porque entre otras cosas sus estilos son diferentes, pero a la hora de darle la vuelta a la tortilla (como ya hizo Moore en Watchmen) y mostrarnos el universo de los superhéroes y supervillanos desde un punto de vista que jamás habríamos imaginado, juraría que Millar es el mejor a día de hoy.

Por cierto, imagino que ya lo habréis leído en internet, pero por si acaso lo comento por aquí. Nacho Vigalondo va a adaptar Supercrooks a la gran pantalla, pero creo que si quiere hacer una película digna del cómic en el que se va a basar, tendrá que cambiar mucho su estilo. No porque no me guste, sino porque Supercrooks no se anda con chiquitas ni sutilidades.

lunes, 11 de marzo de 2013

Daredevil


Debo admitir que a Daredevil le tengo cariño por el factor nostalgia, y que soy perfectamente consciente de que no es una gran película, pero también pienso que no es ni por asomo tan mala como la suelen pintar los críticos "profesionales" y, en general, la comunidad fanboy.  Lo cierto es que es una película que gusta a muy pocos. 

Al contrario de lo que me ha ocurrido con otras películas que no me gustaron de primeras y al revisionarlas me encantaron, Daredevil me gustó desde el primer momento, pero quizá la última vez que la vi fue cuando definitivamente me terminé de hacer fan de ésta película. 
Para empezar, lo que vi ésta vez fue el montaje del director en bluray, lo que no hace más que enriquecer al montaje estrenado en cines, añadiendo matices, una nueva subtrama, y en general haciendo que el guión sea más complejo y adulto... más o menos. 
No ocurre como con otros montajes del director o versiones extendidas, que te endiñan dos o tres planos nuevos y adiós muy buenas. El montaje del director de Daredevil añade media hora más de metraje, pero metraje del que aporta algo, del que se nota que realmente hay algo nuevo, no como otras veces, que apenas hay diferencia con el montaje de cine. 

Eso sí, no esperéis que el nuevo montaje sea una especie de El caballero oscuro ni nada así. Sigue siendo una de esas películas de superhéroes que se hacían en los dos mil y pocos, en la línea de la fantástica Spiderman de Sam Raimi (sí, habéis leído bien; FANTÁSTICA) o la genial Hulk, de Ang Lee (sí, habéis leído bien; GENIAL). No había pretensiones ni argumentos rimbombantes, sólo diversión y espectáculo visual, y las echo de menos, maldita sea.


Cuando uno ve Daredevil se da cuenta de que ese personaje encapuchado es en realidad Spiderman, cuya película (estrenada el año antes), había sido un rotundo éxito, y se nota que quisieron repetir la jugada con un Daredevil saltarín y graciosillo, y como ya digo la película no es nada del otro mundo, pero para mí tiene muchísimo encanto, una buena banda sonora, buenas escenas de acción y unos villanos de verdad, además de poseer un tono oscuro y violento que es de agradecer en éste tipo de producciones. 
Y de los villanos quería hablar. Últimamente se ha puesto de moda esa mierda de hacer que los villanos, llegados el final de la película, se rediman y se vuelvan buenos de repente, llegando incluso a salvarle la vida al héroe. Vamos a ver, ¿¿qué mierda es esa?? A mí no me gusta terminar sintiendo lástima por los villanos, cabronazos, quiero empezar y terminar la película deseando que el superhéroe le parta la boca al enemigo de turno, sin mariconadas ni arrepentimientos, por favor. 
Ya se hizo en Spiderman 2 con el Dr. Octopus, en Spiderman 3 con el dichoso hombre de arena, se hizo en la nefasta Godzilla, de Roland debería disculparme públicamente por la basura de películas que he hecho Emmerich (ooohh, pobre monstruo gigante, sólo es una madre a la que le han matado a las crías... ¡anda y que os follen, hombre!), y se volvió a hacer con el  reboot reguleras de Spiderman y ese Lagarto que, nuevamente, al final se arrepiente de lo que ha hecho. Que os den, guionistas sensibleros.

En Daredevil no ocurre eso ni por el forro. Bullseye es un hijo de puta desde el primer minuto hasta el último. ¡Digo más! Bajo mi punto de vista es uno de los mejores y más odiosos villanos que se han visto en las adaptaciones cinematográficas de cómics hasta la fecha. Un tipo psicótico, violento, sádico, caricaturesco... y con un final más que digno, de los que pocas veces he visto en una película de ésta calaña.
Y luego está Kingping, que sí, es innecesariamente negro, pero ¿y qué? El villano, aún siendo eclipsado por el carisma y mala baba de Bullseye, es un pedazo de cabrón que, por suerte, no se redime, todo lo contrario. 
Incluso Daredevil tiene su puntito oscuro y atípico dentro del mundillo. No es el típico superhéroe agilipollado que jamás mata. Si hace falta se queda mirando con indiferencia cómo un tren le pasa por encima a un maltratador y lo parte en dos, o si es necesario tirar por una ventana a un enemigo gravemente herido, pues se tira y a tomar por culo. 
No sé hasta que punto el personaje es fiel al cómic porque no lo conozco demasiado, pero al menos en la película resulta bastante interesante, recordando mucho a El Cuervo. De hecho, hay por ahí un homenaje que los que hayan visto la película de Proyas reconocerán al instante. 

Mención especial merece el reparto, encabezado por dos de esos actores a los que la gente les tiene tirria y yo no sé por qué; Colin Farrell y Ben Affleck, además de un cameo del frikazo de Kevin Smith. 

Como ya he dicho, la película no es de 10, pero creo que tampoco merece ser crucificada... está bien, sin rodeos y asumiendo las consecuencias; creo que, pese a sus defectos, es un peliculón infravalorado. Ahí queda eso. 

