Michael Fassbender y Kodi Smit-McPhee protagonizan este curioso western que cuenta las aventuras de un jovenzuelo y su viaje a través del hostil y salvaje oeste americano en busca de la mujer que ama.
La película es corta, directa y bastante sencilla, y justo por esas razones resulta tan digerible, entretenida y agradable de ver. Es de esas películas que se pasan en un suspiro pero al mismo tiempo te cuentan una historia apasionante, sin necesidad de complicar las cosas ni dar cien vueltas.
Si tuviera que describirla diría que es un cruce entre La Carretera, The Proposition y Pagafantas, combinada con una fotografía bellísima y algunos planos hipnóticos e igualmente que a veces rozan rozan el delirio. Todo esto hace que Slow West tenga un extraño aroma a cuento, como si estuviésemos viendo una especie de Alicia en el país de las maravillas pero con con revólveres, bandidos y muertes. Porque aunque en general es una película de aspecto agradable e idílico (nada que ver con el spaguetti western, para que me entendáis), de vez en cuando nos recuerda que, pese a todo, el entorno es hostil y peligroso. Aunque los paisajes y su colorido sean bonitos, seguimos estando en el maldito salvaje oeste, por lo que hay que andarse con ojo de no recibir un tiro en las tripas o un flechazo en el cuello.
El mensaje final de la película puede ser tildado de misógino, y más en los tiempos que corren, donde cualquier ataque o crítica que no sea lanzada contra el sexo masculino es vista con malos ojos. Pero yo ahí no veo misoginia por ninguna parte, todo lo contrario. Cuando en los últimos minutos de metraje se nos muestra una serie de planos que sirven como recuento de todos los muertos que se ha cobrado esta aventurilla en busca del amor, no se nos está diciendo que la culpa sea de la chica, sino que el chaval es básicamente un pringao (cuando veáis la peli sabréis a qué me refiero) y que, voluntaria o involuntariamente, por culpa de su tontería romántica ha dejado un camino sembrado de cadáveres. ¿Y para qué? Para nada en realidad. Esos últimos planos están cargados de mala uva. De hecho toda la película es un bombón relleno de ácido sulfúrico.
En definitiva, un western diferente y muy recomendable.