Desde el pasado 1 de enero, las bicicletas no pueden circular por las aceras de las calles de Barcelona. Sin embargo, pese a la prohibición, numerosas personas siguen haciendo uso de las mismas y se aviva el conflicto entre ciclistas y peatones. Yo soy de esos ingenuos transeúntes que llaman "incívicos" a los ciclistas infractores, pero la verdad sea dicha, estos "pasan olímpicamente" de mis moderadas exclamaciones y no pocos me miran con cara de estupor. No sé si un lenguaje más agresivo serviría para algo, pero la pasividad de la inmensa mayoría de transeúntes tampoco ayuda nada.
Cualquiera que transite por la vía pública puede verificar que las
bicicletas siguen en las aceras, principalmente en aquellas que no tienen cerca
un carril bici. En distintas ocasiones, los ciclistas circulan por aceras
estrechas, esquivando a los peatones u obligando a estos a que se hagan a un lado. En calles como la Rambla de Catalunya es
habitual ver subir y bajar a ciclistas por el paseo central, donde desde hace
años hay señales en el suelo con la prohibición expresa. Lo mismo pasa en las aceras de
los alrededores de la Plaza de la Universitat y en el centro de la citada
plaza, donde el paso de bicis está normalizado pese al veto de pedalear si no
existen tres metros de espacio libre.
Al Ayuntamiento de Barcelona corresponde la obligación de abordar este asunto, pero la Sra. Colau tiene prioridades que poco tienen que ver con estos asuntos tan triviales...