En la próxima entrega os hablaré (posiblemente) de las virtudes de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Menudo destroyer estoy hecho ¿eh? 

lunes, 28 de enero de 2013

Brian the Brain

No recuerdo en qué momento exacto me hice fan de la obra de Miguel Ángel Martín, pero todo se remonta allá por el verano del 96 o 97, estando yo con mi familia de veraneo en Torremolinos. 
Una de aquellas mañanas de verano me colé en una tienda de todo a cien y me fijé en unas polvorientas revistas de segunda mano empaquetadas a pares; se tratada de la mítica revista de cómics para adultos Zona 84.
Lo primero es que no sé qué coño hacía aquello en una tienda de ese tipo, y lo segundo es que me las compré con las 300 pesetas que tenía en la cartera.
El trauma no tardó en llegar. Tengamos en cuenta que yo era un pequeñajo inocente y virginal que pensaba que los cómics eran únicamente cosas como Mortadelo y Filemón, Tintín y Asterix. En otras palabras, yo creía que los cómics eran cosa de niños (y lamentablemente aún hay idiotas prejuiciosos con los huevos ya negros que lo siguen pensando).
Me pongo a hojear aquellas dos Zona 84 y empiezo a ver desnudos, mutilaciones, palabrotas... ¡¡incluso llegué a pensar que aquello era algo poco menos que ilegal!! Bendita inocencia. 

De entre todos los cómics que aparecían en aquellos dos números me fijé en uno llamado Keibol Black, protagonizado por una especie de Bruce Willis especializado en matar extraterrestres y demás alimañas, al mismo tiempo que hacía gala de una mala uva y humor negro impresionantes. 

El autor era Miguel Ángel Martín, y a día de hoy aún no sé por qué me fijé en él y me interesé por toda su obra.
Puede que fuese por su dibujo sencillo de trazos limpios y aspecto inocente, o por su fría forma de narrar historias macabras y desagradables, convirtiendo la necrofilia, el asesinato y las infecciones más horripilantes en algo cotidiano.
Sea como fuere, desde aquel descubrimiento (Keibol Black), me puse a investigar a fondo en la obra de éste autor, descubriendo joyas como Snuff 2000, Psychopathia Sexualis (estos dos especialmente grotescos y perturbadores), Atolladero Texas, Surfing on the third wave o la que voy a comentar en ésta entrada; Brian the Brain.

Con Brian the Brain estamos ante un Miguel Ángel Martín más comedido, menos gore y menos explícito, al menos gráficamente hablando, porque todo el cómic destila la típica mala baba y crueldad que caracteriza la obra de éste autor.
El protagonista es un niño superdotado y telépata con el cerebro fuera de cráneo, algo que, si estuviésemos hablando de otro autor, sería motivo para convertir al protagonista en un superhéroe como mínimo, pero en el mundo de Martín no hay personajes de ese tipo, sólo perdedores, enfermos, desgraciados y psicópatas, por lo que el pobre Brian queda reducido a un minusválido víctima de la crueldad de sus compañeros de clase (y del mundo en general), incapaz de tener una verdadera amistad con alguien que no sufra algún tipo de deformación física o mutación.
La trama transcurre en un futuro no demasiado lejano, en el que no hay grandes avances tecnológicos y la moral humana está por debajo de cero, imponiéndose la superficialidad y el materialismo, algo constante en prácticamente toda la obra de Martín. Ahora que lo pienso, Miguel Ángel Martín podría considerarse el Bret Easton Ellis del cómic. 

De nuevo nos encontramos con un dibujo limpio y perfectamente definido, que confiere a los personajes un aspecto infantil e inocente, pero nada más lejos de la realidad.
Brian the Brain, pese a no contener apenas momentos gore, está repleto de humor negro y mala leche, recayendo ambos elementos sobre su protagonista (y salpicando a quienes le rodean). Esto significa que si a Brian le va bien, sea por lo que sea, podemos estar seguros de que en las próximas dos páginas toda su buena suerte se va a ir a la mierda. 

En cuanto al tipo de narración, se empezaron publicado tiras cortas autoconclusivas, y se prosiguió con historietas algo más extensas con cierta continuidad.
Hace poco se editó un nuevo volumen a modo de secuela que narra la adolescencia de Brian. No he tenido la oportunidad de leerlo aún, pero tengo el presentimiento de que, si la adolescencia de casi todo el mundo ha sido una pesadilla, la del pobre Brian será un total infierno. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Pudridero (tomo 1)


A veces la total falta de profundidad, dobles lecturas y pretensión es una verdadera gozada para el espectador/lector que sólo desea evadirse, y si de verdad queremos pasar un buen rato sin complicaciones, la lectura de Pudridero es altamente recomendable.

Johnny Ryan, el absoluto autor de ésta gamberrada, nos sumerge en un planeta extraño y pesadillesco, comparable con el mismísimo infierno, por el que deambulan unos personajes aterradores, grotescos y agresivos que parecen estar buscando bronca las 24 horas del día.
En mitad de tan hostil paisaje se mueve nuestro héroe, Carantigua, un tipo con pinta de luchador mejicano que tiene por máscara una gran mancha de sangre, además de colmillos y orejas puntiagudas.
Por alguna razón que no sabemos (al menos no en éste primer tomo. Por lo que he leído en internet hay dos o tres tomos más que aún no se han editado en España, y espero que no tarden en hacerlo), Carantigua es lanzado al peligroso planeta desde una nave espacial, y una vez en tierra firme, tendrá que buscarse la vida y hacerse respetar a base de masacrar y devorar a sus enemigos, y realizar alguna que otra desagradable misión.
Desde que Carantigua llega al planeta (podemos adivinar que dicho planeta es una cárcel al aire libre, sin ley ni orden, dónde sólo cuenta la ley del más fuerte), todo es una sucesión de escenas desagradables, violencia gratuita, canibalismo, escatología e insultos (de hecho, el 99% de los escasos diálogos del cómic son insultos, amenazas de muerte y tacos).

