Pensaréis que voy a comentar Bitelchús aprovechando las recientes noticias sobre su confirmada y tardía secuela, pero la realidad es que llevo tiempo queriendo hablar de esta gran película, lo que ocurre es que no sabía por dónde meterle mano.
Pese a todo, algunas de sus películas están en mi lista de favoritas, y probablemente a la que más cariño le tengo por diversas razones es a Bitelchús, que por cierto, menudo titulito se le puso aquí en España. No es que sea una mala traducción, sino que cogieron el título original y lo convirtieron en inglés de los montes; Beetlejuice/Bitelchús. Con dos cojones.
La primera razón por la que me encanta es porque se trata de una de las películas de mi infancia. Recuerdo que con 6 años la veía a diario, siempre a la hora de cenar. A DIARIO, joder. No fallaba ni un día.
La otra razón, y probablemente por la que más admiro a ésta película, es por los cojonazos que debía tener el guionista por escribir semejante disparate y llevarlo a una productora. Según tengo entendido,
el guión llevaba rulando de un estudio a otro, y como es NORMAL, nadie quería hacerse cargo de esa locura. Una locura maravillosa, sí, pero si yo fuese productor de cine me lo pensaría mucho a la hora de poner los millones para rodarla.
el guión llevaba rulando de un estudio a otro, y como es NORMAL, nadie quería hacerse cargo de esa locura. Una locura maravillosa, sí, pero si yo fuese productor de cine me lo pensaría mucho a la hora de poner los millones para rodarla.
Creo que no es necesario ponerme a explicar a estas alturas de qué va Bitelchús, pero bueno, como hay que rellenar para que la entrada tenga algo de chicha, voy a ello; Un matrimonio feliz fallece en un accidente de tráfico, un hecho que automáticamente los convierte en fantasmas. Fantasmas que deben permanecer por toda la eternidad dentro de su hogar, ya que así lo mandan las leyes del otro mundo. Tal es así, que si les da por poner un pie fuera de su casa, lo que encuentran en el exterior no es su idílico barrio, sino un desierto surrealista plagado de gigantescas serpientes a rayas (¡!)
La cosa se complica cuando la casa es comprada por una familia de pijos repelentes que enseguida se instalan en ella. El fantasmal matrimonio se niega a convivir y compartir casa con semejantes gilipollas, así que deciden contratar a un bioexorcista (¡¡!!) llamado Bitelchús, un fantasma especializado en espantar a gente viva. Pero Bitelchús (interpretado por un irreconocible Michael Keaton) no es buena persona, que va. El tío es un completo cerdo, trápala, putero, pervertido y grosero. Además ha visto El Exorcista 167 veces, y cada vez que la ve la encuentra más graciosa.
Cada vez que veo la escena en la que los dos protagonistas se encuentran con Bitelchús por primera vez no puedo evitar reírme, y mira que la he visto veces. Ese momento en el que se escupe dentro de la chaqueta y dice el lapo me lo guardo es... en fin. Sublime.
Leyendo el resumen que he escrito del argumento, a nadie le debe caber duda de que esta película es una locura desde el minuto 1 hasta el último, plagada de humor negro y mala leche, personajes absurdos y grotescos, monstruos, efectos especiales fabulosos con stop-motion incluido, y unos momentos que pueden dejar al espectador con el culo torcido, como la mítica secuencia musical de la cena, que tiene en el espectador el mismo efecto que beberse seis chupitos de whisky seguidos.
No puedo dejar de recomendar esta película incluso a los detractores de Tim Burton, ya que se trata de un film muy distinto a todo lo que este director hizo después, y probablemente no exista ninguna otra película que se le parezca.
En definitiva, una verdadera rareza (no porque sea desconocida, sino porque es rara de narices) esperpénticamente original.