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jueves, 20 de marzo de 2014

True Detective


ALERTA: SPOILERS SIN PIEDAD

Pues ha llegado la hora de hablar de la serie de la que todo el mundo habla; True Detective, esa serie que prácticamente destaca en todo. 
Pero antes de nada voy a dejar de lado las similitudes (más bien homenajes) con la obra de Lovecraft y Chambers, ya que de lo contrario nos podrían dar las uvas, y además no conozco la obra de Chambers, de modo que no soy el más indicado para hablar del asunto. Voy a centrarme en los aspectos más obvios de la serie.

Lo primero es que, con una intro como la que tiene True Detective, es difícil no sentirse atraído inmediatamente para averiguar qué hay después de una intro tan buena y una canción tan cojonuda. De hecho, creo que con una intro así los realizadores de la serie deben verse metidos en un compromiso, porque tiene que ser muy triste hacer una intro fabulosa para una serie mediocre. Lo que quiero decir  es que si haces una intro tan molona, o te comprometes a que todo sea de calidad, o te vas a hacer churros a la plaza de tu pueblo. 
Después estaba la temática: detectives tras la pista de un asesino en serie. Cualquier fan, como es mi caso, de títulos como ZodiacSeven o la inmensa Twin Peaks, enseguida alza las orejas y empieza a sospechar que esa serie está hecha para él. Y así es. True Detective es la serie criminal que hubiera hecho David Fincher si le hubiese salido de las narices; tono sombrío y pausado, violencia, guión denso y enrevesado, y, ante todo, un trabajo de realización que deja en pañales a casi cualquier superproducción hollywoodiense actual. 
Al igual que Zodiac, True Detective está hecha para saborearla con calma, como el buen vino (no entiendo de vinos, ¿qué estoy diciendo?), y sobretodo para verse más de una vez. Primero, porque es una gozada; segundo, porque hay multitud de guiños y pistas que en un primer visionado se escapan; y tercero, porque, como ya he dicho, el guión es muy complejo y el desfile de personajes y nombres es bastante amplio, de modo que, al menos en mi caso, es necesario más de un visionado para poder sacarle todo el jugo, sin tener en cuenta los cabos sueltos, puestos ahí adrede para que el espectador se quede con las dudas. 
De las interpretaciones de ambos protagonistas (Woody Harrelson y Mathew McConaughey) no diré nada porque ya está todo dicho, pero sí que creo que McConaughey se come con patatas a Harrelson, y no porque Harrelson sea un mal actor ni mucho menos, sino porque el personaje de McConaughey es bastante más interesante y complejo. Pero sí, ambos lo bordan.

Y bueno, luego está el comentado final, que básicamente ha gustado a todo el mundo. A unos más y a otros menos, pero yo diría que pocos han sido decepcionados, y es que el final es bestial y, si lo pensamos, realista. Estos dos detectives son personas humanas, no superhéroes, de modo que termina siendo comprensible que sólo alcancen a atrapar al brazo ejecutor de la secta (ése tío que parece sacado de La matanza de Texas) y no a los peces gordos que hay detrás, lo cual me recuerda al caso de las niñas de Alcásser. Sí, según la versión no oficial se le echó el muerto a un cabeza de turco (Miguel Ricart), mientras que los verdaderos culpables, entre los que figuran el mismísimo Vaticano y los Masones, están por ahí tranquilamente hartándose de gambas. Pero bueno, ése es otro tema, aunque no puedo evitar ver similitudes. 
Nuestros intrépidos detectives, en definitiva, hacen lo que buenamente pueden. Lo que está en sus manos. 

Otra cosa que a mí entender está magistralmente conseguida, es la sensación de que más allá de la panda de sectarios chiflados que se dedican a matar chicas y llevar a cabo rituales pajilleros, hay algo mucho más gordo entre bambalinas. Algo que ni siquiera pertenece a éste mundo, y esa teoría queda demostrada cuando los detectives llegan a la terrorífica Carcosa (pedazo de escena, por cierto) y Rust contempla, con el culo absolutamente torcido, un agujero cósmico del que parece que en cualquier momento va a surgir Cthulhu o algún Dios sanguinario y monstruoso. 

Éste tipo de sutilidad me fascina. El concepto de sectarios paletos que están como putas cabras, en contraposición a la idea de que, oye, igual hay algo que no es humano rondando el cosmos y quizá esté cerca. 

Gran serie, mejor thriller. 
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