El guión, como ya he dicho antes, carece de la más mínima profundidad, puesto que Ryan sólo pretende entretener al lector durante casi trescientas páginas, sin complicar las cosas y sin descanso alguno.

Es el cómic que un niño loco dibujaría con nueve o diez años. Un niño más interesado en mostrar espectacularidad, superficialidad y masacres que complejidad argumental.

Yo, sin ir más lejos, de pequeño también dibujaba cómics, y, para bien o para mal, se parecían a Pudridero. Historias con un mínimo hilo argumental que servía como excusa para mostrar a unos personajes que decían palabrotas, se disparan, hacían explotar cosas y mataban constantemente sin razón alguna. Tipos de gatillo fácil, porque para mí era mucho más divertido dibujar a un personaje recibiendo un balazo en la cabeza, que un paisaje o una habitación.
Aquellos cómics que yo dibujaba eran totalmente inocentes y libres, puesto que al no existir una "estrategia comercial", dibujaba lo que me daba la real gana, tuviese o no sentido. No se me ocurría pararme a pensar si lo que estaba dibujando tenía un mínimo de coherencia o gracia, porque ni sabía lo que era eso, ni me importaba.
¿Por qué os hablo de esos cómics que yo dibujaba siendo un crío? Porque es la mejor forma de describir el trabajo de Johnny Ryan.

El dibujo, pese a una simpleza que roza lo infantil, resulta verdaderamente efectivo y contundente, especialmente a la hora de mostrar gore y carnaza.
Pero Johnny Ryan no sólo se apoya en el dibujo y en la continua sucesión de escenas repletas de imaginativa violencia (digamos que Carantigua no se limita a cortar cabezas), sino que además nos muestra a unos monstruos que parecen sacados de alguna película chusca de Serie B ochentera, que no se conforman con morir cuando son desmembrados. De las heridas resurgen nuevos monstruos (mecánicos u orgánicos, al autor le da igual), y los miembros cercenados se convierten en peligrosos adversarios sedientos de sangre.

Pudridero es pura sinrazón. Violencia gratuita hecha papel y uno de los mayores divertimentos que podemos encontrar ahora mismo en la tienda de cómics más cercana.

jueves, 19 de julio de 2012

Batman: El regreso del caballero oscuro


Como mañana es el estreno de The Dark Knight: Rises, la esperadísima tercera y última entrega de la magnífica trilogía de Christopher Nolan, hoy tenía pensado escribir dos pequeñas reseñas de Batman Begins y El caballero oscuro, pero como eso mismo lo está haciendo todo Dios en sus respectivos blogs, al final me he decantado por hablar de la novela gráfica de Frank Miller, Batman: El regreso del caballero oscuro. Primero porque es una obra maravillosa, y segundo porque hace bastante que no reseño ningún cómic.

Imagino que habrá pocos fans de Batman que no se hayan leído esta novela gráfica, pero por si acaso hay que advertir que no se trata de un cómic del caballero oscuro al uso. 
Quizá para los más puritanos sea un poco excesivo y bizarro, pero siendo Frank Miller el guionista ¿qué esperabais?
La historia nos sitúa en un futuro cercano, en una Gotham City sumida en una ola de calor y asolada por una banda de criminales que se hacen llamar los mutantes. A todo esto hay que añadir que la figura Batman ha desaparecido, pues Bruce Wayne, ya entradito en años, ha decidido dejar el disfraz y la vida de justiciero a un lado y dedicarse a las carreras de coches y vivir como lo que es, un ricachón con mucho tiempo libre. 
Mientras, Harvey "dos caras" Dent se ha rehabilitado al someterse a una cirugía que le ha arreglado la mitad deforme de la cara, así que los psiquiatras llegan a la conclusión de que ahora es un hombre mentalmente estable y puede abandonar el manicomio. Como era de esperar, Harvey Dent vuelve a delinquir en cuanto pone el pie en la calle, algo que hará que Bruce Wayne recapacite y comprenda que debe volver a enfundarse el traje de murciélago y continuar impartiendo justicia. 

A partir de ese momento, la historia no dejará de poner en aprietos al multimillonario de la capa; unas veces serán sus enemigos (Dos Caras, el Joker, los mutantes...), y otras los medios de comunicación. 
Precisamente el tema de los medios de comunicación (la televisión concretamente) no pasan desapercibidos ni son un detalle sin importancia. Desde el principio hasta el final de la historia se nos irá mostrando lo que se puede ver en los canales de Gotham: programas basura, debates a favor y en contra de lo que hace Batman, y telediarios. 
La televisión es un elemento crucial en esta novela gráfica, ya que nos permite conocer la división de opiniones respecto a la labor del justiciero, algo que ocurriría en la realidad. 
Todos sabemos que aunque estemos hasta los huevos de chorizos, si alguien decidiese enfrentarse a ellos por su cuenta no tardarían en salir los típicos mojigatos acusando a esa persona de fascista y loco, mientras que otros (ahí estaría yo) aplaudirían sus actos. 
Del mismo modo que en la novela gráfica Arkham Asylum se ponía en tela de juicio la cordura de Batman, aquí se habla sobre la legalidad de lo que hace, aunque cabe destacar que en esta ocasión nos encontramos ante un caballero oscuro mucho más políticamente incorrecto y cabrón que en otros cómics. Un tipo que verdaderamente tiene ganas de pelea y de limpiar la ciudad a cualquier precio, incluso jugando sucio. 
Además también existe un trasfondo político en el que incluso llega a participar Superman, con el propósito de poner freno a una guerra fría que amenaza con la destrucción de Gotham y buena parte de EEUU a manos de unos rusos con muy mal perder. 

