Johnny Depp, pese a lo repetitivo
que puede resultar en la saga Piratas del Caribe o en las últimas películas de
Tim Burton, y pese a su tendencia a aparecer siempre caracterizado de la forma
más estrambótica posible, es un actor que me cae bien. Y no sólo eso, sino que
además lo considero un gran intérprete, de ahí que llevase bastante tiempo
esperando a que estrenara una película, digamos, seria en la que poder lucir
algo más que maquillaje. De verdad, creo que Depp ha pasado años
desaprovechando su talento en productos de poca categoría, pero ajalá enmiende
su carrera a partir de ahora como ya hizo Matthew McConaughey en su momento.
Black Mass, basada en la historia
real del mafioso irlandés James Bulger, es la primera película de este actor en
mucho tiempo que consigue interesarme y hacer que apunte en el calendario su
fecha de estreno, y aunque el resultado no haya estado a la altura de lo que
esperaba, sí que está por encima de la media de estrenos.
Hay que recalcar que, bajo mi
punto de vista, las virtudes superan a los defectos, y que aunque la película
esté rodada de forma excesivamente fría y sin demasiada inventiva, o que la
historia podría haber dado más de sí, mentiría si dijera que no me ha parecido
un título muy atractivo y, a su manera, de factura impecable, como los buenos
thrillers de los 70.
Johnny Depp se marca un papel
como hacía tiempo que no se marcaba, dando vida a un gángster violento y
despiadado al que el FBI usó como chivato para hundir a la mafia italiana a
cambio de darle inmunidad para cometer todas las fechorías que quisiera. Este
punto deja al FBI en un lugar penoso, como es lógico, puesto que alguien que
supuestamente vela por la seguridad del ciudadano no debería ir por ahí
haciendo pactos con el diablo y desnudando a un santo para vestir a otro.
Por otro lado, al contrario de lo
que ocurría en cintas como Uno de los nuestros, películas protagonizadas por
criminales carismáticos a los que se les cogía cariño porque ante todo eran
creíbles y humanos, el personaje interpretado por Depp no cae bien. No es un
justiciero que robe a los ricos para dárselo a los pobres, sino un asesino
despiadado capaz de meterle una bala en la cabeza a alguien por alzarle la voz.
Además, la película no termina de profundizar en su aspecto más humano y
familiar, por eso no se logra empatizar con él (aunque hacer tal cosa resulte
complicado con personajes así), y cuando lo intenta, fracasa. Por ejemplo, todo
lo referente a la hija enferma del protagonista me parece que está muy mal
llevado y que al final resulta de todo menos emotivo.
Y por si quedaba alguna duda,
Johnny Depp vuelve a llevar varios de kilos de maquillaje en la cara, aunque
muy bien puestos en esta ocasión.
En resumen, Black Mass no es una
película que destaque demasiado en nada, pero si la vemos con las expectativas
bajas, sin esperar una obra maestra, la podremos disfrutar, especialmente los
amantes del cine mafioso y los thrillers criminales. Podría haber estado mejor, claro, pero desde luego no puede decirse que sea mala.