William Friedkin dirigiendo una película titulada Killer Joe ¿No os resulta jodidamente atractivo? Si no es así os pido por favor que abandonéis el blog ahora mismo antes de que eche mano de mi motosierra.
En lo primero que uno piensa cuando ve Killer Joe es en esos thrillers de los Hermanos Coen, como Fargo o Sangre Fácil. Historias de crímenes que, en principio, parecen fáciles de cometer y altamente beneficiosos para la economía de sus autores, pero al final, y como no podía ser de otra manera, las cosas salen mal, se desmadran, el personal pierde los nervios y la película acaba con un puñado de muertos.
Killer Joe parece eso y es eso, ni más ni menos, pero trasladando la trama a la América más profunda, depravada y asilvestrada que podáis imaginar. Un territorio lleno de gañanes con mala leche y sin sentimientos, que sólo buscan llenarse los bolsillos y salir airosos del embrollo a costa de lo que sea, incluso prostituyendo a sus propios hijos si es necesario. Todo con tal de llegar vivos al día siguiente y comerse un par de trozos de pollo frito.
Y ahí es donde hace acto de presencia Joe Cooper (interpretado magistralmente por el infravalorado Matthew McConaughey), el Joe que da título a la película. Un policía que se gana unos dólares extra ejerciendo como asesino a sueldo, y que, dado que de todos los personajes que aparecen en el film éste es el único inteligente (violento y pervertido, pero inteligente), no dudará en sangrar de todas las formas posibles a quien se le acerque en busca de sus servicios si con ello consigue lucrarse y obtener más beneficios, ya sean económicos o carnales.
La película no deja de ser, como ya he dicho antes, el clásico thriller rural de paletos con problemas, pero aquí no hay ni pizca de la elegancia y sobriedad de la que Friedkin hizo gala en títulos como French Connection, A la caza, e incluso El Exorcista, sino que busca caminos mucho más soeces, violentos y enfermizos, amén de un constante humor negrísimo que nos acompaña desde el minuto uno hasta el último, y que hará arrugar la nariz a más de uno.
Pero Los Coen no son el único referente que Friedkin parece tomar para su película, y es que por Twin Peaks, con ese pueblo en mitad de ninguna parte, sus momentos surrealistas y sus personajes marcianos. Ejemplo de ello es la secuencia en la que el protagonista charla amistosamente con el mafioso al que le debe dinero, y luego, como si de una formalidad se tratase y con toda la naturalidad del mundo, éste ordena a sus matones que le den una paliza brutal. O el repugnante momento de la felación con muslo de pollo, o la pervertida secuencia de la cena íntima, o la grotesca escena final....
En fin, una película no apta para todos los públicos (especialmente si son sensibles) que recomiendo a gritos.