Sinembargo no todo es diálogo y profundización. También hay lugar, y mucho, para la acción, el humor negro y mordaz, y los momentos épicos y excesivos que tanto gustan a Miller, como la parte en la que Batman, junto a sus seguidores, recorren la ciudad galopando a caballo y atrapando a los bándalos que campan a sus anchas por el campo de batalla en el que se ha convertido Gotham.
Pero hablar de un cómic guionizado por Frank Miller es hablar también de violencia, y aunque en esta ocasión no haya un exceso de esta, si que hay ciertos momentos especialmente crudos, como el momento de la granada en el bolso. 

Así que si queréis disfrutar de un cómic adulto, complejo y profundo, pero a la vez entretenido y gamberro, no dudéis en echarle un vistazo a El regreso del caballero oscuro

viernes, 4 de mayo de 2012

No cambies nunca


Me compré este cómic sin saber de lo que iba. Ni idea. Simplemente vi que se trataba de David Sánchez, el  mismo autor de Tú me has matado, su ópera prima, y no necesitaba saber más. Este tío ya me había conquistado con aquel cómic, y desde entonces tomé la determinación de no leer la sinopsis de sus siguientes trabajos. Lo digo desde ya ¡van a gustarme! Y eso hice con No cambies nunca.

Algunas reseñas lo comparan con Tú me has matado, pero me ha parecido algo muy diferente, porque si su primer cómic era una mezcla entre Tarantino y David Lynch, su último trabajo es puro Cronenberg y Miguel Ángel Martín, aderezado nuevamente con esa atmósfera enrarecida lynchniana. 

Pero vayamos al grano. No cambies nunca es un puzzle, y os lo digo desde ya, no me he enterado de nada. Llegué a la última página y me quedé igual que estaba, pero dándole vueltas y echándole un segundo vistazo superficial conseguí aclarar el 60% de la trama. 
Es un cómic pensado para ser releído varias veces antes de sacarle todo el jugo, igual que ocurría con Pulp Fiction, pero con la diferencia de que los fragmentos de este cómic son mucho más breves y dan constantes saltos en el tiempo y en el espacio. Pulp Fiction era un puzzle de piezas grandes, pero las piezas de No cambies nunca son pequeñitas y se confunden, se amontonan y no sabemos qué coño estamos leyendo, porque además de la complicada estructura argumental, la historia en sí no es de fácil digestión. Tenemos bebés mutantes, médicos sin moral, y un par de asiáticos que aún no sé muy bien qué pintan en la trama. 
El dibujo vuelve a ser limpio y aséptico, de trazos claros y directos, con colores fríos y planos. Exactamente igual que en Tú me has matado

David Sánchez no nos cuenta una historia, nos hace espectadores de ella, que no es lo mismo. Como espectadores y mirones que somos, no vamos a entender todo lo que veamos. Al menos no a la primera.
Imaginad que vais por la calle y veis pasar a toda velocidad un coche ardiendo perseguido por un extraño ser humanoide con tentáculos. Lo primero que haréis será flipar, y luego daros cuenta de que no sabéis qué demonios ha ocurrido, pero si os paseáis por el lugar y echáis un vistazo quizá encontréis pistas que os ayuden a entender semejante escena. Pues eso es justo lo que ocurre en este cómic; presenciamos varios momentos extraños, fuera de contexto y desordenados. Es el lector quien debe buscar las pistas y darle sentido a la locura que acaba de presenciar.

No sé vosotros, pero yo siempre aplaudo al artista que se atreve a dejar cabos sueltos, y no pocos. El artista que obliga a su público a hacer los deberes para entender su obra, si bien es cierto que en ocasiones no hay nada que entender. Todo queda a la imaginación del lector o espectador, y no hay más. 

martes, 21 de febrero de 2012

Joker


El Joker es indiscutiblemente uno de los villanos más interesantes del mundo del cómic, aunque esto depende en gran medida del guionista al que le toque darle vida. Es por eso que unas veces el Joker es un villano absolutamente genial, y otras un payaso en el peor sentido de la palabra. 
Este cómic, tal y como su nombre indica, se centra exclusivamente en la figura del Joker,  y se nos muestra a un criminal absolutamente desquiciado y loco. Un tipo que al salir del manicomio Arkham descubre que su imperio se lo han repartido los demás delincuentes de Gotham, lo que provocará la ira del Joker, quien hará todo lo necesario por volver a conseguir su puesto en el mundo del crimen. 

Aunque haya cameos de otros villanos como Killer Croc, Dos Caras, Enigma o Pingüino, la estrella absoluta de la función es el Joker, cuyo diseño está claramente influenciado por el que luce en la película El caballero oscuro, pero ahí no quedan ahí las referencias a la saga de Christopher Nolan. Todos los villanos que aparecen a lo largo del cómic están humanizados (especialmente Killer Croc), y en general toda la historia prescinde de fantasías, contándonos un relato de mafia más propio del cine negro que del universo Batman. 

