No tengo ninguna simpatía personal por los presos políticos
catalanes. También me hallo muy lejos de sus postulados independentistas. Ambas discrepancias no son óbice
para que reconozca que la larga prisión preventiva a la que se les ha condenado
ha sido desmesurada, incomprensible e injusta. Me temo que la defensa de los
mismos hallará en este hecho argumentos sobrados para sostener la tesis de
persecución ideológica y juicio de intenciones.
Espero que el Tribunal Supremo, órgano constitucional que se
encuentra en la cúspide del poder judicial español, esté a la altura de las
circunstancias, lleve a cabo un juicio justo de puertas abiertas y con todas
las garantías que debe ofrecer un Estado de derecho. De no ser así, será
inapelable que se tenga que recurrir a instancias superiores internacionales
como el Tribunal de Estrasburgo u otros. De llegar a este extremo, la Justicia
Española, cuestionada por no pocos, saldrá malparada, si es que no lo está
ya...