Kevin Smith está demostrando tener buena mano para un género con el que nadie lo identifica: el terror. Y prueba de ello son la estupenda Red State y la quizá no tan redonda pero igualmente notable Tusk.
Tusk nos cuenta la historia de un podcaster bastante desagradable que acaba en las garras de un psicópata con delirios de cirujano y un peligroso amor hacia las morsas.
Michael Parks, quien da vida al maníaco, hace un trabajo fabuloso a la altura de lo que hizo en Red State, pero todos sabemos que Michael Parks es un gran actor. Bueno, Hollywood parece no haberse dado cuenta del todo, ya que hasta el momento los únicos que le han dado papeles que vale la pena recordar son Tarantino, Robert Rodriguez y Kevin Smith.
En cuanto al resto de la película, tiene la virtud de ser impredecible, algo que siempre me gusta. Como ya he dicho, el protagonista y víctima del villano no es un personaje pensado para caer bien. De hecho es un capullo integral, y no sé si eso es bueno o malo, ya que a la hora de la verdad nos trae sin cuidado las putadas que el villano pueda hacerle (y no son pocas), pero admito que resulta curioso el hecho de que Kevin Smith quiera que su protagonista sea eso, un capullo. No sé con qué intención, pero ahí está.
Aunque ahora que lo pienso Tusk es un poco coral, de modo que no puede decirse que exista un protagonista definido. Tanto el podcaster, como su amigon (el niño de El Sexto sentido inflado a bollos), su novia y el psicópata son esenciales en la trama, y, básicamente, todos tienen más o menos el mismo peso y minutos en pantalla.
Me recuerda a lo ocurrido con Open Windows; si aceptas la vorágine retorcida de su segundo tramo te gustará, de lo contrario la odiarás. A partir del segundo acto de ambas películas es donde se decide quién se quedará en la sala y quién se saldrá.
Sin embargo, la segunda mitad de Tusk es especialmente curiosa por dos cosas: Primero porque se vuelve muy pasada de rosca, y segundo porque averiguamos las motivaciones del villano, y he de admitir que me sorprendieron por lo rebuscadas y, a su manera (a su manera), honorables que eran. Si ya de primera hora sabíamos que el tío estaba como un cencerro, cuando descubrimos algo más de lo que pasa por su cabeza nos terminamos de dar cuenta de lo puñeteramente mal que está.
Tusk no es perfecta, pero sí tremendamente disfrutable si te has mentalizado a lo que vas a ver. No esperes una película seria, sucia y enfermiza como La matanza de Texas, porque no van por ahí los tiros. Es enfermiza y retorcida, claro, pero en un tono jocoso y tontorrón, aunque eso no quita que, en general, sea una película bastante siniestra.