Pero aunque el protagonista del cómic sea el Joker, la historia está contada desde el punto de vista un delincuente novato que pasa a ser el ayudante del peligroso criminal. En un principio, este novato admira al Joker, incluso quiere parecerse a él, pero poco a poco, conforme va presenciando las barbaridades que este perpetra, empieza a verlo como lo que es; un psicópata asesino sin escrúpulos, no un genio del crimen tal y como pensaba. 
Precisamente, Brian Azzarello, el guionista, se propusó crear al Joker más desagradable y cabrón de la historia, porque, según él, estaba harto de los fans de este personaje y de la gente que admiraba e idolatraba a semejante bastardo, de modo que por eso quiso mostrar si tapujos y con mucha crudeza cómo se las gastaba el Joker en su día a día.
El resultado final es un personaje psicópata, violento, asesino, drogadicto, violador, y para rematar, con ciertas tendencias suicidas. Dudo que alguien pueda caerle bien este Joker.
Hay varios momentos violentos en el cómic que pueden resultar especialmente perturbadores, por lo que, lógicamente, no estamos ante un tebeo para todos los públicos. 
Otro de los aspectos en los que destaca este trabajo es en el dibujo, que corre a cargo de Lee Bermejo, contribuyendo a crear esa atmósfera malsana y sucia que se respira.  

jueves, 17 de noviembre de 2011

Wanted

Mark Millar es un experto en dar una vuelta de tuerca al género comiquero por excelencia; el de los superhéroes, y así lo ha demostrado ya en varias ocasiones, como en el caso Kick-Ass o Némesis, al que ya le dediqué una entrada en su momento.
Se nota que Millar tienen predilección por los villanos, y en Wanted queda constancia de ello, ya que, no sólo da el protagonismo absoluto a una banda de súper criminales, sino que se encarga de erradicar a todos los héroes de la faz de la tierra. 
Wanted viene a ser lo que hay entre bastidores en lo referente al mundo de los villanos: sus vidas privadas, su forma de organizarse, sus escarceos sexuales...


La historia narra como el calzonazos de Wesley Gibson es reclutado por una agencia de villanos para seguir los pasos de su difunto padre, y de paso, llevarse la millonaria herencia que este le dejo.
A partir de aquí nos adentraremos en una historia en la que no hay buenos, sólo malos y más malos aún, pero nadie con un mínimo de moral. 
Mencionar también la galería de personajes extravagantes, como Cabeza de Mierda, Mr. Rictus, o un tipo con retraso mental que tiene prácticamente los mismos poderes que superman. 

Cabe destacar que Millar representa a los villanos como verdaderas estrellas del rock, rodeadas de vicio, orgías, dinero... y sin nadie que les pare los pies, lo que convierte a Wanted en un festival desenfrenado de violencia, palabras malsonantes y sangre.
Pero si hay algo que realmente merece ser mencionado es ese final en que, en cierto modo, el autor se ríe en la cara del lector. 

En 2008 se estrenó la adaptación cinematográfica, pero esta es tan poco fiel al cómic que no se puede decir que sea una mala adaptación, ya que, a decir verdad, no es una adaptación, sino una película que se inspira levente en el cómic de Mark Millar (especialmente durante los primeros minutos), pero sigue una línea argumental completamente distinta, y que poco o nada tiene esto que ver con el escabroso mundo de los súper villanos que refleja el cómic.
Sinembargo, la película funciona como un buen filme de acción, visualmente barroco y recargado, con una fantasmada cada minuto. ¿Qué quiere decir esto? que no podemos tomar en serio esta película ni verla como algo más que un simple divertimento bastante disfrutable que casi roza lo absurdo por su inverosimilitud. 

jueves, 15 de septiembre de 2011

Aventuras en la Brigada del rifle



Hace unas semanas, dándome una vuelta por la fnac de Málaga, me topé con un tomo titulado Aventuras en la brigada del Rifle. Jamás había escuchado hablar de este cómic, pero nada más ver el nombre de Garth Ennis en la cubierta mi atención se centró en el tebeo que, nada más abrirlo, me recordó a Malditos Bastardos, de Quentin Tarantino. Imaginé que se trataba de un producto sacado a raíz de la película, aprovechando el tirón comercial del mismo modo que aprovecharon para editar en una edición decente de la película Aquel maldito tren blindado, en la cual Tarantino se inspiró para escribir y rodar su esperpéntica historia sobre nazis puteados. Y en esta ocasión, no me extrañaría que el director de Pulp Fiction se inspirara levemente en La brigada del rifle, pues se publicó siete años antes del estreno de la película.

Evidentemente me compré este cómic, ya que todo lo que tenga que ver con Garth Ennis me parece brillante, y más tratando sobre un tema bélico, pues Ennis ya ha demostrado en cómics como Bloody Mary que este género le gusta. Y no lo digo, lo dice él, que se declara un fan del cine de guerra.
La historia gira en torno a un grupo de soldados británicos de élite llamado La brigada del rifle, cuya principal misión es la de causar estragos entre las temibles tropas nazis.


Con un humor negrísimo y socarrón que recuerda poderosamente a la novela La sombra del Águila, de Arturo Pérez Reverte, Garth Ennis nos presenta a este grupo de soldados extremadamente orgullosos de ser británicos y con muy mala uva que se las tendrán que ver, entre otras cosas, con nazis duros de pelar, capaces de hacerse estallar una granada en la boca sin sufrir daños, o presenciar como el vehículo en el que van es violado por un elefante. 
Además del humor negro y absurdo, el lenguaje soez y la considerable cantidad de violencia, el cómic se burla de los tópicos del cine bélico y caricaturizando al clásico héroe de guerra con sangre fría y los cojones bien puestos, pero incapaz de darse cuenta de que uno de sus hombres es homosexual y le ama en secreto, pese a tirarle los tejos de una forma absolutamente explícita en varias ocasiones a lo largo del cómic. Personalmente es uno de los chistes que más gracia me hizo ya que, cada vez que se repetía, las proposiciones eran más directas y pervertidas, pero ni por esas se daba cuenta de que lo estaban intentando seducir.
Otra de las parodias que hacen es referente a la legendaria lanza de Longinos, esa que según cuenta fue la que atravesó el costado de Jesucristo durante la crucifixión, y que el ejército que posea dicha preciada reliquia podría ganar cualquier guerra, o incluso dominar el mundo
En el cómic se sustituye la lanza de Longinos por el cojón perdido de Hitler, que al parecer tiene los mismos poderes.

