No es infrecuente que algún pasajero del autobús - doy fe de ello - hablé en voz tan alta por el móvil que hasta el conductor en su cabina llegue a enterarse del contenido de la conversación. Comentando esto con una persona que ha recorrido medio mundo, me dice que en Japón poca gente habla en público por el móvil, especialmente en transportes o en locales cerrados públicos. Si es urgente y no queda más remedio que hacerlo, se tapan la boca, hablan en voz baja e intentan acabar la conversación cuanto antes.
Los japoneses hacen un uso brutal de su móvil - matiza mi interlocutor - y hasta han creado novelas por capítulos que se mandan directamente al móvil, pero usarlo para hablar en espacios públicos está mal visto.
Esta misma persona me dice que aquí, en Carpetobetonia, hablar bien levanta todo tipo de suspicacias y de sospechas. Hablar mal mola más, añade.
Yo le digo que de la singularidad
de las costumbres japonesas algo sé, pero en lo referente al "aquí y ahora" está
exagerando bastante. Creo...
Sin embargo, tengo que admitir que a mí me critican y hasta
llegan a reírse algunos porque tengo la costumbre de poner los acentos cuando
envío algún mensaje por WhatsApp. Eso
no está reñido con que cometa frecuentes incorrecciones. Son tan minúsculas las
teclas...