Hoy, mientras conducía de camino a casa volviendo del pediatra, mi cachorro leopardo de 3 años me pedía insistentemente: "Papá, pon a los Pistols". Y un servidor, sin pensarlo y de una manera ya cotidiana, pinchaba ese track número 5 que tanto le gusta. A media canción llegamos a casa, entramos en el garage y el chiquillo berrea con potencia "No future for you!!!" sin importarle tres cojones que una vercina y su marido nos miraran atónitos.
Me doy cuenta de la situación y les digo: "Mi hijo acaba de mandarnos a todos al asilo, el futuro es suyo". No creo que hayan entendido nada, pero lo que es seguro es que han pensado que tal vez no sea demasiado buen padre. ¡Que se jodan! Ojalá se pudran en ese asilo del que les hablaba.
Ya hace un tiempo que my little rocker hace sus peticiones musicales de unos cuantos discos que ha ido escuchando desde que habitaba en el útero de mami leoparda y la escena vivida esta tarde me ha hecho reflexionar acerca de si la selección que le estoy ofreciendo a mis dos retoños es adecuada.
Y dándole vueltas he llegado a la conclusión de que cada uno de los discos que les pincho puede transmitirles una actitud, una sensación, un sentimiento o una idea que les pueda ayudar a descifrar el jodido acertijo de la vida. Prefiro instruirlos yo a que los pervierta cualquier maliciosa radioformula.
Así, si escuchando "Never Mind The Bollocks" pueden llegar a sentir que las imposiciones están en este mundo para ser combatidas, aprenden que a los fascistas se les escupe a la cara o simplemente le hacen saber a la profesora que pasarán unas preciosas vacaciones en el sol, me daré por satisfecho.
Y es que eso de educar es complicado, pero creo que no voy a perecer en el intento...