El dibujo del zaragozano Carlos Ezquerra no hace más que engrandecer esta pequeña joya del humor negro y la sátira bélica, que gustará todos aquellos que disfruten con la deformación de la historia mediante elementos surrealistas, salvajes y grotescos.

lunes, 29 de agosto de 2011

El clavo


Steve Niles y Rob Zombie unieron fuerzas, y sus desquiciadas mentes, para traernos este violento y sangriento cómic protagonizado por un campeón de lucha libre apodado El Clavo, que pretende retirarse de ese mundillo y centrarse en ser un buen padre y esposo. Pero la cosa no será fácil, pues una noche él y su familia  serán atacados por una banda de moteros satánicos procedentes del mismísimo infierno.

Rob Zombie es un artista muy prolífico, ya que lo mismo te saca un disco de música, una película o, en este caso, un cómic. En mi caso, le prefiero en sus dos últimas vertientes, sin desmerecer su música, que tampoco me desagrada.
Cualquiera que haya visto la filmografía de Rob Zombie se dará cuenta de que este señor tiene especial fijación por los años setenta y la fiebre satánica de aquella época, en la que tanto tuvo que ver el, por desgracia, célebre Charles Manson. 

El Clavo no iba a ser menos, y de nuevo plasma su visión de aquel fenómeno con un argumento puramente satánico, aunque repleto de acción y gore. Se podría decir que este cómic es una mezcla entre Mad Max y Carrera con el Diablo, aderezándolo con violencia explícita, sangre y elementos fantásticos.

Con Los Renegados del Diablo (mi película favorita de Rob Zombie hasta la fecha) hizo algo muy parecido a lo que se puede leer en El Clavo, con la diferencia de que la película está narrada desde el punto de vista de los asesinos, al contrario de lo que ocurre en el cómic. Sin embargo no se trata de una adaptación ni mucho menos, sólo de un símil entre dos obras del mismo artista.

En el dibujo tenemos a Nat Jones, con ese estilo sucio y casi tridimensional, detalle que se acentúa en los momentos más gore, con chorros de sangre y decapitaciones que parecen que se van a salir de las páginas.

Al poco de ponerse el cómic a la venta se habló de una posible adaptación al cine, pero parece ser que el proyecto ha caído en el olvido, con lo interesante que hubiese sido ver las aventuras de El Clavo en una película dirigida por el propio Rob Zombie y con una estética idéntica a la vista en Los Renegados del Diablo. En fin, otra vez será.

jueves, 18 de agosto de 2011

Tú me has matado


El debut de David Sánchez como dibujante y guionista de cómics no puede ser más fresco e inquietante que este Tú me has matado, un tebeo sugerente y extraño, violento y obsceno a partes iguales.

Pese a que el 99% de las reseñas que podemos leer sobre este cómic lo comparan con el cine de David Lynch, pero yo no lo veo así. Creo que es aún más extraño, y que se asemeja más a Alejandro Jodorowsky en películas como El topo o La montaña sangrada, añadiéndole unas gotitas de Quentin Tarantino y sus locos y, a la vez, cotidianos diálogos.

El argumento es completamente no lineal, y sabiendo esto diré que los protagonistas son unos policías corruptos, una secta satánica y un par de mormones más raros de lo que puede parecer en un principio.
Estos personajes se mueven por unos Estados Unidos surrealista, lleno de gente inhumana (en todos los sentidos), y donde todo gira, en mayor o menor medida, en torno a las creencias religiosas, ya sean cristianas o satánicas.
Por el aspecto de los coches, yo diría que Tú me has matado está ambientado en los años 50 o 60, pero es un dato que no revelan, aunque tampoco es algo crucial.


Hay mucha violencia y mucho perturbado mental suelto, y aunque no llegue ni por asomo al nivel de sadismo y mala leche de la obra de Miguel Ángel Martín, no deja de resultar explícito y, en ocasiones, macabro.

El dibujo, de trazos limpios y claros, es un aspecto que me ha gustado mucho pese a su simpleza, sin grandes alardes gráficos ni buscando la espectacularidad barata. La mayoría de las viñetas son del mismo tamaño, y los personajes parecen estáticos, como si apenas se moviesen, pero yo no veo eso como algo malo, todo lo contrario. Le da un aire de quietud y tranquilidad constante, aún sabiendo que de un momento a otro habrá una explosión de violencia, una castración o alguna otra escena truculenta.

El guión, como he dicho antes, no es nada lineal. No hay buenos y malos, protagonistas y secundarios. Aquí todos son protagonistas, ya que es una historia coral, y lo de buenos y malos, mejor lo dejamos, porque todos los personajillos que pululan por este tebeo son unos grandísimos hijos de puta.

La violencia resulta totalmente explícita, salvo en algunos momentos en los que permanece fuera del ojo del lector, supongo que para evitar dolores en la entrepierna de los lectores masculinos.
Pero no es un cómic demasiado violento, ni demasiado soez, ni demasiado nada. Sabe quedarse en ese punto intermedio en el que consigue que te lleves las manos a la cabeza, pero sin exagerar ni queriendo llamar la atención de forma gratuita.

Muy recomendable.

miércoles, 27 de julio de 2011

Juez Dredd


Aprovechando el próximo estreno de la nueva película de Juez Dredd, me he decidido a comentar un poco este cómic que tanto me gusta, y que tan mal ha sido tratado por el cine. Esperemos que con esta nueva versión que próximamente se estrenará, se haga algo decente.

Siempre he sentido un especial cariño y predilección por los personajes políticamente incorrectos y gamberros, y si para colmo imparten una justicia como la que a mi me gusta, entonces ya ni os cuento.
Ejemplos de estos personajes que tanto me gustan, y que tanta polémica han podido llegar a levantar, son The Punisher, Lobo o Hellboy, y por supuesto, el que voy a tratar en esta entrada; Juez Dredd.

