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martes, 1 de marzo de 2016

Black Mass


Johnny Depp, pese a lo repetitivo que puede resultar en la saga Piratas del Caribe o en las últimas películas de Tim Burton, y pese a su tendencia a aparecer siempre caracterizado de la forma más estrambótica posible, es un actor que me cae bien. Y no sólo eso, sino que además lo considero un gran intérprete, de ahí que llevase bastante tiempo esperando a que estrenara una película, digamos, seria en la que poder lucir algo más que maquillaje. De verdad, creo que Depp ha pasado años desaprovechando su talento en productos de poca categoría, pero ajalá enmiende su carrera a partir de ahora como ya hizo Matthew McConaughey en su momento.

Black Mass, basada en la historia real del mafioso irlandés James Bulger, es la primera película de este actor en mucho tiempo que consigue interesarme y hacer que apunte en el calendario su fecha de estreno, y aunque el resultado no haya estado a la altura de lo que esperaba, sí que está por encima de la media de estrenos.
La historia de James Bulger, el despiadado mafioso que colaboraba con el FBI para echar tierra sobre sus rivales en el mundo del hampa, podría haber dado mucho más de si en manos de un director como Martin Scorsese, alguien que habría hecho virguerías con semejante material, pero Scott Cooper no es Scorsese, y aunque no es un mal director ni puede decirse que no haya hecho un buen trabajo con Black Mass, uno no puede evitar echar de menos a los grandes cuando se encuentra ante una historia con tanto potencial.

Hay que recalcar que, bajo mi punto de vista, las virtudes superan a los defectos, y que aunque la película esté rodada de forma excesivamente fría y sin demasiada inventiva, o que la historia podría haber dado más de sí, mentiría si dijera que no me ha parecido un título muy atractivo y, a su manera, de factura impecable, como los buenos thrillers de los 70.
Johnny Depp se marca un papel como hacía tiempo que no se marcaba, dando vida a un gángster violento y despiadado al que el FBI usó como chivato para hundir a la mafia italiana a cambio de darle inmunidad para cometer todas las fechorías que quisiera. Este punto deja al FBI en un lugar penoso, como es lógico, puesto que alguien que supuestamente vela por la seguridad del ciudadano no debería ir por ahí haciendo pactos con el diablo y desnudando a un santo para vestir a otro.


Por otro lado, al contrario de lo que ocurría en cintas como Uno de los nuestros, películas protagonizadas por criminales carismáticos a los que se les cogía cariño porque ante todo eran creíbles y humanos, el personaje interpretado por Depp no cae bien. No es un justiciero que robe a los ricos para dárselo a los pobres, sino un asesino despiadado capaz de meterle una bala en la cabeza a alguien por alzarle la voz. Además, la película no termina de profundizar en su aspecto más humano y familiar, por eso no se logra empatizar con él (aunque hacer tal cosa resulte complicado con personajes así), y cuando lo intenta, fracasa. Por ejemplo, todo lo referente a la hija enferma del protagonista me parece que está muy mal llevado y que al final resulta de todo menos emotivo.
Y por si quedaba alguna duda, Johnny Depp vuelve a llevar varios de kilos de maquillaje en la cara, aunque muy bien puestos en esta ocasión.


En resumen, Black Mass no es una película que destaque demasiado en nada, pero si la vemos con las expectativas bajas, sin esperar una obra maestra, la podremos disfrutar, especialmente los amantes del cine mafioso y los thrillers criminales. Podría haber estado mejor, claro, pero desde luego no puede decirse que sea mala. 
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