“La Vanguardia” de ayer dedicaba dos páginas a esas mujeres, heroínas de estos convulsos tiempos, que están denunciando abusos y corrupciones de carácter político y cultural en sus respectivos países: Yoani Sánchez en Cuba, Lydia Cacho en México, Bibí Aisha en Afganistán, Asmaa Mahfouz en Egipto, Concita de Gregorio en Italia...
Desde hace años sigo la bitácora de Yoani Sánchez con sumo interés y veo que por fin el Gobierno de Cuba ha desbloqueado el acceso a su polémica página de Internet y a los de otros 40 opositores. Lydia Cacho viene investigando y denunciando desde hace años las redes de prostitución y narcotráfico en México; Bibí Aisha y Asmaa Mahfouz, como es sabido, vienen protagonizando relevantes denuncias en sus respectivos países. Pero hoy quiero dedicar unas líneas a Concita de Gregorio a la que tuve oportunidad de conocer la semana pasada aquí en Barcelona cuando vino a presentar su libro Un país sin tiempo. Una de sus frases más socorridas es ésta: “Berlusconi reproduce en Italia la mentalidad de los años 50”. Anteriormente también participó en un debate "Hacia dónde va Italia y hacia dónde van los italianos?" Concita de Gregorio considera que el problema que atenaza a Italia se debe a la ausencia de educación, de cultura, conciencia y dignidad de la sociedad. El acartonado jefe del gobierno italiano desde hace catorce años, Berlusconi, egocéntrico, corrupto e inmoral, además de empresario de numerosos medios de comunicación, recibió merecidas andanadas de afilados dardos por parte de esta prestigiosa periodista italiana. También manifestó reiteradamente su pesar por la ausencia de una alternativa que pueda apear del poder a este rocambolesco personaje que viene dirigiendo los destinos de esta país de forma vergonzosa y vergonzante.
Concita de Gregorio, hija de española e italiano, madre de cuatro hijos romanos (entre los 23 y los 5 años, dos educados en colegios italianos y dos en el Cervantes de Roma), ex redactora estrella de La Repubblica es ahora la directora del diario L’Unità, el mítico órgano de prensa referencial de la izquierda. Desde este órgano ha promovido la campaña “Mujeres contra Berlusconi” con el manifiesto “Existen otras mujeres” que ha conseguido más de 100.000 adhesiones. Y en internet un grupo de mujeres ha puesto en marcha un anuncio bajo el encabezamiento "¡Nuestras hijas no están en venta y nosotras tampoco!"
Concita de Gregorio, que habla un perfecto castellano, define el “berlusconismo” como “anestésico de las cabezas, triunfo de la trila permanente, éxtasis de la lotería, la picaresca y la política cabaret, ética de las piernas bonitas y el millonario golfo, arquetipo social modelo Alberto Sordi, descarado y pelotillero a la vez, adobado con alguna visita a Putin y a Gaddafi".
En el último año, a raíz de que comenzaran a salir a la luz los escándalos sexuales de este gobernante italiano, han surgido numerosas asociaciones de mujeres hartas de ver el estereotipo de mujer – chicas que se abren camino en la vida gracias a su cuerpo y que siempre están a disposición de los hombres con dinero - que transmiten los medios televisivos de este mal llamado “Il Cavaliere”
Las consecuencias de las denuncias que L’Unità viene haciendo sobre Berlusconi no se han hecho esperar: Concita de Gregorio se enfrenta a una demanda judicial por parte del hombre más rico y poderoso de Italia. Berlusconi reclama una indemnización de tres millones de euros por dos ediciones del periódico que se interesaban por la dimensión pública de su vida personal.
Numerosas personas, sobre todo mujeres, además de Concita de Gregorio, se han sumado a esta campaña y el objetivo, como ya se puso de manifiesto en las recientes manifestaciones, es llevar a este hombre a donde le corresponde: a los tribunales, a pesar de su impunidad, que le exime de responsabilidad penal mientras sea jefe del Gobierno. La lucha, en principio, es como la de David contra Goliat, pero la sensación que se palpa en la sociedad italiana es que el mal llamado “Cavaliere” está “tocado”... Tanto es así que hasta la Iglesia se está distanciando por fin de este peculiar fantoche de la política italiana. Y en Italia, según Conchita – lo de Concita me cuesta – sin el apoyo de esta institución todavía no se puede gobernar.