Juez Dredd nace en los años 70, en las publicaciones de la revista británica 2000AD, de la mano de John Wagner y Carlos Ezquerra, presentándonos a un personaje poco hablador y violento, aficionado a las frases lapidarias y al gatillo fácil. También ha sido guionizado por el bestia de Garth Ennis, aunque lo que me volvería loco sería ver a este personaje en manos de Mark Millar. Un sueño que dudo mucho que se me llegue a cumpliar.
La historia transcurre en Mega City One, una gigantesca ciudad súper poblada, imposible de controlar. Por eso, el gobierno crea un cuerpo de policía especial; los Jueces, que ejercen de policía, juez, jurado y verdugo, todo en uno. Hay muchos jueces, pero el cómic tiene como protagonista a Dredd, del que en ningún momento llegamos a ver el rostro, siempre cubierto con su casco.


El cómic, que hace gala de un humor negrísimo, fascista y bizarro, y unas trepidantes escenas de acción, nos traslada a un mundo agobiante, donde todo está automatizado y lleno de robots que, en ocasiones, pierden el control. Hay guerras de bandas y barrios, criminales en cada esquina y seres extraños.
En todo el cómic hay un constante tono paródico hacia los clásicos tipos duros, pero llevándolo al extremo, como toda buena parodia. Pero que no se me malinterprete, Juez Dredd no es un tebeo de humor. Pese a tener algo de comedia, no deja de ser una historieta de acción, con algunas pinceladas críticas.

También encontramos elementos sobrenaturales que a algunos lectores no le gustan. A mí, en cambio, me parece algo interesantísimo, ya que le otorga al cómic un ambiente aún más extraño e irreal.
Por ejemplo, tenemos a uno de los mayores enemigos del Juez Dredd; el Juez Muerte y su séquito, Juez Miedo, Juez Fuego y Juez Mortis, a cada cual más feo y desagradable. Ellos son los llamados Jueces Oscuros, una especia de demonios provenientes de una dimensión infernal en la que la vida es considerada el mayor crimen, por lo tanto, cualquier ser vivo, según los Jueces Oscuros, es culpable y debe ser eliminado.


En 1995 se estrenó una película homónima, dirigida por Danny Cannon y protagonizada por Sylvester Stallone , en la que no pudo cagarla más de lo que lo hizo, y eso que los quince primeros minutos son perfectos. Respetó el traje del juez (que me encanta), su mala leche, la ambientación caótica y la estética de Mega City One. Hasta ahí todo perfecto, pero luego, cuando Dredd se quita el casco y todo el uniforme que lo caracteriza, la película pasa a convertirse en una simple cinta de acción futurista que, si la hubiesen llamado “un policía del futuro”, me habría llegado a gustar.
No suelo ser puritano en lo referente a las adaptaciones al cine y su fidelidad respecto al cómic en el que se basa, pero es que en este caso se cargaron al personaje.

Sólo cabe esperar que la nueva adaptación que viene en camino respete al personaje, no caiga en lo políticamente correcto y haga que más de uno se escandalice, aunque tal y como está Hollywood de amanerado, dudo que esto último llegue a ocurrir. Me conformo con que sea fiel al personaje y reparta justicia como Dios manda... tampoco pido tanto.

jueves, 9 de junio de 2011

Némesis


Mark Millar es uno de mis guionistas de cómic favoritos y, a mi parecer, uno de los mejores que hay ahora mismo en el panorama comiquero. Y no lo digo por su aportación al mundillo de Marvel (que me interesa más bien poco) sino por esos cómics que ha hecho por su cuenta, como Kick-Ass o Wanted. Ambos son un ejemplo de cómo este señor se pasa por el forro la delicadeza y los tópicos de las historietas de superhéroes, dándole a sus cómics un característico estilo soez, bestia y gore, aderezándolo todo con un humor negro de bastante mal gusto, pero que a mí, por supuesto, me encanta.

Hace un par de días tuve la oportunidad de leer Némesis, el último tebeo de Mark Millar, aún no editado en España (pero espero que no tarden).
Némesis plantea una idea curiosa; ¿qué pasaría si Batman fuese el Joker? En otras palabras, ¿qué pasaría si un multimillonario usara su dinero para hacer el mal en vez del bien? En este cómic nos lo deja muy claro, y para ello nos presenta a un súper villano apodado Némesis, un tío verdaderamente hijo de puta, inteligente y hábil. Alguien que da la impresión de ser implacable, y realmente lo es.
Se podría decir que el traje que lleva es una parodia del de Batman, así se nos deja claro que Némesis es lo opuesto al caballero oscuro. Batman hace el bien y va de negro; Némesis hace el mal y va de blanco, pero ambos tienen los mismos medios y las mismas limitaciones. Ningún poder, pero mucho dinero.

 
Con esta premisa, Millar nos ofrece una historia, como es habitual en él, muy violenta, repleta de humor políticamente incorrecto y salvajismo a raudales. Y es que el autor no se corta un pelo a la hora de poner situaciones escabrosas, como esa en la que Némesis empotra a una madre y su hijo contra un camión de gasolina, volando todo por los aires.

No puedo hacer otra cosa que recomendar este cómic a todo aquel que le guste el noveno arte. Una lectura tremendamente divertida y que engancha hasta el punto de no querer parar de leer hasta terminarlo.
Según he leído por ahí,  Tony Scott (Amor a quemarropa) va a dirigir la adaptación al cine, y para protagonizarla suenan los nombres de Johnny Depp y Brad Pitt, aunque no hay nada confirmado.

