¿Es posible que una película de estas características tenga un guión tan elaborado y unas interpretaciones tan decentes? Sí, es posible, y prueba de ello es Q, la serpiente voladora (la Q, hace referencia al dios Quetzalcoatl, que en cierta forma está metido en el ajo).
La película no deja de ser una clásica y fuera de su época monster movie protagonizada por un bicharraco enorme que aterroriza Nueva York. Hasta aquí tenemos un argumento típico y tópico, pero a esto hay que sumarle un par de subtramas protagonizadas por un mafioso de medio pelo y un asesino en serie que es buscado por la policía. Vamos, que en los 90 minutos que dura la película nos meten cine de monstruos, mafia y thriller.
Precisamente la subtrama del asesino es la que hace que, a mi modo de ver, la película sea tan interesante. Se trata de un asesino que comente asesinatos rituales en nombre del dios Quetzalcoatl, y casualmente es a raíz de estos crímenes cuando un misterioso ser alado irrumpe en la ciudad comiéndose a todo aquel que se le pone por delante. La cuestión es, ¿se trata del verdadero Quetzalcoatl o es un simple monstruo que ha aparecido de vete tú a saber donde?
Según he leído, varias escenas se improvisaron, otras se rodaron al estilo guerrilla en plena calle, sin escenarios ni platós, lo cual hace que la película tenga un tono bastante particular, incluso realista.
Cabe destacar también el ritmo que posee todo el filme, haciendo casi imposible que alguien se aburra con él, y unos efectos especiales que, vale, son malos hasta para la época, pero el stop motion, por muy cutre que sea, siempre tiene encanto.
Básicamente es una película entretenida, loca y protagonizada por un personajes carismáticos y estupendamente interpretados.