Malos augurios
Todo apuntaba a desastre, y es
que el último director asociado a este proyecto, Cary Fukunaga, eran palabras
mayores, y sin embargo abandonó el proyecto por diferencias creativas. En su
lugar colocaron a Andy Muschietti, director de la pésima Mamá. El bajón fue muy grande, y de repente parecía que la novela
se quedaría sin una buena película. Y digo película porque la versión de los noventa
no cuenta, ya que se trataba de una miniserie (bastante sobrevalorada, por
cierto). Por lo tanto, no es justo referirse a IT como un remake.
Pese a todo, yo tenía cierta
esperanza. Aunque el director elegido no fuese gran cosa, lo importante era que
el material de base, la novela, era sobresaliente. A poco que lo respetasen,
saldría algo digno.
Una adaptación difícil
Adaptar la novela de Stephen King
no era un trabajo fácil debido a su naturaleza adulta y truculenta y a su gran
extensión (más de mil páginas), pero Warner ha sabido sortear ambos obstáculos.
Para empezar, IT obtuvo la
calificación R (vamos, que no se anda con tonterías a la hora de ponerse
perturbadora), y además se tomó la acertada decisión de estrenarla en dos
partes para así abarcar la novela como es debido. En total, es de suponer que
ambas entregas sumarán más de cuatro horas de película.
El nuevo payaso Pennywise
Como todo en la vida, el nuevo
diseño gustó a unos… y a otros no. Yo estaba en el primer grupo, pero aunque
estéticamente me pareciese acertado, una cosa era eso y otra muy distinta verlo
en acción y averiguar qué tal la interpretación de Bill Skargard, actor que
hasta ese momento no me decía absolutamente nada. Ni me sonaba.
El precedente era Tim Curry, quien
interpretó a Pennywise en la famosa mini serie. Vamos a ver, yo sé que el
trabajo que hizo Curry está en un altar y que su payaso forma parte de la
mitología del cine de terror… pero a mí no me parece para tanto. Creo que el
nuevo es superior en todos los sentidos, tanto en diseño como en
interpretación. No me da miedo porque no tengo fobia a los payasos, pero aún
así lo considero mucho aterrador que el original.
El club de los perdedores
Aunque no suele pasar, la
película está protagonizada por un grupo de chavales que no resultan repelentes
y odiosos; al revés, tienen carisma, gracia y para nada son cargantes. Yo soy
de los que quieren que el monstruo se coma a los niños y se ponen a favor del
villano, pero estos chavales me han caído bien. He llegado a sufrir con ellos,
a querer que todo salga bien y que le dieran una paliza a Pennywise.
Al igual que en la novela, cada
protagonista tiene sus propios problemas personales en casa, bien sea una madre
sobreprotectora, la pérdida de un familiar, un padre que abusa sexualmente de
su hija o un caso de bullyng bastante feo y peligroso. A la ecuación, por
tanto, hay que añadir otro problemilla: un payaso asesino devorador de niños.
Pero de eso se trata, y de eso va
la novela: superar los miedos y traumas. Y es que si nos paramos a pensarlo,
puede que el menor de los problemas del Club de los Perdedores sea el payaso.
Esto es tan así, que si en la película no hubiese ningún monstruo, seguiría
siendo un drama terrorífico. ¿Por qué? Porque el ser humano es el peor de los engendros.
No hacen falta payasos con colmillos.
Como adaptación
Adaptar la novela con absoluta
fidelidad habría requerido casi tres películas: una para la etapa infantil de
los protagonistas, otra para la etapa adulta y una tercera para los
interludios. Esto significa que la película no adapta la obra literaria con
total fidelidad, pero sí que sabe quedarse con lo necesario: la esencia, el
alma, el tono, la textura. Y aunque haya cambios, la historia central que da
forma a la película es la misma. Con algunas modificaciones y algunas partes
suprimidas, pero nada que resulte imprescindible.
Como ya digo, el tono es lo más
importante, y la película lo ha sabido reflejar.
Uno de los mayores y más
evidentes cambios respecto a la novela es la época durante la cual transcurre
la historia. En la novela, la infancia de los protagonistas transcurría en los cincuenta,
y su adultez a principios de los noventa. En la película cambiamos los
cincuenta por los ochenta y los noventa por nuestra actualidad. Me gusta
muchísimo la estética de los cincuenta norteamericanos, de modo que la he
echado en falta, pero han sabido aprovechar los ochenta para convertir IT es una especie de versión macabra de
Los Goonies y darle ese toque
nostálgico que tan bien funciona hoy en día (véase Stranger Things, serie que bebe muchísimo de IT y Stephen King).
Como es lógico, el cambio de
contexto histórico repercute en varios puntos que han debido eliminarse, como
el hecho de que Pennywise no se convierta en monstruos clásicos de la Universal , como el
hombre lobo o la momia, por ejemplo.
Pero estos cambios resultan
insignificantes porque lo más importante, lo que contribuye a que la novela sea
una obra maestra, está en la película: los personajes (y aquí no me refiero a
Pennywise) están bien construidos y son importantes y creíbles.
Por ponerle una pega, diré que,
como siempre ocurre con el cine de terror comercial, se abusa de los sustos
fáciles y los sobresaltos, pero en conjunto tiene muchas más virtudes que
defectos.
IT es una película hecha con cariño y respeto hacia el
género y la novela de Stephen King, por eso han acertado de lleno.