Después de este gratísimo nuevo trabajo de Mark Millar, sólo me queda esperar a sus nuevas obras, como Kick-Ass 2, Supercroocks (que será adaptado al cine por Nacho Vigalondo), o la futura secuela de Némesis.

jueves, 2 de junio de 2011

Sin City



Sin City es uno de esos cómics únicos que sólo pueden gustar o ser odiados. Partiendo de una curiosa estética y unas historias repletas de gángsters, prostitutas, asesinos, y toda la escoria humana que podamos imaginar, la serie de cómics Sin City se despliega como un maravilloso homenaje al cine negro, llevando al extremo todos los clichés de este tipo de historias, ya sea en lo referente a situaciones, diálogos o personajes estereotipados.

Su autor, Frank Miller (300, Batman: el regreso del caballero oscuro), es tan genial como decepcionante, ya que tiene una habilidad única para realizar trabajos que marquen un antes y un después y, al mismo tiempo, pueda hacer bodrios absolutamente infumables.
Pero la serie que estamos tratando es, bajo mi punto de vista, lo mejor que ha hecho este hombre y uno de los más grandes cómics de la historia, aunque tenga altibajos. Personalmente, Sin City se amolda perfectamente a las cosas que me gustan; violencia, tiros, personajes chulescos y gabardinas. Parece un cómic hecho para mí, aunque esto ya es subjetivo.

Sin City se divide en siete tomos, los siguientes:
-El duro adiós
-Moriría por ella
-La gran masacre
-Ese bastardo amarillo
-Valores familiares
-Alcohol, chicas y balas
-Ida y vuelta al infierno


Los  tomos se puede leer independientemente, aunque en todos hay alguna referencia a los anteriores, incluso, algunas historias transcurren al mismo tiempo que otras, y esto podemos verlo si prestamos atención a las viñetas, dónde en alguna ocasión observamos que, en segundo plano, están ocurriendo escenas que ya vimos en anteriores tomos. No es de extrañar que las vidas de diferentes personajes se crucen, puesto que toda la acción transcurre en la misma ciudad, y a veces, en la misma noche.

Las historias que cuenta Miller en esta serie están todas cortadas por el mismo patrón; honor, violencia, amor, corrupción, y similares.
Dentro del tono más o menos realista del cómic, el autor crea una especie de mundo alternativo, haciendo muy difícil identificar en qué época tiene lugar la acción, ya que se nos mezcla estética moderna con elementos propios de los años 40 y 50, tales como las vestimentas o los coches.

El característico dibujo puede resultar algo extraño ya que, básicamente, son todo sombras, aunque hay algunas pinceladas de color que contrastan con el blanco y negro predominante, incluso tenemos un curioso capítulo a todo color en el tomo Ida y vuelta al infierno.

Otro punto a destacar es el cuidado y mimo con el que Miller crea los personajes que pululan por esta pecaminosa ciudad, teniendo todos ellos una personalidad y razones para ser como son que les otorga una profundidad y alma que los engrandece y hace que te encariñes con unos y odies a otros.
Destacan algunos personajes como Marv, el enorme matón enamorado en busca de venganza; Hartigan, uno de los poquísimos policías honrados de la ciudad, haciendo frente a los problemas que esto conlleva; Dwight, un ex-fotógrafo reconvertido en matón de poca monta, mujeriego y con mala suerte.


En 2005, Robert Rodriguez y el propio Frank Miller realizaron una estupenda y fiel adaptación al cine con un reparto de lujo encabezado por Bruce Willis, Mickey Rourke, Benicio del Toro, Clive Owen y Jessica Alba, entre otros muchos.
La película adapta el cómic viñeta a viñeta, respetando la estética casi en todos los aspectos, aunque hay algunas licencias que no vienen a cuento. Aún así no deja de ser una de las mejores adaptaciones de un cómic al cine de todos los tiempos.
Cabe destacar la extraordinaria edición en dvd que se lanzó en España en 2009 bajo el nombre Sin City: montaje XXL, donde además de un gran número de extras, encontramos dos versiones de la película; la estrenada en cines, y la versión extendida con más de veinte minutos adicionales.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Crossed

Hace días que terminé de leer la última salvajada de Garth Ennis, uno de mis guionistas de cómic favorito junto a Alan Moore y el irregular Frank Miller.
Crossed nos sitúa en un mundo devastado por una extraña enfermedad que convierte a las personas en psicópatas-asesinos-violadores-caníbales. Todo eso, que ahí es nada.
En el cómic seguimos las aventuras y desventuras de un grupo de supervivientes que intentan no ser masacrados por las hordas de cruzados, que así es como les llaman debido a una extraña cicatriz en forma de cruz que aparece en la cara de los infectados.

La trama es muy simple, como la clásica historia de zombies, aunque los “zombies” de este cómic se comunican entre sí, hablan y usan armas de de todo tipo, desde machetes a rifles. Como suele pasar (a veces no) en el subgénero de infectados/zombies, el origen de la epidemia no se conoce.
El plato fuerte viene en lo referente a la violencia y casquería de la que hace gala Crossed y, siendo el guión de Garth Ennis, no esperaba menos. Este tío ya me conquistó con su trabajo en la línea MAX de Punisher, convirtiendo cada tomo de este personaje en una carnicería sin pelos en la lengua.


Crossed se caracteriza por lo mismo que toda la obra de Ennis; una violencia verdaderamente gráfica y, en ocasiones, un bizarrismo grotesco con muy mala uva que puede sacar sonrisas en los lectores más macabros.
El cómic se hace entretenido, ameno, repleto de acción y con pocas pausas, aunque estas sean igual de necesarias que la acción más frenética.

Existe una secuela llamada Family Values que de momento no ha llegado a España, pero el día que lo haga caerá en mis manos sin duda.
Por supuesto, ya se habla de una adaptación al cine.
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